Día de La Candelaria

Candelas y tamales 

Ángeles González Gamio  

gonzalezgamio@gmail.com  

 

La Jornada 

Una de las múltiples maravillas de nuestro país es la riqueza de sus tradiciones. Muchas de ellas se expresan en fiestas y festines, como la Fiesta de la Candelaria o de las Candelas, que se lleva a cabo justamente mañana. El nombre se deriva de las candelas o velas con que se acompaña la imagen del Niño Dios, que se lleva a bendecir ese día, cuando se recuerda la presentación del Niño Jesús en el templo. El resplandor de la vela representa la luz de Cristo en los hogares. 

En México la festividad se enriquece con el compadrazgo: el que saca el muñeco en la Rosca de Reyes que se parte el 6 de enero anterior se convierte automáticamente en el compadre del anfitrión y tiene el deber el siguiente 2 de febrero, Día de la Candelaria, de vestir de gala un Niño Jesús, presentarlo en casa de los compadres y ofrecer una rica tamalada. La mayoría de los creyentes tienen su niño de pasta o madera, a veces tamaño natural, que se esmeran en vestir lujosamente para la ocasión. 

En muchos templos se realiza una procesión, en la que se pasean los niños con su vela y un ramito de romero; la caminata concluye con la solemne bendición en la que los padres y padrinos aprovechan para que se bendiga también a los niños de carne y hueso. Después la misa y como broche de oro el festín gastronómico, en el cual el mole y los tamales no pueden faltar. 

Hablando de tamales, un buen lugar para prepararse para mañana es la Feria Internacional del Tamal, que se realiza hoy y mañana en el Museo Nacional de Culturas Populares, situado en avenida Hidalgo 289, en Coyoacán. Se va a sorprender de la inmensa variedad que ofrecen representantes de Oaxaca, Chiapas, Michoacán, Tamaulipas, Veracruz, Yucatán, Tlaxcala y hasta los chilangos vamos a lucirnos con unos buenos tamales. ¡Ah!, se me olvidaba que también asisten “tamaleros” de varios países latinoamericanos. 

Para que se anime, le voy a detallar algunos: de Tamaulipas hay rellenos de picadillo de res, verduras y salsa verde con cilantro. De Chiapas, chipilín en hoja de plátano, de bola con costilla de cerdo y guajillo en hoja de maíz. Unos ecuatorianos de mariscos, guisados en leche de coco y preparados con masa de plátano verde. De Puebla los “pulacles” rellenos de frijol entero, ajonjolí, cilantro y pollo, en hoja de plátano y desde luego los de mole, que si se preparan con el que hace doña Concepción Martínez se eleva al cielo. Y no podemos dejar de mencionar los de Xochimilco, de amaranto con piña y los de frijol con mole. 

Ya resuelto lo de los tamales vamos a la vestida del Niño. No olviden que la tradición dice que durante el primer año se tiene que vestir de blanco, bajo la advocación del Niño de las Palomas, y se acuesta en una canastilla de mimbre para que recuerde al recién nacido. El segundo año se viste de Niño de Praga, el tercero el atavío es de Niño de las Tres Potencias, con la cabecita coronada de tres rayos dorados, un cetro de mando y una esfera en las manos que representa el mundo. 

A partir del cuarto año queda al gusto, y las posibilidades son múltiples. Ya hemos comentado que en la plaza donde estuvo la iglesia del majestuoso convento de la Merced, en el añejo barrio, en esta temporada se instalan decenas de puestos en los que se visten los Niños Dios y se expende toda clase de artículos relacionados con el festejo. 

Ahí puede ajuarearlo como San Juditas Tadeo, San Francisquito, Martincito de Porres, el Niñopa de Xochimilco, y Juan Pablito, imitando al difunto papa tan querido hasta la fecha, o del ahora muy popular San Charbel, con sus listones, y muchos modelos más, que le muestran en coloridas estampas para que escoga el suyo. Si prefiere, hay atuendos ya elaborados que con suerte le quedan a su Niño y ya no tiene que esperar a que toque el turno para que se lo vistan, pues la demanda es mucha. Claro que a pedido, puede escoger detalles especiales para que sea el más elegante de la procesión. 

Esta entrada fue publicada en Mundo.