Patrimonio en peligro

Patrimonio en peligro

Ángeles González Gamio

Hace un tiempo platicamos los orígenes de la parroquia de la Santa Veracruz, de las más antiguas de la Ciudad de México y que ahora se encuentra en severo peligro.

A raíz del temblor de 2017 se agravaron los daños estructurales que ya tenía y tuvo que ser apuntalada para que no se desplomara en tanto la reparaban. Así pasaron tres años en que no se logró hacer nada y ahora, para colmo de males, sufrió un incendio que aumentó sus padecimientos.

Ante la gravedad del caso, el gobierno declaró hace días que se va a llevar a cabo una restauración integral; de verdad confiamos en que así sea porque es un inmueble de enorme valor histórico y artístico.

Vamos a recordar algunos datos: en 1519 Hernán Cortés fundó la Archicofradía de la Santa Cruz, en agradecimiento por haber desembarcado con bien en lo que ahora es el puerto de Veracruz.

En 1527, en la Ciudad de México, los cofrades levantaron una ermita. Entre ellos sobresalían integrantes de la incipiente aristocracia novohispana, por lo que también se le conoció como Hermandad de los Caballeros. El sitio que les concedieron era en las afueras de la ciudad, a un costado de la calzada de Tlacopan, una de las cuatro que unía con tierra firme a la antigua Tenochtitlan.

A mediados del siglo XVI la población española crecía aceleradamente, por lo que el sagrario de la Catedral ya no tuvo la capacidad para registrar todos los nacimientos, matrimonios, defunciones y demás. Con fondos insuficientes para crear nuevas parroquias y en vista de que los templos disponibles pertenecían a órdenes religiosas, se acudió a la cofradía de Santa Catarina y a la archicofradía de la Santa Cruz. Ambas habían fundado una ermita y vieron con agrado la idea de convertirse en parroquias, lo que les daría prestigio y dinero.

De esa manera, en 1568 se creó la parroquia de la Santa Veracruz. A mediados del siglo XVIII el templo requirió reconstruirse, para lo que se contrató al afamado arquitecto Ildefonso de Iniesta Bejarano, quien diseñó un elegante edificio barroco en tezontle y cantera chiluca. Tardó en construirse de 1759 a 1776, año en que se terminaron las torres y la portada lateral. La fachada de la casa parroquial la realizó el extraordinario arquitecto Lorenzo Rodríguez, autor también del Sagrario Metropolitano.

Originalmente dentro del templo lucían retablos barrocos primorosamente tallados en maderas preciosas recubiertos de hoja de oro, mismos que fueron destruidos en el siglo XIX.

Parece que por fortuna el incendio no dañó la imagen de El Cristo de los siete velos, que Carlos V regaló a la archicofradía, ni unas pinturas de Cristóbal de Villalpando, para muchos el mejor pintor novohispano. El coro y el sotocoro sí sufrieron, pero esperamos que sean rescatables.

Solía haber una imagen de la Virgen de los Remedios, también conocida como La Gachupina, cuyo estado tras el incendio desconocemos. Se le llamaba así porque era considerada la protectora de los españoles en México. Se dice que es la imagen original que se encontraba en el santuario que todavía existe en los Remedios, pero durante una fuerte sequía fue traída aquí para pedir lluvia y no la regresaron.

Durante la Independencia se hablaba de la guerra de las vírgenes, ya que los insurgentes enarbolaban la imagen de la Guadalupana y los realistas la de los Remedios. En más de una ocasión se encontraron frente a frente en el fragor de una batalla.

En esta parroquia está enterrado el famoso arquitecto y escultor Manuel Tolsá, quien vivía a unos pasos, en la que entonces se llamaba avenida de los Hombres Ilustres. También aloja los restos del insurgente Ignacio López Rayón.

El dolido templo se encuentra en la hermosa plaza que lleva su nombre, a un costado de la Alameda. Ahí permanece el soberbio edificio del antiguo hospital de San Juan de Dios, que ahora es sede del Museo Franz Mayer; a un costado se levanta el templo del viejo nosocomio, original construcción cuya fachada tiene forma de un gran nicho abocinado.

También está la bella casona decimonónica, sede del Museo Nacional de la Estampa, que custodia una colección extraordinaria de obra gráfica de artistas mexicanos y extranjeros.

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