Las chavas banda de los 80 en «La diosa del asfalto»

Las chavas banda de los 80 en «La diosa del asfalto»

El director Julián Hernández sucumbió al impacto del argumento de Inés Morales y Susana Quiroz, y lo peleó para filmarlo con la misma furia con la cual ellas lo habían traducido de sus propias vidas. La historia, estrujante, la de la banda de chavas Las Castradoras de Santa Fe…

Por Columba Vértiz De La Fuente

El director Julián Hernández sucumbió al impacto del argumento de Inés Morales y Susana Quiroz, y lo peleó para filmarlo con la misma furia con la cual ellas lo habían traducido de sus propias vidas. La historia, estrujante, la de la banda de chavas Las Castradoras de Santa Fe, coetáneas de Los Panchitos en los años noventa, está lejos de haberse superado. Pues, a decir del cineasta, todo permanece desatendido para los jóvenes en los barrios bravos del país. La película, en cartelera.

proceso

En un barrio bravo de la periferia de la Ciudad de México de los años ochenta, cinco chicas enfrentan la pobreza extrema, la violencia intrafamiliar y de la calle, el machismo, la marginación, las adicciones y el abuso sexual, y por todo eso su fraternidad se rompe.

Ese panorama ofrece La diosa del asfalto (2020), el sexto largometraje de Julián Hernández –basado en hechos reales y en la banda femenil Las Castradoras de Santa Fe, contemporánea del grupo varonil Los Panchitos–, que se puede ver ya en cines.

Hernández (Ciudad de México, 1972) dice en entrevista telefónica que no ha cambiado la situación de los barrios bravos del país:

“Todo está igual. Nada mejora. Durante la historia moderna de esta nación se ha dicho muchas veces que se va a atender a estos grupos sociales, pero en realidad eso nunca llega a ser verdadero.”

La película de ficción, de 120 minutos, nos presenta a la joven Max, quien regresa a su barrio convertida en vocalista de un grupo de rock. Ahí la esperan recuerdos nada gratos y por los cuales huyó. Sus amigas, Sonia, Ramira, La Carcacha y La Guama, la consideraban su líder.

El cineasta, quien se especializó en guion y dirección en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos, ahora Escuela Nacional de Artes Cinematográficas, reúne aquí a Ximena Romo, Mebel Cadena, Alejandra Herrera, Nelly González, Samantha Orozo, Axel Arenas, Giovanna Zacarías, Pascacio López, Paulina Goto, Jimena Mancilla, Claudia Lobo, Esteban Caicedo, Raquel Robles, Juan Carlos Torres y Javier Oliván.

Los productores son Roberto Fiesco e Iliana Reyes Chávez, con la distribución de Corazón Films. Además de La diosa del asfalto, Hernández es el realizador de Mil nubes de paz cercan el cielo, amor, jamás acabarás de ser amor (2003), El cielo dividido (2006), Rabioso sol, rabioso cielo (2009), Yo soy la felicidad de este mundo (2014) y Rencor tatuado (2018).

Un largo camino
De esos seis filmes, los guiones Rencor tatuado y La diosa del asfalto no son de su autoría; el primero es de Malú Huacuja y el segundo de las poetas y cineastas Inés Morales y Susana Quiroz, a quienes conoció en las primeras ediciones del Festival Mix de Diversidad Sexual en Cine y Video, en los noventa:

“Ellas tenían un grupo de videoastas. Con poco presupuesto realizaban cortos documentales, muy interesantes, sobre temas femeninos, y me sentí muy identificado con ellas. Sus tópicos de alguna manera se conectaban mucho con lo que realizábamos, que eran temas de diversidad sexual.”

En 2010, rememora, se reencontraron. Ya había creado Rabioso sol, rabioso cielo y fue invitado por el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine) como asesor en la Convocatoria de Apoyo a la Escritura de Guion, y descubrió el argumento de La diosa del asfalto:

“Ellas lo habían presentado y desde que lo conocí me gustó mucho. Empezamos a trabajar. Me esforcé para que ese proyecto fuera apoyado. Y así fue como ellas escribieron este guion que hablaba de las experiencias vividas, en particular de Quiroz, quien fue parte de una banda. Intentaron durante algunos años hacer la película. Obtuvieron algunos apoyos para preparar las carpetas y los desarrollos para presentar el proyecto, pero nunca consiguieron el apoyo para filmar la película, por diversas razones. Intentaron con varios realizadores, pero no les interesó”.

