La fiesta de la candelaria

La Candelaria en Tacubaya

Ángeles González Gamio

La Jornada

Hace varios años hablamos de un excelente libro: Tacubaya en la memoria, escrito por dos jóvenes y talentosas arquitectas, Araceli García Parra y María Martha Bustamante Harfush. A unos días de que se festeje La Candelaria, hoy volvemos a él para recordar algunos datos de interés sobre el castizo barrio, que nos sirvan de marco para hablar de la parroquia de Nuestra Señora de la Purificación, mejor conocida como La Candelaria.

En la época prehispánica, la actual Tacubaya ya era un poblado de importancia, entre otras razones porque recibía frescas aguas que bajaban de las lomas del Desierto de los Leones, Cuajimalpa y Santa Fe. Su privilegiada ubicación en la cuenca, la tornó en sitio de paso obligado para los que iban o venían de Mixcoac, San Ángel, Coyoacán y Tlalpan, lo que propició el desarrollo comercial.

Tras la conquista, españoles avezados pusieron el ojo en Tacubaya y aprovechando sus caudales, abrieron molinos de trigo para abastecer de pan a los hispanos que poblaban con rapidez la cercana ciudad de México. Misma visión tuvieron los dominicos, quienes establecieron numerosos conventos en la zona. Todavía existen construcciones de esa época, como el famoso Molino del Rey, cuya troje es hoy sede de las guardias presidenciales. Particularmente, hermoso es el conjunto del molino de Santo Domingo, hoy adaptado para usos habitacionales, pero conservando su originalidad.

Entre las construcciones religiosas que se salvaron de las Leyes de Reforma y de la “modernización”, sobresale la linda parroquía de La Candelaria, que se encuentra sobre la avenida Revolución, enfrente de la Alameda de Tacubaya. Esta fue de las primeras que se levantaron en el rumbo, en 1556, sobre las ruinas de un templo prehispánico que estuvo consagrado a la diosa Cihuacóatl.

El próximo miércoles, que es su fiesta, se viste de gala para recibir a decenas de Niños Dios, elegantemente ataviados, desde reyes hasta médicos y papas. Es el Día de la Candelaria o de las Candelas, nombre que se deriva de las velas con las que se acompaña la imagen del Niño Dios, el cual se lleva a bendecir ese día, cuando se recuerda la presentación del Niño Jesús en el templo.

Un encantador atrio enjardinado al que dan sombra añejos fresnos, abre el paso hacia el sobrio templo de una sola torre; su fachada de piedra gris esta enmarcada por un par de columnas estriadas, que en la parte alta se vuelven pilastras. Un óculo permite el paso de la luz y en el remate se yergue una escultura de la virgen resguardada en un nicho. El resto de la edificación tiene un fino aplanado de color ocre.

En el costado sur tiene adosado el portal de peregrinos con tres arcos. Lamentablemente el interior –esperamos que sea temporal, pues lo demás está ordenado y limpio– resguarda materiales de construcción. Ello no impide apreciar el marco de piedra que da acceso al interior del convento, primorosamente labrado con flores, que recuerdan las que adornan la soberbia escultura de Xochipilli, la deidad prehispánica de la primavera.

El interior perdió los altares barrocos que alguna vez tuvo. Conserva tres capillas laterales. Sin tener elementos bellos, está decoroso. Adjunto se encuentra un pequeño claustro de dos plantas, precioso, que aloja un convento de frailes dominicos. Tiene arcos de cantera y como detalle original, sobre la piedra clave, unos relieves rectangulares de piedra con exquisitos labrados. Uno de ellos tiene la fecha “AÑO 1590”.

Como suele suceder en los antiguos barrios, vecino al convento, en la esquina, se encuentra la cantina La Colonial. Antigua y de prosapia, ofrece un abundante menú: ¡90 platillos a escoger gratis! Eso sí, ya sabe que según el número de copas, aumenta el número de platillos. Si es parco en el beber y muy dado a comer, el costo del menú completo es de 135 pesos. Es muy ecléctico, ya que incluye fetuccini, salmón meunier, pechuga cordon bleu y ¡tortas! Abre los domingos y tiene estacionamiento.

gonzalezgamio@gmail.com

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