La Revista de la Universidad: fin de época e inicio

La Revista de la Universidad: fin de época e inicio

Por José María Espinasa

La Jornada Semanal

El ejemplar de agosto de 2017 de la Revista de la Universidad desconcierta al primer golpe de vista, pues la imagen en su portada es de Kazuya Zakai, el pintor y diseñador de la revista Plural en la época de Octavio Paz. Sus volutas son casi una huella dactilar de la publicación, de un momento clave en nuestra cultura y de una estética que, si bien nos llena de nostalgia, ha envejecido mucho.

Es lógico, piensa el lector, cuando ve que se trata de un número especial dedicado a las revistas literarias, pero adentro no hay ningún texto sobre Plural y tampoco viene en la separata en color obra plástica del artista argentino-japonés. Ese desconcierto se volvió asombro al leer el contenido del número. Pero para explicar mi sorpresa hay que volver un poco atrás. En febrero de este mismo año Jorge Volpi, coordinador de Difusión Cultural de la unam desde fines del año pa-sado, anunció que Guadalupe Nettel tomaría la dirección de la revista, mientras que Ignacio Solares pasaría a ser director emérito. Si bien el nombramiento del director saliente –que llevaba ya muchos años al frente, desde 2004– parecía una manera protocolaria de dulcificar el relevo, en los números siguientes no se vio un cambio abrupto, como se podía esperar de la diferencia de edad entre ambos narradores, pues Guadalupe Nettel es casi treinta años más joven. Se trata evidentemente de un relevo generacional radical.

Si se observaban bien, sin embargo, los siguientes números sí empezaron a mostrar, más allá de los cambios naturales en el directorio de la revista y de ciertos momentos de las editoriales escritas al calor de un cambio como el que hubo, leves modificaciones que beneficiaban a las entregas, en especial la dedicada a los cien años de Rulfo, número que está muy bien armado, una de las mejores entregas que se hicieron en nuestro país sobre la efemérides.

La revista bajo la gestión de Solares, de la que fui colaborador en varias ocasiones, había entrado desde hacía tiempo en una inercia caracterizada por la administración de fallecimientos y aniversarios, textos de ocasión, marquesina con grandes nombres (Fuentes, Vargas Llosa, Poniatowska, etcétera), salpicada de textos políticos de funcionarios de la unam. No había, en conclusión, un trabajo de mesa de redacción visible que dinamizara la publicación. Se estaba, pues, ante la situación descrita por Luigi Amara en su texto: “Cuando parece que encontró la fórmula, cuando repite su estructura número a número, cuando se desliza tersamente sobre un monorraíl aceitado, es momento de recomenzar la revista desde cero.”

No es fácil hacerlo, sin embargo, en una publicación institucional. Hay compromisos evidentes que no tiene una publicación independiente o institucional pero menos visible. La nueva directora y su equipo se tomaron su tiempo con inteligencia. Y en el mentado número de la sorpresa anuncian ya el cambio con una especie de despedida de la época anterior. Cosa curiosa: la despedida es un garbanzo de a libra, que debía mover, aunque sea un poco, el estancado lago cada vez más seco de las revistas culturales mexicanas en estos años.

La editorial describe la razón de ser de dicho número: reflexionar sobre el papel de las revistas literarias y anunciar la ampliación del horizonte a partir de su próximo número desde una perspectiva más moderna, con un espectro de intereses más amplio y con ambiciones multidisciplinarias. Ya verá el lector el número de septiembre y podrá juzgar qué tanto lo consiguió.

Aquí interesa destacar las muchas bondades de este número. Como señala la propia Nettel en la mencionada editorial, la revista propone y los colaboradores disponen. Se pidieron textos que, por lo visto, sorprendieron a los propios hacedores de la publicación, en apariencia poco cohesionados entre sí. El resultado, en su dispersión, es espléndido. Reflexiones sobre lo que debe ser una revista, panoramas históricos, testimonios de un lector, consejos profesionales, ensayos históricos, entrevistas con editores legendarios, recuentos personales, análisis históricos. Un amplio mosaico de aproximaciones al tema.

Horizonte ampliado

E

l número debería ser una llamada de atención para la actual situación de las revistas culturales en México. Hay pocas, no son muy buenas, y sobre todo no parece haber el interés en las nuevas generaciones en hacerlas, pues o bien han desplazado su foco de atención hacia la web, en blogs y portales, o bien se han integrado a revistas ya existentes como mano de obra intelectual, o –también y más importante– han escogido la aventura esencialmente distinta de hacer una editorial que publica libros. En el taller que doy en la Fundación para las Letras Mexicanas sobre producción de revistas, se ha planteado varias veces la razón de que eso ocurra. No es suficiente con señalar que las nuevas tecnologías virtuales permiten una mayor eficiencia en la distribución y en el uso de recursos económicos (cosas que no son, en la práctica, tan ciertas), a lo que hay que sumar los cambios en los hábitos de lectura y entre ellos el de la superficialidad que prohíja la pantalla (no se leen textos extensos, no se retiene la información ni crea diálogo e intercambio de ideas) ni se ha pensado suficiente sobre el hecho de que la periodicidad es un concepto ajeno a la web, donde no hay desplazamiento de la información sino inercia acumulativa. Dar respuesta a estos cuestionamientos excede el espacio de este texto y al mismo taller, pero ha sido muy importante y productivo plantearlos.