Hasta que en algún momento Inés Morales le expresó que iban a abandonar el proyecto:

“Estábamos más en contacto porque les ayudamos con un documental aquí en la productora Mil Nubes. Me comentó que ya se encontraban hartas. Que no deseaban pasarse la vida intentando levantarlo. Lo iban a echar al cajón y adiós. Entonces yo les dije: ‘¡No!, quiero rodarlo desde siempre, desde que lo conocí’, y empecé a trabajarlo. Tuvo un largo camino. Tardaron como siete años en filmarlo. Lo rodamos en 2018”.

Morales y Quiroz estuvieron siempre cerca de la filmación, manifiesta Hernández:

“Susana me contó todo lo que vivió en esos años, como los enfrentamientos de las bandas de chicas con los hombres. Incluso eran ignoradas no sólo por el entorno social, sino por las mismas bandas varoniles, que eran sus novios y sus hermanos. Por ejemplo, todo lo que le ocurre al personaje Ramira, quien no es aceptada por su familia, parece que es demasiado, como un melodrama americano exacerbado, pero Susana me señaló que incluso en la realidad era peor. Todo es verdaderamente muy desgarrador. Lo terrible de esta historia es que sigue ocurriendo.”

Anexa:

“Para mí, Inés y Susana son el vivo ejemplo de lo que intentaban sus personajes. Por ejemplo, deseaban salir del lugar donde se encontraban, y cómo de alguna manera intentaban un tipo de solidaridad, de hermandad entre las mujeres para poderse apoyar y salir adelante, que sin duda es de lo que habla la película.”

Morales expone:

“Hablar de La diosa del asfalto es hablar de mis propios temores, es haber escrito en la oscuridad y en el silencio de la noche dejando que los fantasmas del pasado me murmuraran al oído sus anécdotas. Escuchar atenta durante horas y días a Susana Quiroz hablando de sus experiencias en las bandas, mirar a través de sus ojos el rostro de las amigas que añora, y recorrer juntas el barrio donde cada una dejó huella, fueron los detonantes para que surgieran los personajes de esta historia, con la que aprendí que la lealtad se tiene que sentir en las entrañas y la amistad tiene que latir cada segundo, como el corazón, para seguir viviendo.”

A su vez, Quiroz externa:

“El compartir mi experiencia con Inés Morales me ayudó a cicatrizar las heridas del pasado y a recordar a mis valedoras de coraza, morrillas de 14 y 16 años que luchamos por ser visibles y ganamos un respeto dentro del barrio; así fue como formamos nuestras propias bandas de chavas. Yo pertenecí a Las Lágrimas Rockers. Aunque caro nos costó nuestra rebeldía, ya que tuvimos que sobrevivir en un mundo de violencia, burlas y humillaciones defendiendo un lugar frente a los chavos para dejar de ser las batas del rol. Pero tenía que ser así para levantar ámpula y aguantar canela achicalando los peligros y discutiéndonos en los chances, aferrándonos a nuestra rebeldía para seguir sobreviviendo en el rol de la vida.”

Según varios diarios, Las Castradoras de Santa Fe surgieron a mediados de los años ochenta. Se aliaron con otras, como Las Desgarradoras, Las Viudas Negras o Las Nenas Mierdas. En esos años se denunciaron agresiones sexuales a pasajeras en los autobuses urbanos que circulaban por sus barrios. El violador fue descubierto y detenido, aunque se mencionaba que su destino había sido trágico: lo lincharon. Posteriormente Las Castradoras lo castraron.

Pasiones desbordadas
Por su parte, Hernández evoca el estreno de La diosa del asfalto en la última edición del Festival Internacional de Cine de Morelia, del 28 de octubre al 1 de noviembre de 2020. Ahí le cuestionaban por qué un hombre dirige un filme sobre mujeres:

“Yo intentaba explicar en la medida de lo posible, sin meterme en demasiados problemas, y me decían: ‘¿Por qué pusiste a unas mujeres a enfrentarse entre ellas?’. Y les explicaba que así estaba en el guion de Inés y Susana. Además, en la realidad, como seres humanos, a veces hay enfrentamientos entre nosotros, y pasiones desbordadas, como en el caso de Max y Ramira. Ahí hay una profunda relación de amor que no llegó a buen fin y que genera, quizá, todo el conflicto de la película. Finalmente, como en mis cintas anteriores, es una historia de amor y de diversidad. Lo que me interesaba en este guion es que las pasiones están muy a flor de piel. En ese sentido es muy Ismael Rodríguez y Emilio Fernández, y eso me resultaba muy interesante también.”

Jessy Bulbo (Ciudad de México, 1974), bajista y vocalista del grupo de rock y punk Las Ultrasónicas, compuso letras para la película. Hernández cuenta:

“Hay tres canciones que canta el personaje Max, escritas por Jessy Bulbo, y de las cuales una sola grabó para después de la trama, ‘Dos espinas’. Es curioso porque cuando Inés y Susana intentaron rodar el largometraje en 2011, efectuaron un primer avance con Jessy Bulbo, quien interpretaba a una de las cinco protagonistas. Y cuando hicimos la cinta la invitamos a hacer las canciones, y se sintió muy atraída por la idea. Ya no podía realizar a alguno de los personajes, por la edad.”

