El barroco indígena en Morelia

 

Es una construcción del siglo XVIII con una sobria fachada barroca. Su construcción duró ocho años, iniciando en 1708 y concluyendo en 1716. Perteneció a la Orden Franciscana de los Dieguinos.

La característica que hace a este templo especial es su interior magníficamente decorado por el artesano local Joaquín Orta en 1915, lleno de diversas formas florales donde predominan los colores rosa, rojo y dorado. La opulenta decoración que se observa en muros, bóvedas y cúpulas es una combinación de la técnica de escultura en barro de la tradición indígena con la técnica europea de yesería.

En la época virreinal el templo se encontraba a las afueras de Valladolid, como se llamaba antiguamente la ciudad de Morelia, por lo que se mandó construir una calzada peatonal que llevara directamente a la iglesia en 1732, la Calzada de Fray Antonio de San Miguel.

Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe de San Diego de San Francisco (San Diego)

Este templo se comenzó a construir en 1708 y se concluyó en 1716, dedicado a la adoración de la Virgen de Guadalupe. Entre 1729 y 1737 se construyó una casa adosada al Santuario, para que hicieran uso de ello los capellanes, en 1760 se hizo entrega tanto del templo como del edificio anexo a los frailes Franciscanos Descalzos.

Templo y convento de San Diego en 1842. El cementerio aún tenía su barda atrial.
Es de notarse que para el último cuarto del siglo XVIII, la ciudad de Valladolid estaba circundada por templos dedicados a santas patronas: al norte, Santa María de los Urdiales, al sur, Santa Catarina Mártir, al poniente Nuestra Señora de la Merced y al oriente Nuestra Señora de Guadalupe.

El crucero y el presbiterio del templo se ampliaron en 1777, y para octubre de 1785 pasó por un proceso de restauración, a cargo de Fray Antonio de San Miguel. En 1807 se le construyó el muro del atrio, que rodeaba el perímetro norte del templo y el cementerio ubicado al poniente. En ese entonces, no existía vialidad entre el cementerio y el templo, que actualmente es la Tata Vasco.
Para septiembre de 1821 se le construyó el altar mayor.

A mediados del siglo XIX la corriente higienista y la necesidad de que los cementerios se ubicasen fuera de la mancha urbana de la ciudad, llevaron a la clausura del cementerio frente al templo, que se creó en 1807, y fue clausurado en 1859. En 1873 se derribó el muro del atrio y en su lugar se colocaron postes de cantera unidos con cadenas de fierro. Este adorno subsiste en la plazuela en que ha quedado convertido el ex cementerio.

Los cambios más significativos en la forma del templo se dieron en el siglo XX: de 1907 a 1913 se decoró su interior con barro cocido y policromado, formando esculturas en forma de flores, obra del genial artesano Joaquín Orta; en 1955 se le construyó una repisa de madera con 4 columnas, una corona de madera, yeso y barro, con motivo de la coronación de la Santísima Virgen de Guadalupe; en 1975 se remodeló parte de su decorado interior, y los murales que representaban las apariciones de la virgen fueron reemplazados por murales (obra de Pedro Cruz) donde se representa la llegada y obras de los hermanos franciscanos, que desde 1964 tienen asignado el Santuario (desde 1925 estaba administrado por el clero secular).

En 1989 se reemplazó la repisa de madera, yeso y barro por otros materiales, actualmente el templo tiene una torre de dos cuerpos con imafronte piramidal, cúpula de estilo barroco y un decorado de los más bellos en Michoacán. En su altar aparecen San Francisco y San Diego, además de una copia autorizada del Ayate de Juan Diego; en su parte norte está una pequeña capilla que en los últimos cinco años ha sido decorada con pinturas murales.

De resaltarse es la cruz ochavada que está en el jardín al norte del templo, que según algunos autores, es la cruz que se ubicaba en el panteón municipal de Morelia, y en ella amarraban a los condenados a muerte por fusilamento.

Respecto al ex convento, éste se comenzó a construir hacia 1761, se concluyó en 1769 y se inauguró ese mismo año. El 12 de julio de 1859 los religiosos fueron exclaustrados, y el convento se arruinó.

Posteriormente se ubicó en el edificio el hospital civil, y durante la segunda mitad del siglo XIX tuvo varios usos, como sede de la exposición artesanal e industrial de Michoacán, Academia de Niñas (ver litografías al respecto), y hasta la primera mitad del siglo XX siguió cambiando de uso, hasta que en el año de 1967 se ubicó aquí la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, motivo por el cual se acondicionó para cumplir con esa función.

 

 

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