Una absurda controversia por los premios a los grandes teólogos

Los premios “Ratzinger”

La decisión del Vaticano de entregar al teólogo español Olegario González de Cardedal el “Premio Ratzinger”, que pretende ser el Nobel a lo mejor de la teología mundial, desató una absurda polémica en los últimos días.

Absurda porque construida sobre la falta de información, al menos de ciertos hechos periodísticos. Y como la cosa involucra a quien esto escribe, mejor hacer las necesarias precisiones.

Todo comenzó el pasado martes 14 de junio. En la sala de prensa de la Sede Apostólica tuvo lugar una conferencia para periodistas en la cual se anunciaron los acreedores de la primera edición del mencionado reconocimiento. Un encuentro con los medios informativos para ofrecer todos los detalles (y del cual ofrecimos un reporte aquí).

Tras los discursos de cajón se pasó a los cuestionamientos de la prensa. El autor de estas líneas preguntó al cardenal Camillo Ruini (presidente del comité científico de la Fundación Joseph Ratzinger-Benedicto XVI) sobre los criterios de selección de los premiados, haciendo referencia a que el pensamiento cristológico de González de Cardedal “ha sido debatido y criticado en su país”. En la interrogante no se mencionaron nombres propios ni se hizo alusión a la supuesta “heterodoxia” del teólogo. Nada de eso.

La respuesta de Ruini fue simple: “el debate es la sal de toda disciplina, incluso los grandes teólogos de la historia eran criticados; si la cristología de Olegario es debatida es una buena señal, quiere decir que su pensamiento es relevante”. Y nada más. Cero polémica, cero controversia. Hasta aquí los hechos.

Este día, en una entrevista con nuestro colega José Manuel Vidal (se puede leer completa aquí), el mismo González de Cardedal acusó ser víctima de una “campaña de desprestigio” orquestada tanto por el Opus Dei como por los teólogos José María Iraburu y José Antonio Sayés. Y claro, el detonante parece haber sido la bendita pregunta.

En pocas palabras dijo sentirse entristecido porque “en la misma presentación del premio” salieron a relucir las críticas sobre su cristología. Empero la presentación no fue ni al mundo teológico ni a la curia romana sino a periodistas, responsables de hacer las preguntas de rigor (muchas veces incómodas). Por eso era inevitable que surgiera el asunto, sin intereses ocultos o afanes por enfangar una meritoria carrera teológica. Es parte del derecho a la crónica (de los comunicadores).

Potestad de la prensa que se parece (un poco) al derecho a la crítica que detentan los intelectuales. Derecho de criticar y ser criticado. Es parte del juego, como dijo el mismo cardenal Ruini: “la sal de toda disciplina”. Por eso sorprendió otro pasaje de la entrevista a González según la cual “algunos órganos de opinión en la cúspide hispánica elogian esas críticas desde una real ignorancia respecto a ese campo y a todo lo que en él está en juego. Por un mal entendido empeño apologético están prestando un servicio negativo”.

No soy un teólogo (obviamente) y tampoco he tenido el gusto de leer las obras del multipremiado estudioso español que, indudablemente, goza de gran fama. Una cosa sí la puedo asegurar: no existe campaña de desprestigio alguna contra González de Cardedal.

Desconozco si Iraburu o Sayés urdieron un complot -en tiempos diversos y a marchas distintas- para afectar la honorabilidad del “Premio Ratzinger”. Sólo la hipótesis suena ridícula. Una aclaración certera la ha dado el mismo padre Iraburu (aquí). Como profesional sólo quise saber por qué El Vaticano concedió un reconocimiento con el nombre de pila del actual Papa a un teólogo cuyo pensamiento es debatido, cuestionado y hasta señalado como “heterodoxo”. Mera curiosidad periodística. Así las cosas la polémica parece absurda, nada más.

“Premios Nobel”

a la teología mundial

Hoy El Vaticano anunció los ganadores de los “Premios Ratzinger” en su primera edición.

Se trata de reconocimientos que pretenden ser algo así como los “Nobel” a la teología mundial. Tres estudiosos fueron distinguidos: tres europeos y tres hombres, un símbolo de cómo está el pensamiento teológico actual. Cada uno de ellos recibirá un diploma y un cheque por 50 mil euros.

La iniciativa es impulsada por la fundación vaticana “Joseph Ratzinger-Benedicto XVI”, conformada hace apenas unos meses y cuyo comité científico es presidido por el cardenal Camillo Ruini, vicario emérito para la diócesis de Roma.

Fue ese mismo comité científico el que deliberó y eligió a los premiados: el español Olegario González de Cardedal, el italiano Manlio Simonetti y el alemán Maximilian Heim. Según confesó el mismo Ruini entre los candidatos no se consideró mujer alguna, aunque aclaró que no fue por prejuicio. “Si en el futuro aparecen teólogas de espesor intelectual serán reconocidas”, apuntó. Eso quiere decir que por ahora el mundo teológico carece del genio femenino.

Es significativo que tampoco destaque la teología latinoamericana, la teología africana o asiática. Cada una tiene sus propias problemáticas hoy, pero más allá de una reflexión superficial este detalle debe hacer pensar.

La ceremonia de premiación tendrá lugar el próximo 30 de junio en la Sala Clementina del Palacio Apostólico del Vaticano, durante la misma el Papa pronunciará un discurso mientras Maximilian Heim, a nombre de los premiados, impartirá una conferencia magistral.

Uno de los reconocidos, Olegario González de Cardedal, si bien es uno de los teólogos más destacados de España ha sido criticado por algunos colegas suyos quienes consideran como “heterodoxo” su pensamiento sobre Cristo. Por otra parte es amigo personal y ex alumno de Ratzinger.

Según Ruini “el debate es la sal de toda disciplina, incluso los grandes teólogos de la historia eran criticados; si la cristología de Olegario es debatida es una buena señal, quiere decir que su pensamiento es relevante”.

Serafines susurran.- Que todavía en México se sienten los coletazos de la polémica en torno a la reforma constitucional en materia de derechos humanos que apenas el 9 de junio pasado el presidente Felipe Calderón Hinojosa promulgó formalmente.

La confusión (de la cual dimos cuenta aquí y aquí) sigue vigente entre católicos y no. En la Iglesia las posiciones se dividieron entre quienes impulsaron un rechazo a la reforma y quienes buscaron salvarla apelando a sus partes positivas. Los que sostuvieron esta segunda postura –entre ellos muchos obispos- conminaron a los fieles católicos a promover una “correcta interpretación” de la reforma.

El problema es que ahora mismo y con el cambio legal promulgado nadie ha dicho a los fieles laicos cómo actuar. Nadie, ni los obispos, ni los intelectuales y mucho menos los líderes sociales católicos han sabido trazar una estrategia concreta para orientar adecuadamente las acciones próximas. Resultado: más confusión.

Así los “optimistas” de la reforma se quedaron a mitad de camino, al menos por ahora. Mientras los opositores, quienes fallaron en su lucha, tenían las ideas más claras. Así lo demuestra el video que compartimos abajo y que aún circula en los ambientes católicos. Una cosa es cierta: la reforma ya pasó ¿y ahora qué sigue?

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