“Sobre el pintor Adolfo X Blanco” por Mario Rodríguez

“AQUELLOS TIEMPOS”

Mario Rodríguez Estrada.-

“EL HOMBRE AGRADECIDO GUSTA SIEMPRE EL PLACER DE UN BENEFICIO; EL INGRATO, UNA SOLA VEZ”.-Séneca.-

Mi actual mejor amiga, gentilmente me invitó al cine, entre las varias opciones escogimos, la película que semanas anteriores había recibido los máximos honores de la Academia Cinematográfica de Hollywood, ganando inclusive el Oscar al mejor actor y otras distinciones; la gocé tanto, que se me hizo pequeña, no obstante que dura sus buenos cien minutos,”” The King’s Speech”,” El discurso del Rey”, su guión acerca de las desventuras del Duque de York, futuro Jorge VI, que habiendo sufrido ciertos avatares infantiles, lo convirtieron en tartamudo psicológico, no logrando hilvanar el más pequeño discurso, Colin Firth es el actor, un terapeuta australiano, Lionel Logue, interpretado magistralmente por Geoffrey Rush, le ayuda para superar tal problema, y me llevó a recordar, un guión similar acontecido hace sus buenos sesenta años, cuando un tartamudo nerviosos similar ingresó a la benemérita y gloriosa Secundaria Federal Nocturna para Trabajadores número uno de la ciudad de Querétaro,1953; su nombre jamás se hizo famoso y nunca se convirtió en Rey, ni de su casa, MARIO RE, desde muy pequeño sufrió lo que en términos psicológicos, lo mismo que el Rey, se conoce como afasia, que es la alteración de la capacidad de formular simbólicamente el pensamiento con medios de expresión hablada; procediendo, los anteriores años, de la Universidad de Querétaro, 1951, Instituto Politécnico Nacional,1952, y del Instituto Militarizado “Benjamín N. Velasco”, sus años de primaria los repartió en varias Escuelas, de Queretarín y de Torreón, cambiando, por la movilidad de su familia, encabezada por su señor padre, telegrafista ferrocarrilero, de institución educativa cada año…un poco se estabilizó cuando su señora madre, viendo los problemas que esto acarreaba en sus hijos, se negó a seguir siendo la “soldadera” de su marido, y se estableció firmemente en Querétaro, reanudando su carrera magisterial en la Escuela primaria “Constitución”, ahí le trató a sus compañeros maestros el problema de su hijo Mario Re; muy lentamente y con pocos resultados la excelente maestra Lolita Pérez de Lara en quinto año,1949, el no menos excelente Adolfo Lara y Núñez en sexto año,1950, y la misma Directora del plantel, la recordada maestra Lupita Barrera, trataron de ayudarlo…y ¡nada!…el problema del tal Marito seguía latente…

Como Director de la Secundaria Nocturna fungía un no solo excelente maestro, sino un mago psicólogo…ADOLFO X. BLANCO VENEGAS…al que la maestra María Luisa Estrada Pérez, madre del emproblemado jovencito, le expuso, nuevamente, el caso…en esa maravillosa época, la Secundaria ofrecía a los padres de los alumnos, a los alumnos y al público en general, cada último viernes de mes, lo que el Maestro Blanco bautizó como “Viernes Sociales”, actuando “todos” los integrantes de sus grupos, a “huevo”, como cantantes, declamadores, bailarines, esketches serios y cómicos, entre los que destacaban los simpatiquísimos: “Tres vidriantes”, parodiando a los “Tres diamantes”, así Manuel Troncoso, Antonio Robles, que de ahí salió para convertirse en uno de los mejores y populares locutores de la Radio Queretana, apoyados por el carisma y la gracia sin igual del después Licenciado David Elías Santos, con sus gracejadas hacían las delicias del público asistente…y entonces, al mago, sicólogo, terapeuta, gran maestro Adolfo X. Blanco se le ocurre colocar al tartamudo Mario RE como : ¡MAESTRO DE CEREMONIAS!…Y COMO LA COSA ERA para todos ¡A HUEVO!…el tal Marito no tuvo de otra, por dos años,1953 y 1954, lo obligó a manejar el micrófono, a cantar y a bailar, declamar y a actuar en “El Brindis del Bohemio”, donde el actor principal lo fue el recordado malogrado amigo David Almada Gallardo, de voz y presencia portentosas…el colofón final en la terapia de Mario RE, vino cuando el Maestro Blanco, le encargó presentarse, dentro de la primera y seria parte del programa de clausura de cursos de la Secundaria, diciembre de 1954,que por cierto marcó el primer año de la naciente Secundaria Federal Diurna No. Uno de la ciudad de Querétaro, como Cantante, interpretando en italiano “Torna a Sorrento” y en español, la popular y bella melodía “La Violetera”; de tanto ensayar, el tal artista casi se hallaba sin voz, entonces el Maestro Blanco al ver el problema, le dijo: “no se preocupe Rodríguez, échese un trago de esto”, y me dio una copa de tequila, me cayó tan bien, que ya “reconfortado” y medio “pedernalón” me enfrenté al expectante público, entre las que se encontraban mis nerviosos familiares, mamá, tia Jovis y abuelita; me acompañó al piano el Maestro de música de la Escuela, y así, un” amarrado” y afásico niño de 15 años, logró medio vencer su problema, y recibir en compensación carretadas de aplausos, que resonaron como timbres de gloria y orgullo en las viejas paredes del “Teatro de la República”…desde entonces, el Maestro Adolfo X. Blanco, se convirtió en uno de mis principales y admirados mentores de mi vida…donde quiera que esté usted…¡Gracias MAESTRO!…le saluda y abraza…Mario RE.

Si en Querétaro a alguien se le debe reconocimiento es a Eduardo Loarca Castillo

El mensaje

Eduardo Loarca Castillo

Hablar de este personaje, ubicado en el tiempo, al final del siglo y del milenio, aunque muchos pudieran opinar lo contrario, es difícil, pero siempre una tarea feliz, que ahora me propongo. Nació en mí este sentimiento de gratitud, la tarde del primer viernes de diciembre, cuando la puerta de su casa, a medio abrir, dejaba ver una figura para mí, de grato recuerdo, la del Maestro, el profe. Loarca.

Para entonces el maestro Aurelio Olvera, Yeyo, con palabras entre cortadas por la emoción, dejaba caer una especie de testamento sobre el gentío que colmaba la Plaza Mariano De Las Casas, eran las palabras de quien guarda para los habitantes del barrio de los Jauleros, su barrio: amor, respeto y admiración.

El gran músico y ahora actual Presidente del patronato de las fiestas de Querétaro, haciendo suyo el mensaje enviado por otro también gran músico, el Profe. Loarca ya en su ancianidad, dijo: “Nunca más la discordia, sino la concordia, ahora que vivimos tiempos difíciles, a lo ancho y largo de nuestra querida patria”.

¿Quien no ha visto al Profe Loarca entregarse de tiempo completo al servicio de su comunidad, escribir incansablemente, dirigir el coro de los niños del conservatorio en Catedral, como un maestro de primaria, y al finalizar, darles de su cartera, un billete de a diez pesos a cada uno, aparte de hacer de ellos unos magníficos músicos para gloria de Querétaro y provecho de ellos mismos.?

Las palabras del Cronista de la Ciudad, del Director de la Escuela de Música Sacra y el Conservatorio Guadalupe Velázquez, el periodista, el escritor, el hombre de valores, el Director del Museo Regional seguían calando en el público asistente, sobretodo cuando dijo quien las repetía: “Que la justicia retributiva sea una realidad absoluta…que de todo lo que producimos, los primeros beneficiarios sean quienes lo producen…”

Mientras las luces de los juegos pirotécnicos peleaban con las estrellas, arriba de la cúpula de Santa Rosa De Viterbo y la Filarmónica de Querétaro le hacía el juego a Lupita Pineda y las buñueleras se atareaban con “los guajolotes”. Mi pensamiento se fue a la vida del Maestro, del hombre fácil para la anécdota, el de la palabra sabrosa, Eduardo Loarca Castillo.

Desde que fue profesor de música solamente, hasta el gran esfuerzo realizado en el rescate y decoro del Museo regional de Querétaro, primer paso para el actual rescate del patrimonio arquitectónico de Querétaro, o la obra magna que es dejar un edificio bellísimo y ex profeso para la Escuela de Música Sacra, El Conservatorio, orgullo nacional, o su esfuerzo para erigir el Panteón de los hombres ilustres, en el antiguo panteón de la Cruz, más sus escritos, entre muchas obras más, hacen de este personaje un hombre de visión y de nuestro tiempo.

Correr deprisa al modo de Camacho Guzmán o con el formalismo de Mariano Palacios o Enrique Burgos, o remontarse a las épocas de Calzada o González Cosío, efímeros, como toda autoridad, mientras él permanece en su tarea de dejar un Querétaro mejor, buscando a decir de las palabras dichas en su nombre, esa noche de reinas y de cabezas coronadas, “ Que el Apocalipsis de la guerra que se cierne por todo el mundo se frustre..”

El mensaje caló hondo, como el frío de esa noche en el auditorio, seguía diciendo el de la palabra a nombre del Cronista ausente al menos unos metros, – miraba desde la puerta de su casa, como a escondidas – : “ Todo lo tendremos, sí todos como un solo hombre luchamos…antes de que sea tarde…” Era el profesor Loarca en su mejor momento, el más lúcido y en la mejor oportunidad, al finalizar el siglo, el milenio y cuando todo parece derrumbarse en esta patria nuestra.

La sensibilidad y el modo en este hombre de nuestro tiempo, ya es poco común, nadie quiere dejar de ser para servir, ser el primero es el esfuerzo siempre más fácil, que ser el último sin dejar de ser el mejor, a escondidas, sirviendo sin que nadie lo note.

Quién no recuerda su figura por las calles de la ciudad, en todas partes, en las grandes ocasiones y en las no tan grandes, siempre en la búsqueda y en la lucha por mejorar el entorno

Tarde memorable aquella, recuerdo, cuando aceptó ante el Cabildo de la Ciudad su responsabilidad de ser El Cronista, ya veía el Querétaro que ahora contemplamos, lo dibujó en sus palabras y proyectos de trabajo. No pensaba, me imagino, en ese momento, cuando hurgaba las bodegas del museo, su museo, para reconstruir los cristos rotos o las pinturas deterioradas por el paso de los siglos y que fue rescatando de una en una.

A su instancia creó la Universidad de Querétaro la escuela de restauración, El Maestro Germán Patiño ocupó el lugar que dentro de la sociedad Queretana le tocaba desde aquel 1936 en que abrió un museo para los Queretanos, lo mismo que rescatara en el tiempo al benefactor Juan Caballero y Osio en libro y en estatua, o su complicidad con el gran pintor Agustín Rivera al reconstruir la mesa taraceada de los franciscanos, arrumbada por aquel entonces en la Capilla de indios del Cerrito, “Nuestra Señora De La Merced” y ahora en la sala magna del Museo De Historia y Antropología.

