Algunos puntos de vista de paseantes en Querétaro

Querétaro

Visto por sus Visitantes

 

José Félix Zavala

 

Querétaro es una ínsula extraña donde sus silenciosos habitantes, han levantado una muralla impenetrable que conserva sus costumbres… está dividida en dos bandas populosas en donde el tañido salido de las torres congrega a los fieles en torno a los Cristos trágicos que dan protección…”

Se dijo de Querétaro en 1922.

“…Querétaro desde La Cuesta China se ve de improviso, dando principio al bajío; San Francisquito emerge entre los organales, mientras parecen afiladas las chimeneas de San José De La Montaña y San Antonio, el cerro de Pathé está lleno de garambullos, los caminos a San Pablo, Tlacote, La Cañada, y Huimilpan la recortan…». Esto se dijo de la ciudad en 1943”

Muy importantes y variados han sido los visitantes que a través de los siglos han estado en Querétaro, por diferentes causas, todos narran lo mismo o las mismas impresiones, sólo que a los lectores actuales nos extrañan las descripciones que en algunos párrafos no coinciden con nuestra experiencia, pareciera que mucho ha cambiado, al mismo tiempo que mucho permanece intacto.

“…Querétaro hermosa opulenta y amena, hállase situada a la falda de una loma que se nombra de la Santa Cruz, donde está fundado el Colegio de los padres Crucíferos, la desigualdad del terreno en declive no permite que las calles sean perfectamente delineadas. La banda del norte esta defendida de un cerro muy elevado y en sus profundidades hay un valle extendido y capaz, que llaman La Cañada…”

Lo dijo Francisco de Ajofrín en su paso por Querétaro en el siglo XVlll.

“…Esta ciudad es amenísima, fértil y abundante en todo tipo de frutas y hortalizas, antigua frontera inexpugnable de nación chichimeca…” se dijo de Querétaro en el siglo de su esplendor el XVlll.

“…Las casas de cabildo son nuevas y altas, las demás son la mayor parte entrelazadas y de adobe, aunque ya hay alguna de cal y canto, el río que divide a las dos parroquias es de poco caudal, se pasa por el puente de piedra, se hace aquí un razonable comercio por los mercaderes que de los lugares interiores vienen a hacer sus compras de géneros…” Cuenta Agustín Morfi también en el siglo de las luces de esta ciudad.

Es importante que los nuevos cronistas y los nuevos visitantes vayan dejando huella, definiendo el gran rescate que al final del siglo XX se ha venido haciendo de la Ciudad, revitalizando la traza urbana, comenzando desde la Plaza de Arriba, hasta el antiguo Obispado, recobrando para el paseante el dominio de la ciudad y dejando al descubierto aquel Querétaro descrito por los cronistas de todos los siglos de vida que tiene la ciudad.

“…Querétaro es una ciudad grande y bien construida al recorrerla a pie vimos muchos edificios públicos y privados muy hermosos, un número superfluo de templos y conventos. Los indios y el pueblo bajo usan pantalones de cuero sujetos en la rodilla y una chamarra de cuero, también observé que las aceras son de laja…” lo dice J. R.  Poinsset en 1822 en su paso por esta ciudad.

“…no hay vecino que no sea creador y señor de muy grandes haciendas, que según parece, haciendo la cuenta mayor es mas de un millón el ganado que tiene aquella república, de trato ordinario con que se ha enriquecido con grande opulencia, su concurso es numeroso, su comercio asentado, por estar en medio de México y las minas de San Luis Potosí, Zacatecas y Guanajuato…”.

“…Querétaro situado en una pequeña cuesta, dividida mitad arriba y mitad abajo, rodeado de huertas y labores, solo su fertilidad puede sustentar tan numerosa población…”. Lo dice Fray Isidro Félix de Espinosa.

Querétaro fue centro industrial de gran importancia, durante los siglos XVll, XVlll y XlX, antes de entrar a su gran silencio, guardado por mas de 150 años.

Había en la ciudad para fines del siglo XlX, más de 32 obrajes y trapiches, mil telares, donde se hacían ponchos y sarapes sombreros y artículos de piel, lo mismo que un gran centro comercial, debido a su posición geográfica de cruce de caminos hacia la tierra del norte, del pacífico y del bajío.

