La Misa Crismal

 

 

La Misa Crismal    La Consagración del santo crisma y la bendición de los santos óleos gozan de venerable antigüedad en todas las liturgias.  

De suyo, esta celebración no tiene ningún lazo con el  Jueves Santo, pero está directamente ligada con los sacramentos de iniciación cristiana que se desarrollan durante la Vigilia Pascual el Sábado Santo.  

Dado que el viernes y el sábado santo son días alitúrgicos, se ha colocado esta celebración en la mañana del Jueves.  

Antiguamente el Jueves Santo gozaba de tres celebraciones durante el día: 

 

La Celebración de los Penitentes, la Misa Crismal y la Misa Vespertina de la Cena del Señor. 

 

La Misa de Reconciliación de los Penitentes, antiquísima en la Iglesia, perduró hasta el siglo XII y cayó en desuso hasta su desaparición el Jueves Santo, sin embargo la Iglesia ha procurado que se realice durante la Cuaresma alguna Liturgia Penitencial, en la que la comunidad reunida alrededor de su Pastor se reconcilie con Dios a través del Sacramento de la Penitencia para cumplir con el precepto anual.  

El rito de la consagración del crisma y la bendición de los óleos fue creciendo con el curso de los siglos, desde sencillos comienzos hasta su actual volumen.  

Primitivamente se bendecían simplemente los óleos, donde había necesidad, antes de la celebración del sacramento, y era el ministro del sacramento quien tenía el poder de bendecirlo.  

El óleo de los enfermos era bendecido por el sacerdote, mientras que el óleo de los exorcismos (óleo santo u óleo de los catecúmenos) y el óleo del Santo Crisma estaban reservados al Obispo. 

El óleo de los exorcismos u óleo de los catecúmenos.  

Con este óleo se extiende el efecto de los exorcismos, pues los bautizados reciben la fuerza para que puedan renunciar al diablo y al pecado, antes de que se acerquen a la fuente bautismal. 

El óleo de los enfermos, cuyo uso atestigua el apóstol Santiago, remedia las dolencias del alma y del cuerpo de los enfermos, para que puedan soportar y vencer con fortaleza el mal y conseguir el perdón de los pecados; como su nombre lo indica, se utiliza para la unción de los enfermos, aquí cabría hacer notar que la unción se da a las personas enfermas o a aquellas que en corto tiempo padecerán alguna cirugía mayor, por lo que debemos hacer conciencia de que este sacramento, la unción de los enfermos, se da precisamente a los enfermos y no a los moribundos. 

El Santo Crisma, se utiliza en los sacramentos del Bautismo, la Confirmación y el Orden Sacerdotal, así como en la Consagración de una Iglesia o Altar.  

La liturgia ha extendido su uso más allá del Antiguo Testamento, con el que eran ungidos los reyes, sacerdotes y profetas, ya que ellos prefiguraban a Cristo, cuyo nombre precisamente significa Ungido del Señor.  

Del mismo modo los cristianos, incorporados por el Bautismo en el misterio pascual de Cristo, han muerto y resucitado con él, participan de su sacerdocio real y profético, y reciben por la confirmación la unción espiritual del Espíritu Santo. 

En esta misa crismal se desarrolla también la renovación de las promesas sacerdotales, ya que desde tiempo muy antiguo, fue uniéndose gradualmente esta celebración crismal a la unión del presbiterio con su obispo, ya que así podrían los sacerdotes estar de vuelta a sus lugares de origen para la celebración pascual de la Vigilia.  

Por último el Obispo invita al pueblo presente a orar tanto por los sacerdotes como por él mismo para llevar a buen término su ministerio episcopal y sacerdotal y sean así imagen viva de Cristo Sacerdote, Buen Pastor, Maestro y Siervo de todos.  

 

La Misa Crismal 

 

La Misa Crismal que celebra el obispo con todos los presbíteros de la diócesis, es una de las principales manifestaciones de la plenitud sacerdotal del Obispo y como signo de la unión estrecha de los presbíteros con él.  

En ella se consagra el Santo Crisma y se bendicen los óleos de los catecúmenos y de los enfermos. 

El Santo Crisma, es decir el óleo perfumado que representa al mismo Espíritu Santo,  es usado junto  el día de nuestro bautizo y de nuestra confirmación y en la ordenación de los diáconos, sacerdotes y obispos. 

La palabra crisma proviene de latín: chrisma, que significa unción.  

Así se llama ahora al aceite y bálsamo mezclados que el obispo consagra este Jueves Santo por la mañana para ungir a los nuevos bautizados y signar a los confirmados. 

También son ungidos los Obispos y los sacerdotes en el día de su ordenación sacramental. 

La liturgia cristiana ha aceptado el uso del Antiguo Testamento, en el que eran ungidos con el óleo de la consagración, los reyes, sacerdotes y profetas, ya que ellos prefiguraban a Cristo, cuyo nombre significa “el ungido del Señor”.  

El crisma se hace con aceite y aromas o materia olorosa para significar “el buen olor de Cristo” que deben despedir los bautizados.  

El óleo de los catecúmenos se usa también en los exorcismos y en el bautismo  

Este aceite es un jugo untuoso de color verde amarillento que se extrae del olivo o de otras plantas.  

El óleo de los enfermos, cuyo uso atestigua el apóstol Santiago, remedia las dolencias de alma y cuerpo de los enfermos, para que puedan soportar y vencer con fortaleza el mal y conseguir el perdón de los pecados.  

El aceite simboliza el vigor y la fuerza del Espíritu Santo. Con este óleo el Espíritu Santo vivifica y transforma nuestra enfermedad y nuestra muerte en sacrificio salvador como el de Jesús. 

Por lo general antes de comenzar la celebración de la Cena del Señor se reciben solemnemente estos Santo Óleos consagrados en la Misa Crismal celebrada en la mañana por el Obispo reunido con el presbiterio.  

En una procesión solemne los óleos son llevados en tres ánforas preciosas que se guardan en un lugar previamente destinado dentro de la Iglesia.

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