Historia del Escapulario del Carmen…

Historia del Escapulario del Carmen

  Su fundamento histórico

Íntimamente unida con la devoción mariana de la Orden está la cuestión del  Escapulario. Por eso damos aquí en breve síntesis el “Status Quaestionis” de su problema histórico.

La devoción al uso del Escapulario contiene una doble promesa singular de Maria: la preservación del fuego eterno y la liberación del Purgatorio, el sábado después de la muerte.

Estas promesas están ligadas a la visión stockiana y al privilegio sabatino de los cuales la historia y la tradición carmelitana nos hablan repetidamente.

De la Historicidad de esta aparición de la Santísima Virgen al Santo General de la Orden y de la realidad de la segunda promesa depende el valor total y completo de esta devoción mariana.

Decimos total y completo puesto que, aún prescindiendo de la verdad de los hechos que se tienen como fundamento y origen de ella, la devoción al  Escapulario puede practicarse con seguridad, si bien no plena, de gozar de esas gracias especialísimas y únicas que ofrece y promete.

El Escapulario tiene en si principalmente después de siete siglos de historia, valores espirituales independientes en absoluto de un hecho contingente.

El Escapulario es signo de agregación a una Orden eminentemente mariana; señal de consagración a la Madre de Dios.

Fomenta una ilimitada confianza en María que no abandona a los que en ella confían: realidad comprobada con innumerables milagros en todo lugar y tiempo.

Pero, todo esto, sin la autenticidad de la visión de San Simón Stock no nos puede dar la certeza absoluta de obtener, al menos el principal privilegio: el de la preservación del fuego eterno. El poder de las llaves no llega aquí.

 

La Iglesia puede sí, concedernos una indulgencia que nos libre del purgatorio el sábado siguiente a nuestra muerte, si cumplimos en la vida las prácticas de piedad que ella nos prescriba.

Sin embargo, ofrecernos la garantía absoluta de salvación y de perseverancia, si llevamos el  Escapulario no está en su mano.

Depende de la realidad histórica de la promesa de la Virgen quien; por otra parte como decíamos, no decepciona nunca a los que en ella esperan.

Es por eso que se requiere una certeza moral de la verdad del hecho histórico que funda la devoción al Escapulario. Sin ella, el hombre moderno la rechazaría o tendría en menos a pesar de los valores espirituales que conserva: no obstante que nos garantiza en cierto modo aun sin fundamento histórico la protección de María que no deja perderse a los que a su bondad se abandonan.

La historia del Escapulario ha pasado a través de grandes tormentas: discusiones, lucha efervescente, controversias que, en algunas é pocas como en la nuestra, se acentúan y parecen eclipsar la luz que ha proyectado sobre las almas a lo largo de setecientos años.

Para mayor claridad dividiremos nuestra exposición en dos partes que corresponden a otras tantas cuestiones relativas a la prenda mariana por excelencia. Cuestiones que hay que distinguir siempre con precisión Si no queremos caer en equívocos y opiniones erróneas:

El problema de la visión y entrega del Escapulario a San Simón Stock

La cuestión de la Bula Sabatina

La visión de San Simón Stock y la crítica histórica.

La controversia a través de los siglos.

Durante los primeros tres siglos y medio de la historia de la devoción al  Escapulario nadie puso en tela de juicio la autenticidad de la visión de San Simón Stock, o si alguien lo hizo, su actitud no tuvo resonancia y aceptación alguna entre los fieles.

Fue en el siglo XVII cuando se encendieron las primeras serias y fogosas controversias.

Ya desde principios de 1600 se hicieron famosas las luchas entre los Bolandistas que pretendían encomiablemente depurar la historia eclesiástica y la hagiografía de sus falsedades, errores y exageraciones, y los Carmelitas que con sus tradiciones sobre los orígenes de la Orden exacerbaban y provocaban a los historiadores de aquel tiempo.

