“Los Culpables” según Joel Flores

Los Culpables

Juan Villoro

Joel Flores

Existe en México una tradición del género cuento que podría configurarse en dos vertientes, por un lado están los narradores que reviven el realismo sucio norteamericano, cuyo registro se encuentra en Chejov y sus herederos son Carver o Cheever; y por el otro están aquellos que cristalizan el imaginario de Río de la Plata, la poética de Cortázar y Borges, en la intertextualidad y la hibridación de géneros. Basta evocar a Guillermo Fadanelli para no prescindir de un ejemplo sobre lo primero, o los cuentos de Álvaro Enrigue en Hipotermia para dialogar sobre lo segundo.

Sin embargo existe, también, una tendencia distinta en esta tradición narrativa que retoma ambos imaginarios y los entrecruza y ciñe, como si de dos gruesos listones se tratara, para presentarlos bajo los destellos de lo nuevo. Me refiero sobre todo a una literatura que no se anquilosa al atender sólo al artificio, el cómo narrar las historias, sino que escucha o busca ser testigo de los conflictos que arrecian a un país, sus disfuncionalidades, los sectores marginados o donde más se encrudece la violencia y el odio de los seres humanos. Un ejemplo es el libro de relatos Los Culpables, de Juan Villoro (1956), publicado por la editorial Almadía, en 2007.

En el compendio, urdido por siete piezas narrativas, leemos un México donde todo contrasta: la miseria con la riqueza; los sueños de dos hermanos de convertirse en cineastas de la frontera con Norteamérica, con la falsa virilidad de un mariachi que lo tiene todo, pero se niega a ser mariachi.

Descubrimos, también, que México tiene temas capitales, la corrupción, la múltiple identidad de sus habitantes, el malinchismo, la traición, lo que una y otra vez sale en la prensa nacional e internacional, lo terrible que para artistas como Artaud, Breton o Buñuel parecía mágico, surreal y para nosotros, los mexicanos, una pesadilla.

Los culpables son personajes que asimilan su contexto y desean hallarle un fin, explorar, lucrar con lo que los rodea, como si la miseria que viven fuera una ‘historia en bruto’ que los sacará de la pobreza: El gringo “confiaba en el cine mexicano como en un intangible guacamole; había demasiado odio y demasiada pasión en la región para no aprovecharlos en la pantalla. En Arizona, los granjeros disparaban a los migrantes extraviados en sus territorios”, confiesa el narrador del relato “Los Culpables”.

Secuestros piratas, equipos de fútbol financiados por la mafia, iguanas que medían la libido de dos amigos y la chica que los acompaña en su viaje por el sur mexicano, un hombre que evade la realidad gracias a sus viajes en avión son algunas de las tramas que arman este libro, que fácilmente se configura como uno de los imprescindibles dentro de la tradición del cuento mexicano.

Las confesiones de Los culpables nos animan a aceptar que lo “buñuelesco” en México quiere decir algo horrendo que a la vez es mágico.

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