Las vecindades también existen

La Jornada Semanal

Rafael Aviña

 

A mediados del siglo pasado, uno de los símbolos del auge de la clase media y de la entrada a la modernidad en nuestro país, fue la construcción de famoso cupa, Conjunto Urbano Presidente Alemán, el primero de muchos complejos habitacionales que siguieron. En este artículo se revisan las películas en que se trata o se refleja la vida y milagros de esa época en México.

En la película González: falsos profetas (2012), del debutante Christian Díaz Pardo, el protagonista, González –interpretado con enorme sobriedad por Harold Torres–, es sólo uno más de esa masa invisible que habita en una ciudad caótica y depresiva como Ciudad de México; un desempleado solitario, que reside no en un edificio cualquiera, sino en uno de los departamentos del simbólico Conjunto Urbano Presidente Alemán, desesperado por ser alguien y liquidar sus múltiples deudas familiares y bancarias, trastocándose en un mentiroso compulsivo para sobrevivir, hasta que consigue un trabajo en la justa medida de sus debilidades y obsesiones, un empleo que expondrá a la luz sus frustraciones y sus lados oscuros, tan o más patéticos y terribles que los de sus patrones en el negocio de la fe.

El cupa o Multifamiliar Miguel Alemán, emblema por excelencia del alemanismo (1946-1952), es decir, la nueva generación de líderes priistas civiles y licenciados, surge en esta suerte de metáfora, realizada justo cuando el pri regresaba al país de la mano de Enrique Peña Nieto, luego de dos oscuros sexenios panistas, ya que el rodaje de González arrancó en diciembre de 2012. Evidentemente, la memoria fílmica del cupa y de los multifamiliares en su conjunto, se remonta justo a aquellos años de rejuvenecimiento social que más tarde darían pie a la contundente frase de Carlos Monsiváis: “la utopía moderna del México sin vecindades”.

¿A dónde van nuestros hijos? (1956), de Benito Alazraki, inspirada en la pieza teatral Medio
tono, de Rodolfo Usigli, narra el calvario de un padre de familia que habita un departamento
en el Conjunto Urbano Presidente Alemán,
con esposa abnegada y provinciana (Dolores del Río), un hijo vividor (León Michel), otro ya fallecido, uno comprometido políticamente (Carlos Fernández), dos hijas sensibles y modernas (Ana Bertha Lepe y Martha Mijares) y un pequeño muy noble (Rogelio Jiménez Pons Frijolito).

Tito Junco, el paterfamilias severo y tradicionalista, comenta: “La capital tiene sus ventajas, se vive bien, se progresa. Miren qué departamentos ha hecho el gobierno para sus empleados”, refiriéndose al multifamiliar Miguel Alemán. De hecho, ¿A dónde van nuestros hijos? muestra varias y atractivas vistas del cupa, donde queda claro que para entonces la televisión se había convertido en la nueva reina del hogar y se había acentuado el concepto del supermercado.

Entre esas paredes se vive no sólo la crisis moral de la familia sino del país entero, y el burócrata de la Secretaria de Hacienda termina dándole la espalda a la corrupción gubernamental cuando intentan involucrarlo en un negocio chueco. Todo en medio de una modernidad y sus escenarios urbanos, que empezaban a hacerse cotidianos, como los multifamiliares –con todo y fiestas patrias–, las Librerías de Cristal, los grandes supermercados y, por supuesto, la nueva Ciudad Universitaria y los cambios ideológicos.

Adiós, convivencia social, adiós

Para 1953, Miguel Alemán era ya el “expresidente”, aunque había dejado inaugurado un impresionante conjunto habitacional: los multifamiliares Benito Juárez, en la colonia Roma, en septiembre de 1952, muy similares al cupa de la colonia Del Valle, proyectado también por el arquitecto Mario Pani. El cupa fue el primer multifamiliar concebido con toda la infraestructura y servicios para más de mil departamentos en doce edificios. Fue el primero que incluyó jardines, locales comerciales, lavandería, guardería infantil, dispensario médico, auditorio, salas de cine y alberca. La obra arrancó en 1947 y se inauguró en 1949, año en que se descubrieron en Ixcateopan, Guerrero, los restos del emperador azteca Cuauhtémoc, y en el que la paridad del peso se tasaba a 8.65 por dólar.

Por supuesto, estos nuevos conjuntos habitacionales muy pronto fueron incorporados a las tramas cinematográficas. Se abandonaba la provincia para descubrir los matices de una ciudad en constante ebullición, y el cine retrató ese crecimiento urbano y ese cambio de actitud. Era el tiempo de comprar en Sears Roebuck, de ingresar a ese régimen moderno de pagos a plazos y acceder a las ventajas de los aparatos electrodomésticos, uno de los tópicos de Los Fernández de Peralvillo (1953) de Alejandro Galindo. Las imágenes iniciales de esta cinta ocurren precisamente en los multifamiliares Miguel Alemán, donde Víctor Parra recorre sus pasillos, intentando inútilmente vender “modernas” licuadoras y batidoras. Ese mismo año, La ilusión viaja en tranvía, de Luis Buñuel, mostraba brevemente imágenes del cupa y sus entonces despoblados alrededores.

