Un obispo millonario y una diócesis pobre y en desgracia

De lo que “se apoderó” Onésimo: un Goya, Picassos, Riveras…

Rodrigo Vera

Destacado

APRO

En el juicio que se le sigue por fraude procesal al obispo de Ecatepec, Onésimo Cepeda, afloran los “favoritismos y contubernios”, pero sobre todo muchísimos millones de dólares…

El prelado ganó ya una batalla legal que, sin embargo, sus acusadores impugnan.

Ellos insisten en que hace casi ocho años el prelado y Jaime Matute saquearon la colección de arte de Olga Azcárraga Madero basándose en una supuesta deuda que la mujer tenía con el obispo. Entre las obras hay Goyas, Modiglianis, Picassos, Chagalles, Riveras, Orozcos, Tamayos…

En noviembre de 2003, cuando murió Olga Azcárraga Madero, su sobrino Jaime Matute Labrador y el obispo de Ecatepec, Onésimo Cepeda, entraron a la residencia de la mujer y se llevaron las 44 pinturas de su valiosa colección de arte.

Desde entonces no se sabe si esos cuadros multimillonariamente cotizados –Goyas, Modiglianis, Picassos, Chagalles, Sorollas, Riveras, Orozcos y Tamayos, entre otros– siguen en poder de Matute y Cepeda o si ya fueron vendidos.

Los abogados Xavier Olea Peláez y José Antonio Bonilla, del bufete Olea & Olea Abogados y quienes están dados a la tarea de recuperar ese tesoro artístico, aseguran:

“Al morir Olga Azcárraga, el obispo Onésimo Cepeda y Jaime Matute entraron a su casa y se llevaron los cuadros, aprovechando que gozaban de la confianza de la señora.

Después ambos falsificaron un pagaré de 130 millones de dólares donde se estipula que doña Olga le quedó a deber esa cantidad a Onésimo, quien luego endosó el pagaré a Matute. De manera fraudulenta intentan cobrarse con la colección de arte que físicamente ya está en su poder.”

Extracto del reportaje que se publica en la edición 1809 de la revista Proceso, ya en circulación.

Cada vez es necesario pagar al médico anualmente y no por cada “consulta” Sale?

Mis experiencias
con los doctores

Mark Twain

La Jornada Semanal

Tenía siete años cuando estuve a punto de irme al cielo. No entiendo por qué no me fui; estaba preparado, era parte de mi rutina. Estuve enfermo una buena parte de esos siete años y, sin darme cuenta, adquirí el hábito de estarlo. En aquellos tiempos la religión estaba hecha casi exclusivamente de fuego y azufre, motivo que alentaba para la preparación y que nadie ignoraba, salvo los más insensatos. Siendo honesto, debo reconocer haber descuidado ese asunto alguna vez cuando me sentía bien. No recuerdo la enfermedad que casi me lleva de este mundo, pero sí qué lo impidió: media taza de aceite de ricino, solo, sin melaza y sin ningún otro atenuante. Muchos endulzaban el aceite, pero yo no era de ese tipo. Sabía que nada podía hacerlo soportable dada mi enorme experiencia en la materia; bebí barriles enteros en mi época. No barriles, tarros; pospongamos las exageraciones para una mejor ocasión.

El aceite de ricino me salvó. Cuando empecé a morir, la familia se congregó para el acontecimiento. Estaban acostumbrados, y yo también. Había interpretado el papel estelar tantas veces que sabía qué hacer en cada escena sin ensayarlo, a pesar de ser tan pequeño, y ellos… ellos podían hacer los papeles secundarios hasta en sueños. Se quedaban dormidos con frecuencia mientras yo me moría. Al principio me afectaba mucho, después dejó de importarme. Me las arreglaba para que alguien los sacudiera y yo continuaba con mi representación. Recuerdo las escenas perfectamente hasta el día de hoy.