No ha visto todavía el Maestro Eduardo Loarca ver coronados su esfuerzos al lograr en el ex claustro del Real Colegio y Beaterio de Santa Rosa de Viterbo, un museo de arte sacro, tan necesario en la ciudad por la abundancia de obra de primerísima calidad. que debe quedar a resguardo y para la admiración de propios y extraños.

El profe. Loarca esta inscrito junto a los nombres de los Músicos Queretanos: Guadalupe Velázquez, Cirilo Conejo o Agustín González, entre los cronistas Guadalupe Ramírez o Valentín Frías o los historiadores como Manuel Septién y Esteban Arroyo.

Es importante verlo y escucharlo platicar cuando aquel presidente municipal de Querétaro, Ricardo Rangel, comenzó a blanquear todos los templos de la ciudad y adecentar las escalinatas de Catedral o San Agustín o como aquel solar frente a Santa Rosa se convirtió en la actual plaza Mariano De Las Casas o narrar como el Gobernador Camacho desalojó a los comerciantes que ocupaban las accesorias del actual Museo de Historia.

“…La tranquilidad en el orden…” pide Eduardo Loarca a los Queretanos la noche del primer viernes de diciembre cuando se prenden las luces del árbol de Navidad y el alumbrado público y sale el Carro del Anuncio y la reina es coronada y Querétaro se viste de fiesta, El Maestro alerta al pueblo y al gobierno, la autoridad esta presente, de los riesgos que estamos corriendo y da la receta para enmendar el camino.

Durante un bautizo muy concurrido y ante la oposición del cura del lugar entonó el “ Te Deum” y fue seguido por el Maestro Aurelio y los del coro y el pueblo, no permitiendo que se pierda la tradición en aras del modernismo sin valores o sustituciones no válidas.

La Sierra Gorda Queretana lo conoce, porque lo ha escuchado cuando junto a los “importantes” habla de las “Misiones”, los bellos templos levantados por los indios a instancias de Junípero Serra, donde los indios Queretanos mostraron sus habilidades desde entonces para el arte.

Monique o Gómez Canedo se quedan cortos ante el entusiasmo del Maestro al hablar del estuco vuelto movimiento e imaginación en las fachadas barrocas de éstas misiones queretanas que han abierto nuestro estado al mundo y a la admiración.

El Profe.. Loarca, esta noche de coronación se queda en su casa con la puerta media abierta, mientras el castillo se vuelve universo y llena el cielo de estrellas y todos dejamos de mirarnos para volver la vista, como pocas veces en la vida, al cielo, del que el Maestro nos invita a recordar las palabras del ” Niño de Belén .. Gloria a Dios en los cielos…”

La mujeres vestidas de blanco de cabeza a pies ofrecen buñuelos, enchiladas placeras, atole y tamales, guajolotes y los ponches, mientras la gente se dispersa y alguien por ahí se va pensando en el mensaje de Loarca Castillo forma y síntesis del barroco universal, mezcla india y europea.

José Félix Zavala.

Cómo nace el teatro en Querétaro y su universidad

Teatro y pueblo
Hugo Gutiérrez Vega
La Jornada Semanal

Una lluviosa noche de septiembre de 1959, los Cómicos de la Legua de la pequeña Universidad Autónoma de Querétaro dimos nuestra primera función en el atrio de ese prodigio de eclecticismo barroco que es la iglesia de Santa Rosa de Viterbo, casa en la que vive la monja que tiene los labios más hermosos del arte colonial.

Fundamos el grupo varias amigas y amigos universitarios, pensando en la hermosa tarea teatral de Enrique Ruelas en Guanajuato, y en la Barraca, la compañía que recorrió la España republicana bajo la dirección de Federico García Lorca. Nuestra idea era llevar a los barrios de la ciudad, a los pueblos del estado, a los sindicatos y comunidades rurales, el mensaje del teatro nacional de España. Cumplimos nuestro propósito y, al año de la fundación, ya recorríamos toda la república invitados por las federaciones de estudiantes o por los sindicatos y ayuntamientos. A veces, los organizadores no lograban sacar para el pago de nuestros discretos gastos. Recuerdo nuestra huída del Hotel Elvira de Torreón: aprovechando la muerte de un huésped, salimos con nuestros bártulos, caminando al lado de la camilla y con rostros dolientes y compungidos. De San Cristóbal de las Casas nos escapamos en la madrugada de un día helado. Para nuestra fortuna, el encargado del hotel dormía profundamente y no escuchó nuestro asfixiado ajetreo. En fin… Cómicos de la Legua como los que recorrían España y sus colonias con tres capas, dos barbas postizas y mucho amor por “la farándula y por la carátula” (Cervantes dixit).

En la función inaugural presentamos Las aceitunas, paso de Lope de Rueda; El juez de los divorcios, entremés de Cervantes, y dos poemas escenificados, “El cántico espiritual”, de San Juan de la Cruz y las “Coplas a la muerte de mi padre”, de don Jorge Manrique. Pienso en mis compañeros de aventura teatral: Paco Rabell, Jorge Galván, Carmen Cepeda, Ignacio Frías, Estela Belaunzarán y Gonzalo Pacheco. Con ellos y con otros amigos hicimos largos viajes, estudiamos las técnicas teatrales (la asesoría de Jorge Galván fue muy importante), discutimos los repertorios, nos divertimos sin medida y trabajamos con vigor y con respeto por el teatro y, sobre todo, por un público que intentábamos formar y acercar a uno de los fenómenos artísticos más próximos a lo humano esencial. Pusimos entremeses de Cervantes, pasos de Lope de Rueda, entremeses de Quiñones de Benavente y de Quevedo; farsas francesas de la Edad Media (el Patelin hecho por Ignacio Frías fue tan memorable como el Corregidor de la Farsa y justicia compuesto con precisos matices por Paco Rabell); La cantante calva, de Ionesco, obras de García Lorca, de Baroja y de Ugo Betti; varias obras de Ruiz de Alarcón; Esperando a Godot, de Beckett (la dirigió Ignacio Frías y participó en la fiesta teatral de Medellín) y mucha poesía en voz alta: Garcilaso, Francis Thompson, Claudel, López Velarde, García Lorca (destaco el “Via Crucis”, de Claudel y “El lebrel del cielo”, de Thompson). Paco Rabell e Ignacio Frías fueron los continuadores de una obra que me precio de haber iniciado. El grupo creció y viajó por el mundo. El repertorio se fue empequeñeciendo y la idea de hacer un teatro al servicio de los jóvenes y del pueblo en general, poco a poco se fue olvidando o convirtiendo en un proyecto distinto. Los cómicos cumplieron ya cincuenta y un años y siguen trabajando en el Mesón que les entregó el Gobernador Mariano Palacios. Hace mucho que no los veo y tengo la impresión de que no están muy interesados en que nos veamos. Tienen razón: a los fundadores se les ponen flores y se procura que no intervengan en las nuevas actividades acordadas por las nuevas gentes. Sigo pensando en las giras a los pueblos y a los barrios, en los niños de Santa Rosa que se sabían de memoria muchos parlamentos de nuestras obras. Pienso sobre todo en un niño de diez años que, al terminar una función, se me acercó y me dijo: “Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar que es el morir.” Le di un beso en la frente y me senté a llorar en la banqueta. La poesía había prendido en ese niño su llama perdurable.

jornadasem@jornada.com.mx

“Los apretados” por Mario Rodríguez

“Aquellos tiempos”.

Mario Rodríguez Estrada.-

“EL CORAZON ES CENTRO, PORQUE ES LO UNICO DE NUESTRO SER QUE DA SONIDOS”.-María Zambrano.-(1904-1991).-filósofa española.-
La música en la ENEF.-Parte II.-

Muchos de nuestros condiscípulos, además de ser excelentes alumnos-deportistas, le hacían con sin igual alegría a la música…Ulíbarri y Sevillita formaban un dueto sin par, rascaban la guitarra como verdaderos maestros, y sus bien templadas voces, se acoplaban mejor que muchos de los integrantes de los más famosos tríos, con los cuales, por cierto, tenían mucha amistad, alternando con ellos en varios eventos; Ulíbarri un buen plantado tamaulipeco, poseía unas manos de plata y una tenoresca voz, con el dejo norteño de su Tamaulipas, en Sevilla halló no solo su complemento como artista, sino a un verdadero amigo y compañero, casi, casi el arte los hermanó y por mucho tiempo fueron caras de una misma moneda…deleitaban, sobre todo, a las compañeras, las que literalmente los adoraban, pues muchas veces cantaron las más bellas y románticas canciones de “Aquellos tiempos” a la vera de sus ventanas, desgranando: “La enramada”, “Venganza”, “Ofrenda”, “No me platiques Ya”, “Alivio”, enloqueciéndolas con: “Mi último fracaso”, “Estoy perdido”, “Historia de un amor”, desmayándose cuando llegaban a : “Llegaste tarde”, “Contigo en la distancia” y “Tú mi adoración”…así que díganme ustedes, mis queridos amigos, quien iba a poder quitarles una sola de aquellas bellas flores, representadas por nuestras queridas compañeras, sus hermanas y demás familia mujeril…y como dice el dicho” Si no puedes vencer a tu enemigo, alíate con él”…Una noche cuando yo ya a punto estaba de caer en los brazos de Don Morfeo, llegan al departamento de los apretados, éramos más de quince personas, cada uno con su cama individual y su locker, los referidos Sevilla y Ulíbarri, pues necesitaban una primera voz para un trío, pues iban a llevar gallo a sus novias, y se les ocurrió invitar al principal gritón de los baños varoniles de la ENEF, si, al famoso caballito Rodríguez, casi me vistieron, alguien me prestó un saco y un sombrero, entregándome un par de maracas y unas claves, y más que rápido me metieron a uno de los tres coches en que viajaban los ansiosos y románticos novios…recorrimos casi todo el Distrito Federa, y al finalizar la veinteava serenata, cada una con diez canciones, la voz del tal caballito, había desaparecido…lo peor vino cuando Sevillita me dejó en la terminal de los camiones que me dejarían cerca de mi poblado departamento, serían las cuatro o cinco de la mañana y hube de esperar más de una hora para que saliera el primero de los antiguos camiones, que conectaban el sur de la capital con el centro de la ciudad, este me dejó cerca del Zócalo, y como aún me faltaban casi diez calles para llegar cerca del mercado “Abelardo Rodríguez” y del cine “Acapulco”, para descansar un poco me metí a uno de las primeras iglesias que vi abiertas, por las calles de Madero, el calorcito y el olor de las velas me adormecieron, tanto que plácidamente caí debajo de una de las bancas, me despertó la voz de una viejita que me dijo, “joven, joven, siéntese porque con sus ronquidos el padre no puede empezar la misa”…preferí salir como bólido para un poco descansado continuar con mi camino…por mucho tiempo le menté a Sevilla y cuates a la más vieja de su casa.

