Guillermo Bonfil Batalla 

Guillermo Bonfil Batalla 
 
Ciudad de México 1935-19 de julio de 1991
 
Fue un etnólogo, antropólogo y escritor mexicano egresado de la Escuela Nacional de Antropología e Historia. 
 
Fue director del Instituto Nacional de Antropología e Historia- 
 
Director General de Culturas Populares. 
 
Fundó el Museo Nacional de Culturas Populares. 
 
Coordinador nacional del Seminario de Estudios de la Cultura, del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta). 
Fue cofundador del Centro de Investigación y Estudios Superiores en Antropología Social.
 
Para él la investigación etnológica estaba indisolublemente ligada a la transformación de la realidad social.
Bonfil, cuestionó aquella antropología cuyo único campo de estudio es la comunidad indígena o la etnia o en el mejor de los casos una región, dejando de lado el análisis estructural de la sociedad global, pues no se tomaba en cuenta que la explotación directa de los indígenas fue esencial para la economía colonial y las metrópolis y luego pasó a ser ejercida mediante vicarios del sistema capitalista internacional.  Sociedad dominante que acosa a las comunidades indígenas, devora su territorio y lleva a la quiebra y desaparición de más pueblos indígenas.
El reconocimiento de la diversidad, aunque es una lucha viva del siglo XXI.
El control cultural es una forma de control social en que se afecta la capacidad de decisión sobre los elementos culturales.
El control cultural, es histórico. 
El control cultural no sólo implica la capacidad social de usar un determinado elemento cultural, sino –lo que es más importante aún- la capacidad de producirlo y reproducirlo.

Una sociedad puede tener, según el momento histórico de su desarrollo, una cultura de resistencia, una cultura de innovación, o una cultura de apropiación; siendo estos tres momentos dependientes del grado de control de los elementos culturales que tenga una sociedad, ya sean propios o ajenos. 

Las decisiones propias, dan resultado, con elementos propios y culturas autónomas 
Las decisiones propias con elementos ajenos resultan culturas apropiadas 
Las decisiones impuestas resultan las culturas enajenadas 
Desde la autonomía es posible construir, la cultura de la pluralidad, un espacio donde se admitan y se valoren las diferencias. 
Con dominación colonial, o culturas diferentes se da una relación asimétrica, de dominación / subordinación, será posible distinguir
En su obra cumbre El México Profundo, una civilización negada señaló la permanencia de una civilización que el colonialismo quiso dar por erradicada y sostuvo que existen simbólicamente dos Méxicos: Uno Profundo, que hunde sus raíces en una milenaria civilización, que le ha dado un rostro propio y un corazón verdadero al pueblo, de una manera definitiva e imborrable. Y que existe otro México, el Imaginario. 
Lo llama imaginario, no porque no exista, sino porque su proyecto es imaginario, en tanto toma su inspiración en culturas ajenas a la propia. 
La historia reciente de México, la de los últimos 500 años, es la historia del enfrentamiento permanente entre quienes pretenden encauzar el país en el proyecto de la civilización occidental y quienes resisten arraigados en formas de vida de estirpe mesoamericana.

La presencia de las culturas indígenas asume hoy una identidad no india.

En el fondo de su ser los mexicanos son indígenas, la sociedad mestiza tiene que reconocerse a sí misma como indígena, en lo filosófico, en lo ontológico y fundamentalmente en lo espiritual.
Escribió los libros:
 
“Diagnóstico sobre el hambre en Sudzal, Yucatán”, 
México profundo. Una civilización negada, 
Pensar la cultura, 
La cultura nacional, 
Utopía y revolución;
Cholula: La ciudad sagrada en la era industrial; 
México hoy,
El desafío de México y Simbiosis de culturas. 
Es autor de un memorable artículo etnográfico: “Los que trabajan con el tiempo. 
Notas etnográficas sobre los graniceros de la Sierra Nevada de México. “,.
En su obra cumbre El México Profundo, una civilización negada señaló la permanencia de una civilización que el colonialismo quiso dar por erradicada y sostuvo que existen simbólicamente dos Méxicos: Uno Profundo, que hunde sus raíces en una milenaria civilización, que le ha dado un rostro propio y un corazón verdadero al pueblo, de una manera definitiva e imborrable. Y que existe otro México, el Imaginario.
EL México profundo. Una civilización negada, aparecido por vez primera en 1987.
Y es que en ese libro destacan no sólo los conceptos que Bonfil Batalla sustentaba en torno a la condición humana, sino sus cualidades como intelectual comprometido con su realidad circundante; su modestia y su reconocimiento de que su trabajo tenía limitaciones, planteaba muchas interrogantes y no estaba exento de lagunas y esbozos de ideas preliminares que exigían mayores reflexiones y sustentos.
 