El director se siente afortunado de que la película se encuentre en la cartelera cinematográfica:

“Dada la situación por la pandemia, he de confesar que pensé que se iba directo a plataforma. Los filmes envejecen muy pronto en términos de la fecha con que uno los registra. Afortunadamente se fue a las salas y ya se extendieron los horarios de las funciones, lo cual es mejor todavía.”

Las protagonistas
Ximena Romo (Ciudad de México, 1990) es Max en La diosa del asfalto. Y por teléfono charla:

“Estoy muy orgullosa de haber participado en esta historia porque sus creadoras llevaban mucho tiempo buscando que fuera contada en la pantalla grande, y aunque se ubica en los años ochenta, sigue pasando día a día. Además debemos empezar a tomar cartas en el asunto para que la situación de los barrios cambie, mejore. La película no quiere ser complaciente, al contrario, quiere decir fuertemente cuál es la situación que viven las mujeres.”

Egresada de la CasAzul Artes Escénicas Argos, refiere sobre su papel:

“Era bastante singular que me hubieran llamado a mí para ese personaje. Entonces sabía que debía realizar un trabajo fuerte de caracterización, físico y mental. Primero Mabel Cadena, quien hace a Ramira, y yo, empezamos a caminar por las calles del centro de la Ciudad de México. Se trataba de ver dónde podríamos ver a estas mujeres, quiénes podrían ser, y a partir de eso pensar cómo se mueven en ese mundo, pensar en qué tanto comen, qué tanto no comen, qué tanto pueden dormir. También vimos películas, como Sábado de mierda (1988), de Gregorio Rocha, para observar los gestos de las chicas y cómo se movían. Son personas que no poseen un futuro comprado y eso cambia por completo la perspectiva de la vida: Saber que mañana puedes o no estar vivo”.

Define a Max:

“Es una mujer que se resiste a ser la víctima de su entorno violento y machista, convirtiéndose en una líder que defiende a cada una de sus amigas. Meterme en el tema de la violencia intrafamiliar que ella padece fue entender qué significan esas condiciones de vida. Qué significa justamente tener una familia de la cual debes escapar, qué es tener lazos familiares conflictivos. ¿Cómo te afecta eso? Como actriz me dio una sensación de responsabilidad de darle voz a esas personas, darle voz a esos conflictos”.

Para ella, Max le dio un giro a su vida:

“Me sacudió el personaje e igual la filmación. Fue bastante ardua y al mismo tiempo una experiencia mágica porque me conectó con un grupo de actrices sensacionales. Se creó un vínculo muy especial y a la fecha les agradezco mucho su generosidad. La magia que se creó fue importante.”

Ximena Romo ha trabajado en los largometrajes Esto no es Berlín, de Hari Sama, y Como si fuera la primera vez, de Mauricio T. Valle, y también en televisión.

Igualmente graduada de la CasAzul Artes Escénicas Argos, Mabel Cadena (Ciudad de México, 1994) plática por teléfono:

“Me encantó que existieran tantos personajes femeninos en una película mexicana y que se tratara sobre ellas. Que se representara a un grupo de mujeres bastante vulnerables de un barrio marginado.”

Reflexiona:

“Creo que es un momento de revolución en el que debemos alzar la voz, hombres y mujeres, para generar un cambio desde un lugar mucho más amoroso. Estas mujeres no tuvieron las posibilidades de ser escuchadas ni de tener voz, y lo único que pudieron hacer fue salir a defenderse y convertir en metal los puños para luchar por sus vidas. Lo más triste es que justamente hoy en día muchas de las integrantes de esa banda no están entre nosotros como resultado de esa violencia que vivieron.”

Cadena, a quien se le vio recientemente en El baile de los 41, de Pablo Cruz, y ha laborado en teatro y televisión, concreta sobre Ramira:

“Es una mujer que se enfrentó a adversidades muy desfavorables, con un corazón y una vulnerabilidad muy grande, pero es una mujer tan frágil que tuvo que aprender a ser dura para no romperse. Ramira siente demasiado la vida. Estaba enamorada de una mujer y no pudo decirlo. Es aferrada y muy leal a su barrio y equipo, a pesar de los errores que pudo cometer.”

Por ello su intervención en La diosa del asfalto la impulsó a decir “basta”:

“Me indujo a dejar de ocultar el miedo y el temor al qué dirán.”

La Cineteca Nacional ofrece una Retrospectiva de Juliàn Hernández a partir del 13 de este mes.

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