El doctor Meredith era nuestro médico familiar en aquel entonces, y es probable que se haya mudado del pueblo de Florida a Hannibal al mismo tiempo que nosotros, para mantener mi costumbre. Pero no, esa no puede haber sido la razón. En aquel período geológico temprano, al galeno se le pagaba anualmente, y él mismo preparaba los medicamentos, así que Meredith no tenía motivo para verme a menos que estuviera enfermo. Debe haber intentado matarme con cierta frecuencia. Hubiera sido lo más natural teniendo una familia que mantener y siendo un hombre juicioso y bien intencionado. Jamás lo logró. Una de las grandes ironías del destino fue que su hijo Charles me rescató de un arroyo, el Bear Creek, medio minuto antes de que muriera ahogado. Nunca volvió a sonreír.

Consideremos la sabiduría y rectitud de la vieja costumbre de pagar al médico anualmente. Daba seguridad tanto para su economía y dignidad, como para la salud de la familia: el galeno percibía un sueldo fijo y seguro, lo cual era muy favorable para él; la familia quedaba a salvo de sus invasiones innecesarias, y sólo dios sabe el enorme beneficio que esto representaba.

Veamos la diferencia con los tiempos actuales. ¿Cuál es la costumbre universal de un médico con pocos pacientes? Visitar sin tregua al enfermo cuando ya no es necesario, y cobrar todas las veces; casi como regla –y me atrevería a obviar el “casi–, uno se ve obligado a la desagradable tarea de despedirlo. Como consecuencia, la idea de llamarlo de nuevo es abominable, y uno lo va posponiendo el mayor tiempo posible hasta antes de estar en peligro.

Hago esta acusación deliberadamente, y está fundamentada en cuatro fuentes: mi propia experiencia, la de mis amigos, los comentarios mordaces de ciertos galenos renombrados de Londres y Nueva York, y las editoriales de las publicaciones sobre medicina. El doctor sabe de nuestro miedo a despacharlo antes de tiempo, y se aprovecha de manera muy poco honorable de nuestra aprensión.

El que es eficiente y dedicado no visita más de lo necesario. Apenas se siente seguro, dice: “No volveré, a menos que me mande llamar.” En Hartford, nuestro viejo médico familiar, el doctor Taft, empleaba esta frase con frecuencia. Jamás logramos que su descuidado sucesor la pronunciara.

Hace ocho años (en 1895) regresé de Europa y viajé directamente a Elmira en Nueva York. Aquella noche (el 26 de mayo), mientras me daba un baño de tina, descubrí una mancha redonda, plana y rosada del tamaño de una moneda de 10 centavos en la parte externa del muslo. A la mañana siguiente nos instalamos en East Hill y llamamos a un médico (Theron Wales), quien diagnosticó un furúnculo incipiente. Comenzó a tratarlo, y comenzó a hablar. Sostenía que el furúnculo siempre había sido el maestro del género humano hasta que, por gracia de dios, pasó a ser uno de sus miembros. A continuación peroró sobre sus numerosas victorias, furúnculo por furúnculo, nombrando al dueño de cada uno de ellos, describiendo minuciosamente el lugar de anidamiento y los ingeniosos métodos empleados para llevarlos a un final feliz y espectacular. Era un hombre sumamente aburrido, por naturaleza y por adopción, y un viejo amigo de la familia al que no quedaba más remedio que soportar; aunque debo confesar que entre él y mi furúnculo elegiría siempre la compañía del segundo. Tenía las características propias de todos los médicos faltos de pacientes que he conocido: tedioso, sin ingenio, aficionado a los lugares comunes, entusiasta de su propia conversación, se quedaba eternidades y era mortalmente aburrido.

