Para reelerse; Krauze y Delgado de J F

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Krauze y Delgado,

 

 

las palabras y los hechos  /

 

 

5 y último

 

 

 

Julio Figueroa

 

 

    

40

 

 

     Estimado Julio:

 

     Lamento no responder, con la debida oportunidad, a tus convocatorias al debate, que no sólo es necesario sino urgente.

 

 

     Sobre el cuestionario formulado a Krauze, y sus respuestas, no podría yo agregar nada, porque se trata de un material contenido en mi libro El engaño… que está sujeto al escrutinio público.

 

 

     Reconozco, eso sí, desproporcionado tildar a Krauze de “impostor”, un exabrupto emitido cuando iba ya de salida de la presentación del libro de Lauro Jiménez.

 

 

     Pero no soy indiferente –¡cómo podría serlo!– a casos tan deleznables como el asesinato de Marco Antonio Hernández Galván, cuyo autor goza de impunidad desde hace ya 47 meses y, en contraparte, Federico Ruiz Lomelí, identificado por uno de los testigos como el probable autor del homicidio, procede legalmente en contra de quienes, como tú, han exigido justicia.           

 

 

     Sólo falta que el poder del dinero, que a Ruiz Lomelí le sobra, se imponga a la justicia y al sentido común, algo que no descarto por la profundidad de la corrupción del gobierno de Querétaro que encabeza Francisco Garrido Patrón.

 

 

     Porque es la corrupción la que explica que el autor o los autores del crimen permanezcan impunes, la corrupción al menos en forma de ineptitud del secretario de Gobierno, Alfredo Botello, y el procurador Juan Martín Granados.

 

 

     Te envío un abrazo y sigo pendiente de un juicio que revela la degradación de la justicia que muchos, desde sus atalayas en la Ciudad de México, se empeñan en ignorar.

 

 

     Álvaro Delgado.

 

 

     (México, D. F., 16-X-2008).

 

 

     41

 

 

     Gracias por tus fraternas y claras palabras, querido Álvaro.

 

 

     Bien por tu rectificación: ni Krauze es un impostor (diferencias aparte) ni tú eres un inquisidor (críticas y discusiones y procesos al margen).

 

 

     La investigación ministerial del Caso BMW sin duda ha sido hecha con las patas. ¡Y aún no concluye! ¿Por simple ineficiencia, por corrupción o por encubrimiento? Esta es la pregunta que me hago desde que conocí la Recomendación 035/2005 de la CNDH.

 

 

     Ahora estoy viendo de cerca y desde adentro los tristes laberintos de la justicia en Querétaro y en México. Leonardo Sciascia dice en El contexto: no importa que seas culpable o inocente, una vez que caes en el engranaje…

 

 

     Qué bueno y gracias por seguir al pendiente de nuestras cuitas queretanas.

 

 

     Fraternalmente, 

 

 

     Julio Figueroa. 

 

 

     Qro. Qro. 17-X-2008. 

 

 

     42

 

 

     Álvaro Delgado no hace teoría ni literatura sino reportaje. Es decir la investigación minuciosa de los hechos concretos de que se ocupa. Por ejemplo de los principios y de las acciones del PAN en le poder. Siempre se dijo que en el corazón de ese partido “el poder no era el fin sino el instrumento para el bien común”. La dignidad de la persona sobre todo y no su utilización masiva y corporativa. ¿Es esto cierto en México y en Querétaro? Escribe Álvaro Delgado:

 

 

     El engaño: prédica y práctica del PAN busca contribuir a ampliar el conocimiento del partido de la derecha en México, el cual ha comenzado un segundo sexenio en la Presidencia de la República, pero que en algunos estados –como Baja California– y municipios lleva más de dos décadas en el ejercicio del poder, que no se ha traducido en la ampliación de libertades ni de la justicia, sino en una involución y, en el mejor de los casos, una democracia tutelada.

 

 

     –Más que emitir puntos de vista, este trabajo de investigación se sustenta en las proclamas y los hechos de los panistas que, por sí mismos, han depuesto su condición de “místicos del voto” –como los llamó Adolfo Ruiz Cortines– y se han asumido como vulgares idólatras del poder. (El engaño, op. cit., p. 23).

