Todo sobre La Sierra Gorda…1/3

El Mundo de La Sierra Gorda  

 

La Sierra Gorda es un mundo de contrastes: paisajes imponentes de montañas que esconden ricos minerales, bosques húmedos de olorosa madera, pero a la vuelta del camino el chaparral espinudo se extiende en el horizonte.  

La vida es dura en las montañas: hay frío, lluvia y empinadas cuestas; largas jornadas en el interior de las minas. El esfuerzo de los antiguos agricultores-mineros de la Sierra Gorda quedó plasmado en obras monumentales, como las ciudades de Ranas y Toluquilla.  

Medio ambiente

 

La Sierra Gorda es un vasto paisaje de montañas, donde la vista alcanza los picos de la Sierra Alta de Hidalgo, el pinar del Zamorano, la profunda cañada del Extorax y más allá de la cuesta de Huazmazontla, los valles intermontanos de las cinco misiones y, a la distancia, los lomeríos de la Huasteca.

Un acercamiento a la historia prehispánica de la Sierra Gorda debe incluir las características fisiográficas de la región, determinantes para entender el desarrollo cultural de los pueblos que la habitaron. La Sierra Gorda es un ramal de la Sierra Madre Oriental que abarca la parte noreste del estado de Hidalgo, toda la norte de Querétaro, el este de Guanajuato y el sur de San Luis Potosí.  

Está conformada por una serie de cadenas montañosas paralelas con dirección noroeste-sureste, principalmente de rocas calizas, formadas por antiguos lechos marinos durante el Jurásico y el Cretácico, y la intrusión de rocas ígneas en etapas tardías, que dieron origen a los yacimientos minerales en la sierra.  

A su vez, la composición calcárea de las rocas afectadas por la disolución kárstica ha formado gran cantidad de cavernas y sótanos, algunos de ellos de cientos de metros de profundidad y que han alcanzado fama mundial. Asimismo, la Sierra Gorda presenta alturas qonocer la Sierra Gorda es un privilegio. 

Sobrepasan los 3 000 msnm y cañones que llegan a los 700 msnm. La serranía crea una barrera natural que frena el paso de la humedad que viene de la zona del Golfo, produciendo el efecto conocido como “sombra de montaña”, por lo cual el sector oriental es favorecido por la humedad y el occidental sufre de sequía.

 

La topografía, con fuertes cambios de altitud, crea una gran variedad de microambientes: bosques de coníferas y encinares en las cumbres de las montañas y platanares y caña de azúcar al abrigo de las profundas cañadas; hacia la vertiente oriente, bosques caducifolios; y hacia la parte occidental de la sierra, en colindancia con el Altiplano norte, vegetación xerófita y chaparral en el semidesierto, como efecto de la sombra pluvial.

Las tres principales corrientes fluviales que cruzan la Sierra Gorda forman parte de la cuenca del río Pánuco y corren por profundos cañones: al norte, el río Santa María Acapulco y sus afluentes, que marca el límite entre San Luis Potosí y Querétaro; en la parte media, el río Peñamiller-Extorax, que une su caudal al río Moctezuma, el cual corre por la parte meridional de la región y marca el límite entre Querétaro e Hidalgo. 

Antecedentes

La arqueología de la Sierra Gorda comienza poco antes de la segunda mitad del siglo XIX, cuando cuatro ingenieros de minas reportan los vestigios arqueológicos que encuentran en sus recorridos por la sierra: el ingeniero John Phillips, de la compañía Real del Monte, en 1848; Bartolomé Ballesteros, de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, en 1872; Mariano Bárcena, de la Escuela de Ingenieros, en 1873; y José María Reyes, también de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, en 1880.  

Este último organizó un expedición con apoyo del gobierno estatal, en la que participó el ingeniero Primer Pawell, a quien se debe el levantamiento de los primeros planos de las zonas arqueológicas de Ranas y Toluquilla.  

En su reporte, el ingeniero Reyes incluyó las primeras fotografías de los monumentos de esos sitios. Los hallazgos de la Sierra Gorda despertaron interés entre la comunidad científica de la época, pero fue hasta el siglo XX, en 1931, cuando el arqueólogo Eduardo Noguera y el arquitecto Emilio Cuevas realizaron un recorrido por parte de Dirección de Monumentos Prehispánicos, de la Secretaría de Agricultura y Fomento, con el objetivo de evaluar el estado de conservación de ambas zonas. 

En 1939, el Instituto Panamericano de Geografía e Historia publicó el Atlas de Arqueología de la República Mexicana; de los 27 sitios reportados para el estado de Querétaro, 23 se localizan en la Sierra Gorda. Al inicio de los setenta, la Secretaría del Patrimonio Nacional publicó el trabajo interdisciplinario Minería prehispánica en la Sierra de Querétaro, coordinado por el ingeniero Adolphus Langenscheidt, el cual marcó un hito en el estudio de la minería prehispánica.  

También en la década de los setenta comenzó el Proyecto Arqueológico-Minero de la Sierra Gorda, coordinado por quien esto escribe; con apoyo del inah y del gobierno del estado de Querétaro se llevaron a cabo exploraciones estratigráficas, y con apoyo de la unam, los nuevos levantamientos de las zonas arqueológicas de Ranas y Toluquilla.  

Posteriormente, en la década de los ochenta, se realizaron trabajos de consolidación en ambas zonas, los que permitieron conocer las características arquitectónicas y parte del patrón de asentamiento serrano. A partir de la década de los ochenta dieron comienzo otros proyectos arqueológicos, con enfoques distintos, sobre el desarrollo cultural de la Sierra Gorda. Como parte del proyecto “Atlas Arqueológico” del inah, se hizo el recuento de zonas arqueológicas del país; en el norte de Querétaro se registraron más de 500 sitios.  

Con el Proyecto Arqueológico de los Valles de la Sierra Gorda, el arqueólogo César Quijada dio inicio al estudio del patrón de asentamiento en el corredor intermontano entre Río Verde, San Luis Potosí, y Jalpán, Querétaro. La arqueóloga Teresa Muñoz estudia la cerámica prehispánica, el patrón de asentamiento y arquitectura en la parte norte del estado de Querétaro, además de sus vínculos con las regiones de Río Verde y la Huasteca. El arqueólogo Jorge Quiroz retomó la investigación en el área de los valles de la Sierra Gorda; con un enfoque interdisciplinario, se ocupa de la región desde los cazadores-recolectores del Pleistoceno hasta la época colonial.  

Por su parte, los arqueólogos Elizabeth Mejía y Alberto Herrera, del Centro INAH Querétaro, han realizado investigaciones a lo largo de la Sierra Gorda y enfocado su interés en los últimos años en las zonas arqueológicas de Toluquilla y Ranas, respectivamente. Carlos Viramontes estudia a los recolectores-cazadores del semidesierto de Querétaro, subárea cultural estrechamente vinculada con la Sierra Gorda.     

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