AL, la zona más desigual del mundo

AL, la zona más desigual del mundo: Arturo Herrera

Elena Poniatowska

Hace más de 20 años conocí a los padres de Arturo Herrera, secretario de Hacienda, Arturo Herrera e Irma Gutiérrez, en su casa de Pachuca. La inteligencia de los hijos de la familia Herrera me impactó. La impresión fue tan duradera que ahora que entrevisto a Arturo Herrera, me emociono porque recuerdo su curiosidad, cómo leían, las preguntas que hacían bajo la guía de padres excepcionales.

–¿Cómo estás, Arturo?

–Muy bien, en medio de esta pandemia que es muy retadora y muy dolorosa, muy difícil, pero creo que ya vamos de salida. ¿Cuándo te toca vacunarte o ya lo hiciste?

Le cuento que lo hice en el Estadio Olímpico. Los jóvenes sonreían alentadores tras de sus cubrebocas; la atmósfera era de mucho cariño y hasta una orquesta amenizaba los piquetes. Todos ofrecíamos nuestro brazo como si nos fueran a sacar a bailar. La vacuna no duele nada, me regalaron una bolsa con una botella de agua, una naranja y una barrita de amaranto.

–Mi mamá se vacunó en Pachuca, no tuvo ningún efecto secundario; ahora, en estos días, le toca la segunda dosis y eso nos tiene muy tranquilos.

–Arturo, ¿cómo vamos a salir de la pandemia? ¿Qué tanto hemos perdido? ¿Cómo vas a fortalecer nuestra Secretaría de Hacienda?

–La salida para la pandemia es la vacunación. Ahora parece obvio, pero hace un año hubo quienes escribían que había otra salida: en lugar de una vacuna, una cura o tratamiento, y la mayor parte de los esfuerzos médicos se enfocó en la creación de la vacuna. Hubo quienes pensaban que se podía encontrar una salida mediante la inmunidad de rebaño: que un porcentaje muy grande de la población se contagiara, pero a un costo humano muy alto. Esta semana del 29 de marzo es un parteaguas, porque llegaron 3 millones de vacunas, y tenemos que administrarlas con mucho cuidado: primero a los médicos, enfermeras, técnicos radiólogos, afanadores, personal que prepara las comidas en los hospitales Covid; después, los adultos mayores. Creo que en un par de semanas habremos vacunado a casi la totalidad de los abuelitos como tú. Esperamos pasar de un escenario donde tenemos pocas vacunas a uno en el que vamos a tener que ser muy rápidos vacunando.

–Arturo, siempre se dice que el ranking económico de México es bueno, pero, si México es la economía más grande de Hispanoamérica, la segunda más grande latinoamericana y la tercera del continente, tú me corriges, ¿por qué hay brechas tan abismales entre nuestras clases sociales?

–La polarización es lo que caracteriza a las economías latinoamericanas. América Latina es la región más desigual del mundo. Hay países y regiones más pobres que América Latina, como el África subsahariana, pero a pesar de su pobreza son sociedades más parejas entre ellas.

“En México, tenemos tres tipos de desigualdades: la que hay entre clases sociales, que es a la que tú te refieres, una desigualdad acendrada, muy profunda; igualmente preocupante es la que existe entre el sur de México, Chiapas, Guerrero y Oaxaca, muchísimo más pobres que el resto del país, diferencias regionales que se están ampliando.

Finalmente, hay una desigualdad que tal vez había estado oculta porque las dos anteriores son tan visibles y no tuvimos la sensibilidad de verla, pero en años recientes, sobre todo en el pasado, ha salido con mucha fuerza a la calle la desigualdad entre géneros. En México es muy notoria. Menos de una de cada dos mujeres participa en el mercado laboral.

–¿Crees que la pobreza es femenina?

–No, primero hay un problema de pobreza profunda en el país. Medida por ingreso, 48 por ciento de los mexicanos vivía debajo de la línea de pobreza antes de la pandemia. La contingencia acrecentó las desigualdades y no es difícil pensar hoy que un poquito más de la mitad de los mexicanos vive en situación de pobreza.

–Las mujeres…

–No es un tema sólo de género, es un problema real, profundo, de México. Se acrecienta a través de distintos grupos; las mujeres tienen mayores posibilidades de permanecer en trabajos informales, pero también hay temas étnicos. La pobreza está muchísimo más concentrada en el campo, en la población indígena y en el sur del país.

