A 25 años de la muerte de Juan Rulfo

EL JUAN QUE YO CONOCÍ era un ser de una inmensa ternura, cuya mirada lo decía todo. Su sonrisa en los labios, que apenas se entreabrían… Estos recuerdos se han quedado en mí.

Él tenía grandes deseos de viajar, conocer su país, oír historias.

En la época en que fue agente de ventas tuvo la oportunidad de recorrer gran parte de México y se volvió un experto en el manejo de su automóvil.

Disfrutaba conversando, y eran interminables las pláticas que sostenía con sus compradores o la gente de los pequeños pueblos.

Me hablaba alegremente de sus grandes ventas, y siempre iba acompañado de su cámara Rolleiflex.

En cuanto a sus viajes al extranjero, que fueron numerosos, siempre regresaba cargado de regalos.

Había algo en él que nunca pude entender, aún a estas fechas, a 17 años de su ausencia: nunca tocamos el tema de sus padres, sobre todo el de su madre. Tal vez en su amor triste él sufría en silencio.

Muchas veces le llegué a preguntar:

¿qué te pasa, Juan? Dime… Mas nunca tuve una respuesta; sólo su mirada

que se perdía en el espacio.

Llevaba a cuestas una inmensa tristeza.

Decían que posiblemente la había heredado justamente de su madre, María.

Hay tantas incógnitas en la vida de Juan que indagar en ella es entrar en un mundo de suposiciones y zonas inseguras, que refuerzan lo que él mismo escribió:

“Nadie ha recorrido el corazón de un hombre.”

Afrontar la tarea de escribir sobre la vida de Juan Rulfo requiere del empeño de una persona con una actitud escrupulosa y sincera, que deje a un lado anecdotarios o mitos sin sustento.

Porque Juan no vivió con la actitud de que su persona pasara a la posteridad. Lo que deseaba es que su obra lo hiciera.

Clara Aparicio de Rulfo

Juan Rulfo

Juan Rulfo nació el 16 de mayo de 1917.

Él sostuvo que esto ocurrió en la casa familiar de Apulco, Jalisco, aunque fue registrado en la ciudad de Sayula, donde se conserva su acta de nacimiento.

Vivió en la pequeña población de San Gabriel, pero las tempranas muertes de su padre, primero (1923), y de su madre poco después (1927), obligaron a sus familiares a inscribirlo en un internado en Guadalajara, la capital del estado de Jalisco.

Durante sus años en San Gabriel entró en contacto con la biblioteca de un cura (básicamente literaria), depositada en la casa familiar, y recordará siempre estas lecturas, esenciales en su formación literaria.

Algunos acostumbran destacar su temprana orfandad como determinante en su vocación artística, olvidando que su conocimiento temprano de los libros mencionados tendría un peso mayor en este terreno.

Una huelga de la Universidad de Guadalajara le impide inscribirse en ella y decide trasladarse a la ciudad de México.

La imposibilidad de revalidar los estudios hechos en Jalisco tampoco le permite ingresar a la Universidad Nacional, pero asiste como oyente a los cursos de historia del arte de la Facultad de Filosofía y Letras.

Se convierte así en un conocedor muy serio de la bibliografía histórica, antropológica y geográfica de México, temas que un estudio minucioso de su obra literaria y fotográfica permite rastrear en las mismas, además de los textos y la labor editorial que les dedicó.

Durante buena parte de las décadas de 1930 y 1940 viaja extensamente por el país, trabaja en Guadalajara o en la ciudad de México y a partir de 1945 comienza a publicar sus cuentos en dos revistas: América, de la capital, y Pan, de Guadalajara.

La primera de ellas significa su confirmación como escritor, gracias al apoyo de su gran amigo Efrén Hernández. Publica sus imágenes por primera vez, también en América, en 1949. Pero fue a finales de la década de 1930 cuando se iniciaba como escritor y fotógrafo, aunque pocos sabían de esto.

A mediados de los cuarenta da comienzo también su relación amorosa con Clara Aparicio, de la que queda el testimonio epistolar (publicado en 2000 en Aire de las colinas. Cartas a Clara). Se casa con ella en 1948 y los hijos aumentarán la familia poco a poco.

Abandona su trabajo en una empresa fabricante de neumáticos a principios de los cincuenta y obtiene en 1952 la primera de dos becas consecutivas (1952-1953 y 1953-1954) que le otorga el Centro Mexicano de Escritores, fundado por la estadounidense Margaret Shedd, quien fue sin duda la persona determinante para que Rulfo publicase en 1953 El Llano en llamas (donde reúne siete cuentos ya publicados en América e incorpora otros ocho, nuevos) y, en 1955, Pedro Páramo (novela de la que publicó tres adelantos en 1954, en las revistas Las letras patrias, Universidad de México y Dintel).