Su repentina muerte por un accidente vial, en plena madurez biológica e intelectual, nos impidió tener mayores aportaciones y las precisiones que sin duda habrían dado a su obra mayor valor. Muchos de quienes lo conocieron, de quienes trataron con él, de quienes trabajaron a su lado y que no mencionaré por el limitado espacio de que disponemos relatan que se trataba de un intelectual muy activo y creativo que no rechazaba las conductas y actitudes simples; no era afecto a la solemnidad fingida y tenía gran afición por la vida bohemia. Nuestro autor no ocultaba su propia condición humana y este hecho es muy significativo, pues en el libro de referencia buscó expresar de una manera accesible -pero no por ello menos precisa-, la complejidad de la condición humana que, desde su punto de vista, alcanza en la noción de diversidad una de sus expresiones más relevantes.
 
Por control cultural se entiende la capacidad de decisión sobre los elementos culturales.
 
El control cultural, por eso, no es absoluto ni abstracto, sino histórico.
Aunque existen diversos grados y niveles posibles en la capacidad de decisión, el control cultural no sólo implica la capacidad social de usar un determinado elemento cultural, sino –lo que es más importante aún- la capacidad de producirlo y reproducirlo.
 
Una sociedad puede tener, según el momento histórico de su desarrollo, una cultura de resistencia, una cultura de innovación, o una cultura de apropiación; siendo estos tres momentos dependientes del grado de control de los elementos culturales que tenga una sociedad, ya sean propios o ajenos.
 
Las decisiones propias dan como resultado, con elementos propios, culturas autónomas y con elementos ajenos, culturas apropiadas; las decisiones impuestas resultan en culturas enajenadas con elementos propios, o en culturas impuestas con elementos ajenos.
 
Desde la autonomía es posible construir, la cultura de la pluralidad, un espacio donde se admitan y se valoren las diferencias.
 
En situaciones de dominación colonial, es decir, cuando la relación entre grupos con culturas diferentes es una relación asimétrica, de dominación / subordinación, será posible distinguir, en la cultura del grupo subalterno, la presencia de elementos culturales que corresponden a cada uno de los cuatro ámbitos o categorías de cultura.
 EL MEXICO PROFUNDO, Lo llama así, no porque no exista, sino porque su proyecto es imaginario, en tanto toma sus inspiraciones en lejanas tierras, con disímbolas culturas, todas ajenas a la propia. La historia reciente de México, la de los últimos 500 años, es la historia del enfrentamiento permanente entre quienes pretenden encauzar el país en el proyecto de la civilización occidental y quienes resisten arraigados en formas de vida de estirpe mesoamericana.
La presencia de las culturas indígenas es, en algunos aspectos, tan cotidiana y omnipresente, que rara vez se repara en su significado profundo y en el largo proceso histórico que hizo posible su presencia en sectores sociales que asumen hoy una identidad no india.
En el fondo de su ser los mexicanos (y los latinoamericanos) son indígenas; la sociedad mestiza tiene que reconocerse a sí misma como indígena, en lo filosófico, en lo ontológico y fundamentalmente en lo espiritual.

La actual crisis del sistema es señalada. Según Bonfil, el papel de los pueblos indígenas en el escenario mexicano y latinoamericano es definitivo, y serán parte importante en la conformación de una nueva sociedad.

 
Su repentina muerte por un accidente vial, en plena madurez biológica e intelectual, nos impidió tener mayores aportaciones y las precisiones que sin duda habrían dado a su obra mayor valor. 
 