La pobreza y la desigualdad son cosas distintas. Puede haber naciones donde no hay pobres, pero los ricos son muy ricos, y tienen un problema de desigualdad. Nuestro país tiene los dos problemas: muchas personas en situación de pobreza y una diferencia enorme. Esos son los problemas centrales en nuestra nación.

–¿Qué hay que hacer?

–No hay una receta. En el caso de las desigualdades regionales, tenemos que invertir en el sur, reconocer que el mercado no va a resolverlas, que se tienen que hacer obras de infraestructura, de educación, de salud, y eso le permitirá al sur crecer más. En el caso de las desigualdades entre grupos sociales, que además tienen una superdolorosa falta de movilidad social; es decir, una familia de pocos recursos tiene todo en contra, y la probabilidad de quedarse así es muy alta. Esa dinámica la tenemos que romper, y está asociada con obtener mejor salud y mejor educación para todos.

No basta con que la educación sea pública y gratuita, porque nos encontramos con que los jóvenes que llegaban a la preparatoria y a la universidad abandonaban sus estudios no porque les fuera mal, sino porque tenían que contribuir a la economía familiar. Por eso, una de las políticas más nuevas y más prometedoras de este gobierno son las becas para estos estudiantes.

–¿Si trabajan, pierden la beca?

–Eso los va a mantener en la escuela. Siempre he creído que la educación, la cultura, la lectura permiten a las sociedades ser más sensibles y tener una movilidad social más libre.

–¿Cómo ves el enojo de las mujeres que se manifestó en marcha y que ha ido creciendo?

–Es un problema de muchas aristas. Hay violencia hacia las mujeres y muy pocas posibilidades de que se incorporen al mercado laboral. Me sorprendí un poco cuando vimos las causas por las que no entran al mercado laboral. Encontramos una de todos conocida: el cuidado de niños pequeños en casa. La mujer los cuida, pero en la medida en la que el país se ha desarrollado, la esperanza de vida también ha aumentado, y resulta que ahora la mujer no sólo cuida a pequeños, sino a los adultos mayores. Vive bajo una doble carga. Eso más o menos lo conocíamos, pero hay que pensar cómo resolverlo.

“Algunos estudios dicen que en las grandes zonas metropolitanas las mujeres abandonan el mercado laboral porque se sienten inseguras durante los traslados a su trabajo. Si uno pensara que una trabajadora viene de Ecatepec o de Chalco al centro de la ciudad de México, y le toma dos horas en el transporte público y luego otras dos de regreso, se siente insegura durante cuatro horas. Tenemos que atacar ese problema específico: el del transporte de la mujer trabajadora.

“Se piensa que la discriminación de género es un tema de clase social y se cree que en la base de la pirámide está el machismo, pero si nos vamos a la punta de la pirámide, encontramos que hay 49 bancos en el país y solamente en dos las directoras son mujeres. De esos 49 bancos sólo en uno preside el consejo de administración una mujer.

No es un tema de un solo grupo o de una sola clase social, sino de todos los sectores. Es parte de la indignación de las mujeres, y no necesariamente por las agresiones de los últimos meses, sino por agresiones de décadas. Es la voz de las mujeres que reclaman un cambio.

–¿Vas a lograrlo como secretario de Hacienda?

–En mi parcela específica me corresponden diversas cosas: presupuestar y costear lo que sería un sistema nacional de cuidados; es decir, de guarderías, programas de apoyo a adultos mayores, de modo que la mujer no tenga que encargarse de todo dentro de la familia.

Cambiar esta situación va a requerir de una discusión muy fuerte y muy abierta que incluye a los legisladores, porque requiere una inversión grande. El impacto a la larga puede ser muy bueno en términos económicos. Si aumentara un poquito el porcentaje de mujeres en el mercado laboral, como en algunos países de América Latina, Colombia, Argentina y Perú, estaríamos hablando de 3 o 4 millones de mujeres en el trabajo formal. No vamos a llegar de un día para otro a la participación que tienen las mujeres en Inglaterra, en Francia, Dinamarca o Finlandia, pero si tuviéramos la que se tiene en Argentina, Colombia y Perú, estaríamos hablando de 3 a 5 millones adicionales de mujeres en el mercado de trabajo, la capacidad productiva del país aumentaría de manera exponencial.

Platicar con el secretario de Hacienda Arturo Herrera es sentir la apertura y la comprensión de un funcionario a una de las preocupaciones actuales que urge resolver: el del bienestar, el reconocimiento y el respeto a las mujeres.

 

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