En el salón Miguel de Cervantes, la capilla ardiente a Pablo Milanés

Gracias por tanto, Pablo, exclaman en la capilla ardiente de Milanés, en España
En la Casa de América, en Madrid, cientos de cubanos y personas de diferentes nacionalidades despidieron al poeta y cantautor isleño.
Ap
Armando G. Tejeda
La Jornada

Madrid.

En la Casa de América en Madrid, en el salón Miguel de Cervantes, se instaló la capilla ardiente del poeta y músico cubano Pablo Milanés, quien murió en un hospital mientras recibía tratamiento para superar el agresivo cáncer que padecía.

El escenario era sencillo: en el centro, su féretro de madera; a un costado, su guitarra, de pie –como a la espera de que la levantara y se pusiera a tocar–, y a unos centímetros del instrumento una foto en blanco y negro del artista, sonriente, con su mirada penetrante y tierna. Miles de personas fueron pasando para darle el último adiós y rendir homenaje a uno de los cantautores más admirados y queridos.

El féretro llegó a la sede de la Casa de América un poco antes de las 10 de la mañana. De inmediato lo subieron a la primera planta del edificio central para ser expuesto en el salón Cervantes. Poco a poco fueron llegando las coronas de flores, que hicieron una especie de guardia de honor, rodeando de rosas y gladiolas blancas. Entre los primeros arreglos estaban los de su propia familia; sus amigos de Galicia; la última esposa de Pablo Milanés, Nancy Pérez, una historiadora gallega, de Vigo, con quien tuvo dos hijas; el Ballet Nacional de Cuba; su casa discográfica, Sony Music; el grupo de música Luar na Lumbre, así como una corona de su entrañable amigo Joaquín Sabina y la pareja de éste, Jimena.

En el salón, además de focos, las cortinas entreabiertas dejaban pasar algún resquicio de luz en un día lluvioso y gris. No había música, así que el silencio sólo se rompía con sollozos, gritos de rabia y palabras de admiración: Ahí te dejo unas flores, querido Pablogracias por tanto, poeta o te amo, Pablo.

Su viuda, sus dos hijas, sobrinos y dos nietos estaban en una sala contigua, donde fueron recibiendo las condolencias de personajes y amigos que formaron parte de la vida de Pablo, como Silvio Rodríguez; Fito Páez; Ana Belén; Juan Echanove; el ministro de Cultura español, Miquel Iceta; Pastora Vega; la viuda de Luis Eduardo Aute, Marichu; la cantante Masiel, y Luis Pastor.

Federico Pérez Rey, cuñado de Pablo Milanés, fue el encargado de trasmitir a los medios de comunicación el agradecimiento de la familia por las muestras de apoyo y el cariño con que se estaba despidiendo al poeta. Sobre el destino del cuerpo, informó que el sepelio se hará en la más estricta intimidad; sus restos mortales permanecerán en España y también prefirió mantener en privado si será cremado o enterrado y si tienen previsto viajar a Cuba para hacer algún tipo de despedida en la isla.

Junto al cuñado del cantautor, también habló uno de sus amigos más cercanos, el músico argentino Fito Páez, quien explicó que Milanés era una máquina de hacer canciones perfectas, no tiene descartables…

El cantautor Luis Pastor también acudió a despedirse y explicó que cuando los sueños e ilusiones de futuro no se cumplen, dejan un poso de desencanto y te hacen sentir en tierra de nadie, lo que quedará de él no serán los postulados políticos, sino la magia de su poesía. El actor Juan Echanove, también muy amigo suyo, se rompió en llanto al decir: ya me había hecho a la idea desde hace unos meses, pero siempre tenía la sensación de que Pablo iba a vencerlo otra vez.

La cantante Massiel, que ha apareció entre la fila de fans y con quien compartió escenario muchas veces, no pudo contener las lágrimas al hablar de Milanés: Era una bolita de amor y sensibilidad.

Cronista de la patria

Rosa Martínez, cubana que vive en Madrid desde hace años, explicó su presencia en la despedida: Somos casi de la misma generación, así que toda mi adolescencia, mi juventud, transcurrió con él en mi banda sonora. Para mí fue importantísimo porque gracias al trabajo que hizo Pablo con la música cubana, incorporando toda la herencia de la vieja trova, de los grandes soneros, a mí y a mi generación nos hizo descubrir que esa música era parte de nosotros también. Con el llanto contenido, esta admiradora de Milanés añadió que Pablo cantó al amor, al desamor, al sentimiento, al sentido de pertenencia, a la patria, a las preocupaciones sociales, al sentimiento antibelicista como las que hizo durante la guerra de Vietnam; también fue capaz de cantar a su propia realidad, al proceso revolucionario que hubo en Cuba.

Emelina también es cubana y acudió a despedirse de Milanés en Madrid después de haberlo seguido por el mundo para escuchar sus conciertos.

“Cuando Pablo escribe Mis 22 años, yo tengo 10. Ya después, cuando cumplo 14 o 15 y puedo ir sola a los teatros, no ha habido concierto suyo que me haya perdido estando en Cuba. Siempre fui porque Pablo es como un cronista de nuestra vida, historia, sentimientos; de cantarle a la patria, a la amistad, al amor… Y crecimos con esas canciones porque llegan al alma.”

Y así, por más de cinco horas, el féretro de Milanés recibió sin cesar la despedida de sus admiradores, amigos y familiares. Una vez concluidas las honras fúnebres, cerca de 50 personas de edades y orígenes diversos se fundieron en un canto, entonando algunas de las canciones más bellas del cantautor, como Yolanda, Para vivir y El breve espacio.

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