Presumía de una enorme experiencia y sabía menos de furúnculos que nuestra cocinera, antes esclava, Aunty Cord. Jamás hizo algo que ella no hubiera hecho con la misma o mayor eficiencia. Recurrió al antiguo método: una rebanada de carne de puerco salada, y venía a supervisar su “trabajo” todos los días; es decir, a mirar, cosa que el gato hubiera hecho con los mismos resultados, y no se diga la cocinera –y además gratis. Procedió a extirparlo y se presentó a diario durante todo un mes. En ocasiones, para cambiar la curación –cosa que también podría haber hecho la cocinera–, pero la mayor parte del tiempo sin ningún motivo, como no fuera para agotarme con sus visitas de dos horas y su conversación insulsa. Fueron tantas las consultas sin justificación, que decidí tomarlas como visitas sociales para no tener que despedirlo.

Cobró por cada una de sus odiosas apariciones y, por si fuera poco, con un aumento de una tercera parte por no ser residente. Me enteré de este detalle –desfalco diría yo–, hace apenas seis meses.

Este ladrón aún mantiene la costumbre de visitar a sus pacientes cuando sus servicios ya no son necesarios, y cobrar por cada una de sus visitas, hasta que la familia sospecha y termina despidiéndolo.

Jamás curó mi furúnculo. Lo veló durante días, como un ángel de la guarda de los furúnculos, tierno e ignorante. Después empecé un viaje con mi familia para dar veintitrés conferencias durante veintitrés noches. El ritual de atender la caverna dejada por el absceso continuó hasta que finalmente sanó y pude subir sin ayuda al barco en Vancouver.

Los furúnculos se reproducen cuando son tratados por ladrones: el primero nació en el barco y fue operado en Sydney; el segundo en Melbourne, pero tuvo la suerte de ser atendido por un médico con una gran experiencia, Fitz Gerald, quien prometió curarlo en veinticuatro horas, cumplió su palabra y además nos enseñó su arte. Uno por uno, acabamos con todos los parientes conforme fueron apareciendo. Solamente uno vivió dos días. El experto de Elmira me había cobrado 135 dólares por no curar un furúnculo. Si no hubiera tenido que partir para dar las conferencias, seguiría lucrando a mis expensas.

Aquella sanguijuela sabía que yo había heredado una cuantiosa deuda, y que emprendía esta gira de conferencias alrededor del mundo para pagarla con mis peroratas. Pero ni eso frenó sus visitas y su piratería. Decidí no volver a ser residente en la Sunday School que él dirigía, y cumplí mi palabra. Sin embargo, jamás pertenecí a ella.

Es un pésimo negocio adquirir el viciode enfermarse, y es muy difícil renunciar a él. De los siete a los cincuenta y seis años me dio por estar bien. Prácticamente no supe que existieran las enfermedades en todo ese tiempo. Y de pronto llegó el cambió. Vivíamos en Berlín. Una noche helada di una conferencia con el objeto de recaudar fondos para una iglesia inglesa o estadunidense, en una sala tan caliente como el infierno. Durante el regreso a casa me congelé. Estuve treinta y cuatro días en cama con una severa inflamación pulmonar. Ahí empezó todo. Mi pulmón no volvió a ser el mismo, y ahora cada vez que pesco un catarro desciende de inmediato a los tubos bronquiales y me veo obligado a llamar al plomero. Rectifico, solía llamarlo, porque al descubrir que aliviar, acortar o curar la enfermedad eran tareas imposibles; dejé de hacerlo. Decidí permitir que la tos saliera a ladridos a su antojo y desapareciera por agotamiento. Este proceso lleva seis semanas. Antes de rendirme, había experimentado con diez médicos en distintas partes del mundo.

A principios de 1896 pesqué una gripa en Ceilán. Al llegar a Bombay, unos días después, mis tuberías requirieron la presencia del plomero. Llevaba el elegante nombre de Sidney Smith. Tomé su repugnante medicina durante siete días sin mejorar un ápice y me deshice de él. Me cobró el doble por las consultas por no ser residente. Esa era la norma, se me informó. Siguiendo esa lógica tendría que haberme cobrado el doble por ser presbiteriano. Le pagué la mitad.