David Angel García Godínez, el famoso “Tammy”, era un AS de los timbales, y formaba, junto con sus hermanos y amigos, una sin par Danzonera-tropical, que muchas veces animó nuestras tardeadas, haciéndonos inolvidables:”La florecita”, “Rigoletito”, “La casita”, “Danzones de Pardavé”, “La flauta mágica” y tantas otras que jamás se nos han apartado de nuestra memoria, su fraternal amigo Manuel Lozano Flores, era su guarura y cargador de su equipo, ambos eran bailarines sensacionales y elegantes como “Dandys”, cuando coincidimos, ya como “Profes” en las bellas tierras potosinas,(1960-1963), ambos se convirtieron en mis estimados compadres y sus bellas esposas en mis amadas comadres.- El espacio ya se me terminó y aquí hago un pequeño espacio para despedirme por el día de hoy…ojala tengan tiempo y humor para contarles el fin de esta historia…les abraza su bailarín amigo de los dos pies izquierdos y exhausto neo cantante de tríos…Mario “El caballito” RE.-

Cerca de trecientos años tardó en ser Santuario el templo de la V. Congregación y en 1946 le negó el Vaticano la posibilidad de ser Basílica

HISTORIA Y FIN DE LA V. CONGREGACIÓN DE CLÉRIGOS SECULARES Y
DE SU SANTUARIO DEDICADO A LA VIRGEN DE GUADALUPE
EN QUERÉTARO

En 1659, el Pbro. Lucas Guerrero y Rodea compró un solar en la Ciudad de Querétaro, donde al sembrar trigo se encomendó a la intercesión de la Santísima Virgen de Guadalupe, prometiéndole dedicarle una parte de la venta de los frutos. Obtuvo una abundante cosecha. Con el dinero obtenido, se dio a la tarea de conseguir una pintura de la Santísima Virgen Guadalupana, adquiriendo en 1659 una Imagen muy hermosa, trayéndola a la Ciudad de Querétaro, puesto que por entonces no había Imagen alguna de la Santísima Virgen de Guadalupe en ella.

El padre Lucas Guerrero, trajo la imagen en el mismo año de 1659, eligiendo el Templo del Hospital Real de la Purísima Concepción, hoy Templo de San José de Gracia.

El Padre Lucas Guerrero inspirado en el Oratorio de San Felipe Neri, fue congregando en torno de Santa María de Guadalupe a los sacerdotes diocesanos, quienes luego de gestionar los trámites necesarios, redactar las Constituciones y obtener el permiso de la Arquidiócesis de México, a la cual pertenecía entonces la Ciudad de Querétaro en la persona del también queretano Antonio de Cárdenas y Salazar, Vicario General, el 10 de enero de 1669, quedó canónicamente fundada la Congregación de Clérigos Seculares de Santa María de Guadalupe, aprobándola el Papa Inocencio XII con la Bula “Pietatis et Charitatis Oper” del 5 de septiembre de 1691.

He aquí los nombres de los primeros Sacerdotes Congregantes:

• Bachiller Don Lucas Guerrero y Rodea
•Bachiller Don Juan de Miranda
•Bachiller Don Diego de Barrios Pimentel
•Bachiller Don Francisco de Lepe
•Bachiller Don Simón de León
•Bachiller Don José Aguilar y Monroy
•Bachiller Don Miguel Martín
•Bachiller Don José Maldonado y Camacho
•Bachiller Don Juan Pacheco
•Bachiller Don Nicolás de las Casas
•Bachiller Don José de la Parra
•Bachiller Don Francisco de la Vega
•Bachiller Don José Manrique Maldonado
•Bachiller Don José Núñez
•Bachiller Don Antonio Rodríguez
•Bachiller Don Antonio Herrera
•Licenciado Don Diego Fernández de Castro
•Licenciado Don José Castillo Villaseñor

La Congregación de Clérigos en 1671 compró un predio, donde en febrero de 1674 se comenzó a construir una pequeña capilla.

En el mismo lugar el 1º de junio de 1675, el Padre Lucas Guerrero bendijo la primera piedra del, hoy, majestuoso templo ubicado en la actual esquina de las calles de Pasteur y 16 de Septiembre.
Su magnífico diseño es obra del arquitecto José de Bayas delgado.

Dicho templo fue bendecido el 11 de mayo de 1680, por el Presbítero queretano. Br. Juan Caballero y Osio, quien de su peculio costeó casi la totalidad de la construcción.

Al construirse el Templo de la Congregación, se preparó el Retablo del Altar Mayor para colocar en él una imagen de la Guadalupana pintada por Baltasar Echave.

La Imagen actualmente venerada es la tercera, obra del pintor oaxaqueño Miguel Cabrera, quien la regaló al Sr. Arzobispo de México Manuel Rubio y Salinas.

Dicha imagen paso a propiedad del Sr. Bernardo Pardo, vecino de la Ciudad de Querétaro, quien en 1778, la intercambió con el Padre Antonio Lamas Chávez (entonces Prefecto de la Congregación) por la imagen pintada por Echave.

De la primera y segunda imagen no tenemos por ahora mayor noticia.

Con el paso del tiempo, La Congregación, como asociación, se vio favorecida con la generosidad de innumerables fieles, aunque también cumplió con impuestos, prestamos forzosos y otras obligaciones; finalmente, sufrió los embates de las llamadas Leyes de Reforma bajo el gobierno de Benito Juárez: “Del año de 1857 a 1861 la I. y V. Congregación perdió absolutamente todas sus propiedades y sus fondos, al grado de no contar ni siquiera con la casa anexa a su Iglesia”.

Luego se decretó la extinción de las órdenes religiosas, luego la persecución de los señores obispos y sacerdotes. Así, quedaron suspendidas todas las actividades y aislados todos los Congregantes desde los primeros meses de 1861. Los cortos intervalos de paz hasta 1864 no fueron suficientes para reorganizarla.

Posteriormente, cuando nuestra Diócesis de Querétaro. fundada el 7 de febrero de 1864, dada sus primeros pasos, el Templo de la Congregación como el resto de la ciudad sufría las consecuencias del Sitio del ejército repúblicano contra el usurpador Maximiliano de Habsburgo.

Fue despojado en 1867 de sus cuatro campanas por el general Mariano Escobedo para fundirlos como cañones.

El Gobierno Eclesiástico de la naciente Diócesis, se vio impedido a impulsar la reorganización, quedando sin efectuar nuevas elecciones. Al morir el Pbro. Br. Jesús Pizaña, en 1879, no fue elegido Prefecto, sino que el Consiliario más antiguo, el Pbro. Br. Pedro María Gutiérrez, fue reconocido como primer Dignatario o Viceprefecto.

Cuando llegó nuestro tercer Obispo Excmo. Sr. Rafael Sabás Camacho, ferviente guadalupano, se propuso renovar la Congregación.

El 12 de septiembre de 1885, renovó las Constituciones, dando nuevo impulso a la organización.
Además en 1886 promovió la reparación y nueva decoración del Templo.

En 1888, la antigua antesacristía fue convertida en la Capilla de la Purísima Concepción, a costa del Congregante Pbro. José Francisco Figueroa.

El 30 de noviembre de aquel año fue consagrado el Templo por el Excmo. Sr. Camacho.
El 10 de mayo de 1924, el Excmo. Sr. Obispo Francisco Banegas aprobó la reforma de las Constituciones, dando nuevo impulso a tan egregia organización sacerdotal.

Sin embargo, con el estallido de la Revolución, la Congregación sufrió nuevas ofensas. El 13 de abril de 1915 una horda de los llamados “ciudadanos armados” y del “Obrero Mundial” penetraron en el Templo y dependencias, saqueando y profanando las vestiduras y objetos sagrados.

Sus confesionarios, como los de otros templos, fueron sacados a la calle para ser quemados.
Con la llegada de las leyes impulsadas por el Presidente Plutarco Elías Calles, los obispos mexicanos decidieron cerrar los templos el 31 de julio de 1926, teniendo que ser atendidos por piadosos seglares, según las instrucciones dadas en cada Diócesis.

El Sr. Obispo Banegas, dejó como encargado del Templo al Presidente de la ACJM José Ugalde R. quien heroicamente desempeñó tan delicada encomienda, al punto de sufrir golpes y cárceles.

Luego de los Arreglos del 29 de junio de 1929, la Congregación reanudó el culto del 12 de julio de 1929 hasta el 6 de junio de 1932, cuando fue clausurado por orden del gobernador Saturnino Osornio “so pretexto de que en una escalera de una torre había roturas, de que había desaseo en la misma torre y falta de higiene en los excusados”, reabriendo el 11 de diciembre de 1938, ya en tiempos del gobernador Ramón Rodríguez Familiar y del Excmo. Sr. Obispo Marciano Tinajero.

Luego de reanudarse el culto, se pensó en redecorar el Templo, sustituir el altar mayor y coronar la Sagrada Imagen de María de Guadalupe. Para lograr estos objetivos se constituyó una Comisión. El Sr. Obispo Tinajero consagró el altar actual el 22 de noviembre de 1942, entronizando en él la Sagrada Imagen Guadalupana el 2 de diciembre.

El 12 de diciembre de aquel año, se coronó solemnemente, de manos del Sr. Obispo Tinajero y del Sr. Arz. de Puebla Pedro Vera.

En 1946, se solicitó a la Santa Sede la elevación a Basílica Menor. La Sagrada Congregación de Ritos contestó “non expediré”, a causa de la pequeñez de su construcción.

Sobre cómo se fue extinguiendo la Venerable Congregación de Clérigos, aún quedan por hacer algunas investigaciones.

La última sesión atestiguada por el Boletín Diocesano fue el 12 de diciembre de 1957 siendo prefecto el Pbro. Ezequiel de la Isla.

El prefecto anterior fue el Pbro. Gonzalo Vega Rubio.

En 1958, el Templo de la Congregación fue elevado a Santuario por el Excmo. Sr. Obispo Alfonso Toríz.

“El Cerrito” por Daniel Valencia

El Cerrito

El Cerrito es un asentamiento prehispánico de carácter ceremonial ubicado en la parte sur del Valle de Querétaro. El volumen constructivo alcanzado por su más importante estructura que es el basamento piramidal lo identifica también con el nombre de la Pirámide del Pueblito.

