Rafael Alberti. «Poesía en la depresión»

Poesía en la depresión

José Cueli

En el debate entre Kamala Harris y Mike Pence se repitió la división entre republicanos y demócratas. Destacó, desde mi punto de vista, la sencillez y poesía de Kamala, apostando por los desheredados que tratan de llegar a Estados Unidos y los que son ciudadanos que arribaron de otras naciones y que representan la grandeza del país del norte. Detrás de los migrantes está el miedo a la guerra nuclear, la hambruna, la pandemia, el cambio climático y la violencia racial.

En alguna parte la asocio con el poeta Rafael Alberti cuando llenaba las plazas de toros en España al inicio de la guerra civil con miles de obreros de boina y campesinos de sombrero de ala ancha escuchar un teatro de urgencia, expresión de política comprometida y activismo en la contienda que ensangrentaría a España.

Decía Alberti: Me levanto y miro ¡sangre a la derecha, / a la izquierda, sangre. / Mañana dejo mi casa / dejó los bueyes y el pueblo./ ¡Salud! ¿ Adónde vas, dime? Voy al quinto regimiento / soy del quinto regimiento.

Entrado en gastos canto por las alegrías del famoso galope de musicalidad flamenca en la que vibró Andalucía: Las tierras, las tierras, las tierras de España / las grandes, las solas, desiertas llanuras / galopa caballo cuatralbo / jinete del pueblo / al sol y la luna, / galopa, galopa / hasta enterrarlos en la mar / a corazón suenan, resuenan, resuenan / las tierras de España en las herraduras. / Galopa, jinete del pueblo, / caballo cuatralbo, caballo de espuma / Galopa, galopa…

Y venga ritmo, taconeo con redoble de palmas en un constante estribillo: las tierras, las tierras, las tierras / suenan, resuenan / galopa, galopa caballo cuatralbo / galopa, galopa que la tierra es tuya.

Insistente ritmo sexual de las estrofas que convergen en la expresión imaginativa del sonido del galope continuo in crescendo… Galopa, galopa, suena, suena, resuena; anda venga, niña, galopa, galopa, suenan las palmas.

Rafael Alberti, el de las deliciosas y alambicada frase que galopa y deja oír las pisadas de caballos y bailaoras, toros y toreros, despliega mi memoria hasta los recovecos inconscientes y silenciosos del deseo andaluz en una poesía que recoge el deseo español en su galopar, estremecido hasta la excitación y el vértigo del cálculo gozoso de una sexualidad exuberante que galopa y resuena.

La poesía de Rafael Alberti me vincula con la expresión no verbal poética de Kamala sobre los desheredados de su país. Poesía que es galopar de caballos cuatralbos, sorpresivos, pero que no serán inesperados, girando en formas acrobáticas y locuaces, estilizadas y lúdicas que suenan, suenan y resuenan en la noche americana.

 

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