El Bordo de Xochiaca

Proceso acudió al colosal tiradero en el Estado de México para registrar cómo se vive la emergencia sanitaria en la zona a donde llega todo tipo de desechos, incluyendo los de los hospitales. Operadores, choferes de motocicletas y separadores, entre otros trabajadores del Bordo de Xochiaca, comparten sus miedos, necesidades y experiencias en el contexto de una pandemia que ha dejado en México, hasta miércoles 8 de julio, 32 mil 796 muertos.

NEZAHUALCÓYOTL, Edomex

. (Proceso). –

Dani Navarro saluda desde la orilla del arroyo que se ve hasta el fondo del Bordo de Xochiaca; una jauría lo persigue, los perros mueven frenéticamente sus colas mientras él sacude una bolsa con huesitos. Desde lejos grita que sí cuando le preguntan si trae basura de hospital.

Él es operador de un camión recolector de basura y en su ruta hay un hospital del IMSS –de los más concurridos en esta pandemia–, uno ubicado en Nezahualcóyotl, en el nororiente de la Zona Metropolitana del Valle de México. Se trata de uno de los municipios más populosos del país y exportador de mano de obra por excelencia… Claro, también es uno de los más afectados por el covid-19.

“En este trabajito chulo nunca terminamos. La basura no nos deja, y menos ahora que no sabemos a dónde irá a parar tanto desecho”, dice Dani con su mirada enrojecida cuando confiesa que pasó el Día del Padre en el basurero y no con sus papás, con quienes vive.

Platica que su familia sabe a qué se dedica y que, por eso, espera que comprendan por qué estos días los evita. Se ha autoexiliado en la azotehuela de su propia casa para evitar el contacto con ellos.

Doña Natividad. “Anticuerpos”
“Cada cabeza es un mundo”, responde cuando se le pregunta si él siente que ha desarrollado anticuerpos, como la gente cree, por llevar toda su vida trabajando entre la suciedad.

“Sí tenemos anticuerpos, pero no somos inmunes, somos como todos”.

Abre grandes los ojos cuando recuerda el día que comenzó a pensar diferente sobre la pandemia. Hace como mes y medio vio que al hospital de su ruta llegaba un tráiler refrigerante para guardar cadáveres.

Desde entonces, asegura, todos los días cuando llega a su casa de plano echa su ropa a una bolsa y al otro día la tira en el bordo, también asegura que se lava antes de salir del basurero y también antes de entrar a casa. “Es por seguridad”.

Desde que la crisis sanitaria golpea a México, Dani come solo en su azotehuela; se alimenta de cosas preparadas que compra en la calle para no pisar la cocina de su casa. Confiesa que le da pánico llevar “el bicho” a sus papás y sobrinos.

“¡Imagínese…!”, dice mientras vuelve a pelar los ojotes.

Explica que él sabe que la basura que trae del hospital es de zonas generales y detalla que el mismo día que vio llegar el tráiler refrigerante también le sorprendió mucho observar la minuciosidad con la que personal médico se retiraba su equipo de protección para ponerlo en una bolsa roja.

“Luego luego le pregunté a dónde echaban todo eso, porque yo no había visto esas bolsas en mi basura. Me dijo que las bolsas rojas son incineradas en el mismo hospital. Sin embargo, ya sabemos que todo lo que sale de ahí puede estar contagiado.”

Para Dani las monedas son más peligrosas que la basura. “Nadie se preocupa por las monedas como por la basura y todo el tiempo las andamos tocando”, dice mientras usa un rastrillo con un palo para sacar los restos de basura que se quedaron en la caja de su camioneta, batea a la que después le echará el cloro que guarda en un bote amarillento que tiene detrás de su asiento.

Este es un fragmento de un reportaje del número 2279 de la edición impresa de Proceso, publicado el 5 de julio de 2020 y cuya versión digitalizada puedes adquirir aquí

Nota del editor: para su versión digital, la cifra de fallecimientos por covid-19 en México citada en este texto fue actualizada con datos de la Secretaría de Salud del 8 de julio de 2020.

Esta entrada fue publicada en Mundo.

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