Ladré a mi público en distintas ciudades de India durante seis semanas hasta que la tos expiró. Después recaí en Londres. Parsons, el primer médico que me atendió, me dijo que no veía que mejorara y se retiró de la batalla honrosamente; el otro, Ogilvie, llegó a la misma conclusión pero en secreto. Decidió ignorar la enfermedad y visitarme a diario para atosigarme durante una hora con viejas anécdotas que él disfrutaba enormemente. Fui engañado de nuevo, y una vez más como protección, intenté tomar sus aburridas visitas como eventos sociales, hasta que me di cuenta de que, en mi estado tan frágil, el agobio de su presencia era un claro peligro, así que reuní los remanentes de mi poder de decisión y le pedí que no volviera. También me cobró la tarifa completa por cada visita, sabiendo que incluso cobrar la mitad era un acto descarado de deshonestidad.

Traducción de Lucinda Gutiérrez

Asesinan al párroco de San Charbel en la diócesis de Matamoros

Asesinan a sacerdote de la diócesis de Matamoros

Otros reportes oficiales dieron cuenta de 33 muertes más en varias entidades, que incluyen la de Marco Antonio Duran, párroco de la iglesia San Charbell de la colonia Portes Gil de Matamoros, Tamaulipas, quien según testigos fue abatido por militares que perseguían a los ocupantes de varias camionetas.

El cura –conductor de una emisión televisiva matamorense– circulaba en su auto por la colonia Obrera cuando fue alcanzado por balas, y socorristas lo trasladaron a una clínica particular donde cerca de las 16 horas diagnosticaron su muerte.

En San Luis Potosí, el agente del Ministerio Público Gustavo Sánchez Paz fue asesinado por sujetos que descendieron de un vehículo y tras preguntar por él e identificarlo le dispararon dentro de un restaurante de la capital estatal, en cuyo perímetro también hubo un tiroteo de militares y presuntos pistoleros, pero no se reportaran muertos ni heridos.

En Guanajuato uno de dos policías municipales de León que tripulaban la patrulla 913 murió acribillado por desconocidos a primera hora del sábado en la colonia El Granjeno Plus.

En Chihuahua,una recién nacida murió cuando su madre quedó en medio de un tiroteo dentro de la feria de Meoqui; En Jalisco fueron seis las víctimas fatales en diferentes hechos, tres de ellas tiroteadas en la colonia Tulipanes del municipio de Tlajomulco de Zúñiga.

Dos presuntos delincuentes fueron abatidos por militares en el municipio de Escobedo, al norte de Monterrey; en Guadalupe se localizó el cuerpo decapitado de un sujeto en el lecho del río Santa Catarina. Además tres hombres perecieron baleados Guerrero y dos en Sinaloa; misma entidad en donde fue descubierto un laboratorio de drogas sintéticas por militares a quienes vecinos de la capital Culiacán acusaron de cometer abusos.

La base de la Policía Federal en la ciudad de La Piedad, Michoacán, fue atacada con granadas y disparos por un grupo que perdió tres de sus integrantes cuando los efectivos ahí presentes respondieron al fuego, la madrugada de este sábado, según informaron.

Fuentes ministeriales del estado señalaron que otros cuatro atacantes fueron detenidos, tras la incursión en que se dispararon al menos seis granadas y 5 mil disparos, incluso de fusil Barret antiblindaje contra la sede, ubicada en las antiguas instalaciones de la Subsecretaría Especializada en Delincuencia Organizada (Siedo).

“Los gatilleros abrieron fuego de frente y por dos flancos desde un convoy de autos y camionetas en los cuales pudieron escapar varios de ellos, dejando abandonados un auto Honda con placas del Distrito Federal; un Toyota con placas de Jalisco, y un Chrysler Ram con placas de Michoacán”, indicaron.