La disponibilidad de agua, suelos fértiles y un clima benévolo, permitieron el asentamiento de grupos humanos dedicados a la agricultura. Los cultivos del maíz, frijol, camote, calabaza y chile, complementados con la recolección de recursos naturales de flora y la cacería de animales, permitieron el surgimiento de una sociedad compleja y estratificada, cuya clase dominante extrajo a través del tributo los recursos humanos y materiales para construir plazas, plataformas y el basamento piramidal. Los datos sobre la fundación de este asentamiento son escasos, aunque el descubrimiento de una figurilla H4 y tepalcates procedentes de Chupícuaro, sugieren un nexo con esta cultura del periodo formativo, aunque la arquitectura no es evidente aun. Otros materiales cerámicos encontrados en el Cerrito, tales como platos y ollitas de barro burdo destinados a ofrenda, han sido identificados como imitaciones de vasijas de Teotihuacan (400-600 d.C.)

Sin embargo, a la fecha la etapa mejor conocida es aquella donde la arquitectura, escultura en piedra y cerámicas foráneas, muestran una clara presencia de la cultura tolteca del periodo posclásico temprano (900-1200 d.C.)

Finalmente será durante el periodo posclásico tardío (1200-1500d.C.) cuando en El Cerrito, funcionando todavía como centro ceremonial en la escala de santuario, sus ocupantes aumentaron el volumen del basamento piramidal agregándole escalinatas y altares.

Documentos históricos mencionan que el culto a una deidad prehispánica continuó hasta 1632, siendo los franciscanos quienes inician en ese año un proceso de sustitución por una nueva imagen de la religión católica, la Santa María, en su advocación de Inmaculada Concepción, hoy conocida como Nuestra Señora del Pueblito.

La colocación de la imagen en un lugar intermedio entre el pueblo y el Cue, fue señalada por la construcción de una capilla, donde permaneció por 82 años. En 1714 fue cambiada a otra capilla de adobe ubicada en el hasta hace poco tiempo camposanto, donde permaneció por 22 años, para finalmente trasladarse en 1736 a su actual santuario. El final de estos eventos marca el inicio de la destrucción y saqueo de materiales del sitio arqueológico.

El Proyecto de Conservación 1998-2002

La gestión institucional para iniciar un proyecto de investigación y conservación arqueológica se logró en el año de 1998, con la colaboración del Gobierno del Estado de Querétaro a través de la Secretaría de Turismo y de la Dirección de Sitios y Monumentos de la SDUOP, el Municipio de Corregidora y el INAH. Los objetivos iniciales consideraban priorizar la investigación y conservación de estructuras y plazas prehispánicas, la recuperación de terrenos considerados dentro de la delimitación de zona arqueológica y la elaboración de proyectos de infraestructura.

El presente trabajo trata solamente sobre el primer aspecto, aunque cabe mencionar que un gran logro para la protección jurídica del sitio, fue la declaratoria de Zona de Monumentos Arqueológicos El Cerrito, emitida por el Poder Ejecutivo Federal el 9 de Noviembre de año 2000.

Resultados de las Investigaciones Arqueológicas

El Basamento Piramidal, es la construcción con mayor volumen del sitio y como se había mencionado la que da el nombre al sitio. Ésta estructura piramidal de planta cuadrangular se localiza en el sector noreste del conjunto de edificios que forman la zona arqueológica y tiene por dimensiones actuales 30 metros de altura y 118 metros de longitud en su cara oriente, esta última medida fue obtenida a fines de 1999, al ser descubiertas en la excavación las esquinas del lado oriente del mismo.

Las exploraciones arqueológicas realizadas desde el año de 1998 a la fecha han permitido definir hasta el momento tres etapas constructivas. La primera y la más antigua ha sido identificada por medio de un muro con un ligero talud, que se construyó con lajas de piedra basáltica, pegadas con lodo y recubrimiento de estuco. Dicho muro forma parte de un basamento piramidal que midió unos 80 metros por lado, mismo que sería cubierto con la construcción de otros basamentos. Es una edificación que se asocia al periodo básico tardío o al epiclásico (650-700 d. C. al 900 d.C.)

En una segunda etapa se construyó un basamento piramidal con muros que forman talud y tablero hechos de piedra caliza pequeña, recubiertos de una capa de estuco. Sobre el muro vertical que formaba el tablero existían adornos de tipo coronamiento que serán descritos más adelante. Esta etapa es identificada como Tolteca y perteneciente al posclásico temprano (900-1200 d.C.)

La tercera etapa constructiva es la de un basamento de muros en talud, bastante inclinado, de piedra basáltica pegada con lodo y cubierta de estuco, misma que cubre a las anteriores. Sobre el muro se construyeron “aumentos”, tales como un altar en la cara sur, una ampliación a la Plaza de las Esculturas. Esta etapa constructiva pertenece al periodo posclásico tardío y quizá alcance hasta el siglo XVI.

Sobre el basamento piramidal se encuentra El Fortín, construcción de fines del siglo XIX, cuya planta arquitectónica de tipo militar con sus torreones en las esquinas contrasta con las puertas y ventanas que son de un estilo neogótico. Por la fecha de construcción el edificio es considerado un monumento histórico. Los trabajos efectuados en él consistieron en recimentación y reintegración de muros derrumbados, logrando estabilizarlo.

Al oriente del basamento piramidal existe una gran explanada llamada Plaza de la Danza, debido a que todavía hace algunos años en este sitio se realizaba la escenificación de danzas durante las fiestas de Febrero a la Virgen del Pueblito.

La alteración que sufrió con el paso de los años hizo que se perdieran una serie de altares que se distribuían en la plaza. En los últimos trabajos de investigación se registró un canal de desagüe de agua pluvial con pendiente de la esquina sureste del basamento piramidal. Así también se restauraron 75 metros lineales del volumen de un muro de contención al oriente de la plaza y niveló la mitad de ella.

Junto con el basamento piramidal, la Plaza de las Esculturas han sido los espacios más trabajados, entre ambos suman aproximadamente 3600 metros cuadrados de excavación y consolidación de muros y pisos prehispánicos. Su nombre, como se ha dicho en otras ocasiones se debió a que en las primeras exploraciones se rescataron en este espacio fragmentos de relieves y coronamientos. Se trata de una plaza hundida, rectangular, con dimensiones de 72 metros de largo por 60 metros de ancho que se encontraba cubierta por un piso de estuco.

En las excavaciones de fines de 1999 se encontró en la parte central de la plaza un entierro de un infante, el cual fue expuesto como pieza del mes en el Museo Regional de Querétaro en el año 2000.

Hacia el extremo poniente de la Plaza de las Esculturas se encuentra el Altar de los Cráneos. Se le dio este nombre pues en su exploración se encontraron dos contextos de ofrendas de cráneos y mandíbulas ofrecidos a la construcción del altar.

Destaca la segunda ofrenda en que se registraron 20 cráneos y 27 mandíbulas, 4 vértebras cervicales y 12 dientes aislados con mutilación intencional, acompañados de concha quemada y pedazos de cerámica de un brasero y de un incensario de sartén, ambos fechados para el periodo posclásico temprano.

Materiales Arqueológicos
Cerámica

Los objetos de cerámica producidos en la región que se han encontrado en El Cerrito son de formas sencillas por lo general monocromas y en menor escala decorados en rojo sobre bayo. Para los periodos tempranos del sitio se presentan tres grupos:

El Blanco Levantado que conjunta a una cerámica áspera de color café. Su característica definida es la aplicación de una pintura blanca deslavada por medio de una brocha, quedando la huella de líneas paralelas en diagonal a veces entrecruzadas. Se hicieron exclusivamente ollas de cuerpo ovoidal con una tira en el cuello simulando una cuerda.

El segundo grupo, denominado Arado lo componen cuencos, tecomates, ollas, sahumadores, braseros y pipas de cazoleta. La temporalidad del grupo arado es contemporánea a la del Blanco Levantado, siendo al parecer copias de objetos teotihuacanos del periodo clásico (400-650 d. C.)

El tercer grupo es el llamado Cerrito que agrupa ollas, molcajetes, cuencos, tecomates, sahumadores y braseros. La temporalidad de este grupo cerámico es del posclásico temprano (900-1150 d. C.)

Las cerámicas más abundantes encontradas hasta ahora pertenecen al periodo posclásico, asociadas al complejo Tollan de la cultura Tolteca (950-1200 d. C.) Entre estas se pueden mencionar los cajetes tripoides hemisféricos con soportes representando perros, de color café y en su parte interna presentan estrías para usarse como molcajete. Coexisten con braseros en forman de reloj de arena que se decoraron con aplicaciones exteriores de series de picos o bolitas por la técnica de pastillaje, aunque también se encuentran con representaciones del rostro de Tlaloc. Su función fue la de quemar incienso y otras sustancias durante las ceremonias.

Son comunes los ahumadores o incensarios, este artefacto es una vasija o plato de paredes casi rectas adheridas a un mango tubular hueco, con decoración de bandas verticales rojas sobre el mango.

Del mismo periodo son las Ollitas Tlaloc, pequeñas jarras efigie de Tlaloc hechas en un barro café que presentan como característica un asa trenzada.

Por último cabe mencionar la cerámica Plumbate, de amplio uso ceremonial en los sitios de filiación tolteca, es una cerámica importada de la región fronteriza de Chiapas y Guatemala, de un sitio llamado Tajumulco. El atributo más importante de esta cerámica es su superficie lustrosa y metálica brillante. Con ella se hicieron jarras globulares, vasijas efigie zoomorfas.

En las últimas excavaciones se encontró un fragmento de cabeza de forma antropomorfa de las llamadas Ojo Grano de Café. De pasta burda, es una figurilla delgada y ancha, con aplicación al pastillaje de los ojos, de ahí su nombre. Figurillas similares aparecen en Villa de Reyes, SLP., Cerritos, Zac., Morales, Gto., y Tulancingo, Hgo.

Otras dos figurillas completas son copias de las llamadas Mazapa, una representa a una mujer y otra a una anciana. Ambas fueron hechas en molde. Finalmente se han encontrado fragmentos correspondientes a cabezas de otras figurillas de este estilo, representando a guerreros. Su temporalidad es el posclásico temprano.

Artefactos en Piedra

Se han identificado principalmente puntas de proyectil que fueron encontradas en un contexto correspondiente a la última etapa de ocupación, formando parte de las ofrendas dejadas en la cara oriente del basamento piramidal. Las materias primas en que fueron hechas son obsidianas verdes y grises, y en menor escala sílex blanco y rojo, riolita y basalto.

Según las categorías generales de clasificación, destacan las que no tienen muescas, como las tipo Tortugas de forma triangular en sílex. Y las tipo Lerma con forma de hoja de laurel. Con muesca basal, como las tipo Tula, de péquenlas dimensiones y hechas a partir de navajillas de obsidiana.

