López Velarde, el zacatecano a 120 años de su muerte

Ofrendas coreográficas a Ramón López Velarde

Ángel Vargas

Poeta,  nació de una comisión que se le hizo a Flores Canelo para conmemorar el centenario de López Velarde.

Al igual que la anterior, esta coreografía está situada a finales del siglo XIX y principios del XX, según evidencia el vestuario.

Es una pieza más teatral, si bien es más que notorio el alto nivel de demanda técnica y física al que se ven sometidos los bailarines.

Premiada como la mejor de 1979 por la Unión Mexicana de Cronistas de Teatro y Música: Jaculatoria es una coreografía basada en un texto que José Juan Tablada escribió en Nueva York, en 1921, al enterarse del fallecimiento de su amigo Ramón López Velarde.

La sala principal del Palacio de Bellas Artes hervía ante la estridencia de las ovaciones y el calor húmedo de la noche. El público estaba entregado, conmovido. Habían sido 90 minutos de arrebato emocional intenso y constante.

Y aunque para algunos había faltado algo, acaso un poco más de contundencia o soltura por parte de los artistas, nadie dejaba de reconocer la gran actuación que los integrantes del Ballet Independiente habían ofrecido la noche del sábado pasado.

Fue la primera de sus dos presentaciones en ese recinto como parte del homenaje que se le rinde al poeta Ramón López Velarde por el 120 aniversario de su natalicio.

Ofrendas coreográficas se intituló el programa ofrecido por la agrupación, el cual constó de una triada de piezas que el fundador de la misma, el fallecido coreógrafo Raúl Flores Canelo, creó como un tributo al vate zacatecano: El bailarín, Jaculatoria y Poeta.

Las dos primeras se revelaron más de tipo intimista, con varios pasajes o escenas tendientes a la melancolía o de plano a la tristeza, merced a movimientos lentos, pausados, de alta tensión, acaso hasta angustiosos, asfixiantes, no por ello carentes, en varios momentos, de alto contenido erótico.

La tercera, la cual fue presentada después de un intermedio de 15 minutos, resultó la más larga del programa, con 30 minutos de duración, y se distinguió por su marcada influencia cinematográfica, al narrarse una historia lineal en la que el deseo, las alusiones sexuales y la tentación carnal son muy directas, así como la idea de la muerte.

El bailarín es una traducción al lenguaje del movimiento que la imaginación delirante de Flores Canelo hizo del conocido texto homónimo escrito por López Velarde.

Es acaso la más abstracta de las obras presentadas, inclusive en el vestuario, consistente en leotardos de un solo color para los hombres, mientras el de cada una de las bailarinas era de color diferente.

En la cuestión musical prevaleció el tono romántico, aunque con un toque expresionista, como ocurrió en realidad en las otras dos creaciones. Cabe subrayar que durante varios momentos fueron muy evidentes los problemas de audio.

Se trata de una pieza llena de sutilezas, en la que los bailarines pasan de lo sublime, con movimientos que recuerdan a las hojas a merced del viento, al desparpajo cachondo, con una escena en la que se representa una orgía o algo muy próximo a ella; está presente también el momento de la cruda moral, la expiación, para concluir con una alusión en grupo a La Piedad, de Miguel Ángel.

Al final se informó que la función se dedicaba al recientemente fallecido Víctor Hugo Rascón Banda, a quien se tributó un minuto de aplausos 

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