Prefiero aquello que se encuentra en la penumbra

Alejandro García Abreu

La Jornada Semanal

 

Licenciado en Física Teórica, ganador del Premio Strega por ‘La soledad de los números primos’, su primera novela, Paolo Giordano (Turín, 1982) también es autor de ‘El cuerpo humano’, ‘Como de la familia’, ‘Conquistar el cielo’ y ‘En tiempos de contagio’. Aquí conversa sobre temas esenciales en el entramado de su obra, como la enfermedad y la muerte, la memoria y el olvido, la literatura y el proceso creativo.
-En Como de la familia se lee: “–Puedes salir de ésta. Mucha gente se deja vencer, pero tú conoces la enfermedad porque ya la has afrontado una vez. Eres lo bastante fuerte./ Y lo creía de verdad. Luego la vi desintegrarse tan deprisa que no tuvimos ni siquiera la oportunidad de despedirnos adecuadamente, ni el tiempo de encontrar las palabras más indicadas para expresar lo que había significado para nosotros.” ¿Cómo vinculas enfermedad, muerte y literatura?

–Es difícil. Creo que los temas que mencionas son tan desmesurados –enfermedad, cáncer, literatura y familia– que decidí agruparlos en una novela corta. Realmente es una historia muy breve. La vida de estas personas se asemeja a la piel, en uno de esos momentos en los que parece que obtienes un nuevo significado de lo que estás viviendo. Y es lo que les pasa a todos. Es como si esta enfermedad abriera una nueva perspectiva y una nueva visión para todos los personajes. Y luego ignoran que en realidad no pueden entender algo tan grande e importante, pero al final pueden ver un poco más allá. Fue lo máximo que pude hacer con esto. Sucedió en la vida real; la muerte llegó a mi casa. Me di cuenta de que fue un momento significativo. Algo nuevo estaba surgiendo. Así que sólo quise tomarlo y aterrizarlo. El libro entero fue una forma de registrar ese momento en particular.

–¿Cómo fue el desarrollo de la Señora a. en Como de la familia?

–Seguí los ojos del narrador, de este joven. Lo que sucede es que cuando comienza la historia, él realmente considera a esta persona, a la señora a., simplemente como alguien que cuida de él, de su hijo, de la casa. Básicamente no ve nada real en ella, sólo el papel que ella representa. Es algo que sucede mucho en la vida. Tendemos a ver a las personas sólo por el papel que desempeñan en relación con nosotros. Entonces sucede algo, hay una vuelta de tuerca, porque ella se enferma. Entonces él se da cuenta de que es algo muy sencillo de comprender. Tiene frente a él una persona real, con un pasado y un presente, con sus propios deseos y pérdidas. El narrador comienza a hacerle preguntas y entonces pueden conversar. Es semejante a cómo funciona la literatura: escuchar historias de otras personas; partes de sus vidas. Entonces recolecta piezas
del pasado de esta persona y, lentamente, esta figura unidimensional se convierte en una especie de persona real. Es por eso que sólo al final aparece el verdadero nombre de la señora a., porque en ese momento ya es capaz de llamarla por su nombre.

–Prevalece la importancia de darle significado literario al cáncer.

­–Absolutamente. Creo que es también una de las razones por las que escribimos: dar sentido a los momentos dolorosos. Si tomamos el cáncer sin ningún intento de darle algún significado, entonces se convierte en algo completamente horrible, un infierno. Cada enfermedad es una especie de vocación, te lleva a un mundo diferente. La literatura incluso se convierte en una perspectiva privilegiada de la realidad. Puedes ver cosas que normalmente no verías debido a tu enfermedad. En ese sentido, la literatura puede aportar mucho significado. Este libro en sí mismo fue una forma de dar sentido a algo que podría haber sido únicamente un hecho horrible y triste.

–Reflexionas sobre la memoria y el olvido en El cuerpo humano: “Para él lo esencial, desde el principio, fue excavar una trinchera entre el presente y el pasado: un refugio que ni siquiera la memoria lograse violar.” ¿De qué manera intervienen la memoria y el olvido en tu proceso de escritura?

–Es una pregunta muy difícil y complicada. Probablemente podría responderla de cien maneras distintas. Lo que me viene a la mente es que los recuerdos son generalmente tu punto de partida. Durante muchos años mi escritura provino de los recuerdos, de una parte específica de mi vida, una parte muy temprana: mi infancia y los primeros años de la adolescencia. Realmente sentí que tenía a mi disposición una especie de cubeta, de la cual podía sacar algo diferente en cada ocasión. Tenía miedo de vaciarla muy pronto. Luego me separé lentamente de ella y aprendí a mirar un poco hacia afuera, centrándome en las historias de otras personas, lo cual es muy importante para un escritor. También me percaté de un detalle sobre el olvido: algunas de las cosas más interesantes y animadas que escribes en realidad provienen de cosas que no recuerdas con precisión. Provienen de un lugar olvidado. A veces, cuando estás inmerso en la escritura, estos elementos salen a la luz y luego entiendes que es un proceso de descubrimiento, de hallar cosas que realmente estaban escondidas en ti. Es algo fascinante que puede suceder, porque te sorprende, no es algo que puedas controlar por completo. Los eventos que no controlas generalmente son los mejores.

–¿Cuál es el origen de Alice y Mattia, personajes de La soledad de los números primos?

–Creo que ya se encontraban allí. Mattia ya estaba allí; era un personaje que estaba dentro de mí, somos muy similares. Era una idea que tenía de mí mismo que conservé durante mucho tiempo. Para Alice no fue tan distinto. Ella es la suma de muchas mujeres que conocí y con las que estuve en contacto en esos primeros años. No tuve que esforzarme en encontrar a los personajes para este libro en particular. Simplemente estaban allí, con la voz. Es algo que sucede con el primer libro.

–¿Qué te condujo a escribirlo después de tus artículos sobre física?

–Sentí que algo me hacía falta, que estaba desperdiciando una parte de mí. Estaba un poco harto de lidiar con cosas estériles, partículas muertas, la abstracción. Entonces intenté conectarme de nuevo con aquello de lo que hablábamos al principio. La idea de observar a las personas, especialmente su infancia y primeros años. Tenía el deseo de volver a un mundo de personas vivas y de sentimientos.

–“La luz estaba toda dentro y la oscuridad toda fuera”, escribiste en La soledad de los números primos. ¿Qué significado le das a la luz y a la oscuridad?

–Tu pregunta es muy interesante. Sé que cada vez que redacto algo tiendo a escribir sobre la luz. Muy a menudo he tenido que quitarlo posteriormente, porque es algo recurrente, siempre está presente. Existen elementos que, de manera constante, utilizas cuando escribes; tiendes a repetir las mismas cosas en el primer borrador. Básicamente es un motivo al cual tengo mucho apego. Incluso ahora, incluso aquí en esta sala. Con respecto a la escritura, prefiero las sombras, así que siempre procuro evitar la luz resplandeciente. Prefiero aquello que se encuentra en la penumbra. De hecho, El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad es uno de mis libros favoritos.

Traducción de Álvaro García.

Esta entrada fue publicada en Mundo.

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