De muescas laterales, como el tipo Ensor, de forma subtriangular, ligeramente asimétrica y con muecas. Las Texcoco A con muescas laterales profundadas y base recta de aspecto cuadrangular, abundantes durante el periodo posclásico.

Bajo la técnica de Piedra Pulida se han descubierto hachas de hoja simple, hachas de hoja con garganta y desfibradores, elaboradas sobre piedras de serpentina, andesitas, granodiorita y basalto, todas halladas en contextos de ofrenda basamento piramidal.

Entre los rellenos de las sucesivas etapas constructivas se han descubierto otras herramientas utilizadas en la construcción del edificio como hachas de garganta para extraer piedra, pulidores para piso de estupo, plomadas y dos representaciones en miniaturas de basamentos piramidales.

Escultura en Piedra

El universo de escultura encontrada en las exploraciones de El Cerrito se asocia a la fase de ocupación tolteca, par fines descriptivos se puede dividir en:

Escultura en Bulto
Escultura en Relieve
Elementos Arquitectónicos Decorativos

Escultura de Bulto

La primera referencia que se tiene de esta son las esculturas de un Chac Mool, un Atlante, y una cabeza humana, descubiertas e ilustradas en el informe de Agustín Morfi en 1777, su destino es desconocido.

En las últimas excavaciones de la Plaza de las Esculturas, fue encontrada la cabeza de una escultura de Chac Mool, con restos de pigmento rojo y estuco, con el rostro mutilado. Es común encontrar cuerpos de Chac Mool de cabeza, así ha sucedido en Tula y en Chichen Itza, lo que supone que trataba de una práctica ritual común.

Escultura en Relieve

Esta escultura de realizó en placas o lápidas de toba y raramente en basalto, se utilizó para forrar columnas cuadradas, tableros de basamentos y para decorar pequeñas banquetas.

En todas las excavaciones se han encontrado diseños de rostros humanos de perfil, posibles guerreros o sacerdotes, así como grabados de cráneo. También son comunes las imágenes de aves, entre las que se identifican al colibrí y pericos. Y por último los simbólicos, tales como pecheras y faldillas con forma de caracol, emblema principal de Quetzalcoatl, Quincunce como símbolo de Venus.

El análisis superficial de las escrituras determinó que fueron decoradas con pigmentos de diversos colores. Se utilizó rojo para el fondo de los relieves, azul en los casos de motivos de plumas y chalchihuites, blanco en ojos, huesos y lenguas.

Elementos Arquitectónicos Decorativos

En las exploraciones de los últimos años se han encontrado coronamientos, también conocidos como almenas. Su función fue la de adornar la parte superior de los cuerpos de basamentos piramidales, coronar el pretil de palacios, o bien como remates de muros con relieves como el muy conocido Coatepantli de Tula.

En El Cerrito se han encontrado piezas y fragmentos de los tipos de seis picos, de caracol cortado y de flechas cruzadas, ejemplos típicos de sitios arqueológicos del periodo Tolteca en Mesoamérica.

Los ejemplos más abundantes son del tipo de flechas cruzadas encontrados en las excavaciones de la cara oriente del basamento piramidal, la primera pieza restaurada mide 99 centímetros de altura y 82 centímetros de ancho, por seis centímetros de espesor,

También se han encontrado otras esculturas que solamente en conjunto expresan un ornamento, hablamos específicamente de los llamados tamborcillos y clavos con representación de chalchihuites.

Ambos forman segmentos de frisos en las fachadas de palacios de la época tolteca.

Daniel Valencia Cruz
Arqueólogo Responsable de la Investigación Científica de la Zona Arqueológica de El Cerrito

Los inicios de San Miguel El Grande por José Félix Zavala

San Miguel El Grande

Sus inicios

Itzquinapan

José Félix Zavala

Otontecutli, – dios de los antepasados, dios tribal, dios de la guerra, dios creador, recibidor de solo sacrificios de fuego, reinante de estos contornos, Señor de los muertos -, esta por caer.

El enemigo esta en los dinteles de esta llanura de cazadores, son los Huachichiles, son los Chichimecas, es el lugar donde los cuesillos se levantan por todas partes, lugares consagrados para que la vida y la muerte sean propicios.

La cuenta de los días en Occidente señala el 29 de septiembre de 1542; cuando un ministro de los nuevos dioses, en nombre del cristianismo y el Rey, proclama suyas estas tierras, su nombre es Fray Juan de San Miguel, quién improvisa un templo al nuevo dios, con troncos y traza “el pueblo”, nueva forma impositiva de congregarse en policía para los habitantes inmemoriales de esta región, mientras los soldados invasores los someten al bautismo, – iniciación al nuevo rito -, desde entonces todo habitante de estos contornos es sometido, de esta manera nace San Miguel, San Miguel El Viejo.

Ueueteotl, Padre Viejo y Amatecutli, Madre Vieja, los dioses tribales, empiezan a ser escondidos por los habitantes originales de este lugar, los guardan con celo, los protegen contra los nuevos dioses y sus ministros, también hacen lo mismo con las representaciones de la Luna y el Sol, sus símbolos culturales, comienzan a distribuirse “los ídolos” por todos lados, disfraz amable para el sometimiento “voluntario”.

Los chichimecas de estos contornos se revelaron por más de cuarenta años a este proceso de exterminio, mientras el invasor fundaba pueblos, congregando a los incongregables. Los misioneros seguían empalmando dioses, mientras los soldados hacían guerra.

El indio Valerio De La Cruz, recibió un encargo: “Yo os mando que os arméis de punta en blanco para distinguiros de los demás indios, que os encargo, de arco y flechas, amigo de la Fe Católica y de su majestad y como tal, con vara de Capitán de guerra, seréis General en los pueblos de San Miguel El Grande, San Felipe, Río Verde, Nueva Galicia, Celaya, Valle de Huichapan y demás pueblos de sus alindes de donde vengan los bárbaros, a quienes acometeréis como enemigos de la Tierra”

Dice el visitador Francisco de Ajofrin: Refiriéndose a San Miguel El Grande: “Por la banda del norte a media legua de distancia, sobre una eminencia, una fabrica antigua de los indios gentiles, que hoy se llama cuesillos y dicen era un famoso templo o adoratorio; a mí me pareció después de haber examinado su circunferencia, fabrica y modo de construcción, que seria fortaleza o fortines, pues se registraban aun en día varios fortines y como baluartes alrededor del edificio, principalmente que parece una Plaza de Armas”.

“En San Miguel El Grande y sus alrededores se nota la existencia de un culto teocrático preponderante y formal dedicado a las más arcaicas y adoradas deidades del México antiguo en esta región… se manifiesta por la gran cantidad de braseros ceremoniales hallados juntamente con artefactos actualizadores de sus mitos.”

La importancia de los hallazgos arqueológicos de la zona de San Miguel El Grande, se comprende mejor recordando lo dicho por Hermann Beyer.

“Los creadores de la mitología de los códices, debieron ser miembros de un pueblo que pertenecía a la familia lingüística de los nahuas, de la que se sabía los Aztecas formaban parte…”.

“Quizás en los mitos de Tula y su glorioso pasado tengamos tradiciones históricas mixtas con mitos cósmicos y físicos, y puede ser que los Toltecas, los habitantes de Tula, hayan sido realmente los fundadores de la cultura americana”.

Estos textos muestran la importancia extraordinaria del San Miguel, pre-hispánico, como cultura proto-Tolteca.

San Miguel el Viejo, primer lugar donde se intenta fundar a San Miguel, no tenia suficiente agua para la fundación que allí se pretendía, por el sucesor de fray Juan de San Miguel, uno de los doce franciscanos, que llegaron a la conquista espiritual de lo que llamarían la Nueva España.

Bernardo de Cossin, trasladó el pueblo a Izquinapan, que significa en español, lugar de agua encontrado por perros, junto a donde conocemos por la Santa Cruz del Chorro, allí se recomenzó la fundación de San Miguel.

Trazó el plano de la población, fijó los lugares para el templo, el convento, el hospital y el colegio. Los habitantes originales del lugar, -Huachichiles, Gumaraes, Capuces, Pames, Cazcanes, Guajabanas, Sauzas y otros – no dejaron de ser hostiles a la fundación y a la congregación que de ellos querían hacer los misioneros y soldados españoles.

Por esta causa el Virrey, Luis de Velazco, fundó guarniciones, los llamados “presidios”, con soldados indígenas aliados, y españoles, asegurando de esta manera la zona.

Lo hizo en San Miguel por 1554, después en Atotonilco, siguió en Puerto del Nieto y Petaca, ya para entonces se contaba en San Miguel con una Misión franciscana, un Hospital y un Colegio para indios sumisos.

“Yo Don Luis de Velasco, Virrey y Gobernador por su Majestad en esta Nueva España hago saber: Por cuanto al servicio de Nuestro Señor y su Majestad conviene que para que cesen las muertes, robos y otros sucesos que ha habido y al presente hay, en los llanos de San Miguel, camino de los Zacatecas, se funde una Villa de Españoles…”

“ La señalareis y tracéis por la orden que más convenga, de manera que viva en toda policía y en buena traza y en dicho convenga, proveerse… ha de ser fuera de las casas de los indios Tarascos, Chichimecas y Otomíes, que en dicho pueblo viven y de las sementeras que ellos tienen, de manera que los unos y los otros tengan sus tierras distintas y apartadas…”.

Domingo Pérez por los chichimecas y Juan de San Miguel por los Otomíes fueron nombrados gobernadores de indios.

El territorio de Izquinapan, tierra intervenida, primero fue un pueblo de indios, sometido, luego presidio o fortín, que guardaba el camino de la plata y después en 1556, Villa de Españoles, con regidores y alcaldes. En este proceso se va desvaneciendo la cultura mesoamericana.

“La gente de guerra”, como llamaban los españoles a los chichimecas, habitaban pacíficamente desde tiempo inmemorial, el ahora sitio llamado La región conocida por San Miguel de Allende actualmente, abarcaba hasta Zacatecas, tenían sus habitantes naturales, organización social, clanes, en territorios bien delimitados, unidad de pueblos y organización política, antes de la intervención europea

Las mujeres hacían naguas y huipiles, de acuerdo a la narración de un visitante de San Miguel a finales del siglo XVl: “Todas ellas labraban lo dicho, de hilo de maguey, lo hilaban y tejían de muchas labores… de muchas y diferentes maneras de ropa y vendíanlo barato…”. Usaban la nagua de ixtli hasta el tobillo y el huipil hasta a la rodilla”.

El agua miel, saliendo del maguey, era de uso común entre los llamados indios, antes de la llegada de los españoles, lo mismo que el nopal, con sus tunas y pencas, lo mismo la jícama, el camote, el tejocote, el aguacate, el zapote, la guayaba, la nona, la papaya, la piña, traídas algunas de inmediaciones de tierra caliente. El licor salía del maguey, el capullin, la tuna, y la caña. La carne del venado, el conejo, de las aves y los peces de las lagunas.

