Natalia Serdán; Revolucionaria

Por amor a México y por orgullo familiar: La historia de Natalia Serdán, en voz de su nieta Lilia
Lilia Sevilla y su galería familiar.

Diario de Querétaro.Diario de Querétaro

Margarita Ladrón de Guevara

Don Cástulo Alatriste, quien fue gobernador de Puebla en 1857 y 1961, murió bajo las tropas del ejército de Maximiliano. Su viuda fue llamada al Castillo de Chapultepec donde ella rechazó la ayuda que ahí le ofreció el emperador; a esa visita se hizo acompañar por su pequeña hija Carmen, quien después, se casaría con don Manuel Serdán Guarios y procrearía cuatro hijos: Aquiles, Máximo, Carmen y Natalia. Cuando se casó Natalia Serdán Alatriste, lo hizo con don Manuel Sevilla y recibió de regalo de bodas, una casa ubicada en Portería de Santa Clara número 4, en la ciudad de Puebla de los Ángeles.

En noviembre de 1910, en esa casa estaba reunida toda la familia, incluyendo los cinco hijos de Natalia, el tercero de ellos de nombre Carlos. Carlos Sevilla Serdán se casó en 1927 con la señorita Gutiérrez y tuvo dos hijas: Gloria del Carmen y Lilia. Y es Lilia Sevilla Gutiérrez quien vive en la ciudad de Querétaro desde hace 24 años y, profundamente orgullosa de sus raíces familiares, escribió un libro titulado Natalia Serdán Alatriste, una heroína desconocida. Una noche y los imaginarios de historias, en el cual narra la vida familiar de los Serdán, sobre todo porque a ellos Francisco I. Madero encomendó iniciar en Puebla la Revolución mexicana el 20 de noviembre de 1910. La historia de nuestro país se escribió con la valentía de personas como Aquiles, Máximo y Carmen Serdán. Pero, defiende Lilia, también de Natalia.

Entrevistada en la sala de su bella casa, Lilia Sevilla cuenta a BARROCO la historia de su abuela y explica por qué Natalia no estuvo la noche del 18 de noviembre de hace cien años, cuando el gobernador de Puebla descubrió la conspiración de Madero y mandó matar a los Serdán.

“Tengo una pequeña galería de fotos familiares y un día, una amiga las miró y me dijo: fíjate que la única que sonríe es tu abuela. Yo le contesté: si supieras la historia de mi abuela… Eso me dejó pensando en todas las anécdotas familiares que escuché de niña de los hermanos Serdán, la familia de mi padre. Siempre me he sentido muy orgullosa de ellos porque desde tres generaciones atrás fueron liberales”.

El libro, Natalia Serdán Alatriste, una heroína desconocida. Una noche y los imaginarios de historias verdaderas, es un documento novelado de 80 páginas narrado por la autora que empieza explicando por qué fue escrito y termina con la despedida de una nieta a su abuela, heroína anónima de México. Construido de historias y anécdotas familiares, y particularmente con la verdad sobre todo lo que sucedió la noche del 18 de noviembre en la casa de los hermanos Serdán, es también sobre la vida familiar desde la época juarista. Su objetivo, según nos confió la autora, es dar a conocer la participación de Natalia junto con sus hermanos Aquiles, Máximo y Carmen Serdán, en el germen de la Revolución en Puebla. “Hay muchos libros, unos malos y otros buenos, y me di a la tarea de publicar uno basado en historias familiares, claro que pasadas por mi imaginación” advierte.

LA HISTORIA

“La tragedia de los hermanos Serdán ocurrió en la casa de mi abuela. En Portería de Santa Clara, en Puebla. Esa casa se la regaló mi abuelo a mi abuela Natalia cuando se casaron y él la testó en seis partes para ella y sus cinco hijos, entre los cuales estaba mi padre Carlos Sevilla Serdán. En 1960 el gobierno compró esa casa a los herederos, mi abuela ya no vivía y mi abuelo murió en 1907. Ahora es el Museo de la Revolución en Puebla, actualmente en reconstrucción porque se acercan los festejos del Centenario”.

“Mi abuela era una mujer muy valiente. Iban a la ferretería El Candado, propiedad de Miguel Rosales, donde compraban sacos de harina llenos de pólvora, y fabricaban bombas con las perillas de las camas de latón; con su hermana Carmen, sorteando peligros, pegaban propaganda por las calles. En sus abrigos y canastas del mercado escondían los fusiles y los repartían entre la gente que estaba con el movimiento de Aquiles Serdán. Él en 1909 leyó La sucesión presidencial, de Francisco I. Madero, y llegó a Puebla a convencer a todos seducido por las ideas de Madero”.

“Mi abuela no figura en la historia porque el 17 de noviembre de 1910, el gobernador de Puebla que estaba en la ciudad de México, supo que Madero había ordenado que estallara la revolución en todo el país. Regresó a Puebla y ordenó que fueran a la casa de los Serdán; ellos sabían pues ya habían cateado la casa, entonces ordenó al jefe de la policía que matara sobre todo a Aquiles. Se reunió la familia Serdán, que estaba en su casa, y decidieron que Natalia saliera con sus cinco hijos y los dos de Aquiles. Él tenía un plan, sí, pero debían proteger a los niños así que ella salió y se fue a la casa de Miguel Rosales, muy frustrada. Yo lo se, porque me lo contaron mis tíos”.

