Sartre, Camus y la pandemia.

Sartre, Camus y la pandemia. La alegría está siempre amenazada.

Alejandro García Abreu

La Jornada Semanal

Mucho fue lo que unió y después separó a los narradores, ensayistas y filósofos en lengua francesa Jean-Paul Sartre y Albert Camus, que se cuentan entre las cumbres del pensamiento occidental contemporáneo. Ambos escritores fueron militantes de tendencias de izquierda que colaboraron entre 1943 y 1951, año en que surgieron profundas desavenencias. Fue en ese período que Camus escribió ‘La peste’, publicada en 1947.

La muerte y el absurdo

El académico Roger-Pol Droit (París, 1949) escribió recientemente en el diario Les Echos sobre Albert Camus (Dréan, Argelia, 1913-Villeblevin, 1960): “Lunes 4 de enero de 1960, 1:55 pm. En la Carretera Nacional 5, al sur de Fontainebleau, un automóvil Facel Vega salió del camino. El auto chocó contra un árbol y se destruyó. Albert Camus, de 47 años, murió instantáneamente. Él era un pasajero. Michel Gallimard, su editor, estaba al volante. Murió cinco días después. Entre los restos se encontró un maletín negro. Contenía páginas de El primer hombre, el libro que escribía Camus y que pensaba terminar pronto, en su casa de Luberon.”

“Para todos los que lo amaron hay un absurdo insoportable en esta muerte”, escribió Jean-Paul Sartre (París, 1905-1980) tres días después. Su artículo rendía un homenaje al viejo amigo con quien había peleado.

El inicio

Antes de conocerse se leyeron y apreciaron. Camus, todavía en Argelia, se entusiasmó en 1938 con la primera novela de Sartre, La náusea. Escribió sobre el libro en el periódico progresista en el que colaboraba. Sartre leyó El extranjero en 1942. Habló de su talento y contribuyó a darlo a conocer en círculos influyentes. Sartre, ocho años mayor que Camus, lo convirtió en su protegido en el pequeño mundo literario del París ocupado, recuerda Droit, quien aseveró que múltiples cosas los separaban: Sartre era un hijo de la burguesía parisina, Camus hijo de la gente desprotegida de Argel. El primero vivía en la cultura clásica. El segundo continuó la escuela en contra de los deseos de su madre. Se volvieron inseparables por el sentimiento del absurdo del mundo. Compartieron los valores de la Resistencia.

La disensión

La proximidad y solidaridad no durarían. La brecha se amplió por etapas. Roger-Pol Droit expresó que cuando Camus publicó La peste (traducción de Rosa Chacel, Literatura Random House, Ciudad de México, 2020) en 1947, Sartre no tenía nada que reprochar a la novela. Al contrario, la vio como una brillante ilustración del compromiso, del rechazo al racismo, “de la resistencia a la holgura que hace el lecho de los fascismos.”

La crisis estalló en 1951, cuando Camus publicó El hombre rebelde. En el libro explica cómo “cualquier revuelta encierra un deseo de justicia, encarna una forma de oponerse a la sumisión, la humillación, la dominación. Pero las revoluciones confiscan este deseo. Fortalecen el poder del Estado, que mata la revuelta.” Enfatizó: “Todo revolucionario acaba siendo opresor o hereje.”

Sus declaraciones no fueron perdonadas. Para los comunistas y el mismo Sartre, Camus fue un traidor. Pasaron seis meses antes de que Les Temps Modernes tomara una posición. Y no sería bajo la firma de Sartre. En mayo de 1952, Francis Jeanson escribió sobre El hombre rebelde en la revista de Sartre. Atacó su posición política. Camus envió una carta de respuesta al “señor director” de la revista, Sartre, a quien no nombra, ni a Jeanson. Se publicó la carta, luego una respuesta de Sartre que marcó la ruptura.

Camus recibió el Premio Nobel en 1957 y Sartre lo rechazó en 1964. Roger-Pol Droit coligió: “Sartre, que fue ante todo un filósofo de la contingencia y el absurdo, se unió a la concepción marxista de la historia. De acuerdo con la dialéctica heredada de Hegel, busca, bajo el caos de los acontecimientos, el hilo conductor de la lucha de clases. La deshumanización que sufre el proletariado lo convierte en el salvador de la humanidad futura.”