El arco y la flecha, el horno subterráneo, la caza por ojeo, la pintura facial de rayas y los dioses tribales, como Mixcoatl, eran rasgos característicos de la cultura de estos pueblos de la región de Izquinapan, ahora San Miguel El Grande.

Un otomí comerciante de Nopala, de origen tlaxcalteca llamado Conín, pobló San Miguel, con otomíes aliados, ayudó a poblar poco después de la fundación realizada, como ya se dijo anteriormente, por Fray Juan de San Miguel.

Conín anduvo “mucho años vestido de pieles de animales, pasando muchos trabajos de hambres y otras necesidades, que padeció por el mucho tiempo y después conquistó y atrajo los dichos chichimecas al servicio de su majestad” (1530-1542), lo acompañaron indios tlaxcaltecas”. Después se españolizó, vistió de ropas a la usanza ibérica y se llamo Don Fernando de Tapia, Casique de Querétaro, Acámbaro, San Miguel, etc.

Este pueblo de indios fue creciendo poco a poco, hasta convertirse en Villa pero ya de españoles según mandato del Virrey de Nueva España. Angel de Villafañe fue su primera autoridad española, la población alcanzaba hasta tres leguas hacia los cuatro puntos cardenales. Perteneció a la Alcaldía Mayor de Jilotepec, llamándose San Miguel de los Chichimecas, y después cuando se fundó el pueblo de españoles, San Miguel El Grande abarcando las jurisdicciones de San Felipe y Dolores.

“Esta situada esta Villa a la falda de una loma… goza de temperamento muy sano, aires benignos y dulcísimas aguas, en particular las de la fuente que llaman el Chorrillo, que esta en un barrio frondosísimo y de especial diversión”.

Franciscanos, Felipenses, Juaninos, Monjas Concepcionistas y Beatas Dominicanas, le dan identidad a la nueva población, a partir del siglo XVII, que comienza su esplendor. Conventos, Templos, Palacios, Casonas, Plazas, Fuentes, Capillas de indios y barrios, la conforman.

Nace la Ciudad criolla y mestiza, en una plaza compuesta por el templo, la Santa Escuela, el Hospital y el Cementerio.

El Cristo de la Conquista- pasta caña, traído de Tzintzuntzan-, recuerdo de más de cuatrocientos cincuenta años de resistencia indígena a la invasión por un lado y San Miguel Arcángel- policromado-, expresan lo español por otro y la visión religiosa mesoamericana por el otro. Así se transforma la cosmogonía de Izquinapan o San Miguel El Grande.

Los nueve cielos sobrepuestos, mito mesoamericano muy arraigado, pasó ser secreto entre los indios, lo mismo que el culto al dios del Viento- Quetzalcoatl-, el hombre-dios, los ciclos contados de cincuenta y dos en cincuenta y dos por los calendarios mesoamericanos, cambiaron; lo mismo la ceremonia del fuego, encendido por sus sacerdotes en sus altepetl desapareció, todo rasgo cultural pasó al mundo del silencio, del secreto.

“Hay una Parroquia con un clérigo, que tiene sus vicarios para la administración espiritual, que es tan numerosa, que me aseguro el mismo cura, que pasaban de más de sesenta mil almas. La parroquia es magnifica…”.

“Guarda pinturas de los queretanos Arce y Perrusquía, lo mismo de Cabrera y Rodríguez Juárez; fue barroca gracias al Arquitecto Marcos Antonio Sobrarías en el siglo XVII, ahora es “gótica”. Tiene una bóveda debajo, – criptas- muy bien acabadas, dice el viajero Francisco de Ajofrín.

En San Miguel Grande, “… se cría también mucha fruta, en particular, toronjas, limones, naranjas, chayotes, granaditas de la china, etc. … hay muchas y cuantiosas haciendas y crías de ganado y en los barrios de la Villa grandes obrajes y fabricas de exquisitos paños… hay muchas curtidurías donde se labra todo genero de pieles… se fabrican armas filares y de fuego… las mujeres bordan con aguja colchas y cobertores para las camas y tapetes o alfombras para el suelo, con gran primor y arte…”

“Los templos elevados por la piedad Sanmiguelense, son la Parroquia, San Francisco, El Oratorio, La Concepción, San Juan de Dios, Santo Domingo, Santa Ana, San Antonio y las capillas de indios”.

Forman una ciudadela religiosa –conjunto arquitectónico admirable-, San Felipe Neri, con la Capilla de la Virgen de Loreto, El Convento Felipense, Nuestra Señora de la salud y el Colegio de San Francisco de Sales.

Otra plaza -contraste de estilo, formada por La Tercera Orden, El Convento y el templo de San Francisco. Armonioso por otro lado el conjunto del Hospital y el templo de San Juan de Dios, mientras brilla y resalta el templo y el convento de monjas concepcionistas, entre los beaterios dominicos llamados de Santo Domingo y Santa Ana.

Naturalmente estos templos se revistieron de los pinceles religiosos de Juan y Nicolás Rodríguez Juárez, Antonio de Torres, Miguel Cabrera, José de Alcibar, Javier de Peralta, Vallejo, Andrés Barragán, Morales entre muchos otros.

Las fiestas a los nuevos dioses fueron celebradas por los indios, entretejiendo sus costumbres con las occidentales y ocultando entre ellas a sus dioses antiguos, resistiendo eficazmente la conquista. -danza y música- aparentan celebrar a la Covadonga, Loreto, Guadalupe y San Miguel, mientras su corazón y fiesta es por otras causas.

La danza y las ofrendas de los habitantes inmemoriales de la región, permanecen hasta nuestros días. El santo Suchitl -los suchiles-, arreglos florales de doce metros de alto preceden a los diferentes grupos de danza, parten de su San Juan de Dios -morada indígena- a la Parroquia, llegando, voltean, vista y corazón, hacia los cuatro puntos cardinales y entran al templo ataviados con penacho, maxtle y huesesillos de fraile, al son del teponaxtle.

Las flores, los frutos, dulces, panes, tortillas son las ofrendas, recuerdo de los mayores y alma de los cuatro vientos – así es la fiesta- “como antes”, y regresan a su capilla para comer las ofrendas y beber el licor de tuna, como antes. Es el rito, es el sincretismo, es la sobrevivencia de una propuesta cultural a la humanidad, aún no debidamente valorada por occidente.

Pasada la sobriedad de la conquista en el siglo XVI, surge el ostentoso siglo XVII y XVIII. Irrumpe desaforado en San Miguel el Grande, el exuberante barroco, muestra de esplendor, llegan los apellidos ennoblecidos: De La Canal, De Landeta, De Lanzargorta, De Sauto, De Loja, Condes y Vizcondes.

Los diosecillos del agua -Los Tlaloques- que desde el chorrillo dan origen a Izquinapan, no dejan de proveer a San Miguel. es el agua corrediza que:

“Dio lugar a la formación de huertas, bajaba por las calles de Chorro y Barranca, de ahí el nombre de la calle de Huertas, y más adelante baja por un lado hasta llegar a las calles de Santa Ana, irrigando a su lado las huertas que se conocieron como las Higueras; en el centro, el agua pasa por las calles del Hospicio, Correos y San Francisco y corrían por un lado de las calles de Maestranza hasta llegar a la calle del Codo y por otro lado hasta la Plaza Mayor, a la calle de la Santísima Trinidad y a la calle Real, hasta San Juan de Dios y llegar al arrollo de los Canchinches” (Barajas).

A su paso rebosan las fuentes, recuerdo de la Quebrada y Canal, La del Camino Real, la de San Antonio, la de las Animas y las muchas de los patios de las casonas.

Gobernaba la villa un alcalde mayor y dos alcaldes ordinarios, con su ayuntamiento de regidores y demás empleos necesarios…”.

El Oratorio de San Felipe Neri en Querétaro

Oratorio de San Felipe Neri

José Félix Zavala

El inicio de este oratorio felipense en Querétaro, lo inicia el P. Martín de San Cayetano y Jorganes, originario de Pátzcuaro y con el apoyo del virrey Juan Francisco de Guemes y Horcasitas. A la muerte de este Felipense, el P. Cabrera, del clero diocesano, corrió los trámites y costas por ello, ante la curia de México.

El felipense Marcos de Ortega vino a esta ciudad para realizar la fundación, creando una pequeña iglesia y sala, inaugurado el 21 de noviembre de 1763, hasta que se mudaron al convento e iglesia que conocemos actualmente y que fue en el año de 1800 un 6 de mayo, se encuentra en la antigua calle del Angel y la Calle Real (Madero y Ocampo)..

Esta obra se comenzó el 8 de diciembre de 1786 cuando se colocó y se bendijo la primera piedra. Los bienhechores de este conjunto, fueron Melchor de Noriega y Cobiedes y posteriormente Doña María Cornelia Codallos.

El oratorio y claustro fueron bendecidos por el año de 1808 y la dedicación del termplo estuvo a cargo del cura de Dolores, Miguel Hidalgo y Costilla.

La Sacristía es hermosa y grande, con una cúpula elíptica, donde se encuentran las pinturas de los ocho obispos que ha tenido Querétaro entre otras obras importantes, tiene siete ventanas rasgadas.

La suntuosa obra de templo y convento felipenses estuvieron al cuidado del P. Dimas Díes de Lara, Prepósito del Oratorio. Las pechinas de los arcos torales, del crucero del templo contienen frescos relacionados con la vida de San Felipe Neri, cuyo autor es Andrés Padilla.

Hay magníficas esculturas, entre ellas la de San Felipe Neri, La de la Virgen de los Dolores, un San José, la de Santiago El Mayor, entre otras y son obras de los grandes maestros de la escuela de escultores queretanos, como lo fue Mariano Arce.

El templo es una obra postrera de la época barroca, en su portada, Torre y cúpula, muy hermosas por cierto, con facilidad también se advierte la mezcla de diferentes estilos, que conjuntados dan prestancia a este oratorio.

Tiene en la puerta de entrada, en forma de hexágono y un medallón sobre el fundador de los felipenses, realizado en cantera, de una gran factura. Arranca el primer cuerpo con dos conjuntos de tres columnas.

En el segundo cuerpo de la fachada, a los lados del ventanal que da luz al coro existe de cada lado, dos juegos de columnas pareadas, con base bulbosa y capiteles corintios, resaltan dos medallones, uno de la Dolorosa y otro de San José, cerrando el conjunto después del friso, un arco elíptico rebajado, resaltando otros dos medallones y rematando con una Trinidad de las llamadas heréticas.

El autor de esta fachada usa el tezontle de fondo en forma de petatillo. Material muy de la región. Es el paso del barroco al neoclásico.

