Cuando entré a la tv no sabía cocinar, confiesa Chepina Peralta

Cuando entré a la tv no sabía cocinar, confiesa Chepina Peralta

Jorge Caballero

Ciudad de México.

Chepina Peralta lleva 35 años de estar dando sus recetas de cocina en los medios de comunicación: televisión, radio y revistas; para ser exactos, ha hecho siete mil 200 programas televisivos, nueve mil radiales y editado su revista durante 8 años; amén de su participación en coloquios, charlas y conferencias gastronómicas. Recientemente, bajo el cobijo de Sigma Alimentos, Chepina lanzó en México cuatro de sus recetas refrigeradas y a partir de este mes entrará a Estados Unidos con 12 platillos.

Como aperitivo, Peralta reveló: «Debo confesar que era una ama de casa a la que no le gustaba cocinar; pensaba que la cocina era un trabajo de segunda y, como tenía cinco hijos, tenía que hacerlo para llenar pancitas, no porque me gustara. Resulta que soy maestra de oratoria, y un día me llamaron de la televisión porque querían hacer un programa de cocina con una verdadera ama de casa que se identificara con ellas, que fuera simpática, buena comunicadora y con facilidad de palabra, y lo que menos les importaba era si sabía cocinar o no. Fue un contrato de tres meses. Llegué a La cocina de Chepina mordiéndome el rebozo, pero como soy medio comediante le di rienda suelta a esta faceta. Al principio me pasaron muchos accidentes, como una vez, al hacer una ensalada, las lechugas se me salieron del recipiente, y dije: ‘qué raro, en mi casa no brincan las lechugas’; en otra ocasión, puse galletas en la licuadora y no la tapé, entonces me llené la cabeza de galleta, miré a la cámara y dije: ‘ven, amigas, lo que pasa si no tapan su licuadora’. Las mujeres se identificaron con esa señora a la que le ocurrían las mismas cosas que a ellas. Por eso entiendo a las amas de casa que no les gusta cocinar».

De entrada, Peralta agregó: «Me di cuenta que la gente creía todo lo que le decía. Reflexioné y pensé que por ética tenía que saber de cocina y comencé a estudiar, pero como no había escuelas, les pagaba a los chefs para que me enseñaran. Con los viajes que realicé descubrí los sabores, la alquimia de la cocina, las combinaciones, colores, texturas… Después me di cuenta que no se podía hablar de cocina sin saber de nutrición y también me puse a aprenderla en el Hospital de La Raza, con los médicos residentes. Ahí descubrí la diabetes y me di cuenta de las enfermedades que hay por la mala alimentación. Eso fue en 1972. Con la cocina se me abrió el mundo de la cultura y la ciencia; se me presentó una enorme oportunidad de servir a mi país».

La cocina es cultura
Como plato fuerte, Chepina dio su opinión sobre la cocina mexicana: «Históricamente, los mexicanos somos un pueblo que nos gusta comer bien; sólo hay que leer el libro de Bernal Díaz del Castillo (La verdadera historia de la conquista de la Nueva España) para darnos cuenta de ello; a lo largo de la historia, todos los cronistas extranjeros se han maravillado con la cocina mexicana. Tan es una cultura que en un par de meses la Unesco la va a declarar patrimonio de la humanidad. La cocina es cultura porque desde que uno nace y es amamantado se determina la forma en que va a comer, vivir y el desarrollo de su personalidad y la percepción que tenga del mundo

«En los pueblos indígenas mexicanos, la cocina está relacionada con lo místico, la tierra, la religión, lo sagrado. La gente del pueblo integra los sabores de los alimentos que tiene a su alcance. Con el paso del tiempo, hemos adaptado las costumbres de nuestros vecinos del norte y cada vez comemos más comida chatarra, en todos lados la encontramos, lo que ha provocado que tengamos el problema de la obesidad, que desencadena a su vez otro problema de salud nacional: la diabetes. Cada vez tenemos menos gente que nos ayude en casa, las mujeres trabajamos fuera del hogar, nos hemos dejado llevar por lo que dice la televisión y comemos cualquier cosa. Esta situación me hizo buscar alternativas para solucionar el problema de la alimentación en México y salvar nuestras costumbres aprovechando las tecnologías actuales; hice un par de viajes a Francia y encontré que se pueden conservar los alimentos ya guisados empacándolos al alto vacío sin utilizar conservadores. La empresa mexicana Sigma Alimentos, con 50 años en el mercado, andaba con esa preocupación de qué hacer para facilitar la comida nutritiva. Una vez vi en un supermercado de Neza a una señora que llevaba en su carrito pura comida chatarra, hice el cálculo de lo que se gastaba y en ese tiempo eran como 23 pesos, entonces diseñé unos menús de 6 pesos para seis personas».

Añoranza por el sabor mexicano
Como postre, Chepina explica cómo se dio su proyecto de hacer alimentos refrigerados: «De mi unión con Sigma Alimentos surgen los Productos Chepina Peralta, para que la gente pueda comer sabroso, higiénico y barato; están teniendo mucho éxito en las tiendas de conveniencia, la gente los compra, los calienta en el microondas y se los come. Actualmente, tenemos en el mercado dos pollos, uno en salsa de pasilla y otro en salsa de nuez, un alambre a la parrilla y un espagueti a la boloñesa, y dentro de poco sacaremos también picadillo, albóndigas, pollo poblano, pasta primavera, nopales en salsa verde con papas, con los que iremos a Estados Unidos. Los platillos tienen un costo de 30 pesos».

Finalmente, como digestivo, Chepina Peralta informó cómo se le ocurrió introducir sus platillos en esa nación: «Estuve en la reciente Expo Mujer Latina en Dallas, Texas, fue tan emocionante ver a todas las mujeres mexicanas que asistieron probando los productos y cuando supieron que próximamente entraríamos a ese mercado se pusieron todavía más contentas; porque tienen la añoranza del sabor de la comida mexicana.

»Los platillos están empacados al alto vacío en la planta de Xalostoc, Estado de México. Su sabor no se altera en nada, trabajamos con los chef desde el diseño de la receta y la probamos las veces que sean necesarias hasta darle el punto exacto, después pasan a la planta para ver si resisten el proceso industrial. Nos pasó con un platillo de carne de res con cebolla y vino blanco, cuando salió la charolita sabía bien pero lucía espantosa, por lo que esa no la sacamos. En la planta hay una doctora en nutrición, los ingenieros en alimentos y en las cajitas tienen la tabla nutrimental y los Chepitips para que sepan cómo combinar los platillos».

 

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