“En un capítulo de mi libro narro la desesperación que ella sintió al no estar ahí pero sí escuchar que todas las descargas de fusilería eran desde la casa y para la casa, pues toda la gente que estaba involucrada no llegó. Mataron primero a Máximo, hirieron a Carmen en un hombro pero seguía peleando. Desde la ventana arengaba al pueblo: lo hacemos por ustedes, conminaba. Aquiles había enviado mensajeros, pero nadie llegó. Con rifle en mano, Carmen le dijo a Aquiles que Máximo y las quince personas que estaban ahí estaban muertas, pocas huyeron. Entonces él se escondió para seguir la lucha, además de que debía proteger a las mujeres pues ahí estaba su madre, su esposa a punto a dar a luz, y la sirvienta Natividad. Aquiles cayó frente a las armas de los policías, quienes estaban apoyados por el cura de Santa Clara”.

“Mi abuela, de entonces 35 años, escuchó todo lo que pasaba y al día siguiente, encontró su casa deshecha y se enteró de que sus hermanos estaban muertos. Supo que su madre y Natividad estaban presas y Carmen herida en el hospital. Tuvo que sobreponerse con toda la fuerza que le daba ser una Serdán y buscó ayuda. Nadie quería enterrar a sus hermanos, ni hacer autopsia. Su casa estaba saqueada, destruida por los soldados, pero se la devolvieron y consiguió una hipoteca para sacar de la cárcel y del hospital a las demás mujeres Serdán”.

“De todos modos estalló la Revolución el 20 de noviembre; tras su triunfo, Madero viajó a Puebla y se hospedó en la casa de los Serdán; ahí, por petición de él, Natalia le entregó una carta con las necesidades que tenían. Se la echó en la bolsa del saco al irse, pero nunca llegaría a ser respondida pues cuando regresó a la ciudad de México, tres semanas después sucedió la decena trágica que terminó con su asesinato”.

“Los zapatistas continuaron la lucha y, cuando anunciaron su entrada a Puebla, las mujeres Serdán fueron avisadas por el gobernador para llevarlas a Jalapa. Pero Natalia, previendo que quizás llegarían los soldados a saquear nuevamente la casa, dejó la puerta abierta para que el daño fuera menor. Sin embargo, según contó la portera, lo primero que hicieron al llegar a la ciudad fue efectivamente visitar la casa de los Serdán y al entrar, uno por uno se quitaron el sombrero y sin robarse nada, rindieron sus respetos al primer mártir de la Revolución, Aquiles, y a su hermano Máximo. Al salir, le dejaron los centavos que pudieron a la portera”.

Filomena del Valle, viuda de Aquiles, junto con las mujeres Serdán, sobrevivieron la Revolución y al terminar ésta volvieron a Puebla; Natalia se quedó en la ciudad de México, nunca había trabajado y aún así consiguió un empleo en la oficina de Correos. Ya habían promulgado la Constitución en Querétaro y para ella le fue muy difícil trabajar, pues tenía cinco hijos. Fue tal su esfuerzo y tesón, que a todos sus hijos dio carrera universitaria. Murió en 1938 a los 63 años, y figura como testigo en el acta de bautizo de su nieta, Lilia María Sevilla y Gutiérrez, yo, aunque no la recuerdo pues murió cuando yo tenía tres años, pero a Carmen la conocí muy bien y era una viejecita encantadora”.

Para poder rendir honor a su familia y por amor a México, Lilia Sevilla recogió de su memoria y, tras entrevistarse con dos primos sobrevivientes, escribió el libro que, novelado, describe los hechos que cambiaron la historia de México. “Mi propósito es que Natalia se conozca; yo no pretendo que la pongan a la altura de sus hermanos y se que no es posible porque ellos tienen su lugar, pero sí que se sepa cuánto luchó”. La casa, el Museo de la Revolución, conserva aún los agujeros de las balas que dispararon la noche del 18 de noviembre de 1910.

De los hermanos Aquiles, Máximo, Carmen y Natalia Serdán Alatriste, murieron los dos primeros el 18 de noviembre de 1910. Natalia fue madre de cinco hijos, de su matrimonio de Manuel Sevilla Rosales: Manuel, Manuela, Carlos, Natalia y José. De la parte de los cinco hermanos Sevilla-Serdán, sobreviven Lilia y Gloria, hijas de Carlos; y dos primos: uno que vive en Chiapas, en donde hay una escuela de nombre Natalia Sevilla Serdán, su madre, y otro primo que escribió un ensayo sobre la familia Serdán Alatriste. Lilia no tiene hijos.

Lilia Sevilla escribió el libro hace tres años y espera que el gobierno del estado de Puebla lo publique, aunque no le han respondido aún. Y también, ya que Querétaro es pilar en la historia mexicana, que lo publiquen aquí. Tiene la esperanza de que a través de la Comisión del Bicentenario se publique antes de noviembre, y así difundir la vida de Natalia Sevilla.

“Las familias debemos contar nuestra historia. Primero, por amor a la familia y después por amor a México; yo estoy profundamente orgullosa de ser mexicana y de ser una Serdán” añade Lilia “hay una cantidad de mentiras gigantes que obliga a los familiares que conocemos la historia, a dar a conocer la vida de nuestros antepasados mientras la recordemos” finaliza.

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