 

 

     En suma, Delgado nos presenta las palabras y los hechos del Partido Acción Nacional en el ejercicio del poder. Y el PAN y sus prohombres no salen nada bien librados. ¿Por eso no quieren al reportero de Proceso los hombres del poder político, económico y religioso en Querétaro? Para su consuelo y nuestra desgracia ni el PRD ni el PRI locales y nacionales saldrían mejor librados en un análisis tan riguroso como el de Álvaro Delgado. El autoritarismo, la corrupción, la impunidad, el fraude, la inequidad, la injusticia, la simulación, el odio y el miedo se extienden por todos lados. ¿Son parte del hombre en la tierra o nada más del sistema político y de la sociedad mexicana?

 

 

 

     43- Desde ni humilde mirador móvil, veo congruencia en la crítica radical a la derecha que hace Álvaro Delgado y en la crítica liberal a la crítica de izquierda que hace Enrique Krauze. Las dos son necesarias. La crítica informada y la crítica creativa. En la libertad de ambas críticas encuentro mi oxigeno ciudadano. Gracias al historiador político y al reportero crítico. Mis diferencias son menores y no anulan mis grandes simpatías hacia los dos contrarios. Así es.  

 

 

     44- Es natural que salgan chispas entre Krauze y la izquierda y Delgado y la derecha, entre Proceso y Letras Libres, entre Krauze y Delgado en un encuentro real de dos individualidades irreductibles. Esperemos un nuevo encuentro con nuevos temas: Felipe Calderón en la Presidencia, López Obrador en la oposición, los tres grandes partidos chiquitos en el actual tiempo mexicano y mundial, la sociedad en movimiento ¿hacia dónde y cómo se mueve?, el populismo, el paternalismo y el autoritarismo de Televisa, Letras Libres y Clío, Proceso y La Jornada, Reforma, Carlos Slim, los Azcárraga, los banqueros, La Iglesia católica, la ola de sangre y la cultura del narco… etc. ¿Acaso no ganaríamos todos con un nuevo encuentro entre el reportero y el crítico liberal?

 

 

     45- La última pregunta de Delgado a Krauze en su libro, en el sentido de que en tiempos de Fox “a Los Pinos iban hasta judíos”. ¿No se puede tocar la ascendencia judía de Krauze sin que se moleste y lo considere un aliento antisemita? Sólo decir Krauze Kleinbort parece desquiciarlo. ¿Por qué? Si los tiempos para la Iglesia católica en México han cambiado, ¿no han cambiado para los judíos?

 

 

     46- Ya lo dije alguna vez y lo vuelvo a repetir aquí. Entre los historiadores y analistas políticos Lorenzo Meyer y Enrique Krauze yo me quedo con los tres. ¿Cuál es el tercero? El que usted quiera, amable lector. Hay que leer, aprender y discutir a los tres, a los cinco, a los siete… Sobre todo hay que leer a los que no piensan como nosotros pero tienen un sólido pensamiento y una buena pluma.

 

 

     47- Krauze escribe excelentes textos impopulares y polémicos (“La comedia mexicana de Carlos Fuentes”, “El profeta de los indios” (don Samuel Ruiz), “Carta y posdata al subcomandante Marcos”, “El Mesías tropical”, “Para salir de Babel”, “Octavio Paz, y el mantel olía a pólvora…”) con un amplio horizonte intelectual liberal democrático y una magnífica pluma literaria. Por eso lo leo. Me incendia y me refresca. Jóvenes, hay que aprender a leer y a discutir con claridad y rigor y públicamente a nuestros grandes autores contemporáneos. (Para abrir boca les sugiero sus Textos heréticos, México, Grijalbo, 1992). Y crear entre todos un clima crítico reflexivo favorable a la madurez de la sociedad democrática. Democratizar nuestra vida pública intelectual. ¿Es muy difícil hacer esto? Es urgente.  

