Wigberto Jiménez Moreno 

Wigberto Jiménez Moreno 
Fue presidente del II Coloquio de Antropología e Historia Regionales celebrado en 1980 sobre la Cultura Purhé 
En este evento y los siguientes siempre acompañó a sus compañeros en la celebración anual de este máximo evento académico del Colegio de Michoacán. 
Fundador del Colegio del Bajío, 
Maestro de generaciones dedicadas al estudio de la historia y de la antropología, poseedor de una cultura amplísima que él denominaba en forma genérica etnohistoria, supo ser amigo estimable que ahora se recuerda con gratitud.
Por lo inesperado de su desaparición —siempre había sido un hombre de salud envidiable, a pesar de haber cumplido muy recientemente sus setentaicinco años—, no llegó a cuajar la obra que sus muy amplias lecturas, reflexiones siendo un monumento a la cultura mexicana a la que dedicó el estudio de toda su vida. 
Quedarán los apuntes de don Wigberto y una amplia colección de artículos en dispersión como testimonio de toda la ingente dedicación que fue su vida al estudio de la cultura mexicana y sus raíces. 
Empecé a tratar al maestro cuando organizaba un curso sobre los métodos de evangelización en Nueva España. Conocía el clásico estudio de Robert Ricard,La conquista espiritual de Méxicoy sabía de los estudios de Pedro Borges, pero me hacía falta especialmente el conocimiento de los elementos indígenas que deberían tomarse en cuenta en la evangelización y fui a ver a don Wigberto. Lo encontré en su casa-biblioteca de Privada de Gelatti, en Tacubaya, a unos pasos de Chapultepec. 
 
Me orientó hacia estudios suyos imposibles de conseguir y finalmente me regaló alguna “separata” de cosas aparecidas en los más insospechados lugares. 
El tema del sincretismo en la religiosidad popular era uno de los temas que había trabajado, al igual que mil otros de indudable interés. 
La plática que tuvimos me abrió horizontes de gran originalidad, pues su charla resultaba enormemente sugestiva y tenía puntos de vista tan personales en cualquier tema como el que, referido a las apariciones guadalupanas, interpretaba la fecha de las mismas en 1554 diciendo que el signo calendárico equivalía al de 1531, fecha para la cual había más dificultades históricas que para la primera. 
El maestro Jiménez Moreno era una persona que se dejaba abordar con facilidad por gente menor y siempre hacía caso a las objeciones que la curiosidad de los menos enterados le planteaba desde la ingenuidad de los principiantes. 
Le gustaba dar sus conocimientos con generosidad y orientar a los que se iniciaban en los conocimientos e investigaciones históricas.
Era común encontrarlo en las reuniones académicas, en las que generalmente le gustaba tomar parte activa y sus vastos conocimientos le permitían hacerlo en los más variados temas de los congresos.
En sus intervenciones era abundoso y siempre buscaba aportar novedades, aunque siempre preocupaba al coordinador del evento la relativa preocupación por el tiempo que el maestro tenía y en donde difícilmente cabían las amplias aportaciones que él hacía. 
No le gustaba que se hablara demasiado de su autodidactismo a pesar de que en la tradición mexicana hay que inscribir a muchos de los máximos valores intelectuales como podría ser el caso de García Icazbalceta, Ángel María Garibay, Agustín Magaña Méndez y otros. 
Su capacidad intelectual, su laboriosidad y buen sentido suplieron con creces una carrera que tampoco podía haber hecho, pues fue fundador de instituciones que la permitieron. No hacía mucho que la Universidad de Alcalá de Henares le honró con el doctorado “honoris causa” secundando otras distinciones que ya había recibido de distintas universidades. 
Logró comunicar su amplia erudición en varias lenguas: español, inglés y náhuatl como principales, aunque bien sabía de latines, de lenguas romances y aún de alemán y holandés. 
Como lingüista sabía suficiente de otras lenguas indígenas mexicanas como para poder opinar sobre los temas que a ellas se referían. 
Usó mucho la pluma para hacer anotaciones, aunque no siempre se servía de ella para hacer llegar a los demás sus conocimientos en la forma más acabada del artículo o el libro, razón por la que el original de su aportación quedó inédita y anónima, pues en muchos casos no pudo patentar lo suyo como tal pues otros se lo atribuyeron, reconociéndolo él con gran generosidad como de los otros. 
Una página importante de su actividad es la que se refiere a su labor de maestro por generaciones, ello en la Escuela de Antropología e Historia de la que fue uno de los fundadores y maestro persistente casi hasta su muerte.
El México City Collage lo contó entre sus maestros aun cuando se trasladó a Cholula como la Universidad de las Américas. 
Por este cauce su erudición traspaso las fronteras con los estudiantes extranjeros que allí concurrían, especialmente norteamericanos, siendo orientador de muchos investigadores en el campo de Mesoamérica y la cultura náhuatl.
Fue también maestro del Colegio de México y de la Universidad Autónoma de México. 
Originario de la ciudad de León, Guanajuato, fue la pasión por su tierra una de las que sostuvo con más constancia. 
Para honrar a su tierra jugó la última de sus aventuras con la fundación allí del Colegio del Bajío bajo la inspiración del Colegio de Michoacán.
A León se le privó de una espléndida biblioteca en donde Wigberto había hecho sus primeras armas intelectuales, la del obispo Emeterio Valverde y Téllez. 
El maestro Jiménez Moreno se propuso dedicar a su ciudad natal la espléndida biblioteca que logró reunir al través de los años y para ubicarla había conseguido que la ciudad adquiriera, con el apoyo de la SEP. La casa para albergarla y esperamos que ese sueño del. maestro se cumpla. 
Miembro antiguo y preclaro de la Academia de la Historia y del Seminario de Cultura Mexicana, difundió como socio de este último a lo ancho y a lo largo de la geografía patria su gran pasión por México y su historia. 
Los temas que don Wigberto manejaba eran muchos y tocaban la historia prehispánica, las culturas sedentarias y nómadas, los fenómenos de fronteras, el sincretismo, la fundación de ciudades, los grandes misioneros, las lenguas, las exploraciones arqueológicas en base a los escritores antiguos que de esos restos se ocuparon, de las generaciones y sus características y de mil temas más. 
Descanse en paz nuestro amigo y maestro y auguramos que encuentre quien, recogiendo los múltiples trabajos editados aquí y allá y estudiando los borradores de sus trabajos, nos pueda dar cumplida idea de lo que Wigberto Jiménez Moreno ha sido para la cultura mexicana en su incansable y plurifacética labor de más de cincuenta años. 
Desde muy joven se interesó en la historia de México, particularmente en las proezas y andanzas de Netzahualcóyotl, por lo que fue pionero en el estudio de la historia prehispánica y colonial, tomando como base la investigación de fuentes pictográficas y escritas, tanto en español como en latín, náhuatl o maya.