En 1639, el P. Carmelita Marco Antonio Alegre de Casanate publicaba en Lyon, su Paradisus Carmelitici Decoris, verdadero cúmulo de exageraciones sobre el origen de la Orden y sobre la historia del Escapulario, al grado de causar admiración entre sus mismos hermanos de hábito.

El Paradisus, “campo de espinas más que un Edén” en expresión de un autor carmelita de la época, llegó a manos de Jean Launoy, sacerdote y Doctor del Colegio de Navarra, “aniquilador de santos y destructor de privilegios monásticos”, como lo llama un contemporáneo.

Launoy se apresuró a aplicar su sentido crítico, cosa rara en aquel siglo, enjuiciando el libro en modo exagerado. Publicó en 1642 su Doble Disertación: una del origen y confirmación de los privilegios del Escapulario de los Carmelitas, otra de la visión de San Simón Stock, Prior y Maestro General de los Carmelitas.

Folleto en tres partes sobre las historias de la profética y Eliana Orden de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo.

En ella insistía. sobre todo en la ausencia de testimonios contemporáneos o cercanos a San Simón.

Afirmaba, sin más, que el primer documento que testimoniaba la visión stockiana era el de Juan Palaeonydoro en 1456-1507, en su Fasciculus trimerestus historiarum prophetico et Eliani Ordinis B.V.Mariae de Monte Carmelo, impreso en 1495.

La respuesta de la Orden no se hizo esperar. El P. Juan Cheron publicó de inmediato su “Defensa de los Privilegios del Escapulario y de la Visión de San Simón Stock”.

En esta obra el carmelita francés refuta los errores históricos de Launoy, citando sobre todo autores anteriores a Palaeonydoro que se ocuparon de narrar la visión del General de la Orden.

Entre los testimonios aducidos sobresalen dos fragmentos de cartas de un cierto Pedro Swanington, que hasta 1914 fueron el documento principal en el que los defensores de la historicidad de la aparición fundaban sus afirmaciones. En este aún se demostró cómo tal testimonio estaba en su mayor parte interpolado. De hecho, Juan Cheron jamás pudo presentar a los Bolandistas el original de estas cartas, que hubiera hecho callar a los sabios hagiógrafos jesuitas.

Para responder a las Vinditiae de Juan Cheron y a las impugnaciones de los PP. Tomás de Aquino de San José, carmelita descalzo de la provincia de París, y Filiberto Fezayo, carmelita calzado, también francés, Launoy publicó en 1653 una Editio secunda correctior et multis partibus auctior,  segunda edición corregida y en muchas partes aumentada, de su Dissertatio duplex.

En esta nueva adición Launoy usa otros argumentos históricos y teológicos contra la aparición de la Virgen a San Simón Stock, y pone el acento en el silencio de los escritores cercanos al Santo que tuvieron ocasión en algunos de sus escritos de recordar este favor de María al Carmelo.

Llegó el turno de los Bolandistas, quienes en la publicación de su Acta Sactorum, se encontraban ya en el mes de mayo. El 16 de ese mes tenían que tratar de la vida de San Simón Stock.

De acuerdo con su método científico no quisieron proceder a su redacción sin antes examinar todas las fuentes conocidas. Para ello pidieron, en especial Papebroch, que les fueran facilitados los fragmentos históricos de Swanington aducidos por el P. Cheron en su defensa del Escapulario.

Tanto él como el P. Philippe de la Visitation, Prior de Valenciennes, no accedieron a las justas peticiones del historiador de la Compañía, y éste no pudo ver jamás las pretendidas cartas. Papebroch se limitó, por tanto, a editar el breve elogio de SN Simón Stock, tomándolo del Viridarium de Juan Grossi (1399-1434).

Para evitar nuevas controversias omitió en la transcripción del texto la narración de la visión del General de la Orden, que él admitía pero con algunas variantes.

La polémica no se detuvo aquí. Una u otra parte tuvo sus famosos representantes. Y la lucha continuó durante todo el siglo XVII.