 

 

     48- El entusiasmo del joven Krauze según Alejandro Rossi:

 

 

     –Más que la erudición del joven historiador, me impresionó –hace decenas de años– el entusiasmo de Enrique Krauze por, digamos, el “universo cultural”, no se me ocurre otro modo de llamarlo. Quiero decir que el entusiasmo no se refería sólo a la historia y a las dos o tres materias que con justicia podríamos añadir. No, era otra cosa: una suerte de exaltación ante la vida intelectual. ¿La vida intelectual? Sí, el mundo de las palabras y de las ideas y el de sus encarnaciones materiales: los libros, las revistas, los periódicos, pero también las discusiones públicas y privadas. Había un intenso deseo de pertenecer a esa comunidad y lo exigía con una sinceridad inocente que me desarmaba. Treinta años después, a sus 60 cumplidos, puedo decir que lo ha logrado con creces… (“Buenos días, Sr. Krauze”, El Ángel de Reforma, 16-IX-2007, p. 4).

    

 

     49- El ingeniero, historiador y empresario cultural en la pluma y el ojo de Gabriel Zaid:

 

 

     –Por recomendación de Salvador Elizondo, descubrí la buena prosa de Lucas Alamán, con sorpresa. No la esperaba de un personaje público notable, que había estudiado ingeniería, había sido empresario y se había puesto a estudiar la historia de México, para entender en qué país vivía y mejorarlo. Parecida sorpresa me llevé descubriendo la buena prosa de Enrique Krauze, también ingeniero, historiador y empresario.

 

 

     –Hay quienes hacen cosas admirables en el papel vocacional que escogieron, y quienes hacen algo más: inventar su papel en la vida, contra la corriente de “lo que debe ser un historiador” o lo que “debe ser un ingeniero”. Krauze habló de “caudillos culturales” para referirse al papel histórico de Vicente Lombardo Toledano, Manuel Gómez Morín y otros hombres de libros, que fueron más allá de los libros para crear un país mejor; empeño en el cual tuvieron que inventar su propia vida, nada convencional. Así también Daniel Cosío Villegas (una generación después) y Lucas Alamán (un siglo antes), lograron la unidad de su vida creadora en lo que externamente parecían figuras incompatibles.

 

 

     –De esos historiadores empresarios viene el linaje intelectual de Enrique Krauze, que ojalá perdure en las nuevas generaciones. (“De historiadores empresarios”, Ibid.). 

 

 

     50- “Prestar un servicio cívico” a México, cada quien a su manera, pensando y actuando. Haciendo ideas y crítica de las ideas. Eso es todo. Y compartirnos, simpatías y diferencias; compartir, tender puentes.

 

 

     51- A la intemperie. A la orilla de la carretera, allá lejos el centro, a la orilla de la orilla, en los poros de las letras. Leo a Kafka y leo a Krauze. Estoy más cerca de Krauze que de Obrador, por eso nunca me fui a pernoctar al Zócalo (aunque sí llevé víveres) y por eso leo y sigo leyendo a Krauze: “En busca del centro perdido” (Reforma, 27-VIII-2008).

 

 

     Dolor, callado dolor, qué dolor cívico. Para mitigar un poco ese dolor, veo el Manuel Gómez Morín de Enrique Krauze y de María Teresa Gómez Mont:

 

 

     –Manuel Gómez Morín fue uno de los hombres más creativos del siglo XX mexicano. Toda la energía constructiva de la Revolución encarnó en ese hombre inteligentísimo, risueño, carismático y sencillo que, en los años veinte (los suyos y los del siglo), fundó instituciones públicas perdurables como el Banco de México y el Banco de Crédito Agrícola, bosquejó el futuro Instituto Mexicano del Seguro Social y transformó la estructura hacendaria y fiscal del naciente Estado. Pero la “técnica” para Gómez Morín era sólo un instrumento para mitigar –como él decía– “el dolor”, el dolor humano: había que complementarlo con la edificación cívica, educativa y política, y a ese empeño, mucho más arduo, dedicó sus afanes en los años treinta y cuarenta. Esa pasión por la libertad, esa convicción maderista, democrática, animó sus obras como rector de la UNAM y como fundador del PAN. Y su dinamismo rebasó la acción pública: fue un factor esencial en la creación y consolidación de innumerables empresas privadas. (Enrique Krauze, “Mitigar el dolor humano”, El Ángel de Reforma, 10-VIII-2008. Y véase el libro de María Teresa Gómez Mont, Manuel Gómez Morín 1915-1939, México, FCE, 2008).

 

 

Qro. Qro.

 

Centro Cultural Gómez Morín.

 

Domingo 19-X-2008.

juliofime@hotmail.com

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