“Los Tapia” Caciques de Querétaro (1530-1640)

“Los Tapia”; Caciques de Querétaro

José Félix Zavala

La historia de los Tapia abarca tres generaciones; la de Conín o Hernándo de Tapia y su esposa Magdalena tuvieron cinco hijos: Diego de Tapia, Magdalena, María, Catalina, y Beatriz, solo Diego de Tapia tuvo descendientes, una hija, Luisa de Tapia.

Todo lo que se sabe de la primera mujer de Diego de Tapia, hijo de Conín, es que era probablemente una india cacica nacida en Querétaro. Su segunda esposa la cacica María García, también había nacido en Querétaro. Doña María sobrevivió a Diego de Tapia casi treinta años y finalmente se casó con otro funcionario indígena. Llevó muy pocos bienes a su matrimonio, tal vez porque había recibido tan solo una pequeña parte de la herencia de su esposo Diego de Tapia.

Para la década de 1640, ya era dueña de una considerable extensión agrícola que Ella y su segundo esposo habían acumulado. Cuando hizo testamento conservó religiosamente la memoria de la familia Tapia, disponiendo que se dijeran misas por Diego de Tapia en el convento de Santa Clara y por una de sus hermanas en el convento de San Francisco.

Aún cuando se había casado con dos indios importantes, que prácticamente vivían como españoles,, Doña María nunca aprendió a hablar español, ni estableció fuertes relaciones con la comunidad española.

El matrimonio de Doña María García con un cacique y luego con un indio principal ilustra una convención social muy común en las doñas indígenas hasta finales del siglo XV111. Se casaban o bien con indios que tenían algún título o con españoles. A semejanza de las mujeres españolas, se preocupaban mucho por concertar buenos matrimonios o por lo menos que no fueran malos. Para lograrlo luchaban para ofrecer buenas dotes a sus probables maridos.

Las hermanas de Diego de Tapia tenían un mejor instinto para descubrir las oportunidades económicas que sus esposos. En particular Doña Beatriz de Tapia y Doña María de Tapia (hijas de Conín), las dos viudas y sin hijos allá por 1590. Concertaban numerosos contratos de negocios, aún cuando probablemente no hablaban español, ya que siempre comparecían con un intérprete.

La organización de sus empresas y los aspectos sociales de su vida dan fe de una relación más íntima con la comunidad española.

De todas las hijas de Conín Doña Beatriz de Tapia fue la única que trató de volverse a casar. Después de la muerte de su primer marido, Francisco de León. Gobernador de Acámbaro. Hizo un convenio con Miguel de Saucedo, inmigrante de Toledo. Por medio del cual prometía llevar un dote de un tercio de sus bienes cuando se casaran.

A partir de ese momento hasta la fecha ha sido difícil llevar el curso de sus relaciones. Saucedo seguía apareciendo en las escrituras junto con Doña Beatriz de Tapia, interviniendo generalmente como fiador en relación con las operaciones sobre las propiedades de Ella. Nunca se hacía referencia a él como su esposo.

Cuando hizo su testamento en 1601 dejó un terreno a Doña Juana de Tapia, tal vez pariente, a quien se hacía referencia como la esposa de Saucedo.

La cuantía de los bienes de Doña Beatriz de Tapia (hija de Conín) aumentó considerablemente en la década de 1590 cuando adquirió nuevas propiedades. Algunas eran contiguas a las de su hermano Diego de Tapia. Llegó a tener varias fincas de trigo que se extendían de Querétaro a Apaseo. Estaba vivamente interesada en sus propiedades de Querétaro, que manejaba por medio de administradores españoles o bien en ciertos casos mediante la organización de sociedades agrícolas con españoles. Con posteridad a su muerte muchas de sus propiedades fueron destinadas a las capellanías.

Los intereses rurales de Doña María de Tapia se inclinaban más hacia la ganadería que lo de Doña Beatriz de Tapia. Las utilidades provenientes de las tierras de pastoreo y de la venta de ovejas eran mayores que las de las cosechas agrícolas.

Para la venta de ganado Doña María de Tapia utilizaba los canales de distribución que había establecido su hermano Diego de Tapia. También se atenía a los comerciantes relacionados con este para el abastecimiento de sus fincas.

La extensión de sus tierras aumentó considerablemente en los años de 1590 por medio de nuevas adquisiciones, pero nunca llegaron a ser tan grandes como los de Doña Beatriz de Tapia.
Era muy grande el total de propiedad de las tierras de la familia Tapia, que se extendían principalmente hacia el occidente, pero que incluían también tierras para pastoreo de ovejas al norte de San Miguel El Grande.

Con excepción de algunos predios urbanos, los títulos de propiedad de las tierras estaban a nombre de los miembros de la familia Tapia. La propiedad individual no era un impedimento para que hubiera una íntima colaboración en los asuntos financieros.

Diego de Tapia garantizaba los contratos de su hermanas y tomaba a su cargo sus deudas cuando no podían pagarlas.

