Del rebozo y del zarape, dicen se desconoce el origen

Del 3 al 5 de julio se realizará el encuentro El arte del jaspe y el rebozo, en el Franz Mayer

“El arte popular mexicano padece la falta de relevo generacional”

 

La prenda enfrenta, entre otras amenazas, la desaparición de los talleres, advierte Marta Turok

 

Don José, de 90 años y rebocero de Guerrero, participará en la reunión para convocar el rescate

 

Además de intercambiar experiencias, se podrá contemplar lo más selecto de colecciones antiguas

“No sabemos cómo surgió el rebozo en México. Igual que el sarape, las dos prendas más emblemáticas mexicanas, su origen es un misterio todavía”, señala la experta

Alondra Flores

 

Periódico La Jornada

 

La estrofa “tápame con tu rebozo, llorona”, suena como un profético lamento de duelo ante la amenaza de la desaparición del arte del rebozo jaspeado, pieza textil tradicional que durante siglos cobijó al mexicano desde la cuna hasta el sepulcro, tanto a mestizos como a indígenas.

 

Y surge la advertencia de Marta Turok, quien ha estudiado un triste panorama: “Todo el arte popular mexicano está viviendo lo que el rebozo, no hay relevo generacional. Es momento de que lo veamos como un arte y un oficio, no como algo que hacen en su cotidianidad”.

 

En días recientes, como publicó La Jornada, se alertó sobre la crisis que vive la producción del rebozo entre los artesanos mexicanos, según la antropóloga durante el anuncio de la serie de actividades titulada El arte del jaspe y el rebozo: pautas para la conservación de una tradición, que se realizará en el Museo Franz Mayer, del 3 al 5 de julio.

 

El rebozo, paño largo y angosto, con flecos en sus puntas, hecho de algodón, seda o artisela, todavía a mediados del siglo pasado era un prenda de uso común, tradicional del arte popular mexicano. Se trataba de una vida versátil, desde su uso maternal para cargar al niño de brazos, cubrir la belleza juvenil en misa, acompañar en la última morada, como accesorio de ornamento o, simplemente, para taparse del frío.

 

Durante los cinco días, en un acto complejo dividido en varios componentes, investigadores y un puñado de reboceros harán un recuento de las raíces y rutas, además de intercambiar sus experiencias y conocimientos.

 

Al público también se le invita a visitar el museo ubicado en el Centro Histórico (avenida Hidalgo 45) para conocer más sobre este arte y contemplar lo más selecto de colecciones antiguas del Franz Mayer, así como los trabajos que aún se realizan e innovaciones en el diseño.

 

La desaparición de los talleres es la gran amenazan que enfrentan. El poco interés de las nuevas generaciones por aprender, el costo de las materias primas y la falta de mercado que sepa apreciar el valor de este arte laborioso, son algunas de las causas que acaban cada día con la tradición textil.

 

“Como soy artesano, no soy nadie en la vida”, relata Turok que los propios trabajadores del rebozo le dicen, y ellos son quienes deben tener más orgullo de su trabajo.

 

El rebozo jaspeado logra su dibujo por la técnica del ikat, término malasio con el que se conoce a escala internacional. Forma parte de un conjunto de técnicas llamadas “de reserva”, por la forma en que se realiza el entintado de las telas o los hilos.

 

Pero la riqueza de un rebozo no sólo yace en su paño central, sino en el conocimiento en el arte del teñido y en la hechura de las puntas o flecos que penden a los extremos. “Hay toda una línea del rebozo regional indígena en México en la que el cuerpo no es lo importante, sino el empuntado”, puntualiza Turok.

 

“Es un trabajo de locos, nos pasamos la vida amarrando, desamarrando”, le dicen los artesanos. Ella agrega que “esa es la parte que hay que transmitir en al mundo, a quienes dicen que el rebozo se conoce por su punta. No, son dos partes, el arte del paño, del jaspe, y, el empuntado, ambas forman un conjunto.

 

“No sabemos cómo surgió el rebozo en México. Igual que el sarape, las dos prendas más emblemáticas mexicanas, su origen es un misterio todavía. No tenemos la clave exacta. No sabemos si es una técnica prehispánica; hay indicios, pero no hay contundencia. No sabemos si vino del sureste de Asia, donde la técnica está muy difundida, en países como Filipinas, Indonesia, India, Tailandia, Cambodia o Japón. No tenemos el conocimiento certero”, detalló Turok, especialista en arte popular mexicano.