Muchos de quienes lo conocieron, de quienes trataron con él, de quienes trabajaron a su lado y que no mencionaré por el limitado espacio de que disponemos relatan que se trataba de un intelectual muy activo y creativo que no rechazaba las conductas y actitudes simples; no era afecto a la solemnidad fingida y tenía gran afición por la vida bohemia. 
 
Nuestro autor no ocultaba su propia condición humana y este hecho es muy significativo, pues en el libro de referencia buscó expresar de una manera accesible -pero no por ello menos precisa-, la complejidad de la condición humana que, desde su punto de vista, alcanza en la noción de diversidad una de sus expresiones más relevantes.
 PREFACIO A LA SEGUNDA EDICIÓN de EL MEXICO PROFUNDO
 
Siempre tienta la posibilidad de hacer cambios en el texto cuando se decide publicar una nueva edición. Por esta vez, resistí la tentación. No porque piense que éste es un libro acabado, al que no le sobra ni le falta nada, porque desde que lo planeé tuve plena conciencia de que se trataría de un texto abierto, lleno de interrogantes, lagunas e ideas preliminares, apenas esbozadas muchas veces, que requieren mejor sustentación y un desarrollo más amplio. Al mismo tiempo, sin embargo, creo que para superar esas limitaciones sería necesario escribir una obra diferente. Como está, me parece que este México profundo cumple la intención principal con que fue pensado. Quizá perdería su
posible valor de estímulo intelectual y político si yo pretendiera ahora redondear argumentos y hacer opciones rotundas que cerraran, a partir de mis propios juicios, el abanico de alternativas que he querido contribuir a abrir para repensar nuestra historia, el presente y el
futuro que deberemos construir. Por lo demás —se ha dicho muchas veces— un libro tiene su propia vida, hace su camino y ni el mismo autor, una vez puesto el punto final, tiene derecho a interferir modificándolo. Así pues, decidí que quede tal cual.
Aprovecho la oportunidad de añadir este breve prefacio para abordar algunos hechos recientes y tratar de verlos desde la perspectiva general de este libro. En el año y poco que ha transcurrido desde que circuló la primera edición, el país vivió momentos insólitos, particularmente en torno a las elecciones del 6 de julio de 1988. «El país cambió», «México es otro», son frases que se convirtieron en lugares comunes durante los meses siguientes.
 
Amplios sectores de la sociedad quedaron sorprendidos, casi conmocionados; unos con entusiasmo, otros con temor, pero todos dispuestos a aceptar que era indispensable revisar visiones y convicciones sobre las que se fundaba la imagen misma del país. Lo que ocurrió el 6 de julio, en efecto, mostró un México diferente, al menos para quienes no ven más allá de los límites del México imaginario. Y la pregunta queda flotando: ¿dónde residen, a fin de cuentas, los resortes que fueron capaces de movilizar una y otra vez a centenares de miles de mexicanos, de las condiciones más variadas, para expresar simultáneamente su protesta y su renovada esperanza desde una oposición antes impensable? ¿Hasta dónde, preguntémoslo así, despertó en verdad el México profundo, las aldeas, los pueblos, los barrios que han permanecido al margen de la actividad política imaginaria, impuesta por ese otro México irreal, dominante, pero sin raíces, carne ni sangre? De lo que conozco, poco se ha reparado en un hecho que para mí resulta fundamental: la propuesta cardenista, más allá de su falta de precisión y su perfil desdibujado y en muchos aspectos contradictorio, fue percibida por muchos como una esperanza de dar marcha atrás, sin saber quizás hasta dónde, pero en todo caso atrás, hacia un punto previo; una invitación a comenzar de nuevo después de desandar lo andado. Es una propuesta reaccionaria, dirán algunos. Y no, si las cosas se ven desde el otro lado, con la óptica del agredido, del que nada tiene y aún así se pretende negarlo. Con este giro de visión, dar marcha atrás es necesario, indispensable para avanzar por fin por el camino correcto, el que sí tenga salida y conduzca a otro sitio que no sea el desastre. Yo interpretaría lo ocurrido en las últimas elecciones, siguiendo las ideas básicas que sostengo en este libro, como la expresión política (una de ellas, manifiesta en el ejercicio electoral) de lo que grandes sectores viven y sienten: el fracaso rotundo del modelo de desarrollo que se trató de imponer a partir del México imaginario. La vuelta atrás significaría la recuperación de un nacionalismo verdaderamente arraigado (y no en vano la gente —los jóvenes incluso— cantó el himno nacional con una convicción conmovedora, totalmente ajena al cumplimiento obligado de un ritual hueco).
La otra cara de la medalla: en importantes regiones indias el voto, en cambio, arrojó resultados que confirman la tradición de predominio absoluto del PRI. ¿Son los pilares del sistema, los más conformes con los beneficios recibidos? Me voy con la interpretación propuesta por Arturo Warman: votaron «en corto», esto es, a partir de consideraciones a corto plazo que nada tienen que ver con programas políticos que plantean alternativas en el modelo de sociedad para lo futuro. El voto se ve ahí más como un recurso para aquí y ahora, se ejerce contra la promesa de terminar un camino, construir una escuela, introducir agua potable, empujar las gestiones para la titulación de la tierra y otros pequeños apoyos que ayuden a resolver los problemas cotidianos, ancestrales, los que abruman todos los instantes de la vida. Lo demás sigue siendo asunto de «los otros», el mundo sobrepuesto forjado por el México imaginario. Mucho habrán de cavar los partidos para llegar al fondo y tocar los resortes capaces de movilizar políticamente al México profundo.
 
