El Papa Francisco y la televisión

 

“Estoy en paz”: Francisco

Los gestos de Francisco nunca podrán conspirar contra su autor, porque encarnan el pensamiento más profundo de Jorge Mario Bergoglio. Su cercanía a la gente y sus detalles no son más que la manifestación externa de un hombre con una gran humanidad. De eso está convencido Julio Rimoldi, director del Canal 21, la única televisión católica argentina, nacida 20 años atrás gracias al Arzobispado de Buenos Aires.

papa-francescoEn entrevista con el Vatican Insider revela cuál ha sido la relación del actual pontífice con los medios de comunicación y recuerda, entre risas, una anécdota: “Una vez quería regalarle un reproductor de discos compactos muy sencillo y me preguntó cuántos botones tenía: ¡tres o cuatro’, le dije. ‘Entonces no me sirve, más de dos me marean’, respondió”.

¿Es verdad que Bergoglio nunca miraba televisión?

Desde cardenal no miraba televisión, le gusta mucho el cine y la música. Cuando a él le regalaban un DVD y quería verlo me llamaba y lo venía a ver al canal. Hace unos días estuve almorzando con él y me recibió en su habitación en Santa Marta, donde había un aparato de TV. Yo le pregunté por qué estaba ahí y me respondió que no la veía. No mira televisión no porque no le guste, prefiere usar ese tiempo para leer o para la música. De todas maneras se da cuenta que la televisión es fundamental para los fines evangelizadores de la Iglesia.

¿Cómo ha tomado Francisco su imprevisto “éxito mediático”?

El cardenal era una persona de perfil muy bajo, no concedía entrevistas periodísticas salvo a la salida de los hospitales, donde realizaba el lavatorio de los pies o un rito similar. La fuerza de sus palabras radicaba en sus predicaciones. No tenía una gran exposición mediática.

En el canal 21 el único programa en el cual aceptó participar era una mesa de debate interreligioso y lo hizo porque los otros participantes, un rabino y un pastor protestante, son sus amigos. No le gustaba que se dijese que la televisión se había creado para seguirlo a él.

Pero ahora los acontecimientos lo exceden, no puede ya tener un perfil bajo. Yo le pregunté cómo conciliaba su estilo y el hecho de ser Papa; me respondió: “estoy en paz, lo debo hacer, no me preocupa ni me molesta”. En este momento le toca eso.

El pontificado parece no haberle cambiado mucho…

Aquí no está haciendo nada más ni nada menos que lo mismo de Buenos Aires. Obviamente las responsabilidades y exigencias de seguridad de un Papa son muy distintas a la de un arzobispo. Él viajaba en autobús, viajaba en metro, no usaba automóvil. Tenía gestos cercanos a la gente, como ahora eso de bajarse del papamóvil y saludar a todos. En Santa Marta ha hecho lo mismo que en Argentina, cuando no dormía en el arzobispado sino en un cuartito.

¿Su incisivo mensaje no corre el riesgo de quedar oscurecido por sus gestos?

Él tiene esos gestos no pensándolos demasiado, simplemente porque es así, porque pertenecen a su personalidad y no la va a cambiar. Es difícil que sus gestos conspiren contra él porque todo el resto mantiene una congruencia. Sus gestos son naturales, no están hechos a la medida.

Pero estos gestos tienen una historia detrás…

Hoy la gente se asombra por estos actos y no los comprende demasiado bien. Para quienes tenemos la gracia de conocerlo hace años no nos sorprendemos. Hace 20 años, cuando lo conocí, comencé a ver sus gestos y también me impactaron muchísimo. No quiero imaginar lo que será para el europeo. La verdadera santidad de Francisco radica en su gran humanidad. Es capaz de llorar con un enfermo, su profunda humanidad y su conocimiento de la humanidad del otro lo hacen realmente un santo.