Significación e Historia

Camus rechaza de manera sistemática el sueño mesiánico. Porque siguió, dijo Droit, el camino contrario: “procedente del Partido Comunista, donde militó en Argelia a mediados de los años treinta, caminó hacia el enfrentamiento con el absurdo, el silencio del mundo, la ausencia de significación de la Historia. Sartre quiere apoyar, con todas sus fuerzas, los movimientos que trabajan por la revolución. Camus discierne en ellos una fe engañosa y peligrosa, ‘una cruzada desordenada’, una servidumbre garantizada.”

La política no fue la única razón del distanciamiento. El enigma de la ruptura sigue sin resolverse para los especialistas que siempre buscan pistas. “Ninguna respuesta, ningún testimonio fidedigno ha arrojado luz sobre el misterio, toda la correspondencia entre los dos hombres fue destruida”, lamenta la experta en ambos Eva Valentin, según los periodistas Françoise Dargent y Thierry Clermont en Le Figaro.

Una sensación ignota

En La náusea, Antoine Roquentin, hombre de treinta años que goza de una renta, se instala en la ciudad portuaria de Bouville dedicado a escribir un libro sobre un turbio aristócrata del siglo xviii. Un día se ve acometido por una sensación ignota, la Náusea, “cuya revelación como el sentimiento radical de la contingencia y la soledad del ser humano cambiará por completo su vida de sentido”, según José Ortega Spottorno, uno de los fundadores de Alianza.

Fiebre extraña e inquietante

En el ensayo “Un genio moral”, Hugo Hiriart afirma que, en el otoño de 1943, Camus se unió a la Resistencia contra la ocupación y empezó a escribir artículos para el periódico clandestino de la Resistencia, Combat. Eran estos los días de la ocupación alemana cuando Camus escaló a director del mencionado Combat. Fue en esta delicada situación cuando escribió la novela La peste. Las ratas muertas que propagan la epidemia son los fascistas que ocupaban el país. Los fascistas son ejército de ocupación, sin dejar de ser epidemia. La peste de La peste de Camus es breve, limitada, si se compara con la pandemia del Covid-19.

Hiriart se refiere a un pasaje La peste. Forma parte del diario de Tarrou y recoge una breve conversación al inicio del libro con el director del hotel, quien está agraviado porque se encontraron ratas muertas en el elevador: “Él ha sido quien me ha hablado de los primeros casos de esta fiebre extraña que empieza a inquietar a la gente.”

“Si La náusea de Sartre es la síntesis del perÍodo de entreguerras, La peste de Camus lo es de todo el perÍodo que inmediatamente le siguió. Ese perÍodo durante el cual todos nos hemos sentido encerrados en una gran ciudad”, se lee en un número de Estudios. Revista mensual, de 1960.

El argumento esgrimido en la revista Estudios sigue vigente en la época del sars-Cov-2, que implica el encierro en una gran ciudad. La elocuencia del final resulta infausta:

 

–Dígame, doctor, ¿es cierto que van a levantar un monumento a los muertos de la peste?

–Así dice el periódico. Una estela o una placa.

–Estaba seguro. Habrá discursos. El viejo reía con una risa ahogada.

–Me parece estar oyéndolos: “Nuestros muertos…”, y después atracarse.

[…]

Pero sabía que, sin embargo, esta crónica no puede ser el relato de la victoria definitiva. No puede ser más que el testimonio de lo que fue necesario hacer y que sin duda deberían seguir haciendo contra el terror y su arma infatigable, a pesar de sus desgarramientos personales, todos los hombres que, no pudiendo ser santos, se niegan a admitir las plagas y se esfuerzan, no obstante, en ser médicos./ Oyendo los gritos de alegría que subían de la ciudad, Rieux tenía presente que esta alegría está siempre amenazada. Pues él sabía que esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa, que espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las valijas, los pañuelos y los papeles, y que puede llegar un día en que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir en una ciudad feliz.

 

Desgracia de la humanidad. Camus fue el hombre que luchó contra la peste que no muere ni desaparece jamás l

 

 

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