Las líneas de investigación que abordó fueron múltiples y variadas. Destacan sus estudios sobre religión, lenguas, calendarios, periodización, así como de los grupos étnicos del norte, centro y sur de México y el rescate documental de los archivos municipales y parroquiales.

Los años en que laboró en antropología e historia, fueron definitivos para la definición de la historiografía moderna de México.

En una primera instancia por la influencia de las corrientes nacionalistas delineadas a partir de la revolución de1910, pero además por el impacto de corrientes universales como el positivismo, el historicismo, el existencialismo y el marxismo.

En sus investigaciones y escritos, manejó códices, fuentes coloniales, estudios modernos y contemporáneos.

Destacan sus investigaciones sobre los olmecas, en los cuales hace la diferencia étnica y cultural entre los olmecas arqueológicos, a quienes denominó tenocelome (gente boca de tigre), con los históricos, de los cuales ya se encuentran referencias en las crónicas coloniales.

En lo que se refiere a los toltecas, mediante un riguroso estudio de las fuentes históricas reconoció a Tula, Hidalgo como su capital, afirmando que los toltecas históricos eran representativos de una antigua cultura nahua.

Entre sus publicaciones destacan:

Materiales para una bibliografía etnográfica de América Latina (1937), Códice de Yanhuitlán (facsimilar, 1940, coautor Salvador Matos Higuera), Notas sobre historia  antigua de México (1956), Estudios de Historia Colonial (1958), Vocabulario en lengua mixteca (1962) y Compendio de historia de México (1966, coautores José Miranda y María Teresa Fernández de Miranda).

Publicó también una gran cantidad de artículos y ensayos sobre las temáticas de su interés.

Fue maestro en numerosas y prestigiadas instituciones nacionales y extranjeras: la Escuela Nacional de Antropología e Historia, la Universidad Nacional Autónoma de México, el México City Collage (hoy Universidad de las Américas), la Universidad Iberoamericana, el Colegio de México y en las universidades de Illinois, Texas, Minnesota, Arizona y Wisconsin.

Fue fundador de El Colegio del Bajío en Guanajuato y fue designado como Profesor Honorario de la cátedra de Historia de México en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

En lo que se refiere a su vida institucional fue director del Boletín Bibliográfico de Antropología con el apoyo de Alfonso Caso; fue fundador de la Sociedad Mexicana de Antropología, así como de la Escuela Nacional de Antropología e Historia; fue jefe del Departamento de Etnología, fundador y director del Museo de Historia, y posteriormente del Departamento de Investigaciones Históricas del INAH, hoy Dirección de Estudios Históricos.