 Algo se avanzó en el 88, pero sería un error de mirada miope suponer que a partir de entonces este país (en su conjunto, no sólo parte con voz audible y rostro visible) es realmente otro. No pretendo restar trascendencia a los procesos sociales y políticos recientes; intento, sí, relativizar y complementar una visión centralista, urbana y de alguna manera elitista, según la cual lo que ocurre a mi alrededor ocurre igual en todas parles. Como en la revolución mexicana, en las elecciones del 88 concurrieron motivaciones muy diversas y se produjeron convergencias de coyuntura que no necesariamente son compatibles a mediano plazo. Pero, sin duda, los acontecimientos fueron importantes. En amplios sectores se despertó lo que llamaré una conciencia de inconsistencia, esto es, una puesta en duda de convicciones arraigadísimas que parecían inconmovibles. Hay una apertura intelectual que parece dispuesta a revisar las explicaciones del país, completar la imagen amputada de su realidad, replantear el futuro posible. Afortunadamente, los dogmatismos están a la baja.
Hay un espacio intelectual más favorable a la pluralidad. ¿Seremos capaces de aprovechar el momento para dar pasos firmes en la tarea de poner a nuestro país sobre sus pies y no, como lo tenemos hoy, de cabeza? Estas novedades, aunque confinadas en su mayoría dentro de los límites del México imaginario, obligarían a un desarrollo amplio y actualizado de algunas ideas que están solamente apuntadas en la tercera parte de esta obra. Y, seguramente, habría que añadir otras, para cubrir aspectos que ni siquiera aparecen mencionados. Varios lectores y algún reseñador han señalado insuficiencia en los dos capítulos finales. Lo admito plenamente. Y me propongo trabajar más sobre el tema, aunque con la conciencia clara de que la reflexión sobre nuestro futuro es cuestión de todos y las contribuciones individuales, aunque indispensables, son sólo eso. Hay que abrir el debate y darle los espacios y la amplitud que merece. Y no se trata de debatir mis ideas (que por lo demás, lo digo en el texto, son en muchos casos ideas de otros, que he empleado sin remordimientos para construir una argumentación de mayor amplitud); si tales ideas existen es sólo por la preocupación de entender la realidad y es esa realidad, y sus problemas, lo que importa analizar y discutir.
 
Hay un reto a la imaginación, que sólo podemos enfrentar a partir de un auténtico reconocimiento de nuestra realidad. Y encontraremos ahí, al develar prejuicios, al liberar nuestro pensamiento colonizado, al recuperar la decisión de vernos y pensarnos por nosotros mismos, al protagonista central de nuestra historia y al componente indispensable de nuestro futuro: el México profundo.
 
G. B. B.
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