El mito de la cultura en “La Roma-Condesa” del D.F.

El corredor Roma-Condesa

Iván Restrepo

El jefe de Gobierno del Distrito Federal ordenó extender a la colonia Condesa, ahora con una “intensa actividad nocturna”, el operativo de vigilancia que instauró en la Zona Rosa, pues con la presencia de la policía en esta última “es previsible que haya un desplazamiento de delincuentes y no queremos que se pueda contaminar, dado que son dos espacios muy cercanos, divididos prácticamente por un par de calles”. Se trata de un “ operativo integral” en que participan 700 policías. Habrá revisiones a bares y discotecas, principalmente sobre protección civil, sin faltar la “recuperación” de espacios públicos.

 

El corredor Roma-Condesa se ha convertido en las noches en centro de gran actividad por la cantidad de bares, restaurantes, after hours y discotecas que funcionan por doquier. El poder del dinero ha hecho que hasta las más pequeñas y tradicionales tiendas y accesorias cierren sus puertas para dar paso a expendios de licores y cervezas que también dan servicio en las aceras. Muchos de estos negocios están situados en la planta baja de edificios de departamentos que antes se distinguían por su tranquilidad. Hoy quienes allí viven tienen que soportar hasta la madrugada el ruido y los escándalos de los consumidores de bebidas alcohólicas. Y algo más si nos atenemos a las declaraciones de los dirigentes de la Asociación Nacional de la Industria de Discotecas, Bares y Centros de Espectáculos (Anidice), de que desde el gobierno anterior la delincuencia organizada controla la ven­ta de droga en la Zona Rosa, la Con­desa, Roma, Juárez y el Centro Histórico. Que bajo amenazas, los dueños de esos negocios les permitieron tejer sus redes. De esto supieron oportunamente las mismas autoridades que crearon el ambiente propicio para la acción de la delincuencia.

 

En la delegación Cuauhtémoc está la mitad de los 3 mil 600 centros nocturnos “legales” de la ciudad. A ellos acuden los fines de semana más de un millón de clientes, en su mayoría jóvenes. Se desconoce el número de los que frecuentan los más de 300 giros negros que funcionan fuera de la ley, con base en la corrupción, y que la autoridad clausura sólo cuando hay muertos de por medio o alguna protesta ciudadana.

 

Otro denunciante de irregularidades es Armando Quintero, ex integrante de la Asamblea Legislativa de la ciudad y ex titular de la Secretaría de Transportes y Vialidad. Asegura que a 12 años de que en dicho órgano legislativo se iniciaron acciones para reglamentar la vida nocturna “la fiesta y la convivencia en la noche se desenvuelve fuera de la ley, en la clandestinidad y su existencia es fruto de la corrupción”.

 

Por su parte el maestro Bernardo Bátiz mencionó recién en La Jornada la necesidad de evitar que la Condesa se convierta en una segunda Zona Rosa. Por el contrario, pide, debe ser una colonia “llena de vida, de acción humana muy variada y con un ambiente cosmopolita, juvenil y moderno, que al mismo tiempo ha conservado cierto aire de distinción que le dan sus parques, sus casas y edificios art decó o art nouveau, sus avenidas arboladas y amplias, sus iglesias, librerías, neverías y otros espacios de convivencia”.

 

Resolver los desajustes sociales y de otra índole que está ocasionando la transformación caótica de la Condesa exige la participación de los vecinos y sus representantes (algunos ineptos), las autoridades, los legisladores y los dueños de negocios que no ocasionan problemas. Un paso urgente es limitar el número de bares, discotecas y cantinas (los hay hasta con terraza abierta a la calle); clausurar los giros negros y aquellos que atentan contra la tranquilidad de los vecinos, protegidos por la corrupción, jueces venales y una legislación incompleta. Bienvenidos los “ operativos integrales”, pero deben acompañarlos con otras medidas que eviten sea la cantina más grande y ruidosa de la ciudad y donde no hagan de las suyas los vendedores ambulantes, los sitios ilegales de taxis, los inspectores y los valet parking. Donde los encargados de las grúas no estén al servicio de los negocios que carecen de estacionamiento (la inmensa mayoría). Donde convivan vecinos y actividades comerciales. Como en otras grandes ciudades del mundo.