Elena Garro: El Exilio Permanente 

Por Natt Félix 

“No sé si les ha pasado que se sientes perdidos en el mundo, sin nada donde apoyarse, yo me sentí así, porque yo no tengo casa. El único hogar sólido que voy a tener es la tumba”. 

Vivió más fuera de México que en México, originaria de Puebla y criada en Iguala, Guerrero, huyó del país en 1969 y regresó a morir a una humilde casa en Cuernavaca, Morelos en 1998, junto a su compañera de toda la vida, su hija, Helena Paz y sus gatos. El genio de Elena Garro sigue sin ser comprendido.

Elena Garro fue silenciada, no solamente a raíz de la masacre de Tlatelolco, sino al casarse con Octavio Paz. Estudiaba en la Facultad de Filosofía y Letras, era coreógrafa y bailarina antes de conocerlo a los 16 años, de una vida pública y prolífica se queda confinada a la vida privada después del matrimonio.

Durante la Guerra Civil Española (1936-1939) y a la edad de 21 años, Elena viajó a España junto con su entonces pareja Octavio Paz al II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas para la Defensa de la Cultural en Valencia, España. El resultado de este viaje fue el relato de su experiencia en “Memorias de España: 1937”, publicado en 1992, donde describe de forma crítica y sensible las personalidades y actitudes de los intelectuales asistentes.

“El paraíso es hacer y decir lo que quisieras”.

Defensora de los campesinos, siempre en contra de los terratenientes, el caciquismo y los dueños del poder, activista política y mujer de mundo. Una de las mejores novelistas del siglo XX; una prosa mágica, magnífico español clásico. Hace la apología de México, con un gran amor, con una riqueza de personajes mayor a la de Rulfo.

Ella poseía el don de dar voz, memoria y vida a aquello que en su tiempo parecía no tenerla. Nunca tuvo impedimento para decir lo que pensaba. Su pecado fue hablar, hablar sobre y contra los intelectuales que recibían favores del gobierno, incluido Octavio Paz.

Dentro de sus relatos hubo temas que trastocaban a la sociedad mexicana de la época como la marginación de la mujer, la libertad femenina y la libertad política. Su figura literaria se ha considerado como un símbolo libertario del siglo XX.

Durante su carrera se le catalogó como precursora del Realismo Mágico, término que despreció porque consideraba que “era una etiqueta mercantilista” que le molestaba porque el realismo mágico era la esencia de la cosmovisión indígena, por lo tanto nada nuevo bajo el sol.

En “Los Recuerdos del Provenir”, obra por lo cual recibe el Premio Javier Villaurrutia en 1963, hace una crítica contundente al sistema social y político mexicano. En 1968 fue llevada al cine por Arturo Ripstein. La voz de Ixtepec, narrador omnisciente y omnipresente, se suman las de los habitantes del pueblo para contar su desencanto con el orden impuesto después de la Revolución mexicana y su desgracia por la Guerra Cristera. La obra sustenta la fuerza de la narración en recursos poéticos, que lejos de confundir potencian la trama.

“Quémala Elena, tienes más talento que yo”. Con lágrimas de desesperación le dijo alguna vez Octavio Paz sobre el manuscrito de su novela.

Los nuevos terratenientes, los empresarios, los dueños del dinero, la eliminaron de la vida cultural y social de México, la suya fue una historia negada. A Elena la asesinaron con el descrédito y la difamación, usando la enemistad de ella con los intelectuales, sus libros dejaron de circular. Nadie sabe quién es Elena Garro, no es lectura obligatoria, la borraron de la historia.

Se contó mal la historia de Elena Garro, a raíz del artículo “El Complot de los Cobardes” publicado 17 de agosto de 1968, un mes antes de la matanza de Tlatelolco, donde rebela y desenmascara a los intelectuales “…ustedes critican el autoritarismo desde su escritorio y lanzan como carne de cañón a los estudiantes contra el gobierno…”

Su obra ha sido considerada siempre menor a la sombra de Octavio Paz, pero la revisión crítica de sus escritos en la última década la coloca como una de las grandes escritoras mexicanas y latinoamericanas.

“El vivir en pareja nunca me pareció realizable. La convivencia con la persona siempre resulta en fracaso. Yo me sentía intocable e invencible. Majadera de niña, frívola de joven y en la vejez muy buena”.

Escribe Helena Paz de su madre:

“Que se detenga el tiempo un poco,

La reina ha cortado sus cabellos.

Yacen en el suelo charcos de otoño.

La reina ha abdicado su sonrisa

Ninguna cinta de oro ciñe sus sienes

Ningún león hermano suyo lame sus manos

La han vencido

Solitaria habitante de la ciudad blanca

Abandonada a mitad de la selva

Reina de un reino desaparecido

Camina sola, los pies descalzos entre los árboles

La espían los salvajes

En lanzas ensalzadas de plumas

Ella con la mano abre la puerta luminosa

Para entrar al corredor de la danza

Donde la antigua trampa lleva el santuario subterráneo

En el que resplandecen los Dioses de su pueblo

Su raza vencida para siempre

Sólo queda el rastro de su león negro”.

Prominente y prolífica. “Me escapé de México”, cuenta ella. El genio es perdonado en los hombres, más nunca en una mujer.

“Perdí mi casa, salí de mi casa un día y ya nunca volví”.

Lo último que escribió fue un artículo sobre su llegada a México en 1998.

“No soy feliz pero tampoco soy desdichada, me casé con un señor muy bueno y muy guapo pero resultó un mula”.

“Yo sólo soy recuerdos y el recuerdo que de mí se tenga”.

Elena Garro.

 

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