Fray Servando y la independencia nacional

Fray Servando

Abraham Nuncio

Hasta hace poco se fijaba el año de 1765 como aquel en que nació Servando Teresa de Mier Noriega y Guerra. Las investigaciones más rigurosas han documentado de manera fehaciente el año de 1763 como el de su nacimiento. Por ende, el próximo 18 de octubre se cumplirán 250 años del natalicio del precursor de la Independencia nacional.

 

A pesar de esas investigaciones, ensayos como el de Alfonso Reyes (lo es el prólogo de las Memorias de Mier) o el que incluye en La expresión americana el cubano José Lezama Lima, y aun la novela El mundo alucinante de su paisano Reinaldo Arenas y otras obras literarias, fray Servando (en la ciudad de México) o padre Mier (en Monterrey, su tierra) era apenas una calle en la última década del siglo XX, como dice la maestra emérita de la Sorbona Marie-Cécile Benassy-Berling, en un texto leído en el Instituto Belisario Domínguez. Aún no deja de ser cierto ese juicio.

 

“Fray Servando se transforma en el portador del ‘hecho americano’, la libertad”, como dice la ensayista Brenda Vaga Nava, y el que nos enseña a leer la historia al revés (de la visión oficial) para encontrar la verdad, según escribió en la introducción a sus Memorias, publicadas por la Universidad de Oxford, la talentosa Susana Rotker, trágicamente fallecida.

 

Mier es uno de los pocos héroes mexicanos que mueren en su cama, ha comentado Christopher Domínguez Michael, autor de la biografía más documentada del dominico rebelde. Morir así le restó a fray Servando impacto histórico, según los usos culturales en torno a nuestros próceres.

 

Sin embargo, es difícil encontrar otro personaje histórico de México que haya atraído con más imán a escritores e historiadores nacionales y del exterior. David Brading, el autor del ya clásico Los orígenes del nacionalismo mexicano, escribió con precisión: “Fray Servando Teresa de Mier, el primer historiador de la insurgencia mexicana y su ideólogo más original”. Y allí está el extenso estudio que realizaron siete investigadores de la Sorbona sobre su Historia de la revolución de Nueva España. Por fortuna, Patrick Boucheron, el director de Publications de la Sorbonne, ha autorizado generosamente que ese texto sea publicado en coedición con el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, que dirige la historiadora Patricia Galeana –también una estudiosa incesante del primer americano que levantó la alfombra europea para mostrar sus miserias– y la Universidad Autónoma de Nuevo León a través del Centro de Estudios Parlamentarios. Están previstas, igualmente, otras publicaciones por parte de esta institución con motivo del natalicio de Mier este año. Y con el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, la misma ha adelantado el proyecto de reditar sus Memorias.

 

En el siglo XIX, la Historia de la revolución de Nueva España influyó en varias obras historiográficas de Francia, Inglaterra y Estados Unidos. Esa influencia también se manifiesta en autores mexicanos contemporáneos suyos: Carlos María de Bustamente, Lorenzo de Zavala, Lucas Alamán. Manuel Payno edita y prologa una parte. En el siglo XX, un fragmento de su autodefensa ( Memorias) forma parte de La antología del Centenario. Sus Memorias también fueron prologadas en una edición de 1917 por Alfonso Reyes. Su figura y sus obras son objeto de estudio por parte de algunos de los historiadores y escritores mexicanos más destacados: Reyes, como ya apunté; Artemio de Valle-Arizpe, Antonio Castro Leal, Edmundo O’Gorman.

 

No han sido excepción algunos de sus coterráneos más ilustres, aparte de Alfonso Reyes, en ese sentido: José Eleuterio González, Gonzalitos, que le da el título de Benemérito del Estado (casi un siglo después el Congreso de Nuevo León lo declara con semejante título); Rafael Garza Cantú; Héctor González, primer rector de la universidad pública; Armando Arteaga Santoyo, autor de la bibliografía más extensa sobre Mier; Israel Cavazos, el cronista de Monterrey; Alfonso Rangel Guerra, ex rector de la UANL. La generación más reciente de historiadores, lingüistas y literatos también lo ha abordado desde diversas ópticas: Agustín Basave Benítez, Eloy Garza Cantú, Benjamín Palacios Hernández, José Javier Villarreal, Ludivina Cantú, Víctor Barrera Enderle, César Morado.

 

En el muro de honor de la Cámara de Diputados, el nombre de fray Servando fue escrito en letras de oro hasta 1992. Sin “un proceso de deslegitimación de la dominación española sobre estas tierras y por ende de la legitimación de la insurgencia difícilmente habrían triunfado como lo hicieron las revoluciones independentistas (…) Esto lo entendió mejor que nadie en México José Servando Teresa de Mier Noriega y Guerra”, se lee en la exposición de motivos.

 

Me he dirigido a las mesas directivas de la Cámara de Diputados y del Senado para promover actos que traigan a la memoria la vida y la obra de fray Servando en el 250 aniversario de su natalicio. Él fue uno de nuestros grandes parlamentarios en los congresos de 1822 y 1824. No he obtenido respuesta.

 

El gobierno de Nuevo León ha instituido la presea Fray Servando Teresa de Mier Noriega y Guerra, y un premio en metálico de 100 mil pesos, a la investigación jurídica que triunfe en un certamen convocado al respecto. No se entiende por qué la convocatoria excluye a otras disciplinas sobre el tema. La verdad sea dicha, las mejores aportaciones sobre fray Servando no han salido del ámbito jurídico.