“En tu pedido va mi vida”

En tu pedido va mi vida: repartidoras y la flexibilidad laboral

R. Aída Hernández Castillo*

En días pasados mujeres ­repartidoras que trabajan para plataformas como Uber Eats, Rappi y Diddi, en México, Ecuador, Argentina, Colombia y Estados Unidos unieron sus voces para denunciar las múltiples violencias ­laborales que sufren y los riesgos de vida que enfrentan en estos tiempos de ­pandemia. En el marco de una serie de conversatorios titulados Diálogos de ­saberes en tiempos de pandemia, ­organizados por la Sección de Otros Saberes de la Asociación de Estudios ­Latinoamericanos (LASA), estas mujeres nos compartieron los retos que implican su trabajo y la falta de derechos que enfrentan en este nuevo modelo de flexibilidad laboral, que algunos han caracterizado como la neoesclavitud del siglo XXI.

Durante los ocho meses que han transcurrido, desde que la Organización Mundial de la Salud declaró la pandemia global de Covid-19, las plataformas digitales de servicios aumentaron sus ganancias de forma exponencial. Tan sólo Uber Eats reportó un crecimiento de 54 por ciento, con una ganancia de 148 millones de dólares, en contraste con el trimestre anterior a la declaración de cuarentena. Esto fue posible, gracias a que las y los repartidores no dejaron de trabajar durante los meses más duros de la pandemia.

Los testimonios compartidos en el conversatorio, organizado conjuntamente con el Observatorio de Plataformas, fueron desgarradores: jornadas de hasta 16 horas con una ganancia promedio de 105 dólares semanales, hostigamiento sexual, despidos por embarazo, falta de seguro médico o apoyo en casos de robo. Bajo el engañoso discurso de ofrecerles la oportunidad de ser autónomas, las plataformas se han convertido en la fuente de trabajo de miles de hombres y mujeres precarizados. Derechos tan básicos como el poder ir al baño durante la jornada de trabajo, les son negados a estas mujeres que no tienen espacio laboral para descansar o usar los servicios sanitarios. Con la pandemia, los restaurantes les han negado el uso de los baños y tienen que esperar horas o recorrer kilómetros para regresar a sus casas.

Las violencias que implica la flexibilidad laboral se ven profundizadas por los contextos de violencias extremas en que desarrollan su trabajo. La representante de México narró las experiencias de desaparición forzada e intentos de violación que han vivido varias de ellas, mientras que, en la glorieta De los y las desaparecidas de Jalisco, los repartidores de ese estado rindieron homenaje a seis de sus compañeros que han sido asesinados en servicio, sin que ninguna de las plataformas diera apoyo a sus familias.

Ante estas múltiples violencias, repartidores y repartidoras de todo el mundo han realizado este año cuatro paros globales en contra de la precarización laboral de quienes trabajan para llevarnos la comida a casa. Desde México, Estados Unidos, Canadá, Nigeria, Japón, Alemania, Francia y España, estos hombres y mujeres sobrexplotados, se sumaron a esta convocatoria con el objetivo de ejercer presión a las empresas, pero también a sus gobiernos, para que se les reconozca su situación laboral y, puedan tener, al menos, un mínimo de prestaciones.

Es importante reconocer que para que muchas de nosotras pudiéramos quedarnos en la seguridad de nuestros hogares, estos hombres y mujeres siguieron arriesgando sus vidas y muchos enfermaron, sin contar con ningún seguro médico o prestación laboral por enfermedad. Sus voces nos recuerdan: En tu pedido va mi vida https://www.youtube.com/watch ?v=MQRJ4lKAQJU.

No son colaboradoras, son trabajadoras que merecen derechos laborales.

* Investigadora del Centro de ­Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social

En tu pedido va mi vida: repartidoras y la flexibilidad laboral
R. Aída Hernández Castillo*
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n días pasados mujeres ­repartidoras que trabajan para plataformas como Uber Eats, Rappi y Diddi, en México, Ecuador, Argentina, Colombia y Estados Unidos unieron sus voces para denunciar las múltiples violencias ­laborales que sufren y los riesgos de vida que enfrentan en estos tiempos de ­pandemia. En el marco de una serie de conversatorios titulados Diálogos de ­saberes en tiempos de pandemia, ­organizados por la Sección de Otros Saberes de la Asociación de Estudios ­Latinoamericanos (LASA), estas mujeres nos compartieron los retos que implican su trabajo y la falta de derechos que enfrentan en este nuevo modelo de flexibilidad laboral, que algunos han caracterizado como la neoesclavitud del siglo XXI.

Durante los ocho meses que han transcurrido, desde que la Organización Mundial de la Salud declaró la pandemia global de Covid-19, las plataformas digitales de servicios aumentaron sus ganancias de forma exponencial. Tan sólo Uber Eats reportó un crecimiento de 54 por ciento, con una ganancia de 148 millones de dólares, en contraste con el trimestre anterior a la declaración de cuarentena. Esto fue posible, gracias a que las y los repartidores no dejaron de trabajar durante los meses más duros de la pandemia.

Los testimonios compartidos en el conversatorio, organizado conjuntamente con el Observatorio de Plataformas, fueron desgarradores: jornadas de hasta 16 horas con una ganancia promedio de 105 dólares semanales, hostigamiento sexual, despidos por embarazo, falta de seguro médico o apoyo en casos de robo. Bajo el engañoso discurso de ofrecerles la oportunidad de ser autónomas, las plataformas se han convertido en la fuente de trabajo de miles de hombres y mujeres precarizados. Derechos tan básicos como el poder ir al baño durante la jornada de trabajo, les son negados a estas mujeres que no tienen espacio laboral para descansar o usar los servicios sanitarios. Con la pandemia, los restaurantes les han negado el uso de los baños y tienen que esperar horas o recorrer kilómetros para regresar a sus casas.

Las violencias que implica la flexibilidad laboral se ven profundizadas por los contextos de violencias extremas en que desarrollan su trabajo. La representante de México narró las experiencias de desaparición forzada e intentos de violación que han vivido varias de ellas, mientras que, en la glorieta De los y las desaparecidas de Jalisco, los repartidores de ese estado rindieron homenaje a seis de sus compañeros que han sido asesinados en servicio, sin que ninguna de las plataformas diera apoyo a sus familias.

Ante estas múltiples violencias, repartidores y repartidoras de todo el mundo han realizado este año cuatro paros globales en contra de la precarización laboral de quienes trabajan para llevarnos la comida a casa. Desde México, Estados Unidos, Canadá, Nigeria, Japón, Alemania, Francia y España, estos hombres y mujeres sobrexplotados, se sumaron a esta convocatoria con el objetivo de ejercer presión a las empresas, pero también a sus gobiernos, para que se les reconozca su situación laboral y, puedan tener, al menos, un mínimo de prestaciones.

Es importante reconocer que para que muchas de nosotras pudiéramos quedarnos en la seguridad de nuestros hogares, estos hombres y mujeres siguieron arriesgando sus vidas y muchos enfermaron, sin contar con ningún seguro médico o prestación laboral por enfermedad. Sus voces nos recuerdan: En tu pedido va mi vida https://www.youtube.com/watch ?v=MQRJ4lKAQJU.

No son colaboradoras, son trabajadoras que merecen derechos laborales.

* Investigadora del Centro de ­Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social

 

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