En el XVIII, el Cardenal Próspero Lambertini, más tarde Benedicto XIV, en su obra De festis D.N. Iesu Christi et B.M.V . , “acerca de las fiestas de N. S. Jesucristo y de la Bienaventurada Virgan María, afirmó, después de haber refutado las objeciones launoynas:

“creemos que la visión es verdadera, y juzgamos que debe ser tenida como verdadera por todos.”

Después de Benedicto XIV hasta principios del siglo XX, la cuestión pasó por un período de mayor tranquilidad. La devoción al  Escapulario se hizo universal. Sólo el rigorismo jansenista se oponía a ella. La fe en la verdad de la doble promesa de la Virgen era común.

Nuestro siglo, con las exigencias de la crítica en el campo histórico, encendió nuevamente la llama de la disputa. Fue el P. Benedicto M. de la Cruz, Zimmerman, carmelita descalzo, nacido en Suiza en 1859, convertido al catolicismo y que murió en 1937, quien dio un nuevo cauce a la controversia.

Toda su vida estuvo acuciado por el deseo de renovar la historia do la Orden, llena de tradiciones y leyendas, a la luz de la crítica moderna. Esto le acarreó no pocas contrariedades y sufrimientos de parte de sus hermanos de hábito.

Entre las cuestiones por él estudiadas ocupa un lugar privilegiado la del  Escapulario. Zimmerman no se contentó con repetir lo dicho por autores antiguos, sino que se dedicó con tesón incansable a estudiar las fuentes mismas que halló en abundancia en diversas bibliotecas de Europa.

Tres veces estudió y expuso por entero el problema histórico del Escapulario.

La primera en 1901-1904 en diversos artículos. En ellos admitía la verdad de la visión stockiana basado en los testimonios de escritores contemporáneos o cercanos a San Simón: Swanington, Siberto de Beka, Guillermo de Coventry. Juzgando indiscutible la historicidad de la visión, fijaba más su atención en las circunstancias de la misma: lugar, año, instrumento de la promesa….

En 1907 volvió a ocuparse del problema y continuó admitiendo como verdadero el fundamento de la devoción al  Escapulario, si bien ya no basado en el testimonio de Siberto de Beka y de Guillermo de Coventry por no ser auténtico, sino sólo en el de Swanington.

Por último, en 1927, escribió en la “Analecta Ordinis Carmelitarum Discalceatorum ” el artículo “De  Scapulari Carmelitano”. En él nos da su opinión definitiva al respecto.

Rechaza por completo los fragmentos de Swanington a causa de las interpolaciones descubiertas en ellos. Admite, sin embargo, la historicidad de la visión fundado en la fuente más antigua conocida entonces que es el Santoral que Grossi insertó en su Viridarium, escrito a principios de 1400.

Para Zimmerman la narración del Santoral dependía de un autor más antiguo y las últimas investigaciones le han dado la razón.

Además de la fuente citada del Santoral, otros muchos indicios secundarios tomados en conjunto llevaron al P. Zimmerman a la conclusión de que la narración de la visión stockiana pudo con probabilidad provenir del mismo visionario.

Contra el P. Zimmerman escribió diversos artículos el P. Thurston, redactor de la revista “The Month”. Estos artículos y muchos de los argumentos esgrimidos por el P. Thurston y las suposiciones por él hechas, han sido desmentidos poco a poco, a medida que nuevos documentos han sido encontrados y examinados pacientemente.

Hay que mencionar, por último, a Monseñor Saltet, quien también intentó adentrarse críticamente en la cuestión del  Escapulario en 1911.

Mons. Saltet afirmó que nunca había querido poner en duda la visión de San Simón.

Se ocupó únicamente del estudio de los fragmentos de Pedro Swanington y llegó a la conclusión de que Cheron los había confeccionado por entero y no sólo interpolado, como se creía hasta esa fecha.

Por lo mismo, afirmaba categóricamente, había que emprender el estudio de los fundamentos de la devoción al Escapulario partiendo del “status quaestionis” en que se encontraba en 1642, y buscar otras fuentes y documentos.