La torre parece estar construida en dos épocas, el cubo con ventanas de perfil rizado , el basamento presenta la misma fuerza de la fachada, parece ser de inicios del siglo XlX.

En 1920-32 se modificó el presbiterio, retirando el ciprés, después del concilio Vaticano ll, se mandaron quitar tanto el trono episcopal y posteriormente los sitiales de los canónigos, que eran de granito verde y fueron sustituidos por sitiales de madera.

El juego de las tres esculturas del altar mayor son de Mariano arce, con modificaciones de Diego de Alamaraz y son los patronos secundarios Juan y Pablo, además del Patrono principal Santiago El Mayor. Ya se encontró sobre la calle de madero el primer oratorio y claustro felipense, muy modesto.

El claustro de los felipenses, ahora después de su restauración se le ha llamado arbitrariamente Palacio Conín y esta destinado a oficinas del gobierno del estado, su factura es neoclásica, con arcadas en los dos pisos, entrada al templo por atrio y puertas interiores que están tapiadas.

El 30 de julio de 1931, El Obispo Marciano Tinajero y Estrada, sexto en el cargo desde 1864, consagró y dedicó el templo de San Felipe Neri, con toda la solemnidad de la liturgia, como Catedral de la Diócesis de Querétaro, que lo es hasta nuestros días.

En El Cerrito de San Diego se construyó el templo de La Congregación en Querétaro

El Cerrito de Don Diego.

El Culto Guadalupano en Querétaro.

El Templo de La Congregación de Clérigos de Nuestra Señora de Guadalupe.

José Félix Zavala

El primer santuario erigido en honor de la Virgen de Guadalupe, fue la ermita levantada en el cerro del Tepeyac, el mismo año de las apariciones, en 1531.

La segunda, fue otra ermita, edificada por Francisco de Castro y Mampaso en 1925, en Tierra Blanca, a las afueras de la ciudad de San Luis Potosí.

La tercera fue la primitiva capilla levantada en el país fue en la ciudad de Querétaro en 1674, en un predio agreste y peñascoso, llamado “el Cerrito de Don Diego”, propiedad del cura de Xichú, Alonso de Ayora y Guzmán y donde se encuentra ahora el magnífico santuario.

A 127 años de aparecida la Virgen de Guadalupe en el Tepeyac, en Querétaro, no se veneraba a la Virgen Guadalupana. Después del milagro concedido al Padre Lucas Guerrero en 1659, dio comienzo esta devoción, que para finales del siglo XlX había en la ciudad más de 30 mil imágenes de la Virgen de Guadalupe.

Efemérides:

El P. Lucas Guerrero Rodea en 1659 , le consagró el tercio de los frutos de una pequeña siembra de trigo, le fueron 15 pesos

A petición de Juez eclesiástico y Vicario de Querétaro, Francisco de Lepe, sugiere que con ese dinero se adquiera se adquiera una copia del original de la Virgen de Guadalupe y traerla para su culto.

Se Acordó establecer una Congregación a instancias de l Bachiller Lucas Guerrero y Diego Barrios Pimentel.

Se obtuvo la confirmación de las constituciones y licencia para esta Congregación DE Clérigos DE María Santísima de Guadalupe, por autos del 9 de febrero de 1669, por el Arzobispado de México.

Los primero 18 integrantes de esta Congregación firmaron ante el notario Diego de Arias Uzeda y eligieron como primer prefecto a el P. Diego de Barrientos y fue confirmado por el Provisto de México el día 18 del mismo mes de 1669.
Juan Caballero de Medina, otorga tres mil pesos a esta Congregación para sostener una capellanía y pagar la función anual a la Virgen.

El Cura del Mineral de Xichú Juan de Ayora les vende en 250 pesos el terreno llamado la “Loma de Don Diego”, donde se construye la capilla y posteriormente se construirá el templo y anexos,

Autorizado de Roma el Arzobispo de México Fray Payo De Rivera Enriquez y por Cédula real de 19 de octubre de 1671, firmada por la reina Mariana de Austria, pude levantarse el templo.

Para levantar la primera capilla se recibió de Juan Caballero Medina, la cantidad de 500 pesos y otro tanto de su hijo Juan Caballero y Osio.

En 1674 queda instalada la primera capilla y bendecida el 3 de mayo de ese año.

Enseguida se procedió a abrir los cimientos del nuevo templo, bajo la dirección del arquitecto José de Rayas Delgado y a instancias de los sacerdotes Cárdenas y Guerrero.

El primero de junio de 1675 se colocó solemnemente la primera piedra del nuevo y futuro t4 Templo y el hermano de Juan Caballero y Osio, Nicolás, levantó con su dinero, los muros para sentar las bases del edificio

Juan Caballero y Osio determina ser sacerdote y pagar la construcción del actual Santuario a La Virgen de Guadalupe, que conocemos familiarmente como La Congregación.

En Abril de 1680 estuvo terminado y fue y fue dedicado el 12 de mayo de ese año, por el ya sacerdote Juan Caballero y Osio.

La regla de La Congregación de Clérigos de Nuestra Señora de Guadalupe fueron reformadas en 1679, después en 1691 y en 1721.

En 1691 los Congregante s se hicieron cargo del Hospital Real, mientras que duró el juicio a los Hermanos Hipólitos, a quienes se los devolvieron al ser absueltos de las acusaciones.

El 7 de diciembre de 1737 se juró patrona de Querétaro a la Virgen de Gudalupe por el Alférez Real José de Urtiaga y recibió el juramento el Vicario y Juez eclesiástico de Querétaro Juan de Izaguirre.

En 1736 se hizo de nuevo el cimborrio de la cúpula por el indio José Guadalupe.

En 1742 se renovó el altar mayor.

En 1747 se fundó La Cofradía de Seglares Cxongregantes

En 1753 se estrenó el órgano del templo, realizado por mariano de Las casas.
De un hermoso frontis barroco del esplendor del siglo XVlll.
En 1754 se recibió la confirmación del juramento como patrona de Querétaro, por el Papa Benedicto XlV.

En 1758 el Ayuntamiento de la ciudad empezó con una cooperación anual de cincuenta pesos para las fiestas de la Virgen.

De 1759 a 1761fue sede de la Parroquia de santiago, ya secularizada.

En 1780 se celebró solemnemente el primer centenario de este templo.

En 1864, con motivo de la erección de la diócesis de Querétaro, volvió a ser temporalmente sede de la parroquia de Santiago, hasta que la Catedral fue trasladada de el templo de La Compañía de Jesús a San Francisco.

En 1804 fue renovado nuevamente el Altar mayor.

En 1852 y después en 1888 fue renovado el decorado y piso del templo.

Debido a las leyes de reforma fue disuelta la Congregación de Clérigos y restaurada, junto con las malas condiciones del templo, por el obispo de Querétaro en 1884, Don Rafael S. Camacho.

Entre los piadosos sacerdotes que florecieron en la ciudad de Querétaro, a mitad del siglo XVll, contamos con el Padre Lucas Guerrero Rodea, nacido en esta ciudad en 1624 y quien fuera el promotor de la devoción a la Virgen de Guadalupe y el creador de La Congregación de sacerdotes Seculares, dedicados a obras pías y a la difusión de este culto.

El milagro lo narran así: Cuentan que el Padre Lucas Gurrero Gordea sembró trigo en un terreno muy agreste, donde era casi imposible obtener alguna cosecha y este sacerdote, con fe le encomendó a la virgen de Guadalupe, que sí le concedía el milagro de levantar cosecha, le entregaría, fuera de diezmos e impuestos, un cuarto de las ganancias y al serle concedido el milagro, la cantidad alcanzada para la Virgen, fue de 15 pesos.

A propuesta del cura de Querétaro, Francisco de Lepe, le sugirió adquiriera una imagen de la Virgen de Guadalupe, que el P. Lucas Guerrero compró en la ciudad de México y la colocó para su veneración en la capilla del hospital de los Hermanos Hipólitos, que hoy conocemos como el templo de San José de Gracia.

Los primeros en adherise a esta veneración guadalupana fueron 16 sacerdotes del clero secular y un numeroso grupo de indios, residentes de la ciudad de Querétaro, de quienes salió la idea de crearle una ermita expresa para su culto.

La primera capilla erigida canónicamente a Nuestra Sra. De Guadalupe en Querétaro, fue en el predio llamado “Cerro de don Diego”, se dio a instancias del Padre Lucas y a la recomendación del Provisor Cárdenas y Salazar ante el Arzobispo de México, Fray Payo de Rivera Enriques, quien a su vez solicitó el permiso a la reina gobernadora de España, Doña Mariana de Austria.

La soberana expidió la cédula real, para ser posible la edificación de la capilla, con fecha de 10 de octubre de 1671 y se colocó la primera piedra, en febrero de 1674 y bendecida dicha ermita, el 3 de mayo del mismo año.

Al año siguiente a instancias del P. Lucas Guerrero, se dio comienzo a la construcción de la iglesia actual, con el brillante proyecto del arquitecto José de Bayas delgado y el apoyo económico de Juan Caballero de Medina y su hijo el P. Juan Caballero y Osio, colocándose la primera piedra, el primero de junio de 1675, siendo brillantemente terminada en 1680.

Las imágenes que este templo ha tenido de la Virgen de Guadalupe han sido tres, la primera fue la traída por el P. Lucas Guerrero en su viaje primero, a la ciudad de México, la segunda fue la que pintara de Baltazar de Echave, colocada en la inauguración del templo de la Congregación erigido a expensas de Juan Caballero y Osio y la tercera y actual es la del famoso pintor, Miguel Cabrera.

La Virgen de Guadalupe, pintada por Miguel Cabrera y que se venera actualmente en el templo de la Congregación, fue primero propiedad del Arzobispo de México, Manuel Rubio y Linas, quien a su muerte, la obtuvo el queretano, Bernardo Pardo, teniéndola en su poder hasta 1778, en que a instancias del P. Antonio Lamas, Prefecto de los Congregantes, la intercambió por la pintura de Baltazar de Echave, que en ese entonces presidía el retablo principal del templo.
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“El viento de la muerte”, una gran epidemia, aparecida en el pueblo de Tacuba, por el año de 1736 y que asoló al territorio nacional, fue el motivo para que juntos los cabildos civil y eclesiástico de la ciudad de México, propusieran a todos los cabildos del país, fuera declarada patrona de la Nueva España, la Virgen de Guadalupe.

El cuatro de diciembre de 1748, y reunidas todas las formalidades, en el palacio arzobispal de la ciudad de México, fue jurada por todos los Ayuntamiento de la Nueva España y ante la presencia del Arzobispo Juan Antonio de Vizarrón y Eguiarreta y ordenado como día festivo, el 12 de diciembre de cada año.

Fue confirmado este patronazgo nacional guadalupano, por el Papa Benedicto XlV, por Bula del 25 de mayo de 1754.