En ciertas ocasiones algunos miembros de la familia emprendieron conjuntamente empresas agrícolas dando en arrendamiento como si fuera una sola unidad bienes e propiedad de varias personas. En Tales casos las hermanas De Tapia siempre se sometían a la pericia de Diego su hermano en materia de finanzas. Le otorgaron poderes para cobrar adeudo, comprar y vender propiedades e iniciar procedimientos judiciales. La importancia de Diego de Tapia en asuntos financieros del resto de la familia surgió cuando fue nombrado albacea de las herencias de sus hermanas.

El último heredero de los Tapia que aparece en los registros notariales fue Doña Luisa de Tapia, nieta de Conín e hija de Diego de Tapia. Nacida en 1590 y fallecida el 22 de septiembre de 1663, como monja, abadesa y patrona del cuarto convento más grande de La llamada Nueva España, con el nombre de María Luisa del Espíritu Santo

María Luisa de Tapia Nació hacia 1590 de un matrimonio de caciques, Diego de Tapia y María García, cuyo abuelo Conin, un pochteca, bautizado como Hernando de Tapia, había sido uno de los principales indios que apoyaron la conquista de Querétaro en favor de la Corona española.
Seguramente cuando quedó huérfana de madre fue llevada a la ciudad de México al convento de Santa Clara. Las niñas convivían con las religiosas, vestían de manera decorosa, aprendían a rezar el Oficio Divino en el coro, principal actividad de las mujeres consagradas a Dios, a cantar, a meditar, a hacer oración mental, a asistir a las celebraciones eucarísticas y comportarse de manera adecuada en éstas, y sobre todo a obedecer, a vivir sin lujos y a practicar las virtudes y los ayunos. Disciplinas que observó durante toda su vida.

La mayor parte de la vida de la nieta de Conín, Luisa de Tapia fue dentro de los muros del convento de Santa Clara en donde tomó el nombre de Luisa del Espíritu Santo .Periódicamente aparecía su nombre entre las monjas del convento cuando este celebraba obligaciones contractuales. Su firma muestra que tenía educación y hablaba español. No se conocen aún detalles de su vida fuera del convento.

Luisa de Tapia cumplió con los lineamientos de la segunda Regla de Santa Clara, la escrita por Santa Clara y mitigada por el papa Urbano IV, comenzó su noviciado en México y adoptó el apelativo “del Espíritu Santo” que añadió a su nombre.

Volvió a Querétaro con varias monjas de los conventos de Santa Clara y de San Juan de la Penitencia, vino como abadesa sor Elvira Sánchez de Figueroa.

El 13 de enero de 1607 entraron a su convento para hacer la fundación.

El pueblo las recibió con alegría y entusiasmo, su presencia venía a fortalecer las instituciones religiosas, además de que sería un recinto para otras jóvenes que seguirían su ejemplo.
Vivieron primero en una casa, hoy calles de Juárez y Pino Suárez, que funcionó como monasterio durante 26 años.

Ahí profesó Luisa el 22 de abril de 1607.

Cuando este recinto fue insuficiente se trasladaron al solar y casas que les había donado su tía María de Tapía, en Madero, donde hoy queda el templo y fracciones del edificio conventual.
En 1633 le tocó salir en procesión por la calle para trasladarse a su nuevo convento, ahora sí construido ex profeso para ello por fray Pedro de los Ángeles, Francisco de Chavida y terminado por Luis Francisco de la Peña.

Este convento ha tenido muchas modificaciones hasta destruirse en 1864.
El templo actual data de 1666 y es obra de José de Bayas Delgado, del cual doña Luisa sólo pudo ver puestos los cimientos.

Como no había herederos varones supervivientes el dominio social y económico terminó a principios del siglo XV11. Con anterioridad su presencia en El Bajío se había dejado sentir muy enérgicamente en la agricultura, la ganadería y la minería.

El nivel del control económico y de la prominencia social que había alcanzado la familia nunca pudo ser igualado por otros indígenas. Aún así, el término “cacicazgo” que en general se aplicaba a las tierras de indios de otras regiones no es el adecuado para las tierras del hijo de Conín, Diego de Tapia y de sus cuatro hermanas.

Se empleó solamente en una ocasión, que fue la confirmación oficial de las tierras recibidas por Diego de Tapia en herencia de su padre Conín, llamado por los españoles Hernando de Tapia.
Ni el linaje, ni la propiedad de tierras anteriores a la conquista, fueron el prestigio de la familia, sino las hazañas de Conín (Hernando de Tapia) al iniciarse la fundación española de Querétaro.
Diego y las hermanas aprovecharon la riqueza y reputación de su padre, así como una sensata administración de los bienes para engrandecer sus propias posiciones sociales y económicas en la comunidad.

Cuando la vida de Diego de Tapia llegaba a su fin, era la de un hombre completamente españolizado, sus hermanas en cambio viviendo aún en Querétaro eran grandes terratenientes y miembros de congregaciones y cofradías españolas, siguieron siendo indias.
Los Tapia desempeñaron un papel muy importante para la colonización del Bajío. Conín (Hernando de Tapia) sirvió como eslabón entre El Valle de México y El Bajío desde antes de la fundación española de Querétaro y su familia sirvió como eslabón entre las zonas colonizadas y las que no, entre las zonas urbanas y las pequeñas poblaciones, entre los españoles y los mesoamericanos.

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