En estos últimos años muchos autores continúan negando la historicidad de la aparición de la Virgen a San Simón, sin un estudio personal del problema. Lo hacen “a priori” o por repetir lo que otros han dicho antes; sin tener en cuenta los nuevos documentos hallados, sobre todo por mérito del infatigable investigador en esta materia, el P. Bartolomé Xiberta, O . Carm.

Autores, por otra parte famosos, como el historiador alemán Bilhmeyer, no hacen sino repetir, exagerando más las tintas, las objeciones de Thurston. No se preocupan, a lo largo de 30 años, en las diversas ediciones de sus obras de tomar en cuenta las nuevas fuentes encontradas. Con razón el P. Xiberta se indigna ante modo de actual tan poco leal científicamente.

Peor es el caso de aquellos que se escuadran en la parte adversa al Escapulario y a su historicidad por sistema sin conocer, siquiera sea de nombre, las fuentes; sin estar enterados de los últimos estudios; sin saber con certeza por qué.

El estado actual de la cuestión histórica del  Escapulario.

Nada mejor para resumir en una frase el punto al que se ha llegado en los estudios históricos sobre la aparición de la Virgen a San Simón, que suscribir la afirmación del P. Xiberta:

“… hoy nadie puede honradamente seguir repitiendo la cantinela de los adversarios: que la Visión de San Simón fue introducida hasta más tarde sin fundamento histórico; a saber, que el año de 1430 apareció por primera vez corroborada con documentos.

Sin embargo, a pesar de todo, si alguien se obstinara en no creerla, no lo impugnaré; ya que la adhesión a tales hechos en último término es voluntaria y libre, como claramente lo enseñan los apologistas de la religión cristiana pero tampoco puede alegar que la honradez histórica es quien lo guía.”

Sí, en nuestros días nadie puede negar sin más la verdad de la aparición mariana del Escapulario en nombre de la crítica histórica. Lo podrá hacer por otras razones. Es que existen pruebas contundentes en favor de su realidad.

¿Cuáles son?

Son los documentos fidedignos, además de otros argumentos o indicios subsidiarios que nos han. permitido llegar a 80 años de la aparición. Y esto es históricamente un triunfo, porque la crítica auténtica admite hoy en día plenamente tales testimonios como, probativos.

Sería hipercrítico quien se negara a admitir tales pruebas cuando nos vienen al encuentro con tanta frecuencia en el terreno de la historia. Por otra parte, antes de refugiarse en el argumento del silencio, hay que tener en cuenta también la convergencia de signos o indicios que prueben algo.

Vimos cómo, hasta las últimas investigaciones del P. Xiberta, el testimonio más antiguo de la visión stockiana era del 1430, casi 200 años después del hecho prodigioso. Se trataba del Santoral insertado en el Viridarium de Juan Grossi. En la actualidad, en cambio, poseemos documentos anteriores:

 

La Chronica de multiplicatione religionis carmelitarum, de Guillermo de Sanvico, escrita en 1290. Aunque no hallamos en ella un testimonio perentorio ya que no habla del Escapulario, sin embargo, es de gran valor porque en ella se hace mención explícita de dos intervenciones sobrenaturales de María con ocasión de las dificultades por las que atravesó la Orden en ese tiempo.

Una intervención cuando se trató de pasar a Occidente.

Otra para proteger a los Carmelitas y ayudarles a superar los obstáculos encontrados en Europa.

Sin duda hay que relacionar estos hechos con la visión del  Escapulario, tanto por ser contemporáneos, cuanto por las coincidencias: la persona que interviene es la misma: San Simón Stock, Prior General entonces, a quien la Virgen sugirió el recurso al Sumo Pontífice Inocencio IV (1243-1254).

Los Santorales de la Orden.

