“Los llamados jóvenes indígenas”

 

 

 

Escudriñan identidad del joven indígena

  • Presentan libro Jóvenes indígenas y globalización en América Latina, editado por el INAH
  • En la mayoría de las comunidades indígenas el niño es también un ente productor

 

Ellos son el estrato de la población sin nombre. Los que “sólo dan problemas a los mayores”; aquellos que gritan, bailan, beben, que juegan con su cabello y se tatúan las caras. Son los “jóvenes”, o eso diríamos en las urbes, porque el concepto existe. Pero en comunidades indígenas la figura es más vaga. ¿Existe la juventud indígena?

 

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) emprendió ya el primer acercamiento serio para comprender la figura del “joven” dentro de las diferentes etnias latinoamericanas. Presentó este miércoles el libro Jóvenes indígenas y globalización en América Latina en el marco de la XXX Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería (FILPM).

 

Resulta que dicho concepto no está del todo claro en la mayoría de las variantes étnicas aborígenes de América. A decir de Maritza Urteaga, antropóloga del INAH, el libro estudia “si existe el término tan utilizado en el urbanismo”, si existe una identidad del joven en dichas comunidades y “cómo está siendo reconstruido lo étnico por los mismos jóvenes”.

 

Un aspecto interesante de los estudios, comentó Urteaga, es rastrear el origen de la identidad juvenil a partir de la introducción de la escuela secundaria hace apenas un par de décadas. Entonces ocurrió un cisma, porque introducir un ambiente que aísla al joven sólo con individuos de su misma edad crea un ánimo propicio para que ellos mismos desarrollen una “idea del mundo”, necesariamente distinta a la de sus ancestros.

 

En la mayoría de las comunidades indígenas el niño es también un ente productor, alguien que trabaja. En tales condiciones no se producen actitudes ni identidad “juvenil” como en los adolescente urbanos, sino que pasaba de niño a adulto en un periodo abrupto, muchas veces recurriendo a la migración. De acuerdo con Urteaga, éste fenómeno es visto en varones casi como “un rito de paso para la construcción de su masculinidad”, y en las mujeres un “soñar nuevos horizontes”.

 

El problema más recurrente, evoca Urteaga, es la falta de ánimo general para que ellos mismos diseñen las “nuevas etnicidades contemporáneas”, es decir, replantear lo que significa ser maya u otomí, por ejemplo, sobre todo cuando los adultos no percibirán el cambio inserto, sino que lo asumirán como pérdida cultural. Y esto deviene de que el concepto “indígena es una etiqueta institucional”.

 

El libro se divide en tres bloques: 1) realidades indígenas, cifras y estudios cualitativos; 2) condición rural de las etnias, identidad de la “nueva ruralidad”; y 3) el concepto de “juventud”, urbe y condición étnica.

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