Un oscuro dicípulo del Papa es nombrado contra el Consejo de Cardenales Arzobispo de la influyente diócesis de Milán

El oscuro discípulo del Papa

Ratzinger nombra jefe de la influyente diócesis de Milán a Angelo Scola, amigo personal y miembro del movimiento ultraconservador Comunión y Liberación

MIGUEL MORA

El País

Angelo Scola y Joseph Ratzinger son buenos amigos desde hace 40 años. Ambos son teólogos y han ejercido en la Iglesia moderna un papel similar, de intelectuales orgánicos. El primero enseñó en Friburgo. El segundo, en Bonn, Münster, Tubinga y Ratisbona. Los dos coincidieron en pensamiento y doctrina en las páginas de la revista Communio, fundada por Ratzinger y otros eruditos en 1972 y de la que Scola fue editor, un feudo de ideas tradicionalistas y teocráticas frente al progresismo de Concillium. Scola tiene 69 años; Ratzinger, 85. Entre 1986 y 1991, Scola fue consultor de Ratzinger en la Congregación para la Doctrina de la Fe. Son maestro y discípulo.

Benedicto XVI

El pontífice desoye los consejos de cardenales milaneses que ven en Scola a un protector de intereses

Cuando se conocieron, Scola era ya miembro activo de Comunión y Liberación (CL), el movimiento católico, junto al Opus Dei y los Legionarios de Cristo, más próspero y conservador de Italia, que con los años ha ido haciéndose cada vez más rico y más conservador.

CL se resume hoy en una galaxia de empresas agrupadas bajo el sello Compagnia delle Opere (más de 30.000 sociedades) que domina con mano de hierro el exclusivo olimpo de los opulentos negocios italo-vaticanos, o vaticalianos, y los principales despachos del poder mediático, de Il Foglio y la RAI a Il Giornale o La Stampa.

Hace 30 años, la diócesis de Milán, que desde el siglo IV se llama ambrosiana por san Ambrosio, el arzobispo guerrero que impuso la superioridad de Dios sobre el césar y uno de los cuatro padres de la Iglesia, expulsó del seminario a Scola. Los seguidores de CL afirman que fue alejado por su amistad con la organización que fundó Luigi Giussiani en Milán en 1954; otras fuentes sostienen que el informe diocesano afirmaba que el joven Scola sufría depresión.

Desde su inicio, Comunión y Liberación pareció implicarse en las terrenales cuestiones políticas y económicas tanto como en los asuntos de la fe y la caridad. Para un futuro cura ambrosiano, históricamente más dedicados al trabajo social y el compromiso intelectual y solidario con los pobres que a las cuentas de resultados y los nombramientos de ministros o subsecretarios, CL estaba entonces vetada. Mal vista. “Se pensaba que era un virus que estaba entrando en un cuerpo sano”, recuerda el vaticanista Filippo di Giacomo.

La carrera de Scola estuvo desde ese momento unida a la de CL. En 1991 fue nombrado obispo de Grosseto, aunque poco después fue transferido a la tranquila rectoría de la Universidad Lateranense.

Hasta que, en 2002, fue agraciado con el cargo de patriarca de Venecia, un puesto que siempre ha sido un trampolín hacia el papado.

Pero Ratzinger fue elegido por sorpresa y cambió la historia. Scola debía esperar.

Ahora ha llegado el momento de la dulce vendetta. El martes pasado, Scola regresó a Milán por la puerta grande del Duomo:

como jefe de la diócesis más importante, grande y rica de Europa: 1.107 parroquias agrupadas en 73 decanatos y 7 zonas pastorales. Más de 5 millones de habitantes. Tres mil curas, 800 párrocos. Su llegada a Milán ha sido lenta y tortuosa.

Tras devolver la decisión tres veces al órgano curial colegiado que propone a los candidatos, quizá para que nadie le acusara de favoritismo, el Papa firmó el nombramiento esta semana.