Una de las hipótesis más plausibles, como dije, es que el interés de las nuevas generaciones en definirse como grupos se realiza ahora a través de un proyecto editorial y no de una revista, y de allí la abundancia de editoriales independientes. Un buen ejemplo es Luigi Amara, editor de las revistas Pauta y Paréntesis, que después funda la editorial Tumbona. Otro, aunque no tan bueno, es el de Julio Trujillo, editor de Letras Libres en España y en México, que después pasó a la industria editorial, hoy en Random House Mondadori después de un breve paso por la Dirección de Publicaciones del cnca. Aclaro el “no tan bueno”: no hace un proyecto propio, se integra a una editorial establecida. Ambos publican textos, muy bueno el de Amara, aunque más parece una serie de aforismos que un ensayo, y un poco didáctico el de Trujillo.

Hay también repasos revisteriles de Cuba, Argentina, Brasil, un texto de Pepe Ribas sobre la resurrección de Ajo blanco. Un texto de Pacho Paredes sobre revistas contraculturales y fanzines, análisis histórico de la edición facsimilar de Proa, la mítica revista dirigida por Borges, Rosa Beltrán habla de Margo Glantz y Punto de partida, otro texto sobre Lateral, la magnífica revista que hizo Mihály Dés en Barcelona, un texto sobre la labor, imprescindible, de José Luis Martínez como impulsor de facsimilares de revistas históricas, más otros textos sobre asuntos no relacionados con las revistas y las acostumbradas notas y reseñas.

Una parte central y notable son los dos textos que hablan sobre la propia Revista de la Universidad de México, de Verónica González Laporte y Marina Garone, más una separata en color que reproduce varias portadas de distintas épocas de la publicación, ya casi centenaria. El apretado pero bien hecho resumen de su historia por Verónica González Laporte nos permite tener una idea de conjunto y la posibilidad actual, ahora que se acerca ya a sus noventa años, de leerla en línea, al lector actual le permite también conocer muchos de sus brillantes números. No es difícil ponerse de acuerdo en que la década en que la dirigió Jaime García Terrés la publicación marcó la temperatura intelectual de aquellos años y fue el mascarón de proa de una época con muy buenas publicaciones literarias. No es que haya un buen número aquí o allá, sino que la revista tuvo un período extraordinario.

Su influencia se mostró en otras revistas tanto independientes como institucionales del momento, como Diálogos, Revista Mexicana de Literatura, Cuadernos del Viento, Estaciones, Revista de Bellas Artes, El Corno Emplumado, entre otras. Y se prolongó después en Casa del Tiempo (de la uam), incluso en algunas de las buenas que se hacen actualmente como Crítica (de Puebla) o Luvina (de Guadalajara). Vale la pena que los lectores se sumerjan en su lectura en línea.

El ensayo de Marina Garone merece unas palabras aparte. Ella es una extraordinaria investigadora y ensayista sobre la tipografía mexicana, a su conocimiento de la historia editorial suma sus habilidades como investigadora académica y su sensibilidad artística. Se ocupa por igual de estudiar los orígenes del libro en América que de reflexionar sobre el diseño contemporáneo. A ella se debe un libro excepcional que ha circulado poco: La historia en cubierta (documentado e inteligente recorrido sobre la historia del Fondo de Cultura Económica desde el diseño de sus portadas). Algo así como un apunte, en el marco mucho más modesto de un artículo de revista, hace con las portadas de la Revista de la Universidad. Recorrer la separata en color es uno de esos ejercicios de placentera melancolía.

He dejado para el final la mención a tres ensayos tomados de la revista francesa L´Atelier du Roman porque me permiten señalar varias virtudes del número que comento. La primera: durante años las revistas fueron lugares idóneos para la traducción, para que los lectores conocieran nuevas corrientes de pensamiento, autores en otras lenguas, polémicas intelectuales y así se aireara un poco el ambiente cerrado, a veces claustrofóbico, de una cultura construida sobre el culto a lo nacional. No conocía la publicación –pura ignorancia– y la busqué en la red: se ve realmente muy atractiva. Por lo pronto los tres textos que se toman de ella –“Salir de casa”, de Yvon Rivard; “De Amicitia…”, de Monique La Rue y “Laboratorios de subjetividad”, de Lakis Proguidis, son modelos de la reflexión que se debe hacer sobre lo que significan las revistas en la cultura.

La tradición francesa, como la inglesa en ese campo, son admirables. Paz pudo hacer su revista Plural tan buena porque se formó, en la postguerra francesa, con la lectura de nrf (La Nouvelle Revue Française, la de Gide, Paulhan y Valéry) y Les Temps Modernes, de Sartre, entre bastantes otras. Así, que Guadalupe Netel conozca esa revista y decida traducir textos para poner la muestra me parece un gesto que hay que agradecer. Termino de describir mi sorpresa con la paradoja implícita: un número que anuncia el fin de una época en la revista es también un buen inicio •