Fray Servando Teresa De Mier

Fray Servando y el bicentenario

Miguel Concha¨

La Jornada

El jueves, La Jornada informó que durante una conferencia en el auditorio Sebastián Lerdo de Tejada del Senado, organizada por la comisión encargada de los festejos del centenario de la Revolución y del bicentenario de la Independencia, el director del Centro de Estudios Parlamentarios de la Universidad de Nuevo León y colaborador de este diario, Abraham Nuncio, destacó la importancia histórica de la figura de fray Servando Teresa de Mier Noriega y Guerra, precursor de la Independencia nacional junto con Hidalgo, Allende, Morelos y Vicente Guerrero.

 

Reclamó, “por justicia”, rescatarla de la “cierta opacidad” en que se le mantiene, afirmando, con razón, que por su discurso crítico fue el primer escritor político moderno de México y un perseguido “que expresó sus vivencias en condiciones muy difíciles” (La Jornada, 18 de noviembre, p. 8a).

En el acto, la historiadora Marie-Cécile Benassy-Berling afirmó que en aquella época ningún mexicano tuvo la experiencia en temas jurídicos, políticos, teológicos y europeos de fray Servando, y que el talentoso dominico fue un hombre ilustrado, enamorado de la libertad, consciente de la importancia del lenguaje para dar libertad a la gente, y que no podía castigar a quien tuviera entonces “malas ideas”. Según la nota, la historiadora Patricia Galeana subrayó, por su parte, que con sus planteamientos sobre la aparición de la Virgen de Guadalupe antes de la llegada de los españoles, el erudito fraile negó la legitimidad de la conquista.

En el artículo titulado La Virgen de Guadalupe y el origen de la nación mexicana”, publicado en el Cuaderno conmemorativo del bicentenario y el centenarios de la Independencia y la Revolución por la revista Christus (No. 779), correspondiente a julio-agosto de este año, Gonzalo Balderas Vega afirma que lo que preocupó de aquel famoso sermón sobre la aparición de la Virgen de Guadalupe, pronunciado por fray Servando el 12 de diciembre de 1794 frente al virrey, el arzobispo y toda la sociedad de la ciudad de México –en el que según él los indios ya habían sido evangelizados por el apóstol santo Tomás, a quien asimiló con Quetzalcóatl, antes de la llegada de los españoles, y la imagen de la Virgen de Guadalupe ya había sido también estampada en la capa de ese apóstol–, no fue la explicación que ofreció del origen de la imagen guadalupana, sino el alcance político del símbolo mariano.

Al asociar al apóstol santo Tomás con la mariofanía del Tepeyac –explica textualmente este profesor del plantel Santa Fe de la Universidad Iberoamericana–, fray Servando perseguía un objetivo político. Para el dominico, la Virgen de Guadalupe y santo Tomás demostraban de una vez por todas la injusticia de la conquista española, realizada con el pretexto de evangelizar a los indígenas, a los que según los conquistadores nunca había llegado el Evangelio.

Para el predicador dominico, en el Tepeyac estaba la Virgen de Guadalupe pintada y conservada milagrosamente para probar que la conquista de México había sido definitivamente injusta y, por tanto, la dominación española era ilegítima. Además de lo anterior, la Iglesia mexicana tenía nada menos que origen apostólico, y es este origen el que desautorizaba y deslegitimaba la dominación que España ejercía sobre México. Para las autoridades virreinales y eclesiásticas, este planteamiento de fray Servando era sedicioso y peligroso, pues a pesar de lo erudito de las explicaciones del fraile sobre el origen de la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, no faltaría quien diera a sus palabras un sentido político revolucionario. Y es este enfoque que pudieran dar a sus palabras lo que inquietó a las autoridades civiles y religiosas de la Nueva España. En consecuencia, el arzobispo le retiró las licencias para predicar y ordenó que el fraile fuera confinado en su celda del convento de Santo Domingo, para ser sujeto a una investigación eclesiástica. Al año siguiente fue desterrado a España, al convento dominico de Caldas de Besaya, de donde se fugó.

Pero como explica Juan María Alponte en su libro A la vera de las independencias de la América hispánica: México, editorial Océano, 2010, en España dio inicio a su vida aventurera y creadora. Con la ayuda de los españoles que estaban contra el absolutismo de los Borbones, escapó a Francia. Allí escribió textos en favor de la independencia de México. Estuvo en Roma, donde fue hecho prisionero y regresado a España, de donde a su vez escapó a Portugal, y de ahí partió a Londres. Murió en 1827 en Palacio Nacional, donde el primer presidente republicano de México, José Miguel Ramón Adaucto Fernández y Félix, mejor conocido como Guadalupe Victoria, le proporcionó un cuarto para que viviera. Se cuenta que días antes de su deceso esperó a sus amigos frente al Palacio, para que le acompañaran en la imposición que recibiría de los santos óleos.

Fue igualmente fray Servando el que incorporó a la lucha de la Independencia de México al vasco Francisco Javier Mina. “Fray Servando –concluye acertadamente Gonzalo Balderas– fue uno de los precursores de la Independencia de México. Su sermón pronunciado en la Colegiata de Guadalupe, el 12 de diciembre de 1794, fue, según juicio de Alfonso Reyes, ‘una insurgencia teológica’. La vida errante, aventurera de este dominico regiomontano y sus ‘disparates teológicos’ ‘revelan su rebelión’ contra la dominación española de su patria, reconoce Alfonso Reyes”.

 

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