Glenn Gould es el epítome del genio excéntrico, dedicado a la perfección de su arte.

Historia de un piano

Alejandro Badillo

‘Romance en tres patas’, Katie Hafner, Elefanta Editorial/Universidad Veracruzana, México, 2020.

La Jornada Semanal

Glenn Gould es el epítome del genio excéntrico, dedicado a la perfección de su arte.

El pianista nacido en 1932 en Toronto, Canadá, llamó la atención desde muy joven gracias a sus interpretaciones de autores como Beethoven, Mozart, Brahms y, sobre todo, Johann Sebastian Bach, compositor prolífico cuyo legado incluye, entre otras obras, las famosas Variaciones Goldberg publicadas en 1741. Para muchos expertos, Gould redefinió la música de Bach, a quien dedicó gran parte de su carrera. Además, las composiciones le sirvieron como un vehículo para encontrar el sonido perfecto. La primera imagen que viene a la mente cuando se habla de Gould es la de un pianista encorvado, con los dedos volando sobre su instrumento, sentado en una silla muy pequeña y destartalada que, por cierto, ahora se puede ver protegida tras un cristal en la Biblioteca Nacional de Canadá.

Se ha escrito mucho sobre Gould quien, con el tiempo, se convirtió en un personaje mítico que aún atrae a melómanos de todo el mundo. Incluso es conocido por personas que no son aficionadas a la música clásica. Romance en tres patas, libro de la periodista Katie Hafner (Nueva York, 1957), es una nueva aproximación a este intérprete y, al mismo tiempo, una exploración de las historias que hay atrás del genio. A través de una extensa investigación, la escritora nos cuenta la infancia del pianista y su vertiginoso ascenso a la fama. Sin embargo, acompañando a Gould hay otras dos biografías que se entretejen: la del piano CD 318 fabricado por la empresa Steinway y la del afinador casi ciego Vern Edquist, que colaboró con el intérprete en los momentos más brillantes de su carrera.

La humanidad siempre ha sido seducida por la omnipotencia de los genios, sobre todo cuando pertenecen al ámbito artístico. Hay un aura casi mística que los rodea y los vuelve seres poco menos que sobrenaturales. Sin embargo, en muchos casos hay un trabajo colectivo que sostiene y potencia la labor creativa. Katie Hafner tiene el tino de abordar las historias que suceden tras los aplausos que recibe un pianista como Gould. Gravitando alrededor de él, en un espacio y lugar diferente, sucede la biografía del CD 318. ¿Qué cosas nos puede contar un objeto tan complejo y especializado como el piano? En primer lugar, tenemos la narrativa de Estados Unidos en buena parte del siglo XX. Los creadores de los pianos Steinway –migrantes alemanes que buscaron innovar en sus productos– son el ejemplo ideal del famoso sueño americano y, también, de un tipo de fábrica que valoraba el trabajo artesanal de sus obreros, antes de que la producción de pianos se transformara por la tecnología y la automatización. A través de la minuciosa crónica de Hafner conocemos las manos que trabajaron la madera del instrumento, colocaron las cuerdas y el sistema de percusión. El “alma” del Steinway, esa cualidad casi mágica que reverenciaba Gould, nació gracias al talento de los obreros que tenían distintos tipos de formación y cuya labor era significativa para sus vidas, más allá del salario que recibían.

La otra historia fundamental que cuenta Hafner, la del afinador Vern Edquist, es igualmente importante para abordar el genio de Gould. Para los legos en el tema, un técnico que trabaja en un piano no tiene el aura de grandeza de un intérprete. El mundo actual ha mecanizado muchas de las actividades que, antaño, eran realizadas con lentitud y a mano. Edquist, sin exagerar, contribuyó a moldear el sonido de Gould. Ambos personajes fueron un par de alquimistas en búsqueda del sonido fundamental, aquel que había generado Bach en el siglo XVIII y del cual se sentían herederos. La conjunción del piano CD 318, el afinador y el intérprete es una de las cumbres artísticas del siglo XX. Este entramado colectivo lo podemos apreciar no sólo en cada pasaje de las Variaciones Goldberg, sino a través del brillante libro de Katie Hafner.

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