En 1958 termina de escribir su segunda novela (muy breve), El gallo de oro, que no se publicará hasta 1980.

En 2010 aparece la edición definitiva de esta última obra, después de una revisión cuidadosa del original que permitió eliminar errores e inconsistencias de la versión previamente conocida.

 

A partir de la publicación de los dos primeros títulos el prestigio literario de Rulfo habrá de incrementarse de manera constante, hasta convertirse en el escritor mexicano más reconocido en México y el extranjero.

Entre sus admiradores se cuentan Mario Benedetti, José María Arguedas, Carlos Fuentes, Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez, Günter Grass, Susan Sontag, Elias Canetti, Tahar Ben Jelloun, Urs Widmer, Gao Xingjian, Kenzaburo Oe, Enrique Vila-Matas y muchos otros.

Encuestas hechas en México, España, Alemania, Noruega y otros sitios ubican siempre los títulos de Juan Rulfo en un lugar prominente la literatura universal. Sus lectores en las más diversas lenguas se renuevan continuamente y las nuevas traducciones no cesan de aparecer.

Juan Rulfo es el escritor mexicano más leído y estudiado en su país y en el extranjero.

En 2003, con motivo de los cincuenta años de la publicación de El Llano en llamas, apareció Noticias sobre Juan Rulfo, del reconocido especialista en Rulfo Alberto Vital.

Se trata de un libro de gran formato y calidad, profusamente ilustrado, y constituye la biografía más completa dedicada al escritor y fotógrafo mexicano.

En 2005, con motivo del 50 aniversario de la aparición de Pedro Páramo, se publica La recepción inicial de Pedro Páramo, de Jorge Zepeda, quien se consagró con este título como uno de los estudiosos más competentes de la obra de Juan Rulfo.

En 2006, para recordar el 20 aniversario luctuoso de Rulfo, se publicó Tríptico para Juan Rulfo: poesía, fotografía, crítica, donde diversos autores abordan los temas del subtítulo en relación con su obra.

En 2008 apareció Retales, compilación de 17 textos de otros autores que Rulfo había propuesto a  los lectores de  la revista El Cuento.

En 2010 se ha presentado Juan Rulfo: otras miradas, obra de 500 páginas coordinada por Víctor Jiménez, Julio Moguel y Jorge Zepeda, en la que se reúnen opiniones sobre la obra de Juan Rulfo de autores extranjeros de primera importancia, como Gabriel García Márquez, Jorge Luis Borges, Susan Sontag, Tahar Ben Jelloun, Urs Widmer, Gao Xingjian, Kenzaburo Oe y otros, así como una serie de ensayos sobre el tema de la traducción de esa obra a los más diversos idiomas.

En el mismo año de 2010 ha aparecido Nuevos indicios sobre Juan Rulfo: genealogía, estudios, testimonios, bajo la coordinación de Jorge Zepeda y con artículos sobre los orígenes de la familia de Juan Rulfo en México (en el estado de Michoacán, en el siglo xviii, así como transcripciones hechas por Juan Rulfo de distintos textos relativos a la historia de ese estado e igualmente nuevos trabajos sobre la obra fotográfica y literaria de Rulfo, así como sus labores en el Instituto Nacional Indigenista.

Las dos últimas décadas de su vida las dedicó Rulfo a su trabajo en el Instituto Nacional Indigenista de México, donde se encargó de la edición de una de las colecciones más importantes de antropología contemporánea y antigua de México. Rulfo, que había sido un atento lector de la historia, la geografía y la antropología de México a lo largo de toda su vida, colmaría con este trabajo una de sus vocaciones más duraderas.

Rulfo publicó fotografías suyas por primera vez en 1949, en la revista América, como ya se dijo, y en 1960 expuso en Guadalajara una pequeña colección (unas 23) de sus fotos, pero fue la exposición de 1980 en el Palacio de Bellas Artes la que abrió al público más amplio el conocimiento de esta parte de su creación; desde entonces el interés por el fotógrafo Juan Rulfo no ha cesado de incrementarse y con él las exposiciones y los libros dedicados a sus imágenes.