 

Sin embargo, agregó que hay el conocimiento de que en el virreinato el rebozo adquirió gran relevancia. A mediados del siglo XVIII trasciende a todas las clases sociales, salvo las indígenas. Nace como una prenda de castas, en una forma con ricos bordados. En el siglo XIX se extiende su uso, después de la Independencia, y es adoptada también por las indígenas. Durante la Revolución, las famosas adelitas portan orgullosas la prenda.

 

Es a mitad del siglo XX, que su uso comienza a languidecer al existir una crisis en los centros productores. “Al ser un producto mestizo, se ubica en ciudades intermedias”, como Jiquilpan, Zamora y La Piedad, en Michoacán; Tenancingo, estado de México; Moroleón y Uriangato, Guanajuato, son algunos de los centros reboceros.

 

Marta Turok relata que Don José, un artesano de Chilapa, estado de Guerrero, está muy triste y considera que el rebozo murió. Fue hace cinco años que hizo el último. Ese hombre de más de 90 años finalmente se animó a participar en la reunión en ciernes para convocar el rescate. Su nieto, de 19 años, dejará por unos días sus estudios de la preparatoria y lo acompañará para aprender sobre un arte que debería ser una herencia transmitida con orgullo, pero que cada día se pierde con cada artesano que muere sin haber enseñado a alguien más joven la laboriosa belleza del anudado de hilos.

 

Los viejos están cansados y los jóvenes ya no continúan con la tradición.

 

En palabras de Marta Turok, “¿qué es lo que empieza a suceder? Los papás dicen a los hijos: ‘esto no deja, ¿quieres seguir en esto?’ Además de que la educación técnica que surgió en la década de los años 70 del siglo pasado consiste en no tomar en cuenta estas tradiciones mexicanas”.

 

Un arco de estructura metálica recibe en la entrada de un pueblo en San Luis Potosí, con un letrero declara: “Bienvenido a Santa María del Río, cuna del rebozo”. Aunque la especialista no confirma tal aseveración, sí brinda especial atención a este lugar, donde la producción del rebozo parece abrirse paso como ejemplo a seguir. Al igual que en Malinalco y Tenancingo, donde dos o tres personas han logrado comenzar a crear piezas únicas y un mercado para creaciones más artísticas.

 

“Lo que está decayendo es el rebozo popular”, advierte.

 

En este municipio potosino de tradición rebocera, desde hace cuatro décadas, el gobierno estatal puso una escuela, donde se dan cursos, además de que se asegura la materia prima, se apoya a los artesanos y se valora como parte del capital cultural de San Luis Potosí.

 

La escuela-taller asegura una transmisión intergeneracional, la materia prima de buena calidad a un precio módico al no existir intermediación, no hay un proceso de especulación, además de que existe el apoyo en la venta. “Es una lección, pero tiene que haber un compromiso transexenal”.

 

El resto de los centros de producción en otros estados necesita voltear a ver este modelo, exhorta Turok, “y planteen que si queremos rebozos jaspeados a futuro, vamos a tener que hacer una acción concertada”.

 

“Estoy viendo que la tendencia en arte es con el rebozo de telar de cintura, porque su naturaleza es de uno en uno, no hay dos igual”, y continúa, en Santa María del Río se trabaja el telar de cintura, con seda y artisela. “Es el rebozo de telar de pedal el que está en más alto riesgo” y agrega que es porque requiere un trabajo de tender una urdimbre muy larga, amarrar metros y metros de hilo, 100 o 200 metros. “La escala del pedal, más la división del trabajo necesario, es lo que lo ponen en peligro”.

 

Por otra parte, aprender a valorar el trabajo que implica la elaboración de un rebozo es parte fundamental de su rescate. De acuerdo con las investigaciones de Turok, el precio más económico que ha encontrado es de 200 pesos, realizado en telar de pedal y sin empuntar. Sólo el trabajo del jaspeado y del tejido puede fluctuar entre 200 y mil pesos. Los de telar de cintura, un trabajo completo, tiene un precio de 3 mil hasta 13 mil pesos.

 

“¡Preferible pocos bien pagados, que muchos rebozos mal pagados!, propone. Sin embargo, agrega: “yo no tengo ingresos para uno de 13 mil, no lo veo factible. Necesitamos cosas intermedias. Me parece terrible que alguien me ofrezca un rebozo en 200, me parece maravilloso que otro en 13 mil. ¿Y los que estamos en medio? También queremos un rebozo digno, pero dentro de nuestras posibilidades y sentir que estamos apoyando la cadena”.

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