¿Porqué se antenta contra los libros?

Elena Poniatowska

 

El jueves 6 de febrero, a las 10 de la mañana, el jefe de Vía Pública llegó a la esquina de avenida de la Paz e Insurgentes a levantar ocho puestos que vendían libros desde 2007.

A un costado del edificio de la Secretaría de Cultura el espacio es muy grande y poco transitado, los puestos se ven limpios, ordenados y no estorban a nadie. Abiertos durante el día, al atardecer no dejan basura. Al pasar pensaba yo: ¡Qué bueno y bonito ver libros!, y de noche los imaginaba envueltos como recién nacidos en frazadas. Al pasar, sentía yo que entraba a pie a un espacio moral, un triángulo espiritual conformado por libros al aire libre y resguardados en la noche bajo una lona protectora.

El parque San Luis Potosí, casi esquina con Insurgentes, frente al de La Bombilla, fue un obsequio del gobierno de San Luis Potosí a la Ciudad de México, me informan Fernando González Vázquez y Laura Salgado Leite, dueños de uno de los puestos.

¡A levantar todo! ¡A desmantelarlo todo! Diez personas en cuatro camionetas azuzaron a Luis Hernández Olvera, el velador nocturno.

“No tenemos camiones, no hay quien nos haga el flete. Por eso, en tres días, desde la madrugada hasta la noche, llevamos los libros del parque San Luis Potosí hasta Iztapalapa, delante de la avenida Guelatao, donde nos rentaron un local y metimos todo en cajas. Hicimos 11 viajes en una camionetita prestada. Cada uno de nosotros vive día a día y depende de su puesto.

“‘Lo siento mucho, pero te tienes que levantar. No puedes estar aquí, si no levantas, te levantan mis muchachos en dos horas’, nos dijeron. No tuvimos más opción que irnos.

“El jueves 6 de febrero, a las 11 de la mañana, los de Vía Pública decidieron sacarnos antes de la llegada de Claudia Sheinbaum, jefa de gobierno de la Ciudad de México.

“Cuando se hizo el acto de inauguración de unidades del Metrobús, en el que la doctora Claudia Sheinbaum dio el banderazo para siete unidades del Metrobús, los de Vía Pública nos sacaron dos horas antes de la llegada de la doctora. Para nosotros fue muy difícil desmantelar 50 metros lineales de feria en dos horas, tantas carpas, tantos libros.

“‘Si no se quitan, nosotros los quitamos, echamos todo en la camioneta y lo llevamos a la delegación’.

“Argumentamos que necesitábamos más tiempo.

“‘Si no limpian en dos horas, nos llevamos todo’.”

Les aseguro a Fernando y a Laura que la doctora Claudia Sheinbaum, universitaria, de estar enterada jamás habría permitido este maltrato. Claudia ama a los libros.

“Se cometió una arbitrariedad, no merecíamos que nos trataran en esa forma. Fuimos a la alcaldía Álvaro Obregón para ver a Laura Ornelas, representante de cultura, y no nos atendió, pero denunciamos la violencia que usaron en contra nuestra.

“Los libros no son algo que se venda mucho…”, alegan Fernando y Laura. “Al principio éramos 12 personas que se redujeron al paso de los años porque las ventas no eran buenas. Nos quedamos porque vimos la compra y venta de libros como un proyecto a futuro, en vista de un corredor cultural. En todas las alcaldías propusimos hacer corredores culturales para que haya más lectores.

“Algunos particulares llegan a vender sus libros en carro, otros los traen en una bolsa, alegan que ya no tienen espacio, que ya los leyeron y quieren comprar otros. Muchos nos avisan: ‘Quiero vender mi biblioteca personal; ya no la necesito’ y se la compramos. En el puesto, vendemos los libros a mucho menos de la mitad de precio, a un 80 por ciento de su valor original porque son usados. Desde hace seis meses teníamos una oferta de 50 por ciento de descuento porque no tuvimos buena venta. Llegan muchachos de Ciudad Universitaria, porque estamos muy cerca de escuelas particulares, frente a la Alianza Francesa, y tenemos libros en francés, en inglés, en alemán, que abarcan hasta literatura para niños.

“En su inicio, nuestra feria era itinerante. Nos decidimos por un corredor cultural y escogimos La Bombilla. De un día para otro y sin decir ni agua va, las autoridades nos dijeron: ‘Largo de aquí’.

“En el parque San Luis Potosí todavía hay menos afluencia de gente que en el de la Bombilla. A nuestro proyecto, como difusores de lectura, nunca le dieron importancia. En La Bombilla, hicimos actos culturales; tuvimos un cineclub. Como somos un colectivo, nos cooperamos, compramos el proyector, una bocina y la pantalla y pasábamos películas a la caída del Sol. Las películas originales las prestaba una casa de cine del Centro Histórico. Bautizamos nuestro cine club San Luis Potosí. En la alcaldía nos dijeron que no nos podían apoyar con nada, pero que nos daban permiso. Todavía conservamos el proyector y la pantalla.

“Los que vendemos libros de viejo sabemos quiénes somos, pero no tenemos ningún víncu-lo con las librerías de viejo de Miguel Ángel de Quevedo, de Donceles, de Tres Cruces, ningún parentesco, nada.

“El 21 de mayo de 2007 nos dieron el permiso, aquí tenemos el documento. Hicimos ferias itinerantes, una de ellas en el parque Tagle, frente a la Gandhi. Estuvimos ahí 10 días, después en el parque San Jacinto, el de los pintores.

“En México no hay mucho amor al libro. Los jóvenes se enfocan en las redes sociales, en el celular, en el libro electrónico. Hace 10 años aún considerábamos buena la venta de libros, pero bajó por el Facebook y las redes sociales. Logramos hacer un número muy pequeño de lectores jóvenes, porque la mayoría compra libros en línea y ya casi no podemos hacer lectores nuevos. Nuestros clientes son personas mayores acostumbradas a leer libros físicos; nuestro círculo de lectores era de 40 años para arriba.

Las autoridades no tienen amor por los libros. A la sección de Cultura de las delegaciones no les interesa los libros. Nos ignoran, nos levantan como si vendiéramos piratería, fritanga, quesadillas, tacos; no nos conceden el valor de promotores de lectura, aunque leemos casi todo el tiempo, asegura Fernando.

Leo crónicas de la ciudad de México. En mi juventud leí ciencia ficción. Ahora leo historia de la Ciudad de México. Yo soy muy variada, continúa Laura Salgado.

“Me encantan Ángeles Mastretta, Laura Esquivel y los rusos Dostoievski, Tolstoi, pero siento que la gente se interesa cada vez más por los celulares, las redes sociales, diversión adictiva y sin esfuerzo, porque todo es visual.

“Durante los ocho años que tuvimos el puesto de libros, íbamos al baño al Sanborn’s, en la esquina de avenida de La Paz e Insurgentes. Primero pedimos permiso al Ministerio de Cultura para las mujeres, pero no nos lo dieron. El único fue Sanborn’s. Cinco pesos por cada entrada.

“Hubo más sensibilidad de ese gerente de Sanborn’s que de la Secretaría de Cultura”, concluye Salgado.

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