Cartearse con el autor de «Los bajos fondos» sobre las aventuras de «Corsario»para una educación alternativa

El maestro Tobón y el 15 de mayo
Luis Hernández Navarro
El profesor Amadeo Velasco Tobón fue director de la secundaria 110 Máximo Gorki, en las faldas del cerro del Chiquihuite, de 1994 a 2005. Aunque el autor de La madre murió en 1936, al llegar a la escuela, Tobón le escribió una carta en la que le dijo que ya lo conocía a través de sus libros y le solicitó su autorización para navegar en el mar de la Esperanza a bordo del buque Corsario y desembarcar en el puerto de la Sabiduría, después de enfrentar la ignorancia, la maldad, los prejuicios y los antivalores.

Gorki respondió y le autorizó a realizar la travesía. Profesor y escritor comenzaron entonces a cartearse. El director de la secundaria le contaba en sus misivas lo que sucedía en la escuela y su empeño por honrar la máxima gorkiana de venir al mundo para que un día nazca un hombre mejor. Los alumnos de la 110 se entusiasmaron con la correspondencia.

Cartearse con el autor de Los bajos fondos sobre las aventuras de Corsario fue parte de su propuesta de educación alternativa. Convencido de que, a través de la educación puede lograrse un cambio de mentalidad, y de que hay que promover una escuela en movimiento (y no sólo activa), puso en marcha un plan pedagógico interdisciplinario, inspirado, tanto en un nuevo proyecto de nación como en la recuperación del espíritu comunitario de nuestros antepasados. Aterrizó en las semanas temáticas: social, científica, cultural, deportiva. En ellas, los alumnos acompañaban las jornadas de aprendizaje con canto, declamación y baile. Arrancó con la semana social un 14 de febrero, en el que cada estudiante llevó a su aula una flor. “Ese día –cuenta el profesor– la escuela floreció.”

De abuelo zapatista, el profe Amador nació en 1936, en el municipio Tepeji de los Reyes, Puebla, en una familia campesina. Quedó huérfano de padre a los 12 años. Cursó quinto y sexto de primaria en el internado de Teziutlán. Su mamá deseaba que él fuera cantor de iglesia. Sin embargo, desde muy pequeño, él supo que lo suyo era ser maestro y director de escuela. “Fue una idea –narra– que me inculcó el director de la primaria”. El profesor Eduardo lo recomendó para que su hijo lo orientara sobre cómo ingresar a la Nacional de Maestros, en la Ciudad de México. Y puso manos a la obra.

En 1954 viajó al DF. Le dieron como referencia para localizar la escuela, la torre de la Normal. Así que, al bajar del camión y ver una torre, caminó hacia ella. Craso error. Resultó ser la Torre Latinoamericana. Igual, el joven Tobón llegó tarde y no pudo presentar el examen de admisión. No fue el único. Había varios muchachos de provincia en esas condiciones. Juntos, presionaron para se hiciera una nueva prueba. Lo lograron.

Tobón recuerda orgulloso: Pude entrar. Qué bellas cosas viví en la institución. Había comedor y dónde dormir. Estábamos muy bien. Teníamos una beca de 80 pesos. A fin de año, nos daban un vale para ropa. Estaba digno. Fue una época muy bonita, que nos hizo ver otro mundo en el que se podía vivir bien, con ideales. En 1954 participó en su primera manifestación, en solidaridad con el pueblo de Guatemala por el golpe militar auspiciado por Estados Unidos contra Jacobo Árbenz.

En 1958 apoyó la Guardia Permanente en la SEP, del Movimiento Revolucionario del Magisterio (MRM), de Othón Salazar, junto a compañeros como Emilio García y Vicente Estrada. Un año después, salió de la Nacional de Maestros, entró a trabajar e ingresó a la Normal Superior.

El presidente Adolfo López Mateos publicó un decreto en 1960, que decía que los que habíamos disfrutado de becas teníamos que devolver lo que nos dieron. Hicimos un movimiento. En ese decreto también se estableció que fuéramos a hacer el servicio social. Dijimos: no nos oponemos, pero queremos que, primero, se resuelva la falta de docentes en el Distrito Federal. Levantamos un censo y demostramos que se necesitaban profesores en la ciudad.

Ese año, el MRM convocó a un paro indefinido, exigiendo la restitución de la dirección sindical de la sección 9, nombrada en 1958. El movimiento terminó en desbandada, represión y ceses.

Tobón se relacionó con militantes del Partido Comunista Mexicano, como Martín Reyes, que dejaron el organismo político y fundaron, en 1966, la Liga Comunista Espartaco (LCE). El educador fue parte de los grupos de estudio de esta organización.

Recuerda él: Cuando se dan las contradicciones con China y Rusia, en 1963, los círculos de estudio que teníamos se convirtieron en maoístas. Yo sostenía, como otros, que de las masas dependía el movimiento. Con las obras de Mao el movimiento se enriqueció, y nosotros también. Nuestro pensamiento, que era marxista, se fue reubicando en el maoísmo. Nos parecía más práctico, le entendíamos más. Nos cayó como anillo al dedo. En febrero de este año, le pregunté: ¿Sigue usted siendo maoísta? –¡Por supuesto! –respondió.

Participante en el movimiento estudiantil-popular de 1968, militó en el Comité Coordinador de Lucha Magisterial, que impulsó la lucha paralela por democracia sindical y aumento salarial. En 1972, fue parte del núcleo de ocho militantes que dieron vida, en San Gregorio, Xochimilco, a lo que sería la Organización Revolucionaria Compañero, sobre la que, Roberto Rico y Rodrigo Moreno han escrito excelentes trabajos. Fue fundador de la CNTE. Estuvo en la comisión negociadora de la coordinadora durante la Primavera Magisterial de 1989, y se integró a la sección 10.

Siempre vestido con un sencillo saco, en su labor docente Amador Velasco Tobón enseñó bajo del principio de que antes de hacer sabios a los hombres, hay que hacerlos buenos. Su experiencia muestra, como postula la CNTE, que la educación alternativa se hace en los territorios, no en los escritorios. A sus 88 años, sigue lúcido e involucrado en la lucha por un México más justo. Este 15 de mayo, Día del Maestro, hay que celebrarlo a él y a los profes como él.

 

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