Lo cierto es que, pese a las aparentes dudas papales, la anunciación de Scola se conocía en Milán desde antes de las elecciones municipales que ganó el candidato de la izquierda Giuliano Pisapia, el hombre que derrotó a Berlusconi. La campaña de prensa de los medios de CL ha sido crucial. Al frente de ella milita un personaje apodado Betula (abedul) y bautizado como Renato Farina. Es un periodista sedicente y por ello fue expulsado del colegio de periodistas, pero entra en el Parlamento, se hace fotos con Berlusconi y mueve los hilos de la información religiosa y política en prensa, radio y televisión junto al también ciellino Roberto Fontolan. No hace mucho, Scola afirmó en el encuentro anual de CL que Betula era el mejor periodista de Italia, y que le gustaría que hubiera 100 como él en el país.

El nombramiento de Scola ha sorprendido menos por su amistad con el Papa que por el hecho de situar a un gran prócer de CL en el lugar del cardenal Dionigi Tettamanzi.

Este había colaborado en la victoria de Giuliano Pisapia como alcalde. Apoyó la necesidad de un cambio en la ciudad y catalizó a las bases para que votaran por el candidato excomunista frente a Berlusconi.

Nada nuevo en realidad, porque Tettamanzi ha sido durante su mandato un azote de la derecha, y la Liga del Norte le definió como el imán de Milán por su defensa de la integración de musulmanes y gitanos.

Sucesor del añorado cardenal Martini, exarzobispo de Milán, un jesuita de gran talla, hoy enfermo de párkinson y que solo sale de su retiro en raras ocasiones -la última, para visitar al Papa hace dos meses y asesorarle (en vano) sobre el nuevo arzobispo ambrosiano-, Tettamanzi ha mantenido viva la vieja impronta progresista de la curia milanesa, un contrapeso frente a la ultraconservadora y ávida curia romana.

Nada de eso cuenta para Ratzinger. El cura genovés Paolo Farinella ha escrito:

“La elección de Scola completa una lectura del pontificado en la cual ha muerto no solo la esperanza, sino también toda hipótesis de esperanza.

El Papa ha consagrado a CL como el modelo de eclesialismo rampante que se mueve con soltura incluso en los negocios turbios de la Compagnia delle Opere, ese refugio de Satanás”. A su juicio,

“Scola devolverá a la laicista curia ambrosiana, abierta a la sociedad civil y al pluralismo, a una fase de obediencia ciega de memoria fascista”. Y añade:

“Mirada, corazón, riñones, hígado y entrañas serán dirigidos hacia Trento, o mejor más atrás”.

La ruptura, la forma en que el Papa ha desoído las sugerencias de Martini, de Tettamanzi y de muchos creyentes milaneses, tiene también su referencia política: el presidente de la región, Roberto Formigoni, memores domini de CL. El gobernador que aceptó colocar a la azafata Nicole Minetti (hoy acusada por los jueces de dirigir el harén de Arcore) como diputada regional suena como sucesor de Silvio Berlusconi al frente de la futura derecha italiana. Scola ha sido investido como posible papa por Ratzinger. Y CL ve mucho más cerca su soñado porvenir.

Según Filippo di Giacomo, “Scola y Formigoni persiguen exclusivamente sus intereses personales y los del grupo que protegen y les protege.

La llegada de Comunión y Liberación a San Pedro y a Palacio Chigi pone los pelos de punta. Pero ese es su proyecto”.

Farinella, el cura rojo de Génova, cierra así su elegía sobre la diócesis de San Ambrosio:

“Qué pena ver las fotos de Scola brillando con sus puños dorados, con su reloj de oro, con su crucifijo de oro, con su manto rojo púrpura y su sombrero de tres picos, rigurosamente rojo.

