“Rondas” de la niña mala…

La sabiduría de un pueblo reside en la capacidad de protestar

“Si somos unos dejados iremos al infierno con puros tizones en el fundillo, como decía Jesusa Palancares.”

Me apasiona mi país y seguir viva en esta nación hasta que se pueda.

Es necesario que se haga justicia a las periodistas Lydia Cacho y a Sanjuana Martínez y, como diría Rosario Castellanos, queremos que la justicia se siente entre nosotros y que todos los mexicanos se vayan a dormir habiendo comido lo mismo”.

Es fundamental que “vayamos a votar en la consulta y participemos en el rumbo que toma el país. No podemos ser unas criaturas inermes y esperar a que todo nos caiga del cielo; debemos manifestarnos como individuos y como sociedad civil. La sabiduría de un pueblo está en la capacidad de protesta y de saber decir que no.

Ante esta actitud de previsión, la colaboradora de La Jornada recuperó 30 textos y evocaciones de su infancia para publicar el libro Rondas de la niña mala (Ediciones Era) que comprende poemas, canciones y voces escritos hace más de 50 años, en los que Poniatowska resalta el amor por sus padres y hermanos.

Uno se prepara para la salida y hay que organizar todo; quiero dejar en orden las cosas, así como las dejó mi madre y eso me cuesta un trabajo infinito.

“Uno no sabe qué puede suceder mañana y estoy más cerca de la muerte que de volver a nacer”

Rondas de la niña mala describe escenas cotidianas entre las hermanas, pero también el dolor por la muerte del joven hermano, la ausencia de la madre fallecida o el recuerdo del padre, combatiente en la Segunda Guerra Mundial.

Magda lava nuestros calzones

La muerte chiquita

Primera sangre

Tlacotalpan (anécdota con Mariana Yampolsky),

Paulette (corregido por Octavio Paz), La luna, Agua de mar,

Mi madre,

Mi padre toca el piano,

El árbol que da niñas,

La sopa, Mula y Mi hermano

Son algunos de los poemas y textos incluidos en el libro “que se sale de todos los cánones”

La periodista y narradora Elena Poniatowska (París, 1932) desea dejar “todo en su lugar”, incluida la clasificación de infinidad de textos, cartas, entrevistas y miles de libretas garabateadas dispersas por doquier en su casa.

“A medida que uno envejece y cuando se va cerrando el círculo, uno regresa a los primeros años hasta llegar al punto en el que piensas mucho más en tus padres que ya murieron.”

En el volumen, ilustrado por Leonora Carrington y su hijo Pablo Weisz, fluyen la frescura y la irreverencia, pero también se entrelazan breves poemas en los que se conjuntan los sentimientos, la ternura, la dureza y los espontáneos improperios lanzados en la infancia.

En ellos la autora de La noche de Tlatelolco habla de sus primeros dolores, los años de escuela, los descubrimientos, el encuentro del cuerpo, los rencores, las crueldades sin reglas de la infancia, las confesiones y las indiscreciones de una niña que asiste a clases de esgrima y equitación. Pero, también, la pequeña Elena narra las peleas con su hermana, la admiración que siente por la señora que lava y vislumbra la importancia de la sensualidad, el coqueteo y el acoso machista.

Trabajo infinito

Quiero trabajar en una novela, también pienso en reunir miles de entrevistas que tengo dispersas y organizar infinidad de documentos.

La autora de Tinísima también expresó su interés por “la gente, la vida y la consulta ciudadana sobre la reforma energética del próximo domingo.

Ana Mónica Rodríguez  

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