El arte puede sanar? Dos propuestas en Nueva York

El arte puede sanar? Dos propuestas en Nueva York

Germaine Gómez Haro

Artes visuales

 

Dos propuestas interesantes en torno al arte como medio para la sanación del ser humano y de nuestro planeta se presentan con gran éxito actualmente en Nueva York. En la entrega pasada (Julio 31, 2022) se reseñó en esta columna el trabajo del artista salvadoreño Guadalupe Maravilla en sus exhibiciones en el Museo de Brooklyn y en el Museo de Arte Moderno (MoMA). Paralelamente, el Museo Guggenheim dedica una importante retrospectiva a la artista, poeta, activista y cineasta chilena Cecilia Vicuña (Santiago, 1948), pionera del arte conceptual, galardonada con el Premio León de Oro a la Trayectoria en la actual edición de la Bienal de Venecia. Spin Spin Triangulene es su primera exposición en un museo en Nueva York, donde ha vivido y trabajado desde 1980, explorando temas relacionados a la memoria, la ciencia, la lengua, el género, la espiritualidad y los saberes indígenas. El título de la muestra, que está integrada por pinturas, obras sobre papel, textiles, películas y una instalación realizada ex profeso, tiene su origen en nuevos descubrimientos científicos en torno al trianguleno, una molécula inestable en constante movimiento que Vicuña asocia a la forma espiral del emblemático museo diseñado por Frank Lloyd Wright, para enfatizar la conexión entre la ciencia y el conocimiento indígena que ella ha observado desde su primer encuentro con la cibernética cuando era una joven estudiante.

Cecilia Vicuña se formó en una familia de artistas y escritores, y se desarrolló desde temprana edad como poeta, oficio que palpita en el alma de sus obras plásticas. Tras el golpe militar de Augusto Pinochet en 1973, se trasladó a Londres, luego a Colombia y más tarde se instaló en Nueva York. Desde muy joven se manifestó como activista ambiental, defensora de los grupos indígenas de su país y una voz crítica del sistema capitalista, a través de un arte radicalmente contrario al mainstream de la época. En los años sesenta acuñó el término “arte precario” para referirse a la futilidad de la vida y la belleza del ser efímero: “El mundo natural en todo el planeta está sufriendo porque lo estamos asesinando”, ha sostenido desde entonces.

La exposición da comienzo con la monumental instalación Quipu del exterminio, un conjunto de esculturas colgantes realizadas con hilos de estambre y fibras naturales que se antojan como una lluvia de hebras anudadas en rojo (color de la sangre y la vida), negro (alusión a la muerte) y blanco (resurrección), entreverados con objetos encontrados que simbolizan pequeñas ofrendas sagradas. El quipu (del quechua khipu, “nudo”) ha sido un tema recurrente a lo largo de su creación, inspirado en los tejidos de lana hechos de nudos encontrados en los enterramientos incas, y que se utilizaron como instrumentos de contabilidad y guardianes de la memoria. Vicuña imagina sus quipus como una respuesta poética a la violencia cultural, ecológica y económica de nuestro tiempo. La artista suele decir que sus obras multidimensionales comienzan como un poema, una imagen que se transforma en una película, una canción, una escultura o una acción colectiva. Ella llama a este trabajo “impermanente”, de ahí “lo precario”: un arte transformador que tiene conciencia de su propia desaparición y cierra la brecha entre la creación y la vida, lo ancestral y lo contemporáneo. La exhibición se centra en gran medida en su obra pictórica de candente contenido político y nimbada por un halo surreal con ecos en el arte tradicional indígena andino.

En el marco de la exhibición se presentó el performance Ex-terminación del Quipu Viviente, en el que Cecilia Vicuña hizo un llamado a frenar la extinción de las especies de nuestro planeta y la pérdida de nuestra diversidad biocultural. Su arte es una invitación al público a participar activamente en la transformación poética, ecológica y política de nuestro mundo: la posibilidad de sanación a través del arte.

 

Esta entrada fue publicada en Mundo.