Me pregunto si alguien vestido así podría entrar en el cenáculo o pegaría mejor en la corte de Nabucodonosor, entre los sátrapas y los eunucos de corte”. –

El obispo de Querétaro encabeza desde la sierra queretana a los peregrinos más pobres y pide que la 121 peregrinación anual de Querétaro a la Villa sea un ejemplo para México de que se puede vivir y conviviren paz

Peregrinación valiente y ejemplo para el país: Faustino

EL OBISPO de Querétaro, Faustino Armendáriz, encabezó la salida de los peregrinos en la Sierra Gorda.

Diario de Querétaro

José Luis Rodríguez

ENVIADO ESPECIAL

LANDA DE MATAMOROS

Esta peregrinación es para valientes y un ejemplo para el país porque demuestra que es posible tener actitudes diferentes y caminar en paz, dijo el Obispo de Querétaro, Faustino Armendáriz Jiménez, al dar inicio la peregrinación varonil al Tepeyac, en Neblinas, Landa de Matamoros, donde enfatizó que les pidió a los caminantes ser constructores de la paz que tanto necesita México.

Después de darles la bendición en Agua Zarca a las peregrinas que salieron un día antes de la misma localidad, el IX Obispo de esta Diócesis, dijo que

“la peregrinación es muy semejante a nuestra vida, pero también será un camino de oración, de espiritualidad que alimente la fe no solo de los peregrinos sino que seamos un testimonio para la comunidad que no está con nosotros”.

A los más de 800 romeros que salieron del último rincón de la Sierra queretana, manifestó que “nuestro mundo se puede transformar con el ejemplo y por eso esta peregrinación va a contribuir para muchas situaciones en nuestro México”.

Les he pedido, añadió, que sea una peregrinación en que se ore por la familia, y de una manera muy especial por la paz en la situación coyuntural que está viviendo nuestro país.

Monseñor Armendáriz subrayó que este “es un camino para valientes, para hombres de fe, esto slo lo puede mover Dios, nadie puede hacer una convocatoria de este tamaño, de tal manera que libre y voluntariamente los peregrinos y peregrinas son capaces de aguantar estas circunstancias que humanamente no creo que a muchos les agrade”.

Aseveró que en momentos difíciles del país sale esta peregrinación para ver que es posible tener actitudes diferentes, caminar en paz y que un contingente de miles de personas se unan en una acción solidaria de oración por todo el país que es pedir por la paz.

“Es un ejemplo de manifestación de fe mariana, aquí es una situación muy especial, Querétaro nos enorgullece de poder ser pastor de esta comunidad con tanto dinamismo donde queremos reimpulsar esta vida espiritual en tantos sectores de nuestra sociedad, principalmente en los jóvenes y también en el rubro de las familias”, destacó.

Obispo peregrino

LANDA DE MATAMOROS

Las intensas lluvias que han azotado la Sierra Gorda los últimos días se detuvieron unos momentos ayer por la mañana para dar paso a más de 800 peregrinos que salieron entusiastas de la recóndita comunidad de Neblinas, en el municipio de Landa de Matamoros, teniendo como marco los extraordinarios paisajes de la región, pero también con la amenaza de constantes deslaves de cerros que fueron la constante y obstruyeron caminos y carreteras.

Pocos minutos después de las diez de la mañana, en un hecho casi inédito, el Obispo de Querétaro, Faustino Armendáriz, con ropa adecuada para lluvia, encabezó la salida de esta pequeña comunidad de apenas mil habitantes, en los límites con San Luis Potosí.

Entre neblinas -de ahí el nombre del pueblito- la columna varonil que tiene puestos los ojos a más de 440 kilómetros de distancia para postrarse ante la imagen guadalupana, inició a serpentear los caminos con una fe tan grande como los enormes cerros que impávidos e imponentes los miraban pasar por sus vericuetos.

Estos hombres y niños le dieron continuidad a la centenaria tradición de peregrinar al Tepeyac al iniciar de esta manera la edición 121 de la romería, aquella que inició en 1886, cuando un grupo de queretanos imposibilitados económicamente para costear el tren empezaron a caminar a la Ciudad de México.

