La Biblioteca de Guillermo Tovar y De Teresa

Mantener vivo el nombre del historiador y coleccionista de arte Guillermo Tovar de Teresa (1956-2013), y su compromiso con la conservación del patrimonio del país, fueron las inquietudes arrojadas por el conversatorio/homenaje virtual celebrado en su honor dentro de la 31 Feria Internacional del Libro de Antropología e Historia.

Los participantes, los historiadores Cristina Gómez Álvarez y Xavier Guzmán Urbiola, el periodista Carlos Martínez Rentería, y, como moderadora, Guadalupe Lozada León, encargada de despacho de la Secretaría de Cultura local, propuserion la redición de sus libros –contaba 39– , ver de qué manera el material que dejó en su casa –su archivo, su biblioteca, sus colecciones– ahora museo, pueden estar a la consulta pública, y promover la revisión de sus obras.

Muchos de sus libros que Tovar de Teresa fueron editados por bancos y demás empresas privadas, entonces se quedaron en las bibliotecas de quienes los recibieron como regalos, y no tuvieron rediciones. De allí que las generaciones recientes no los conocen.

Gómez Álvarez, coautora con Tovar de Teresa de Censura y revolución. Los libros prohibidos por la Inquisición de México, 1790-1819 (2009), recordó que al mes de fallecido hubo un acto en que el se ofreció crear un premio con su nombre, para estimular la investigación en torno a la conservación del patrimonio, sin embargo “no lo cumplieron”.

La investigadora también preguntó por dos proyectos en que trabajaba Tovar de Teresa a la hora de morir: un estudio sobre la Colonia, que era una oportunidad para replantear algunas cosas que había estudiado antes pero de las que ahora no estaba tan convencido, y un “gran libro de la historia de México”.

Tanto Gómez Álvarez como Guzmán Urbiola y Martínez Rentería fueron amigos del homenajeado en una época posterior. Sus nuevos amigos, apuntó la historiadora, son muy relevantes porque “en los últimos años de su vida Guillermo estaba en un proceso de transición política e ideológica, en el que quiso cultivar la amistad de personas que tenían una posición política diferente. Incluso, sus temas de investigación había variado. De la Colonia ya no quería saber nada, del barroco menos –el XIX siempre le encantó sobre todo por la fotografía– ; ya estaba en el siglo XX”.

Para Guzmán Urbiola –conoció a Tovar de Teresa desde la secundaria, aunque cultivó una amistad años después– en cierto momento “Guillermo se sentía muy solo porque habían muerto o estaban por hacerlo sus grandes amigos como Tamayo, Paz, Iturriaga y Benítez”. Según Gómez Álvarez al fallecer “Guillermo rompe con la élite cultural de este país, élite que hoy juega un papel muy triste, y se acerca más a la izquierda”. No estaba de acuerdo con las prácticas de esta élite de sacar provecho del erario público para su beneficio personal y el de sus negocios.

Al decir de Martínez Rentería su amistad con el historiador fue “una travesura permanente”, y obedecía a un naciente interés por la contracultura. Era su forma de “escaparse de su mundo de erudición y de una específica perspectiva de la historia del arte, en aras de la fiesta”. Cuando Tovar de Teresa lo invitó a pertenecer al Consejo de la Crónica de la Ciudad de México, era porque abordaba “una parte de la crónica de esta urbe que no cubriría ninguna de los especialistas en las diferentes épocas de la cultura de la ciudad: lo irreverente, lo nocturno, los antros, incluso, los excesos”.

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