“…el camino de Querétaro que llaman de tierra adentro, pasa por Cuautitlán, Huehuetoca y el Puerto de Reyes, trasponiendo colinas, ochenta metros más altas que el centro de la ciudad de México…”. señala El Barón de Humbold

“…en otros tiempos Querétaro, con sus batanes, con sus sarapes, con sus fábricas de sombreros despertaba al ruido de sus mil talleres y tenía ese aire de fiesta, esa respiración enérgica del pueblo que vive del trabajo…” Cuenta Guillermo Prieto durante su estancia o reclusión en la ciudad.

“…el trato con que se enriquece y autoriza su república, es el más generoso que se reconoce en el reino…” lo dice en el siglo de prosperidad para Querétaro Alonso De La Rea.

“…no se ve patio alguno que no esté poblado de macetas que la vistosa hermosura de claveles, paños de Holanda, flores de china, romero, tomillo, artemisa y además florida variedad alegran y divierten los ojos a los que pasan por sus calles…” Habla Navarrete.

“…nace Querétaro para la diversión, porque no hay convento que no sea un paraíso, casa que no sea un jardín, barrio que no sea una primavera, ni salida por rumbo alguno que no sea una deliciosa amenidad…”.

“…al ver solo las azoteas de las casas empinarse sobre los arboles y las flores, imagina la fantasía que lo enmarañado y tupido de la arboleda es ondeado mar de verdes esmeraldas que mantienen sobre su enojada espalda una grande flota de navíos…”.

“…Querétaro creció hacia el poniente, donde se levanta la fábrica real de tabaco, dominaban los criollos y siempre se ha mantenido en su carácter de centro de concentración y distribución de comunicaciones…”.

Un 7 de abril de 1934 se reglamenta la conservación y protección de tantas obras urbanas como se habían construido en la ciudad a través de los siglos. Es la primera ves que esto se hacía.

“…Querétaro que tiene el pan sobrado y trajina con mas de Nueva España, así siempre tiene lo necesario… Querétaro es una antigua población de otomíes… lo primero que asombra al encontrarse en ella, es su historia, mientras se levanta gallardamente sobre la colina del Sangremal, en la otra banda abundan las huertas mientras en el sur se da el comercio y se levantan los mejores edificios…”. Nos dice Cardona.

Se puede seguir citando infinidad de decires sobre la grandeza y prosperidad de esta ciudad que despertó al nacer el siglo XVl, para verse rodeada de vitalidad y grandeza durante casi 400 años, para volver a dormir un largo sueño durante el siglo XlX y parte del siglo XX, solo asorada cuando la historia le demandó el escenario para arreglar sus diferendos entre sus hijos y ha vuelto a resurgir a partir del los años sesentas del siglo XX hasta los albores del siglo XXl.

“…Querétaro es una ciudad de templos, es la ciudad santa del mediterráneo, los siglos se leen en sus monumentos…”.

“…gran parte de las casas son bajas con sus amplios patios sombreados de naranjos, de granadas y de flores que le dan un aspecto extremo risueño. Las rasgadas ventanas de esas casas ofrecen pintoresco interior de las habitaciones y aseo de la ciudad…” Narra Guillermo Prieto sobre Querétaro.

“…Querétaro es un pueblo devoto por excelencia, los varios conventos de religiosos, las fundaciones piadosas y sus tradiciones, los indios de los pueblos cercanos que vienen a la ciudad a celebrar sus santos, todo atrae a la actividad de las iglesias en determinadas horas del día, establece mas que relación doméstica entre ovejas y pastores, lo que es ciertamente benéfico…”.

A los más de 14 conventos monumentales levantados en la ciudad en los siglos XVll y XVlll se deben las bases de la cultura queretana, fueron célebres sus bibliotecas como la de los conventos de los Crucíferos o el de San Francisco. sin contar los dos colegios jesuitas, siendo así cuna de la cultura criolla y la resistencia indígena.

“…la muy noble y leal ciudad de Querétaro, la más florida, amena y vistosa. Cada casa una maceta, cada huerta un paraíso, cada barrio una jaula…”. Comenta Francisco de Navarrete, el jesuita ilustrado, del XVlll.

Querétaro añoranza de gambusinos en su paso a las tierras de la plata, añoranza de  trotamundos y anticuarios y de quienes buscan aún en el sabor de un chocolate en las tardes crepusculares del poniente local, la paz. Querétaro museo de la historia nacional, legendario y de estrecheces en sus banquetas y del venenoso decir de sus comadres…”

 

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