Tanto Alejandro Galindo como Ismael Rodríguez aprovecharían estos nuevos centros urbanos para documentar una de las grandes preocupaciones sociales: el derecho a una vivienda digna. El desarrollo habitacional y la historia fílmica corrieron en paralelo para atestiguar los cambios en las viejas vecindades y su transformación en modernas unidades multifamiliares. Las fiestas, la solidaridad, los momentos de tristeza y alegría que unían a centenares de hombres y mujeres en los patios de vetustas vecindades quedaban en el olvido, sepultados bajo el concreto de reducidas paredes compartidas por los condóminos de esos nuevos centros urbanos, que a duras penas conocían a los vecinos que habitaban los pasillos adyacentes. La convivencia social se transformó y a nuestro cine se le debe la recuperación de una cotidianidad que hoy transita entre la nostalgia y la desmemoria.

Justo en 1952, hacia el final del sexenio alemanista, en El bello durmiente, de Gilberto Martínez Solares, Tin Tan interpretaba una curiosa canción compuesta por él mismo, titulada “El Cavermango”, en la que daba fe del concepto habitacional de la época: “Será caverna moderna con luz y gas,/ con calefacción interna por delante y por detrás,/ tendrá su reloj moderno que nos diga qué horas son,/ tendrá tocadiscos radio y también televisión.” En el nuevo sexenio, con Adolfo Ruiz Cortines como presidente, las unidades habitacionales para los trabajadores del Estado se trastocarían en mitología fílmica, según se aprecia en la ingeniosa y original Maldita ciudad (1954), de Ismael Rodríguez, a partir de un argumento suyo y de Carlos Orellana.

Julio Aldama, el protagonista, un escritor pueblerino, advierte a la familia de su novia Virginia (Martha Mijares), cuyo padre médico (Fernando Soler) decide llevárselos a la capital: “Ya los veo, formando parte de la familia burocrática. Vivirán en esos edificios multifamiliares en donde en cada vivienda se desarrolla un drama. El de ustedes causará pena…” Y ya ahí, en los multifamiliares Miguel Alemán, Virginia traba amistad con Betty (Luz María Aguilar), la chavita reventada y sin moral, como sus cuates de la palomilla que domina Chicho (Álvaro Ortiz), quien se encarga de ofrecerle el tour habitacional: “…Botica, tienda de ropa, el correo, el mercado… y mira, aquí está la alberca, está rete suave, ¡mírala! Todo está aquí, sin tener que salir del edificio…”, mientras caminan por los pasillos y sus paredes de ladrillos y cemento, atestadas de balcones y pilares como los de la Unidad Santa Fe donde vivirá poco después Maricruz Olivier en Quinceañera (Alfredo b. Crevenna, 1958). Todo era válido, incluso un terremoto que salvaba de la ruina moral a varias atractivas Señoritas (Fernando Méndez, 1958), en los multifamiliares Benito Juárez en la Roma.

¿Qué culpa tiene el cupa?

Sería hasta el entronque con el nuevo milenio donde se recuperaría de nuevo para el cine el espacio del multifamiliar Miguel Alemán, tal y como ocurre de manera fugaz en Y tu mamá también (Alfonso Cuarón, 2000), o en Francisca/¿De qué lado estás? (Eva López Sánchez, 2001), donde un grupo de jóvenes activistas universitarios al inicio de los setentas, huyen de un departamento del cupa con materiales comprometedores. Más interesante aún es el sensible relato de amor, deseo y desencuentro amoroso de dos estudiantes de la unam en El cielo dividido (2006), de Julián Hernández. En él, Gerardo (Miguel Ángel Hoppe Canto) es flechado por Jonás (Fernando Arroyo), quien vive con su madre en el multifamiliar Miguel Alemán. Una pasión sin palabras, de actos físicos, que culmina en cada encuentro sexual, hasta que aparece un tercero (Ignacio Pereda).

Además de la ya citada González, un thriller neo noir que consigue crear estados de ánimo y atmósferas sofocantes con el fondo escénico del cupa, este emblemático lugar aparece a su vez en ¿Qué culpa tiene el niño? (Gustavo Loza, 2015), comedia que coquetea con ese espectador educado por la televisión y sus modelos de humor establecidos, cuyo protagonista masculino (Ricardo Abarca) vive en uno de los departamentos del Miguel Alemán.

Finalmente, destaca un par de atractivos documentales, debido a sus escenas de archivo, sus curiosas y sentidas entrevistas y su levantamiento de imágenes del sitio en cuestión:

Elevador (Adrián Ortiz Maciel, 2012), centrado en los ascensores del cupa, donde se encuentran fugazmente los habitantes de esa otra ciudad de mil 80 departamentos, y Mi multi es mi multi (Lourdes Roca, Graciela de Garay, París García, Carlos Hernández, Concepción Martínez, Patricia Pensado y Blanca Olivia Peña, 1999), producido en video por el Instituto Mora, en el que tres generaciones de inquilinos narran su experiencia de vida en el multifamiliar Miguel Alemán, proyectado por Mario Pani y construido por ica. Aquí se aprecian invaluables imágenes del noticiero Cine Mundial de Fabián Arnaud (padre e hijo), con la voz de Pepe Alameda y el corto promocional Nace una ciudad, de Luis. g. Manjarrez, cuyo narrador apunta: “Los padres pueden estar tranquilos, porque saben que aquí sus hijos no serán víctimas inocentes de las calamidades de ciudad moderna. Estos niños sanos y esta juventud vigorosa, harán indudablemente un México mejor…”.

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