En 2001 apareció México: Juan Rulfo fotógrafo, libro-catálogo de la exposición del mismo nombre, traducido ya al inglés, francés, italiano y alemán. La exposición se ha presentado en España, Italia, Francia, Grecia, Brasil, Argentina, Perú, los Estados Unidos, Marruecos, Portugal, México y Colombia.

En 2002 apareció el libro Juan Rulfo, letras e imágenes, con textos suyos sobre la historia y la arquitectura de México y una selección de sus fotografías de edificios mexicanos de diversas épocas.

A principios de 2006 se presentó el libro de pequeño formato Juan Rulfo, fotógrafo, con una selección de fotos y estudio preliminar de Andrew Dempsey.

En 2007 se dio a conocer el libro Tríptico para Juan Rulfo: poesía, fotografía, crítica, coordinado por Víctor Jiménez, Alberto Vital y Jorge Zepeda, con ensayos sobre la fotografía de Rulfo por Carlos González Boixo, Daniele De Luigi y Lon Pearson.

Éste último autor presenta la exposición de 1960, recuperada gracias a su testimonio, y se reproducen las 23 fotografías que la integraron. Igualmente se hace en este libro una edición facsimilar del encarte que apareció en 1949 en la revista América con once fotografías de Rulfo, las primeras que alguna vez publicara.

En 2009 ha aparecido otro libro de pequeño formato, Juan Rulfo: Oaxaca, con cincuenta imágenes tomadas por Rulfo en el estado mexicano de Oaxaca en la década de 1950. La selección de las fotos estuvo a cargo de Andrew Dempsey y Francisco Toledo.

La última publicación de gran formato sobre las fotografías de Rulfo ha aparecido en octubre de 2010 y lleva el título de 100 fotografías de Juan Rulfo. La selección de las imágenes fue hecha por Andrew Dempsey y Daniele De Luigi.

La obra literaria de Juan Rulfo no cesa de editarse en español y un número creciente de idiomas, que se acercan al medio centenar actualmente. De algunas lenguas se han realizado ya varias versiones.

 

Juan Rulfo falleció en la ciudad de México el 7 de enero de 1986.

Las nuevas generaciones de escritores y lectores se aproximan con renovado asombro a las páginas de los libros de Rulfo y su curiosidad por la vida y la obra del autor jalisciense no disminuye.

La erudita biografía llevada a cabo por uno de sus estudiosos más serios, Alberto Vital, Noticias sobre Juan Rulfo, ya mencionada, cumple con rigor la tarea de proporcionar información y reflexión serias a los lectores de Rulfo interesados en profundizar en este campo.

Los restantes libros mencionados contribuyen al conocimiento de otros aspectos de su vida y producción en los campos de la literatura y la fotografía.

 

 

 

 

INTRODUCCIÓN

Un fragmento en Los cuadernos de Juan Rulfo sugiere una vía para ir de la vida a la obra del jalisciense a través de la escritura.

El fragmento se llama “Mi padre” y tiene un fuerte carácter autobiográfico.

Allí, alguien anota que han venido a decirle que su padre acaba de ser asesinado, y él se resiste a despertar: sueña que tiene un animal entre los brazos, “un venado dormido, pequeño como un pájaro sin alas; tibio como un corazón quieto y palpitante, pero adormecido”.

Poco más abajo una voz le hace saber que el “venado ha muerto. Es sólo un animal muerto entre los brazos”.

Y le advierte:

—Ya son las tres de la mañana y hemos traído a tu padre. Lo han asesinado anoche.

Anoche. ¿Cuál noche? Mi vida no tiene una noche. No es oscura. La vida siempre vive de día. ¿Qué dices?

El venado y el día son como la infancia cegadora de luz.

La noche de la obra de Rulfo, la de las tumbas de Pedro Páramo, la de las mujeres enlutadas de “Luvina”, la de la fuga de los cristeros en “La noche que lo dejaron solo” y la de tantos otros pasajes, comienza simbólicamente con el asesinato de Juan Nepomuceno Pérez Rulfo la madrugada del ? de junio de ????, por la hacienda de Chachahuatlán, a manos del “joven J.Guadalupe Nava Palacios”.

Este borrador de Los cuadernos… tiene después un pasaje que parece salido de la pluma de W. H. Auden:

—¿Quién? ¿Hablas de mi padre? Él no puede morir. Nadie le puede hacer nada. La justicia mataría la tierra. Secaría los caminos y haría inútil ya la vida para el hombre. Él nos ha dado la vida y si sentimos que hay día es por él, y si sentimos que hay vida es por él. No puede morir.

