El único gran templo y convento neoclásico en Querétaro; Teresitas

Teresitas

José Félix Zavala

Convento de Carmelitas descalzas de Santa Teresa de Jesús en Querétaro, llamado del…

 

“Dulcísimo nombre de Jesús”

Las Teresas

Templo y Convento son una joya del neoclásico y es el último monumental convento construido en la ciudad de Querétaro, de 17 existentes durante la colonia.

La fachada del templo tiene un gran pórtico de cantera gris, con seis columnas jónicas estriadas en toda su longitud, de caña y capiteles que sostienen el arquitrabe, friso, cornisa y un frontis moldurado que en su tímpano y dentro de un óvalo recuerda el versículo 3 del salmo 113 “Desde donde sale el sol hasta el ocaso sea alabado el nombre del Señor” el muro que forma la fachada interior de este templo  está realizada con marcos ciegos simplistas, más tableros.

El convento es sobrio, con su entrada, portería, torno y locutorio, que da entrada a un patio de cuatro corredores con arcos de medio punto y fuente al centro y a través de un amplio pasillo se llega al segundo patio, los corredores de este patio están formados por arcos de medio punto y sólidas pilastras.

Tenía una amplia huerta con bardas muy altas y en ella la ermita, construida en octubre de 1812, Este convento funcionó solo 54 años y después de la exclaustración, siguió el fin de todas las obras religiosas en México por su gran deterioro, de la capilla de la huerta se rescató una escultura guadalupana que ahora se encuentra en las oficinas del templo.

Al templo se entra por tres puertas de hermosa simetría, que cierran el pórtico de la fachada.

El cuerpo del templo tiene tres bóvedas de arista y ábside esférico separadas por arcos de medio punto y una cornisa sostenida por catorce pilastras jónicas

El presbiterio tiene un altar de mármol de Vizarrón y en la parte baja del mismo existe un nicho que contiene las reliquias y la escultura yaciente de San Mansueto, a partir de 1905, obra de Enrique Mosqueda, un sagrario de madera y cincelado en fino metal un cronograma eucarístico, un inmejorable ábside y un hermoso ciprés, donde se encuentra El Cristo de Santa Teresa y faltan tristemente las tallas de Teresa de Avila y Juan De La Cruz, obras de la escuela queretana de escultores.

En el ábside del presbiterio destacan seis entrepaños, en las de los extremos se abren dos puertas que daban acceso a “los sepulcros” o el osario donde eran inhumadas las monjas.

Las pilastras laterales con dos del ábside enmarcan, cuatro de cada lado, dando cabida del lado del evangelio al coro bajo o tribuna abasial y del lado de la epístola a la sacristía donde se encuentra el “apostolado” Obra de Eduardo Tresguerras.

Las bóvedas del cuerpo del templo y el frontis arriba del enrejado del coro alto existen frescos de Tresguerras y pinturas al fresco de santos relacionados con las monjas fundadores o la orden reformada de teresa de Avila

Los arcos del cuerpo del templo guardan altares de cantera gris labrada alineados a los muros longitudinales y a los arcos, se corresponden simétricamente.

En el muro norte del templo y término de las arcadas laterales y las dos pilastras restantes corresponden al coro alto enrejado como buen convento de monjas y en la parte inferior dan cabida a pasillos planos de gran mérito y corresponden a las tres puertas de entrada.

En el coro alto existe un retablo y altar dedicado al Señor San José y existen frescos de la vida de San Elías, de gran mérito, el piso es de madera.

Un poco de historia:

Antonia Gómez Rodríguez Pedroso y Soria de Pedroso, Marquesa de Selvanevada, viuda de Manuel Rodríguez de Pinillos López Montero y García Cortes, renunciando a su título y al mayorazgo a favor de su hija mayor, entró de criada al convento de San Jerónimo, en la ciudad de México.

Más tarde cedió su caudal de más de ciento cinco mil pesos para fundar en Querétaro un convento y enseguida tomó el hábito en el convento de Regina Coelli, también en la ciudad de México.

El 25 de junio de 1802 se expidió la cédula real para la fundación de dicho convento, iniciándose provisionalmente en una casa rentada en la calle de Posadas, junto al Mesón de San Antonio, las gestiones habían comenzado desde 1797..

Además de la marquesa de Selvanevada, entonces llamada sor Antonia De Los Dolores y posteriormente, Sor María Josefa de Santa Teresa, vinieron del Convento de Santa Teresa La Antigua, ubicado en la ciudad de México como fundadoras, además de la marquesa las carmelitas,  Sor María Bárbara de la Concepción, Sor María Ignacia de San Elías, María Eufrosina de San Juan Bautista y Sor María Clara de San Eliseo.

La celebración de la noticia del nuevo convento se celebró en Querétaro el 22 de octubre de 1802, con repiques de campanas y el 22 de abril de 1803 llegaron a Querétaro estas monjas fundadoras de “Teresitas”, alojándose en el Convento de Santa Clara y después llevadas solemnemente a su convento provisional por el clero secular y regular y la población entera.

El día 21 de junio de 1803 se colocó la primera piedra de convento definitivo con asistencia del Arzobispo de México, Francisco Xavier de Lizana.

Se bendijo el convento y se dedicó el templo en uno de enero de 1807, a un costo de 150 mil pesos oro y cuyos benefactores fueron además de la Marquesa de Selvanevada, Juan Antonio Del Castillo y Llata, José de Escandón y Loreto Ma. De La Canal y Samaniego.

Los planos para el futuro convento fueron realizados por el arquitecto Manuel Tolsá y enviados a la corte española con una carta del virrey Miguel de la Grúa Talamanca y Branciforte el 20 de noviembre de 1797.

Manuel Tolsá era director de escultura de la Academia de San Carlos, en cuya junta ordinaria del 31 de octubre de 1797 fueron aprobados los planos del proyecto del mencionado convento, con un costo inicial de 57 mil 897 pesos y 7 reales

El proyecto de Manuel Tolsá, realizado sin saber siquiera donde iba a ser edificado, nuca se realizó, sino que se contrató al arquitecto  Pedro Ortiz, para realizar otro y ejecutarlo, la presencia del arquitecto Eduardo Tres Guerras, fue para la decoración  existente.

La presencia del arquitecto Eduardo Tres Guerras, fue principalmente para la decoración que existe. Los frescos del coro, los del ábside, entre los ventanales, el apostolado de la sacristía, coro alto, entre otras muchas obras más.