De esta devoción guadalupana nacieron tres organizaciones dedicadas a promover su culto y a la caridad cristiana, la primera y principal la formaron sacerdotes del clero secular y se llamó ““lustre y Venerable Congregación de Clérigos de Nuestra Señora de Guadalupe”, Aprobada por el Papa Inocencio Xll, por Bula, llamada “Pietatis et charitatis opera…”

Otra organización fue de españoles, llamada “Cofradía del Señor San José” y la otra de indios, que se nombro “Hermandad de pobres de Nuestra Señora de Guadalupe”, aprobada por el Papa Benedicto XlV, en el año de 1747.

El Templo de la Congregación ha recibido diferentes reformas después de que fuera terminado e inaugurado en 1680.

En 1736 el indio alarife José de Guadalupe sustituyó la antigua cúpula, por otra nueva, logrando un tambor circular pasando de cuatro ventanas a ocho ventanales y dándole más altura a dicha cúpula.

Pero para principios del siglo XlX, allá por 1804 se sustituyó el retablo mayor, por un neoclásico, tal como esta ahora y durante los siguientes años se destruyeron los demás retablos barrocos, sustituyéndose por los actuales.

En 1886 el obispo Rafael S. Camacho, pinto la bóveda de la cúpula con los colores nacionales, agrandó las ventanas del cuerpo de la nave, sustituyó el piso por madera de mezquite y construyó la escalinata de acceso al templo.

En 1888 la antigua antesacristía fue convertida en la Capilla de La Purísima Concepción, comunicándola al templo con un arco de entrada.

El 30 de noviembre de 1888 el Obispo Rafael S. Camacho, a las 3 de la mañana realizó en presencia, solamente del presbiterio, como lo ordenaba el derecho canónico, la consagración ritual del altar y del templo, siendo el primer santuario guadalupano en el país, de ser consagrado ritualmente.

En 1891 se enrejó el atrio y se construyó de cantera la parte que va de la escalinata al enrejado. En 1921 se construyó con granito artificial el comulgatorio.

La primera peregrinación a pie al Tepeyac la realiza el fraile Fray Francisco frutos, quién a ser curado de grave enfermedad por intercesión de la Virgen de Guadalupe, en acto de acción de gracias camina del Santuario de La Congregación a La Villa a pie.

En 1942 La imagen de la Virgen de Guadalupe se colocó en un pabellón de mármol, como en la antigua Basílica de Guadalupe en México y desprendido del conjunto del retablo en 1980.

El templo

Esta ordenado de oriente a poniente, es de orden dórico, asi esta desde las bases de las formas y pilastras, la coronación de la cúpula, el muro, cuya arquitrabe, frisos y cornisas, comienzan el juego de las bívedas que son de arista, lo mismo que los arqcos engarzados de la nave hasta los torales.
Las naves, el cuerpo de la iglesia, los brazos del crucero, la capilla mayor y prebiterio, cuyo cerramiento es en cercha.

La cúpula de media naranja que cubre la capilla mayor y corona el templo, con ocho pilastras, más el prebiterio. La bóbeda inferior del coro compónese de de un arco escarzano de tres puntos, guarnecido de dos pechinas ochavadas, nos permite notar lo que fue una loma, donde se levantó este hermoso templo.

Se levantan los cuatro arcos rorales con hermoso vuelo,que balancea con las bóvedas, los arcos son de medio punto y las pechinas estan cubiertas con cuatro Papa salidos del clero secular y fueron elevados a los altares, su arquitrabe, frisos y cornisas nos llevan a la cúpula de media naranja, perfectamente esférica, está adornada por astrías y remata con una linternilla que la ilumina.

Tiene dos capillas al principio del templo que son las bases de sus dos torres gemelas. Su fachada consta de dos cuerpos de orden corintio y remate. Tiene otras dos puertas una del lado del panteón y otra que da acceso al Colegio.

El primer retablo mayor de este templo está narrado por menorisadamente por Carlos de Siguenza y Góngora, el segundo fue realizado por José de bayas Delgado, estos dos primeros fueron barrocos sobredorados y el tercero fue neo clásico de acuerdo a las normas de acuerdo a la real academia de San carlos de México..

Se habla de tres retablos iniciales dedicados uno Santa Ana, otro a San José y otro a San Pedro. Los neoclásicos que se encuentran ahora son a San pedro, San José, San Juan Bautista, y San Antonio.

La sacristía conserva el único retablo barroco, conservado en un templo, fuera de los de santa Rosa y santa Clara en Querétaro. De 1765, donde destaca un lienzo de Cristo pintando a la Virgen, tambipen se encuentra otros lienzo del siglo XVll, de valor y belleza que deben verse.

Las apariciones de la Virgen, están pintadas sobre las pechinas y son de Roldán, sustituyen a los Papas que estuvieron inicialmente en ese lugar.

La Herrería del coro y del atrio son de hierro forjado del más alto grado artístico y en el Salón de juntas existe una bella colección de oleos de los mejores pintores de la época.

El Retablo de la Sacristía:

Esta trabajado a manera de petatillo y adornado convegtales, con guirnaldas que adornan las pinturas.Son siete pinturas de óleo sobre tela dos dedicadas a la virgen de Guadalupe, una de ellas en la forma tradiciona y la otra a Jesucristo pintando a la guadalupana, contemplando la escena esta en laparte superior El Padre Eterno y El Espíritu Santo, sosteniendo el lienzo están un par de agelillos.

Destacan los lienzos de San Joaquín y San Juan Bautista, entre los lienzos guadalupanos se encuentra un San José con el niño y a los lados Señora Santa Ana y San Juan Evangelista.

La Guadalupana del altar mayor es obra de Miguel Cabrera, que en 1778 fuera donada a este templo por el Arzobispo de México Manuel Rubio y Salinas a instancias del P. Antonio Lamas.

Existe un Cristo de marfil en la sacristía de este templo, de tres cuartas de largo, sin policromado, donde resaltan las heridas del costado y no tiene policromía.

La flora y la fauna en la ciudad de Querétaro

CABAÑUELAS AMBIENTALES

Diario de Querétaro

Con el trasplante de jacarandas, ficus, pirules y laureles tanto en el Boulevard Bernardo Quintana como en Avenida Universidad, así como la tala de algunos eucaliptos en el municipio de San Juan del Río, y desde luego la presencia de vendedores de pericos originarios de Sudamérica en algunos puntos del Estado, es evidente que los diputados y senadores deben legislar para modificar las leyes que establecen que solamente las especies nativas de la república mexicana están protegidas, y por consecuencia dejan indefensas a las de otros países, las cuales desde hace muchos años tienen presencia en México.

Es decir, especies como el eucalipto que de éste existen alrededor de 700 variedades la mayoría originarias de Australia; el sauce originario del hemisferio norte en Europa y Asia; o el pirul traído de América del Sur, son consideradas como especies exóticas, ya que de acuerdo a la Ley General de Vida Silvestre en su artículo Tercero, fracción XIII en donde se definen los ejemplares o poblaciones exóticas como aquellos que se encuentran fuera de su ámbito de distribución natural, lo que incluye a los híbridos y modificados; y por otro lado de acuerdo a la Ley General de Desarrollo Forestal Sustentable en su Artículo 7, fracción XLVI la Vegetación exótica se define como un conjunto de plantas arbóreas, arbustivas o crasas ajenas a los ecosistemas naturales.

Por tal motivo estas y otras muchas especies no pueden ser consideradas nativas de México y por lo tanto no son competencia de la Federación, en este caso de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) o de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) en cuanto a que su preservación o aprovechamiento, ya que en el Inventario Nacional Forestal no corresponden a especies enlistadas dentro de la vegetación nativa de México.

En el caso particular de Querétaro, encontramos la presencia de ejemplares introducidos con fines de paisaje urbano y que se encuentran distribuidos a lo largo de jardines, avenidas, parques como lo son los distintos tipos de Ficus, presentes en el jardín Guerrero de la Ciudad Capital, Sauces en avenida Universidad; Eucalyptus en el Parque Alcanfores y Jacarandas presentes en el Boulevard Bernardo Quintana, o el laurel que se encontraba en Avenida. Universidad y Corregidora, que si bien es cierto forman un masa forestal importante en el entorno de la ciudad y que debería ser preservada su integridad al día de hoy no es de la competencia de la Federación y si de la autoridad Municipal que es quien deberá velar por que en caso que sea retirada para construcción de infraestructura urbana, ésta deberá ser repuesta por una cantidad suficiente de árboles equivalente a la masa forestal retirada.

En el caso de flora y fauna existe una norma específica — la NOM-059-SEMARNAT-2010 –, la que define las Especies Nativas de México de Flora y Fauna Silvestres – Categorías de Riesgo y Especificaciones para su inclusión, exclusión o cambio, así como una lista de Especies en Riesgo. En esta categoría encontramos a los Pscittacidos, familia de pericos guacamayas y loros en las que se incluyen todas las especies que tengan una distribución o presencia natural dentro del territorio nacional.

Su aprovechamiento, comercialización o posesión sin la documentación para acreditar su legal procedencia, queda prohibida, entre las especies más comercializadas están: la guacamaya roja (Ara macao), la guacamaya verde (Ara militaris), el perico atolero (Aratinga cunicularis), la cotorra cucha (Amazona autumnalis), el loro cabeza amarilla (Amazona oratrix), el perico frente blanca (Amazona albifrons), el perico cabeza azul (Amazona farinosa), el perico cabeza roja (Amazona viridigenalis), entre otras.

En el caso particular de los pericos que se venden en puntos carreteros, vías del tren, y cruceros entre otros, en constantes revisiones que la Profepa ha realizado ha constatado que se trata de especies introducidas al país legalmente mediante los instrumentos que la legislación internacional para el intercambio de ejemplares de flora y fauna les permite (CITES), en estos operativos se ha identificado a la cotorra común o cotorra argentina, como la especie que más se comercializa, misma que en su distribución natural en Sudamérica, llega a formar comunidades que dañan los cultivos agrícolas, y en consecuencia, son un peligro en caso de constituirse en especies invasoras en los países receptores, como es el caso de México.

Por ello en esta ocasión desde esta columna hacemos votos para que los diputados federales y senadores les caiga el 20 y modifiquen las leyes y las normas aquí mencionadas con el objetivo que cualquier especie de flora y fauna localizada en territorio nacional, sea o no mexicana, pueda ser protegida tanto por la Semarnat como por la Profepa, de lo contrario seguiremos siendo testigos mudos de lamentables ecocidios, tal es el caso de muchos árboles que actualmente están siendo agredidos o derribados en la Capital y por ley nadie los puede defender.

De antemano agradezco sus sugerencias y comentarios en el correo electrónico.

heidywagner@yahoo.com