Son estos la principal fuente que nos hace llegar muy cerca del tiempo en el cual sucedieron los hechos. Conocemos al presente 6 catálogos de los Santos del Carmelo, donde encontramos la vida de San Simón Stock con la mención de la aparición de la Virgen y de la entrega del  Escapulario.

Estos seis catálogos contienen la narración de la vida del Santo General de la Orden en 3 redacciones diversas:

Larga: que se halla en los manuscritos de Bamberg en1426, Paris en el siglo XIV, Speculum Carmelitanum de Daniel de la Virgen, impreso en 1680.

Breve : que aparece en la edición veneciana del Speculum Ordinis , preparada en 1507 por el P. Juan B. de Cataneis, y en un pequeño libro de Thomás Bradley del siglo XV.

Compendiada: la trae un manuscrito de la Biblioteca de Bruselas, escrito en el siglo XV. Esta redacción es semejante a la breve, pero tiene un estilo más libre.

En todos estos diversos textos de los Catálogos, sea en la redacción larga, unas 50 líneas), sea en la breve (de 15, o bien en la compendiada, reducida a 7 líneas, aparece la narración de la visión mariano-carmelitana. Todas mencionan:

El recurso frecuente de San Simón a la Santísima Virgen.

La aparición de ésta

El Escapulario

La promesa

Las narraciones larga y breve que hacen además mención del “Flos Carmeli” y de la multitud de ángeles que acompañaban a la Reina del Cielo en su aparición.

Tres de estos catálogos, el de Bamberg, el de Bruselas y el Speculum de 1507 no dependen el uno del otro; los otros tres, por el contrario, no excluyen una posible mutua dependencia.

Del estudio comparativo y minucioso de estas noticias de los Catálogos, resulta que sus autores dependieron con certeza de una fuente común que sería de los primeros decenios o, al menos, de la mitad del siglo XIV, los seis catálogos que conocemos fueron precedidos por un catálogo más antiguo que los escritores transformaron diversamente, conservándose fieles al núcleo central.

Los catálogos de los Priores Generales.

La tercera fuente probativa de la autenticidad de la visión está constituida por los Catálogos  de los Priores Generales de la Orden. Estos Catálogos del siglo XV contienen la vida de San Simón Stock y en algunos de ellos se hace mención del episodio extraordinario de la entrega del  Escapulario.

Argumentos secundarios.

Junto a los documentos de primera importancia, que acabamos de citar, hay otros testimonios que si bien separados prueban poco o nada, juntos y considerados en su convergen La comprueban en modo decisivo los argumentos principales. Los podemos enumerar brevemente

El Escapulario fue tenido en grande honor, en la Orden desde el siglo XIII.

Y esta veneración sólo se explica plenamente si suponemos que era admitida como cierta la entrega del Escapulario. Las diversas Constituciones, desde las más antiguas que se conocen, contienen muchas prescripciones acerca del uso y dignidad del  Escapulario:

– Los religiosos deben dormir revestidos de la túnica y del Escapulario.

•  Ningún religioso debe celebrar Misa sin el  Escapulario, mientras que, nótese bien, en las Constituciones de los Dominicos, en las cuales más de una vez se inspiran las nuestras, prescriben lo contrario.

– La pena impuesta a los que celebran sin el Escapulario era la de excomunión “ipso faco”

Entre los objetos de uso de un novicio se incluye un pequeño escapulario para dormir.

En la vida de San Pedro Tomás, escrita por Philippe de Mezières, O.F.M. el biógrafo nos dice cómo en su última agonía el Santo daba gracias a Dios, porque desde que había entrado en la Orden, hacia 1320, nunca había dormido sin túnica y escapulario.

Por testimonios del siglo XIV nos consta que los seglares en Inglaterra llevaban el Escapulario confiados en las promesas hechas por la Virgen a San Simón Stock.

Si consideramos la época de este testimonio y el tiempo necesario para introducir y difundir entre los fieles una nueva devoción, debemos concluir que este testimonio nos lleva muy cerca de la visión misma.