Recibió innumerables premios a su labor científica y docente, le fue conferida la Gran Cruz de Isabel la Católica por la Universidad Meléndez y Pelayo.

En 1978 le fue honrado con el doctorado “honoris causa” en Humanidades por la Universidad de las Américas, lo mismo que la Universidad de Alcalá de Henares en el mismo año; en 1979 su ciudad natal, León, lo honró con la Presea de Leonés Distinguido del Mérito Ciudadano, recibió mención honorifica junto con Salvador Mateos Higuera por la publicación del Códice Yanhuitlán.

En 1980 la Universidad Complutense de Madrid, le otorgó el doctorado “honoris causa” en Geografía e Historia. En 1981 el INAH le concedió la medalla Manuel Ignacio Altamirano por sus 50 años de profesorado, entre otros premios.

Se puede considerar al maestro Jiménez Moreno como precursor y padre de la etnohistoria en México.

Gracias a su propuesta y entusiasmo logró el establecimiento de la licenciatura de Etnohistoria en la EscuelaNacional de Antropología e Historia (ENAH).

En el año de 1976 propuso al entonces director del INAH la creación de un Departamento de Etnohistoria. Poco después, en el año de 1977, se logró la creación de ese Departamento, actual Dirección de Etnohistoria, siendo su primera directora la maestra Bárbara Dahlgren.

Al maestro Jiménez Moreno, se le recuerda como investigador erudito y como excelente maestro que sembró las semillas de conocimiento y el interés por las investigaciones antropológicas e históricas.

 

Entre sus publicaciones destacan:

Materiales para una bibliografía etnográfica de América Latina (1937), Códice de Yanhuitlán (facsimilar, 1940, coautor Salvador Matos Higuera), Notas sobre historia  antigua de México (1956), Estudios de Historia Colonial (1958), Vocabulario en lengua mixteca (1962) y Compendio de historia de México (1966, coautores José Miranda y María Teresa Fernández de Miranda).  

Publicó también una gran cantidad de artículos y ensayos sobre las temáticas de su interés.

Fue maestro en numerosas y prestigiadas instituciones nacionales y extranjeras: la Escuela Nacional de Antropología e Historia, la Universidad Nacional Autónoma de México, el México City Collage (hoy Universidad de las Américas), la Universidad Iberoamericana, el Colegio de México y en las universidades de Illinois, Texas, Minnesota, Arizona y Wisconsin. 

Fue fundador de El Colegio del Bajío en Guanajuato y fue designado como Profesor Honorario de la cátedra de Historia de México en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. 

En lo que se refiere a su vida institucional fue director del Boletín Bibliográfico de Antropología con el apoyo de Alfonso Caso; fue fundador de la Sociedad Mexicana de Antropología, así como de la Escuela Nacional de Antropología e Historia; fue jefe del Departamento de Etnología, fundador y director del Museo de Historia, y posteriormente del Departamento de Investigaciones Históricas del INAH, hoy Dirección de Estudios Históricos.

Recibió innumerables premios a su labor científica y docente, le fue conferida la Gran Cruz de Isabel la Católica por la Universidad Meléndez y Pelayo. 

En 1978 le fue honrado con el doctorado “honoris causa” en Humanidades por la Universidad de las Américas, lo mismo que la Universidad de Alcalá de Henares en el mismo año; en 1979 su ciudad natal, León, lo honró con la Presea de Leonés Distinguido del Mérito Ciudadano, recibió mención honorifica junto con Salvador Mateos Higuera por la publicación del Códice Yanhuitlán. 

En 1980 la Universidad Complutense de Madrid, le otorgó el doctorado “honoris causa” en Geografía e Historia. En 1981 el INAH le concedió la medalla Manuel Ignacio Altamirano por sus 50 años de profesorado, entre otros premios.

Se puede considerar al maestro Jiménez Moreno como precursor y padre de la etnohistoria en México. 

Gracias a su propuesta y entusiasmo logró el establecimiento de la licenciatura de Etnohistoria en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH). 

En el año de 1976 propuso al entonces director del INAH la creación de un Departamento de Etnohistoria. Poco después, en el año de 1977, se logró la creación de ese Departamento, actual Dirección de Etnohistoria, siendo su primera directora la maestra Bárbara Dahlgren.

Al maestro Jiménez Moreno, se le recuerda como investigador erudito y como excelente maestro que sembró las semillas de conocimiento y el interés por las investigaciones antropológicas e históricas.

 

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