La noticia fue aterradora para un niño que acababa de cumplir seis años. Fue tan paralizante que réplicas como la anterior sólo pudieron ser colocadas en la boca, muchos años después, gracias al paulatino proceso y al poder de la escritura, por el cual él volvió a dar presencia al pasado y dispuso de una voz en éste, la misma voz que debió ahogársele, junto con el sueño y la luz, cuando lo sacudieron para despertarlo aquella madrugada.

La lenta transustanciación de estas líneas concluiría en un escueto diálogo al final de uno de los fragmentos iniciales de Pedro Páramo:

—Han matado a tu padre.

—¿Y a ti quién te mató, madre?

Líneas arriba, la madre aparece envuelta con atributos de virgen trascendental, ya demasiado frágil para vivir en esta tierra:

Y aquí, aquella mujer, de pie en el umbral; su cuerpo impidiendo la llegada del día; dejando asomar, a través de sus brazos, retazos de cielo, y debajo de sus pies regueros de luz; una luz asperjada como si el suelo debajo de ella estuviera anegado en lágrimas.

1917-1927

La importancia para el propio Rulfo de este segmento y de las implicaciones y las raíces del mismo, se confirma con el hecho de que él lo eligió para grabarlo cuando en 1958 la colección Voz Viva de México, de la Universidad Nacional Autónoma de México, incluyó pasajes de su obra.

El escritor siempre tuvo por cierto un afecto especial hacia nuestra Casa de Estudios, para la que trabajó

LA BATALLA DE SAYULA Y OTROS HECHOS DE GUERRA

Después de que el Centauro del Norte cedió la zona a los carrancistas durante los primeros meses de ????, Zamora intentó recuperar la ciudad donde menos de dos años después sería registrado y bautizado Juan Rulfo: el sábado ?? de agosto sorprendió a la corta guarnición carrancista y atacó Sayula.35 El vicepresidente municipal organizó la defensa, preocupado por el inconveniente de que el capitán Francisco Bravo y otros oficiales se distraían a esas horas en una casa de citas con tal jolgorio que no aparecieron sino después de los acontecimientos.

La batalla se centró en la iglesia, en la presidencia municipal y en “una casa de altos situada en la segunda cuadra de la calle Constitución”.

Los seiscientos asaltantes bajaron a toda prisa de los cerros cercanos y entraron por el oeste haciendo bulla. Su armamento incluía un tubo lanzabombas contra los reductos defensivos. Entre las muchas historias orales que causó la batalla, prevalecieron las que dieron noticia del rapto de “dos bonitas muchachas apodadas las Guayabitas”, del incendio de la parte norte del portal Iturbide, del robo de la bodega de los ferrocarriles, de la destrucción de un puente de la vía y del corte de la línea telegráfica. Los zamoristas se retiraron en la madrugada porque una locomotora próxima silbaba en la oscuridad, y ellos supusieron que iban llegando refuerzos para la defensa.

El caudillo se sintió dueño de la región, y ante la falta de garantías varias familias de Atejamac de Brizuela, de Tapalpa, de San Gabriel, de Tonaya y de otros pueblos serranos y bajos, vinieron, dice Munguía, a refugiarse en Sayula. Entre ellas se encontraban los Brizuela, los González, los Villa Michel y los Pérez Rulfo Vizcaíno.

Los vecinos y las acordadas debían de cualquier modo hacer frente a los embates del guerrillero, y justo cuando Juan cumplía dos meses, el ?? de julio de ????, aquél salió de su cuartel en el rancho Carrizales para atacar Tapalpa; la atmósfera oral que rodeó a quien iba a convertir en instrumento literario un ambiente semejante, estaba llena por esos días de miedo y de muerte. Al final, Zamora tuvo que replegarse.

Todavía diez días antes del primer cumpleaños del escritor, el ? de mayo de ????, Zamora intentó asaltar el tren de pasajeros que venía de Manzanillo.

El lector recordará la escena de “El Llano en llamas” que marca el punto en que el Zamora literario se excede incluso en sus propios excesos y provoca tal furia con el descarrilamiento de un tren que el gobierno decide apretar el cerco en torno suyo. Resulta que la estrategia del Zamora de carne y hueso consistió en mandar una avanzada que cayera por sorpresa sobre una cuadrilla; ésta reparaba “la vía en lo alto de la cuesta, cerca de la estación de banderas de San Nicolás” y fue obligada a quitar quince metros de riel. La leyenda cuenta que, para fortuna de muchos inocentes, uno de los peones de la cuadrilla logró esconderse, alcanzó la máquina en algún recodo e hizo señas al maquinista.

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