La epidemia de la danza

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En estos tiempos del Covid-19 podríamos recordar cómo en los meses de verano, hacia julio de 1518, en Estrasburgo, Francia, ocurrió una historia insólita: Una mujer, Frau Troffea, salió a la calle y empezó a bailar sin poder parar. Fue contagiando a todos los que la veían, sacerdotes, mendigos, monjas…

Las autoridades los separaron y los llevaron a espacios de baile con música, pensando que de esta manera podrían saciar sus ganas y dejarían de bailar, y esto no sucedió.

Eran 100 personas –que acabaron siendo 400–, de las cuales se pensaba habían experimentado la locura, llegando hasta la inconsciencia o a sufrir un ataque al corazón, o a padecer accidentes cerebro-vasculares por el agotamiento hasta llegar a la muerte. También se dice que fueron llevadas a la localidad de Saverne, donde podían curarse en el santuario de Vito, el santo que se pensaba las había maldecido, y como muchos no estaban libres de pecado esto los atraía.

Fue hasta septiembre de 1518 que la epidemia empezó a desaparecer. Hubo otras epidemias del baile anteriores. pero esta es la mejor documentada. Hay varias teorías acerca del acontecimiento, desde hongos psicotrópicos, miembros de culto herético, histeria colectiva, así como muchos estudios de historiadores que han analizado estos bailes interminables en la edad media. El mundo de lo sobrenatural tuvo que dar paso al surgimiento de la ciencia y la racionalidad humana, pero sin duda estos hechos nos recuerdan el poder del cerebro humano.

Paracelso fue un médico alquimista que visitó Estrasburgo ocho años después de la peste. En su libro Opus Paramirum analiza y escribe sus hipótesis sobre el tema. John Waller escribió Tiempo de danzar, tiempo de morir, donde expone sus propias teorías sobre el extraño suceso. Pero no todo se quedó en el terreno de las ideas, sino que se pasó al de la representación artística:

Pieter Brueghel El joven (1564-1638) realizó el cuadro La manía de la danza a partir de los dibujos de su padre, que registraron la peste ocurrida en 1564 en Flandes; también hay un grabado de Hendrik Hondius (1642), Coreomanía en una peregrinación a la iglesia de Molenbeek-Saint-Jean, hecho a partir de otro dibujo de Pieter Brueghel El viejo (1525-1569).

Vale la pena acercarse a esta historia tan insólita y poética pero que nos permite acercarnos a la de las epidemias que han azotado a los pueblos a través de los años, y cómo el arte nos permite tener registro de estos sucesos.

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