A 30 años de su muerte, Luis Spota “tiene mucho que decir a los mexicanos de hoy”

A 30 años de su muerte, Luis Spota

“tiene mucho que decir a los mexicanos de hoy”

COLUMBA VÉRTIZ DE LA FUENTE

Apro

A 30 años de su muerte, el periodista, novelista y guionista de cine Luis Spota será recordado por la escritora y académica Sara Sefchovich y el periodista y ensayista Ignacio Trejo Fuentes en una conferencia titulada “Regreso a Luis Spota”, el próximo miércoles 11.

“Hace 30 años murió este autor, el novelista más leído en México durante la segunda mitad del siglo XX. Ahora lo recordaremos, porque su obra aún tiene mucho qué decirnos a los mexicanos de hoy”,  señaló Sefchovich.

Desde su novela Los metaleros (1941), Spota retrató aspectos sociales y políticos que al paso del tiempo siguen vigentes. Temas como el ultraje a los migrantes, la explotación clandestina de los mineros, las relaciones de poder en las altas esferas y la corrupción aparecen en Murieron a mitad del río (1948), Las horas violentas (1958) y El tiempo de la ira (1960).

Spota, quien nació en la Ciudad de México el 13 de julio de 1925 y murió el 20 de enero de 1985, fue uno de los periodistas más reconocidos cuando contaba con apenas 20 años. Fue autor de más 30 libros, varios de los cuales han sido traducidos a más de 10 idiomas. También escribió guiones y dirigió películas, pero esta faceta es muy poco conocida.

Su carrera como escritor de guiones cinematográficos inició en 1949, cuando el cine mexicano ya estaba en la mira internacional y Emilio Fernández alcanzó fama mundial. El productor de la cinta Hipócrita, de Miguel Morayta, le solicitó un argumento a partir de la letra de la canción que lleva el mismo nombre, para lanzar al estrellato a una joven actriz y bailarina tabasqueña, rebautizada como Leticia Palma.

También le pidió crear un papel de galán maduro y hasta cierto punto avillanado para el actor Antonio Badú, y se le autorizó un papel secundario, pero destacable, para una joven actriz, Elda Peralta, protegida de Spota, quien posteriormente se convertiría en su compañera inseparable. En esta cinta también apareció el trío Los Panchos.

Después escribió Flor de Sangre, que rodó Zacarías Gómez Urquiza en 1950, con Domingo Soler y Esther Fernández, y más tarde formó parte del cine y los desnudos.

Aún respiraba el cine de arrabal cuando Matilde Landeta dirigió su tercer y último largometraje en 40 años: Trotacalles (1951), un acercamiento compasivo a la vida de las prostitutas, basado en un argumento de Spota e interpretado por Miroslava, Ernesto Alonso, Isabela Corona y Elda Peralta. Y Roberto Gavaldón rodó La noche avanza en 1951, un guión también de Spota, con Pedro Armendáriz.

El escritor debutó como director con Nadie muere dos veces (1952), melodrama con Abel Salazar, Luis Aguilar y Lilia del Valle, pero puso mayor interés en su segundo filme Amor en cuatro tiempos (1954), con cuatro historias melodramáticas, interpretadas por Arturo de Córdova, Marga López y Silvia Pinal y ligadas por un vendedor de globos, Andrés Soler.

Posteriormente dirigió Con el dedo en el gatillo (1958) y una serie de cuatro cintas integrada por El anónimo, El vengador, El dinamitero y La tumba.

Spota obtuvo el Ariel al mejor argumento por la película En la palma de tu mano (1951), premio que otorga la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, y fue miembro de la Sección de Adaptadores y Directores del Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica (STPC).

En 1963, Ismael Rodríguez adaptó una historia de Spota, El hombre de papel, con Ignacio López Tarso como un pepenador mudo de la capital que encuentra un billete de 10 mil pesos y no sabe qué hacer con él.

En los sesenta y setenta Spota se dedicó más a sus novelas: La sangre enemiga (1959); El tiempo de la ira (1960); La pequeña edad (1964); La carcajada del gato (1964); Los sueños del insomnio (1966); Lo de antes (1968); La plaza (1971); El viaje (1971); Las cajas (1973); Retrato hablado (1975); Palabras mayores (1975); Sobre la marcha (1976); El primer día (1977); El rostro del sueño (1979); La víspera del trueno (1980); Mitad oscura (1982); Paraíso 25 (1983), Premio Mazatlán de Literatura 1984; Los días contados (1985); Días de poder (póstuma, 1986), e Historia de familia (inconclusa).

En 1985, en la ceremonia del Ariel, se le realizó un homenaje póstumo.