3 de mayo día de los albañiles, cucharas y peones

 

Rafael Aviña

La Jornada Semanal

 

Luis Carrión Beltrán coadaptó un relato fundamental para entender el tópico de los trabajadores de la construcción: ‘Los albañiles’ (1976), de su paisano Jorge Fons.

Hace justo una semana, el 3 de mayo, se celebró aquí el día de la Santa Cruz o Día de los albañiles. Curiosamente, un 3 de mayo de 1942 nació en Ciudad de México, aunque fue registrado en San Andrés Tuxtla, Veracruz, Luis Carrión Beltrán, quien forma parte de una camada de escritores y guionistas representantes de aquel cine crítico y de denuncia del periodo echeverrista. Sus novelas, adaptaciones fílmicas y su trabajo como periodista, se inclinan hacia temas de represión y violencia ejercida contra los jóvenes y la sociedad en su conjunto durante los años sesenta y setenta. Carrión coescribió: El cambio (Alfredo Joskowicz, 1971), La otra virginidad (Juan Manuel Torres, 1974) y El infierno de todos tan temido (Sergio Olhovich, 1979), sobre su novela homónima.

El mismo Carrión coadaptó un relato fundamental para entender el tópico de los trabajadores de la construcción: Los albañiles (1976), de su paisano Jorge Fons. A esos ambientes populares, heredados de Ismael Rodríguez y Alejandro Galindo, pero desde una perspectiva irónica, brutal y desencantada, pertenecen sus personajes del episodio “Caridad”, integrante de Fe, esperanza y caridad (1972) y, sobre todo, el excepcional drama sobre las abismales desigualdades económicas y las injusticias legales de nuestro sistema penal Los albañiles.

Inspirada en la novela homónima de Vicente Leñero, adaptada por él mismo, Fons y Carrión, la cinta se ambienta en una unidad habitacional en construcción, como una suerte de microcosmos social donde se enfrentan explotadores y explotados, pero sobre todo, donde las propias víctimas del sistema se despedazan entre ellos, en una obra repleta de legendarias figuras en pequeños pero eficaces papeles, como es el caso del borrachín que encarnaba Adalberto Martínez Resortes, David Silva como el empresario arquitecto ya sin piernas y en silla de ruedas, y José Alonso en el papel de su hijo, un ingeniero joven e irresponsable. La trama se centra en el asesinato del velador de la obra, Don Jesús, de ambiguos apetitos sexuales, interpretado por un impresionante Ignacio López Tarso. Katy Jurado hace el papel de su mujer y amante a su vez de Salvador Sánchez, el transa maestro de obra, responsable de los materiales de construcción.

La cinta fue filmada en los Estudios Churubusco y locaciones cercanas, como Villa Quietud en Xochimilco, donde se erigía una amplia zona habitacional que en breve se llamaría Bosque Residencial del Sur. El rodaje sucedía en mayo de aquel 1976, que coincidía con la muerte del solitario millonario, cineasta e inventor Howard Hughes en Acapulco, en el Hotel Princess; la fuga de Alberto Sicilia Falcón y otros tres peligrosos narcotraficantes del penal de Lecumberri, y el fallecimiento del insigne escritor José Revueltas, cuya adaptación al cine de Los albañiles no convenció a Leñero.

Representando a otros arquetipos de ese sistema penal mexicano y sus víctimas, se sumaban al reparto de Los albañiles, Guillermo Gil, un violento judicial, José Carlos Ruiz como Jacinto, el albañil con un hijo muerto; Salvador Garcini, un plomero miope, quien tiene una espléndida escena cuando intenta arreglar lo del robo de su herramienta, afuera de la oficina del neurótico junior que encarna José Alonso, y los amigos de éste: Arsenio Campos y Pedro Damián, o el joven policía Murguía (Eduardo Casab), quien se opone a los brutales métodos de sus colegas.

Por supuesto, una de las escenas más representativas ocurre justamente el 3 de mayo, día de La Santa Cruz, en un atractivo filme que cuenta
una historia verista y cruda, armada por constantes regresos en el tiempo, sobre los negocios sucios y la frustración, que cuestiona tanto la mentalidad machista de nuestro país, como los violentos sistemas de coerción de la justicia mexicana. Jacinto y el rebelde albañil Patotas (Resortes) son obligados a confesar por medio de torturas el asesinato de Don Jesús. En uno de los diálogos, después de una golpiza, Resortes, con los ojos enrojecidos por las lágrimas, responde a sus torturadores: “De hombre a hombre, todos ustedes son unos hijos de la chingada.”

Retrato de un país en construcción

La antítesis del filme de Fons-Carrión-Leñero se localiza en El albañil (1974), de José el Perro Estrada, quien dirigía por encargo de don Gregorio Walerstein este relato escapista para lucimiento de Vicente Fernández –a quien ya había dirigido en la espléndida Uno y medio contra el mundo (1971). Fernández interpreta temas como: “Los albañiles” o “Te quiero sólo a ti” y encarna al albañil de una obra en la zona del Pedregal, de la que suele sustraer los autos deportivos del patrón para ligar muchachas, hasta que se enamora de la cantante discapacitada interpretada por Manoella Torres, quien canta “Te voy a enseñar a querer”. Aquí también se celebra la Santa Cruz con trabajadores como Jorge Fegan, Juan Ángel Martínez o Alberto Rojas el Caballo, y uno de los momentos delirantes del filme involucra la presencia del gran Luis Manuel Pelayo con su programa televisivo Sube Pelayo Sube.