Los documentos iconográficos no dejan de con firmar la verdad de la aparición.

Las pinturas y esculturas antiguas son la expresión plástica de los hechos y de la fe en ellos.

Sin embargo, en la actualidad las más antiguas pinturas que conocemos sobre el tema son de finales del siglo XV.

El tiempo quizás nos descubrirá otras de mayor valor.

Las circunstancias de la aparición.

Hemos visto cómo testimonios antiguos e irrefragables nos obligan a aceptar, si queremos ser sinceros, la realidad de la visión stockiana. Sin embargo, la narración simple y sencilla de los hechos no se preocupó de establecer perfectamente sus circunstancias: año, día, lugar, modo de la aparición.

Con el correr del tiempo se fueron haciendo diversas precisiones al respecto, en ocasiones opuestas entre sí. Cuál es el “status quaestionis ” en la determinación histórica de las circunstancias de la aparición? Lo- expondremos brevemente, sin detenernos a examinar los argumentos que nos llevan a tales conclusiones.

 Lugar y día de la aparición.

Cambridge y Ay lesford se disputan el honor de haber sido el lugar de la entrega del  Escapulario.

Pero no hay nada cierto todavía. El P. Xiberta se inclina por el segundo sitio, por ser la residencia habitual de San Simón Stock.

El año de la aparición es también incierto.

El fragmento de Swanington, que corno vimos está lleno de interpolaciones, si no falsificado por completo, establece el año 1251 como el año de la visión.

Esta aserción tiene en su favor el hecho de que la bula obtenida después de la visión narrada por Guillermo de Sanvico sería, según él, de enero de 1252.

Con todo, en el siglo XVII los autores carmelitas estaban todavía divididos y discrepaban en la determinación del año.

Hubo quien como Felipe de la Trinidad, se inclinó por 1261.

Si admitimos que la visión narrada por Guillermo de Sanvico en su Crónica, la cual menciona un recurso del General al Papa en 1252, es la misma visión de San Simón Stock, cosa no clara a todas luces, entonces debemos poner la aparición en 1251 o, si resulta demasiado breve el tiempo para recurrir al Sumo Pontífice, en 1250.

Si no admitimos la identidad de las dos visiones nos tenemos que contentar con colocar la aparición entre los límites del generalato de San Simón (1247-1265).

El 16 de julio tiene pocas probabilidades de haber sido el día de la entrega del  Escapulario.

La “Conmemoratio solemnis B.M.V. de Monte Carmelo ” no fue instituida para celebrar la aparición a San Simón Stock, sino la que tuvo Honorio III en 1225 y que le movió a aprobar la Regla. Además en un principio, según el testimonio de Balduino Leersio, se celebraba el 17.

Las palabras de la Virgen.

Aquí no existe cuestión especial. Las palabras de la Virgen al entregar el Escapulario y que contienen la promesa de la preservación del infierno son substancialmente idénticas en todos los manuscritos conocidos.

¿La Virgen mostró solamente el Escapulario o lo entregó?

La primera narración de la vida de San Simón en todas sus recensiones afirma que la Virgen tenía el Escapulario en sus manos. El primero que habla de una entrega del Escapulario fue Tomás Bradley en 1450. Por eso, el P. Xiberta basado también en otros argumentos concluye que la Virgen no entregó el Escapulario, sino que solamente lo mostró.

El instrumento de la promesa. Papebroch fue el primero que se opuso a la tradición de la Orden, que tenía el Escapulario como el instrumento de la promesa de María. Afirmaba que, según la narración de Swanington, la Virgen apareció llevando en sus manos el “hábito de la Orden”, expresión que hasta 1287 indicaba la capa que era el signo distintivo de los Carmelitas. Por consiguiente la promesa de María estaba unida, según él, no al Escapulario sino a la capa.

Sin embargo, documentos ciertos y no dudosos como el de Swanington, hablan siempre del Escapulario como aparece en el contexto aunque en ocasiones lo llamen “capucium ” o “habitus ”.

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