“Mira que te lo tengo dicho”

“Siempre acabmos llegando a donde nos esperan”.

LIBRO DE LOS ITINERARIOS.

A José Saramago le gustaba iniciar sus libros con una frase que atribuía a supuestos libros que sólo existían en la imaginación de memoria.

Esa sentencia precede a su libro El viaje del elefante, una de sus grandes obras últimas, escrita además en el periodo de su resurrección, después de haber pasado por una crisis de salud de la que, como él decía, se levantó gracias a la fuerza de su mujer, Pilar del Río, su traductora también.

Ese libro acaba con esta frase:

“La reina no lo dejó hablar. No quiero saberlo, gritó, no quiero saberlo. Y corrió a encerrarse en su cámara, donde lloró el resto del día”.

Saramago también tenía la costumbre de enviar a algunos de sus amigos la frase final de sus novelas, al acabarlas.

Ahí quedan hoy, primer aniversario de su muerte, esta invocación de los itinerarios, del viaje y del llanto, como metáforas, entre las muchas que quedan, del maestro de Azinhaga que murió en Lanzarote junto a Pilar y cuyas cenizas serán esparcidas hoy ante su fundación en Lisboa.

Respeto y memoria para el viejo luchador pacífico.

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