Ese año de 1974, Abel Hurtado, José Luis Mariño y Jaime Tello, del colectivo Taller de cine octubre del entonces cuec, escuela de cine de la unam, realizaron en Tula, Hidalgo, un corto documental independiente en 16mm, titulado Los albañiles, centrado en las condiciones de explotación de un grupo de trabajadores de la construcción a partir de una huelga emprendida por un sindicato.

Por supuesto, la temática consistente en la
vida de estos asalariados, muchos de ellos desplazados del campo con jerarquías como: oficiales, maestro de obra, peón, media cuchara, albañiles y más, se remonta más atrás: el realizador Gilberto Gazcón retrató a un México en construcción en el que Resortes tenía cabida, ya sea como albañil borrachín o subempleado y paracaidista en terrenos federales. Así, imágenes de desalojos con granaderos, ministerios públicos, abogados transas y maquinaria pesada que enfrentan a una multitud enardecida y sus líderes de colonos que traficaban con las esperanzas de miles de mexicanos, que pedían a gritos un pedazo de terreno de esas viviendas efímeras y sin servicios que ocupaban de manera ilegal sobre terrenos públicos o privados, aparecen en La risa de la ciudad (1962).

Este “cine en construcción” es un logrado relato popular de aquellos años sesenta, época en la que se iniciaba el levantamiento de nuevas colonias y tiendas departamentales de arraigo popular, como Aurrerá Universidad, cuyo letrero luminoso se aprecia al fondo de una colonia de paracaidistas en un predio cercano. El filme narra una historia de contrastes: zonas adineradas como Polanco y Las Lomas y aquellas proletarias donde iban a parar centenares de invasores irregulares, como la calle Los Cipreses, presumiblemente en Iztapalapa, donde ellos mismos construyen sus casitas.

El propio Gazcón realizó antes Suerte te dé Dios (1959), en la que Resortes hacía el papel de Varillas, ayudante del albañil que interpreta Joaquín Cordero, quienes encuentran una olla con monedas de oro en los interiores de un edificio en demolición; la trama versa sobre las peripecias para quedarse con ese tesoro.

Mano de obra y otras obras

Después de la despiadada visión de Los albañiles, surgirían tratamientos desdramatizados que colocaban endebles castillos al subgénero de moda en los ochenta: las sexy comedias con albures y desnudos, a partir de El día de los albañiles/Los maestros del amor (Adolfo Martínez Solares, 1983), seguidas de: El día de los albañiles 2 (Gilberto Martínez Solares, 1985), El día de los albañiles 3/Y dónde te agarró el temblor (gms, 1987) e incluso una cuarta parte en video (1990-2000) en las que participaban, entre otros, Alfonso Zayas, Angélica Chaín, Luis de Alba, Rosy Mendoza, Tun Tun o La Pelangocha.

Por fortuna, de manera reciente aparecen obras capaces de aportar sensibilidad, trabajos actorales de primer nivel, buenos diseños de producción y tramas que arrojan luz sobre la realidad social, como es el caso de El vigilante (2016), el debutante Diego Ros; un relato de enorme eficacia para narrar varias situaciones que vive el vigilante de un edificio en construcción cuya esposa está por dar a luz. Ros sostiene un efectivo suspenso apoyado a su vez en una extraordinaria locación: un niño extraviado, un albañil alcohólico, una joven muerta, un celular, un robo-hormiga, dos policías siniestros y la ansiedad del vigilante ante el inminente nacimiento de su hijo. Un filme protagonizado por el espléndido Leonardo Alonso, actor confinado por su físico a papeles secundarios de maloso. La película es una alegoría del país, la ciudad y sus habitantes, todos sometidos a una gran prisión de violencia e incertidumbre de la que es prácticamente imposible escapar.

Finalmente, un filme a estrenarse en breve, dirigido por el joven debutante David Zonana, es Mano de obra (2019) que se sumerge en las consecuencias del odio social, las diferencias económicas abismales en nuestro país, la corrupción y la ignorancia que enmarca de algún modo el clima de violencia y desesperanza que se respira hoy. Producido por Michel Franco, Gabriel Ripstein y el propio Zonana, su pulsante trama muestra el brutal enfrentamiento entre dos clases sociales opuestas e incompatibles.

Mano de obra es una obra de precisa edificación dramática que se mueve justamente en el ámbito de la construcción en México. Un espléndido Luis Alberti es Francisco, un albañil que reclama sin éxito la indemnización correspondiente por el fallecimiento de su hermano en un accidente durante el levantamiento de una residencia, y que deja a su cuñada viuda y embarazada, lo que la lleva a quitarse la vida. Entonces, Francisco asesina al dueño del inmueble, se apodera de éste y funda ahí una comuna con sus compañeros albañiles y sus familias. La ingenuidad, la necesidad, la corrupción y la ambición los llevará a una situación límite, en un relato duro e inclemente, como respuesta moderna a la citada obra maestra de Leñero-Carrión-Fons.

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