“La civil”, ópera prima de la rumana Teodora Ana Mihai,

74 Festival de Cannes
Madre dolorosa
Leonardo García Tsao
Con una muy larga ovación final fue recibida la coproducción rumano-belga-mexicana La civil, ópera prima de la rumana Teodora Ana Mihai, a su estreno dentro de la sección Una Cierta Mirada, que aborda un tema por desgracia demasiado actual en nuestro país: la desaparición de jovencitas a manos del narco. En este caso, la madre soltera Cielo (Arcelia Ramírez) es testigo de cómo su hija adolescente Laura es secuestrada por un par de hampones del crimen organizado. Aunque ella y su ex marido (Álvaro Guerrero) reúnen con trabajos el dinero del rescate, la chica nunca es devuelta.

La primera hora de película es sumamente eficaz en mostrar como el narco ha extendido su dominio en el norte del país. Nada puede hacer la madre ante autoridades indiferentes y un creciente sentido de amenaza. Sin embargo, el asunto se vuelve algo inverosímil cuando ella se vuelve una investigadora activa del caso, e incluso las fuerzas armadas se ponen a sus órdenes. Es gracias a la conocida solvencia de Ramírez, quien domina todo el relato, que La civil no se vuelve una fantasía desbordada.

En la competencia, el veterano holandés Paul Verhoeven ha demostrado con Benedetta que los años no han mermado su malicia e irreverencia. Aunque se ha publicitado desde el año pasado su tema lésbico dentro de un convento medieval, la película es mucho más que eso. La monja del título (Virginie Efira) es una iluminada con visiones de un heroico Cristo al rescate, que asciende a ser madre superiora al demostrar estigmas en manos y pies, que seduce a la novicia Bartolomea (Daphne Patakia) y es sujeta a una investigación del nuncio papal de Florencia (Lambert Wilson): Hay de todo en la delirante narrativa de Verhoeven. Desde un mundo proféticamente envuelto en una plaga –que evoca su anterior película, Conquista sangrienta (1985)– hasta un consolador hecho de una efigie en madera de la Virgen María.

De alguna forma, Benedetta es la contraparte de su sobajada Showgirls (1995) y su visión excesiva de las encueratrices de Las Vegas. Si estas se desenvolvían en la capital del pecado, digamos, mientras luchaban por el poder, las monjas hacen lo mismo en un entorno de supuesta virtud. El realizador se burla tanto de los dogmas del catolicismo que, en los viejos tiempos, las autoridades eclesiásticas habrían pedido su prohibición.

La otra concursante del día, la francesa Fracture ( Fractura), de Catherine Corsini, parte de una premisa promisoria: a la misma clínica parisina de urgencias llegan los heridos de una manifestación reprimida de chalecos amarillos, y una lesbiana (la siempre excesiva Valeria Bruni Tedeschi) recién separado de su esposa, que se ha fracturado un brazo. El encuentro dará pie a un contraste de posiciones y actitudes. Lástima que el tono de la película es de una histeria permanente en la medida que una crisis conduce a la otra. Y el actor Pio Marmaï, participa con Bruni Tedeschi en un concurso por establecer quién se sobreactúa más.

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