Al hablar de «Eo», de Jerzy Skolimowski, resulta inevitable remitirse a la cinta «Al azar» de Robert Bresson

Eo
Carlos Bonfil
Fotograma de la más reciente película del director polaco Jerzy Skolimowski.
Al hablar de Eo (2022), la cinta más reciente del veterano Jerzy Skolimowski ( Deep End, 1970; El grito, 1978), resulta inevitable remitirse a la cinta clásica francesa Al azar Baltasar (Robert Bresson, 1966), su referente temático más directo. En ambas películas el protagonista central es un burro, escuetamente llamado Eo en la propuesta polaca, y desde el punto de vista de ese animal de carga los dos realizadores ofrecen –el primero desde una perspectiva espiritual (poderío del mal, bálsamo de la redención), el segundo a partir de una aproximación social y una intuición poética– su propia visión del mundo. El director polaco de 85 años lo resume así: En tanto poeta, mi mente ha siempre seguido, como entrenamiento, la senda de las asociaciones poéticas. No me asusta alejarme de una narrativa directa. Su cinta Eo es, hasta la fecha, la expresión más elocuente y lograda de esa apuesta estética.

El primer hábitat de ese burro de mirada perturbadoramente humana es un circo, donde bajo el cuidado amoroso de la joven Kasandra (Sandra Dryzmalska), se ha vuelto una atracción redituable. En el momento en que una asociación civil de lucha contra la crueldad hacia los animales, consigue arrebatarle a los propietarios del negocio la custodia del burro, la suerte de Eo cambia por completo. Y no necesariamente para bien. En su largo itinerario, de pueblos a ciudades, incluso de un país a otro, cambiando continuamente de dueño, padeciendo maltratos, gozando también de atenciones generosas, siempre al azar y a la buenaventura, Eo será el testigo impasible de una variedad de comportamientos humanos que incluyen, de modo dominante y ominoso, la violencia irracional y la mezquindad moral.

En una de las secuencias más poéticas de la cinta, el burro se extravía de noche en un bosque que tiene todo el aspecto de un jardín encantado. Alejada del laconismo bressoniano, de sus momentos muertos y su exploración de rostros inexpresivos, la cinta de Skolimowski revela la exuberancia de una naturaleza silvestre y la mirada animal que con azoro la descubre. En lugar de una cámara fija que en la cinta de Bresson registra y disecciona el dolor animal y las miserias humanas, en Eo la cámara del cinefotógrafo Michal Dymek flota literalmente sobre los paisajes naturales, capta la desproporción de la pequeña bestia frente al firmamento o la presa hidráulica al fondo del puente que atraviesa, recurre a filtros rojos o azules para acentuar el aspecto onírico de ese mundo que Eo va descubriendo a lo largo de su trayecto. La enorme soledad del animal de carga se acentúa más todavía en su contacto azaroso con esa naturaleza potencialmente hostil que en su interacción con seres humanos que aleatoriamente conjugan la crueldad y los sentimientos nobles.

Si al hablar de Al azar Baltasar, Jean Luc Godard señaló de modo memorable que aquella cinta contenía al mundo en una hora y media, en el caso de la versión muy libre que propone Skolimowski del mismo asunto, la dramática experiencia del burro Eo ofrece en menos de ese tiempo una aproximación inquietante y dolorosa a una jactancia humana que sintiéndose dueña incontestable del entorno natural que le rodea, somete a su voluntad caprichosa la fragilidad y suerte de muchos otros seres animales. Esta pequeña joya poética, profundamente humanista, obtuvo el Premio del Jurado en Cannes 2022 y una nominación al Óscar a la mejor película extranjera este año.

Se exhibe en Cineteca Nacional, Cine Tonalá, Cinemanía, Cinemex yCinépolis.

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