La romería que solo se ha visto interrumpida por unos años a causa de la Revolución y la Guerra Cristera marca el sello mariano de estas tierras, casi irrepetible en otras regiones de la República.

La “pere” arribó ayer por la tarde a Agua Zarca después de sortear una cuesta inicial de 15 kilómetros de terracería para salir de la comunidad de Neblinas y entrar a pavimento. Ha sido el primero de 16 días de caminata hasta la Basílica de Guadalupe, a donde llegarán por la mañana del domingo 17 de julio, con una columna alimentada como río por afluentes para acoger a cerca de 30 mil varones, que arribarán un par de horas después de 18 mil mujeres y 2 mil ciclistas.

Orarán en su camino por la paz que no se encuentra en muchas regiones de este atribulado país. También lo harán por su Obispo anterior, don Mario de Gasperín; el IX y en funciones, Faustino Armendáriz; y por la beatificación de Juan Pablo II.

Además, en su propia intimidad orarán y pedirán por su salud o la de sus seres queridos, por sus familias, por sus penas y congojas, por el pago de mandas y favores realizados.

Es una peregrinación democrática donde caminan igual campesinos, que niños y jóvenes escolares, obreros, empresarios, políticos. Cada quien cargando su morral y solo ellos sabiendo lo que pesa y lo que lleva dentro.

Histórica la 121 peregrinación

LANDA DE MATAMOROS

La edición 121 de la peregrinación al Tepeyac será histórica pues será acompañada en diferentes momentos por tres Obispos radicados en esta Diócesis: el que está en funciones, Faustino Armendáriz, y dos Obispos Eméritos, de Querétaro, Mario de Gasperín, y de Cuernavaca, Florencio Ochoa.

Así lo informó en entrevista con DIARIO DE QUERETARO, el director espiritual de la peregrinación varonil, el sacerdote Javier Bocanegra Morales, en Neblinas, Landa de Matamoros.

Explicó que Monseñor Armendáriz oficiará misa en La Noria, el domingo 10; en Canalejas, Estado de México, el jueves 14; y en La Basílica de Guadalupe, el domingo 17, a la llegada de los romeros.

En tanto, Mario de Gasperín oficiará misa el lunes 11 en San Gil; y Florencio Olvera, Obispo Emérito de Cuernavaca pero originario de esta Diócesis y radicado en Tequisquiapan, lo hará el 13 de julio, en El Alamo.

El presbítero informó a su vez que en esta ocasión los fieles que caminan al cerro del Tepeyac orarán por la familia, por el Papa Juan Pablo II y por los Obispos, Mario de Gasperín y Faustino Armendáriz.

“Este año nuestra Diócesis camina trabajando la Pastoral Familiar con la prioridad que hemos llamado refundamentar la familia, todos los temas que se estarán desarrollando a través de nuestros predicadores es sobre la familia, el diálogo en la familia, el perdón, la importancia del respeto a los padres, la fidelidad matrimonial, entre otros serán los temas”, refirió.

También, añadió, tomaremos en cuenta la Beatificación del Papa Juan Pablo II quien en su pontificado tuvo una especial atención para la familia, y también daremos gracias a Dios por los 22 años de obispado de Mario de Gasperín, y dar la bienvenida a Monseñor Faustino, nuestro IX Obispo con ese lema que hemos tomado “Bendito el que viene en nombre del señor”.

El presbítero comentó que “considerando toda la realidad que estamos viviendo en nuestro país para transformarlo desde la familia como célula de la sociedad, como Iglesia doméstica, oraremos por toda la situación que nos ha tocado vivir en nuestra época”.

Sobre los ministros de culto que van en “la pere”, Bocanegra Morales detalló que “es variable el número, pero nos estarán acompañando de 20 a 30 sacerdotes que estarán celebrando eucaristía y ofreciendo el sacramento de la reconciliación”.